CAPITULO 34
CLARENCE
Me encontraba en mi habitación recostado en la cama mirando al oscuro techo. Aun no podía creer que se hubiese hecho ese tatuaje igual al mío. Cuando lo vi, lo único que quería hacer era besarlo y besarla a ella. Esas palabras que me dijo antes de mostrármelo, se habían clavado en mi pecho. Ahora me llevaba marcado en su piel, y ella, en mi corazón.
¿En qué estaba pensando cuando la comencé a ignorar? ¿En qué jodido estaba pensando al dejarla ir así nada más? Había sido un error haber ido con Samantha a ese club, no sé cómo mierda me convenció.
Me sentía confundido. Habían pasado dos horas después de haberse ido. Dos horas en las que mi mente era un lio, mi corazón y sentimientos, se encontraban confundidos y heridos. Samadhi me amaba, y tarde dos putas horas en darme cuenta que yo también lo hacía. ¿Si no como es que salieron aquellas dos palabras el último día en el que la hice mía?
Lo aceptaba, amaba con mi jodido corazón a Samadhi Stone.
Cuando salió por la puerta, sentí ese vacío de perdida que me acompañaba en mi interior. Me enfurecía pensar que ya no fuese mía gracias a mi estupidez. Porque ella era mía y de nadie más. El haber sido el primer hombre en su vida me satisfacía, pues esa chica perfeccionista y correcta me traía loco por completo. Quería que sus primeras veces en todo solo me correspondieran a mí.
Tenía que ir a buscarla, como siempre atrás de ella. Y es que, sin pensarlo, cada que la jodia yo tenía que ir tras ella. Pero a estas alturas ni siquiera eso me importaba, quería a Samadhi de lleno en mi vida. Era la única mujer que podía ahuyentar los recuerdos dolorosos de mi mente. Samadhi era luz en mi vida.
Me levanté bruscamente de la cama, me dirigí a la mesa de centro y tomé las llaves del coche. Me puse la cazadora, la cual tenía un buen de tiempo sin ponérmela y salí del apartamento.
Cerré la puerta, y un gemido extraño se adentró en mi oído izquierdo. Miré hacia el frente, en el apartamento de Brad. Mi corazón dio un vuelco, al ver el bolso de Sam...
Mi mente y la mirada se nublaron por completo. La furia que sentía hacia Brad, se transformó en odio, y no solo hacia él, sino también a Sam. Lo tenía que comprobar.
La puerta se encontraba entre abierta, y sin pensarlo entré. Tomé el bolso de Samadhi y después lo deje caer. Me dirigí al pasillo oscuro de donde provenían los gemidos que ahora escuchaba con mayor intensidad.
¡Jodida tortura!
Temblaba, ¡joder! Estaba temblando. No quería que fuese ella, rogaba porque no lo fuera, esperaba que fuese Sony o cualquier otra chica con las que solía liarse Brad, pero el golpe me llegó de lleno a la realidad. Porque efectivamente, era Sam.
La puerta de la habitación se encontraba abierta. Las luces se encontraban apagadas y solo se divisaba la casta luz que entraba por la ventana. Todo era cuerpo y siluetas envueltas.
— ¡Oh Sam! — musitaba entre gemidos Brad — Ahora eres mía pequeña...
Lo más doloroso, fue haber escuchado a Samadhi gemir y saltar encima de Brad...
(***)
Por un momento quise entrar y sacarla de ahí. Me contuve enormemente, cerré mis puños, clave mis uñas en la palma de mis manos que a final de cuentas dejé sangrando. La furia y el odio me invadían, pero no solo hacia Brad, sino también a Sam. ¿Era una jodida mentira? ¿Todo este tiempo estuvo jugando conmigo y mis sentimientos? Si solo quería que me la follara, ¿Por qué mierda no dijo y ya?
¡Era un imbécil!
Me había dejado llevar por estos absurdos sentimientos. Samadhi Stone solo se lio conmigo para que la follara y me destrozara por dentro. ¡Era una jodida mentira que me amaba!
Pero... ¿el tatuaje?
Me sentía como un imbécil, había jugado a la perfección. Ella supo cómo adentrarse y clavarse en mi jodido corazón.
Me encontraba recargado en el respaldo del sofá. El alcohol en mi sistema ya ni siquiera lo sentía, ¿Y qué puedo sentir? Si Samadhi Stone había destrozado mi vida.
— Deja de tomar Clarence — espetó Lucas, quitando de la mesa de centro la botella de whisky vacía – Dudo mucho que haya sido ella — seguía hablando.
Lo miré de mala manera.
— Era ella Lucas ¡Con una mierda, era ella! — contesté lleno de furia, azotando contra la pared el vaso de cristal.
Quería borrar esas imágenes de mi cabeza, pero era imposible hacerlo. Me sentía quebrado y destrozado por dentro. Lo peor de todo es que no podría sacar fácilmente éste sentimiento que llevaba por dentro. La amaba.
Quería esperar a que salieran los dos juntos, pero me negué, no me humillaría más de ese modo. No por ese par.
— Puedo hablar con Sara para que la llame y le preg...
— ¡No Lucas! Yo sé lo que vi — respondí tajante — Déjalo estar, no me hagas quedar como un imbécil.
Cerré los ojos, que seguramente tenia llorosos. ¿Cuándo jodidos había llorado por la traición de una mujer? ¿Por qué no simplemente la olvidaba como lo solía hacer con todas las demás?
Estaba jodido, realmente jodido.
¡Maldita sea! ¿Por qué mierda me sentía de esa manera? El vacío se encontraba ahí, pero ahora era el doble de intenso. Quería verla, decirle unas cuantas verdades a la cara, follármela, que por un jodido momento me perteneciera y dejarla así como si nada, justo como había hecho conmigo ella.
Apreté el puente de mi nariz con la yema de mis dedos. Me sentía desesperado.
— Deberías descansar Clar — musitó Lucas — William quiere hablar contigo mañana.
— Si vendrá con Isabela, que ni siquiera se acerque a mi puerta — respondí tajante.
Me levanté del sillón para después dirigirme y recostarme en la cama de mi habitación. Miré el reloj, eran exactamente las cuatro de la mañana.
Los rayos del sol se adentraban a mi habitación. La cabeza me dolía intensamente gracias al alcohol que había bebido hace algunas horas. El sabor amargo aún permanecía en mi boca.
No dormí en toda la noche. Cada que cerraba mis ojos, la veía a ella. Recostada en mi cama, abrazada a mi pecho. Percibía su aroma que permanecía en mi almohada, ese fresco y dulce aroma olor a Sam.
Me abracé a la almohada, y por un momento quise gritar, llorar y hacer una que otra estupidez. No podía seguir así.
Me levanté de la cama y me dirigí a la ducha. Al entrar me miré al espejo. Tenía los ojos hinchados y rojos. Estaba hecho una mierda. Después de verme, me adentré a la regadera ¿Qué más podía hacer?
Al salir de la ducha y cambiarme me dirigí a la cocina para comer algo, el estómago me gruñía, y aunque mi apetito no fuese el mismo, mi dieta me lo exigía.
— Buenos días — saludó Lucas, mientras yo me servía un café y un plato de fruta — William está por llegar.
— ¿De qué quiere hablar? — Lucas me miró con lastima, trataba de disimularlo, pero así se veía su mirada. ¡Vamos Lucas! ¿Nunca has visto a un hombre deshecho? — Espero no le hayas contado nada de esto a Sara — le hice saber.
— Sabes que no lo haría Clarence — afirmó — En realidad no le pregunté.
Asentí.
Después de haber desayunado algo más que solo fruta, lave mis dientes y salí del apartamento. Mi mente dio un vuelco al ver a Brad saliendo al mismo tiempo.
— ¡Hermanito! — exclamó el muy imbécil con una sonrisa triunfal.
Sonreí. Cerré mis puños, y lo siguiente que hice fue propinarle a Brad la paliza de su vida. Sentía el odio y la furia que desprendía hacia él con cada uno de mis golpes. No se dejaba, el muy maldito daba pelea también.
No me di cuenta, pero de un momento a otro William ya rodeaba sus brazos deteniendo a Brad, y a mi supongo que Lucas era quien estaba atrás.
— ¡No te quiero ver cerca de ella! — espeté con fuerza. La sonrisa sínica de Brad apareció como siempre en él.
— Y ni te imaginas como la disfrute...
— ¡Hijo de perra! — espeté furioso. Lucas no me soltaba. ¡Quería quitarle la satisfacción a golpes de la cara!
— ¡Si Clar, ella es mía ahora! Y no sabes lo mucho que me gusta...
— ¡Ya déjalo estar Brad! — exclamó William, metiéndolo a la fuerza en el apartamento.
Cerraron la puerta, de un jalón me solté de Lucas, y me fui caminando hacia el ascensor.
— ¡Clar! — escuché a Lucas, pero no miré hacia atrás.
La recepción estaba vacía. Lo siguiente que hice fue dirigirme al estacionamiento del edificio y subir al coche. Los recuerdos de Samadhi al hacerla mía en este preciso lugar la última vez, me llegaron de golpe. Eran fuertes y concisos, pero los deseche por completo.
El reloj de la pantalla marcaba las diez de la mañana, buena hora para ir en busca de respuestas a la tumba de Hanna. Mi mente divagaba a ligeros recuerdos de cuando vivía Hanna.
Después de lo que parecía ser una eternidad, llegue a las afueras de la ciudad donde se encontraba el cementerio. Éste último se encontraba abierto, algo extraño por la hora en la que estábamos, ya que normalmente los sábados no se encontraba abierto.
Pase disimuladamente, para ver quien se encontraba cerca de la entrada.
Un anciano, de algunos setenta años, de estatura baja y el cabello canoso, salió de vigilancia.
— No es día de visita muchacho — indicó.
— ¿Y porque sigue abierto? — pregunté, pues que estuviera abierto era algo extraño.
— Bueno, hay un chico que viene constantemente por aquí — respondió con calma — Siempre me trae el desayuno de la mañana.
Estaba a punto de preguntarle si también quería que yo le trajera el desayuno, pero éste me interrumpió.
— Entra muchacho — abrió la puerta de la entrada — Pero solo un rato, no más de media hora, si no iré por ti y tendré que sacarte a patadas aquí — era un tipo agradable, se le notaba el sarcasmo de sus palabras. Sonreí.
Solté un bufido, pero pareció más una risa contenida. El hombre me dejo entrar con esas indicaciones, y me dispuse a caminar.
Anduve por unos minutos, pues la tumba de Hanna se encontraba cerca de la entrada. Tenía tiempo que ni siquiera le visitaba. Las rosas del lugar seguían frescas, algo extraño en realidad.
Me senté sobre el césped que yacía alrededor de su lapida, esa lapida de concreto plana. ¿Qué esperabas que hiciera Hanna? Parecía una vil mentira que sus palabras, antes de su partida se cumpliesen como si nada. Murió tan joven y desolada, es por eso que siempre me culpaba, pues su vida no había sido fácil. Aun no podía perdonarme a mí mismo por su partida, por segunda vez fui el causante de su tragedia, esa tragedia que le costó la vida.
"La vida se nos va en un segundo ¿no crees? , me dijo Hanna alguna vez"
Y vaya que se nos iba en un segundo. Pues esa fue la última vez que la escuché...
Sollocé. Sentí las lágrimas correr por mis mejillas, las cuales de un manotazo sequé. ¿Ahora que iba hacer? Si Samadhi ya no estaba conmigo, ya no estaba esa luz que me guiaba en el camino.
— No te atormentes Clar — la voz de William me sacó por completo de mi ensoñación — Sabes que ella no te culpa de lo sucedido.
— ¿Y tú que sabes sobre eso? — respondí tajante, mirando al suelo. William soltó un suspiro.
— Lucas me contó lo sucedido — ¡Ahí vamos de nuevo! — Lo más extraño fueron las palabras de Hanna antes...
— ¡Me importa un carajo! Yo no las escuché — ¿Qué quería que hiciera?
— Sé que no me quieres escuchar, sé que, de alguna manera te recuerdo a ella, a Hanna, pero esta vez tienes que ceder a mi necesidad.
— ¿Qué quieres William? — le pregunté con total tranquilidad, aunque tranquilo no estaba.
— Estoy como pasante de abogado en la firma de Falco — comenzó diciendo — No mentía cuando te dije que lo de Hanna no fue un accidente Clar. Estar yo ahí es mucho más beneficioso para nosotros ahora.
Y dale con eso...
— Si no hicieron una mierda las autoridades hace dos años, ¿Qué te hace pensar que lo harán ahora William? — respondí molesto mirándolo fijamente. Después, volví la mirada a la lápida de Hanna — Ni siquiera mi padre con todo lo que tuvo a su alcance pudo con ello — Negó. Se lo pensó por un momento y después habló:
— Hay que tener de cerca al enemigo, es mejor visualizarlo como tu mejor amigo...
Enarqué una ceja ante esto último que dijo. Se acercó a la lápida de Hanna, y dejo un ramo de rosas frescas y rojas, sus favoritas.
— Así que eres tú — musité despacio al ver que era William quien siempre la visitaba.
— Siempre — respondió — Si estás dispuesto, Isabela y yo estaremos a tu disposición.
Dicho esto último, se fue caminando a la salida del panteón, enfrascándose en una conversación con el anciano.
¿Estaba listo para volver de nuevo al pasado? No sabía la respuesta aun, pero no tardaría en ceder a su petición. Pues al tratarse de Hanna, haría lo que fuera sin alguna excepción.
— ¡Es hora muchacho! — gritó el anciano desde la cabina de vigilancia, donde William y el anciano desayunaban.
Asentí solamente con una leve sonrisa en el rostro, y me encaminé hacia ellos para despedirme y después salir del cementerio. Me dirigí al coche y emprendí el viaje de regreso.
¿Qué había hecho mal? ¿En que había fallado yo en realidad? Esas preguntas eran constantes, y una opresión en el pecho se intensificó cuando pasé cerca de la pequeña casa que se encontraba frente a la playa. No lo pensé ni un segundo, y lo siguiente que hice fue detener el coche ahí mismo.
Me estacioné cerca del puente y me dispuse a caminar hacia él. Comenzaba a refrescar, las tardes de otoño refrescaban cada vez más. Una oleada de viento fresco me calaba hasta los huesos, cerré por completo la cazadora y sin más, sentí el aroma dulce y fresco de Sam.
Me dolía, su traición me dolía hasta la jodida alma que no sabía tenia. ¿En algún momento la perdonaría? No lo sabía aún. Y como saberlo, si yo mismo fui quien la alejó de mí, la dejé ir. Si le hubiera dicho lo que realmente sentía por ella, si le hubiese dicho que la amaba, ella ahora estaría aquí, a mi lado, haciéndome compañía. Ahora mismo la estaría besando, amándola y haciéndola mía.
— No me dejes ir, por favor...
Esas palabras retumbaban una y otra vez.
Metí las manos a los bolsillos del pantalón, caminando hasta llegar al final del puente. Mi vida cambiaria de lleno rotundamente.
¡Maldita sea! Me había jodido por completo. Me abrí todo lo que pude accediendo a sus sentimientos. Mi corazón solo le pertenecía a ella, y ahora no estaba conmigo.
Al llegar a casa, lo primero que hice fue servirme otro poco de whisky. ¿Cuándo andaba yo tomando esta mierda?
Me dirigí al balcón, no había visto la hora pero era algo tarde. El viento fresco se adentró.
La puerta sonó, asi que puse todo de mi parte para caminar hacia ella y ver quien estaba molestando a estas horas. Dejé el trago sobre la mesa y me dirigí a la puerta. No pasé desapercibido que los vidrios seguramente Lucas ya los había recogido. Él ni siquiera estaba aquí, había ido a casa de su novia Sara.
— Clarence — la sensual voz de Samantha se adentró en mi oído.
La miré, y a pesar de no ser quien seguramente muy en el fondo esperaba que fuera, me abalancé sobre ella. Enredé su cabello en mi mano derecha y la besé. La tomé por sorpresa, y omitiendo un gemido de ella, se adentró tocándome y quitándome la camiseta.
No esperé mucho, tenía que deshacerme de este pensamiento mísero y brusco. Quería desechar esas imágenes de Samadhi con Brad, tenía que expulsarla por completo de mi corazón...
Samantha se quitó la ropa, dejando ver su lencería cara, la que normalmente usaba. La subí a horcajadas sobre mis caderas, para después llevármela al sillón.
Sus besos y caricias no me causaban nada. La atracción por ella se había esfumado.
— Te lo dije Clar — musitaba entre jadeos — Siempre regresaras a mi...
¡Que mierda!
La quité de encima bruscamente, no iba permitir que sus palabras se hicieran realidad. Ya caería otra chica para utilizar.
Su rostro era un poema, no creía que la hubiera echado con sutil rudeza.
— ¡Eres un imbécil Clar! — espetó molesta.
— ¡Lárgate Samantha!
Se cubrió solamente con mi camiseta, después de eso, tocaron la puerta.
— Quédate ahí — la amenacé.
Me dirigí al pasillo llegando a la puerta. El nerviosismo se apoderó de mí, no quería que fuese Samadhi y la viera a ella aquí.
Lo pensé por unos segundos, si no es que minutos, en abrir. Hasta que por fin cedí.
— Sam — el sobrenombre acaricio mis labios. Se veía hermosa, en ese vestido de otoño blanco, en esa cazadora de cuero negra, y esos ojos color miel hinchados por seguramente haber llorado.
— Tenemos que hablar.
Su voz tembló, y una furia en mí se apoderó.
**
Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top