CAPITULO 33

SAMADHI


Estaba nerviosa ante su reacción. No quería que lo tomara a mal, sino al contrario, para mí era más un homenaje a la memoria de Hanna, a lo que nosotros teníamos, a la manera en la que ahora nos encontrábamos juntos, a muchas otras cosas en particular. Una de ellas, y no menos importante que las demás, era el amor propio que me tenía yo en realidad.

Tardó un poco en hablar, pero después, tomó mi mano para llevarse mi muñeca izquierda a los labios, dejando un ella un casto y húmedo beso. Las mariposas y los insectos revolotearon de nuevo. ¿Le habría gustado? Era la gran pregunta para mí.

— Es hermoso Samadhi — volvió a besarlo.

Un sentimiento me invadió por completo, recordando las dos palabras que había dicho Clarence hace un momento. ¿En verdad me amaba?

No quise comprometerlo, es por eso que le hice saber que nos habíamos dejado llevar por el momento. Pero, ¿En realidad sentiría eso por mí?

Sabia de sobra que las palabras y el sentimiento que conlleva un "Te amo" es una muestra de cariño mucho más profundo. Se mezclan los sentimientos, el amor, la vida y el futuro. La palabra "Te amo" era muchísimo más que eso.

"¿Yo lo amaba?", me pregunté por un momento.

Le quería de una manera inexplicable, le quería tanto que no sabía cómo más demostrarle. Quería que confiara en mí, que me contara sus problemas y sus debilidades, pero con Clarence es ir paso a paso y con muchísimo cuidado. No me quejaba por ello, pues le quería, tanto que estaba dispuesta a esperar lo que fuera de él.

Después de haberle mostrado el pequeño tatuaje, nuestro alrededor se tornó extraño. ¿Era demasiado? Comencé a preguntarme a mí misma, una y otra, y otra vez.

El amor que sentía por Clar iba en aumento, para mi decirle Te amo sería mucho más fácil, porque en realidad lo sentía. Simplemente quería darle tiempo al tiempo para que él mismo aclarara sus sentimientos.

Fue a dejarme a casa, baje del coche y él hizo exactamente lo mismo. Esta vez no espere a que abriera mi puerta.

— Te quiero Clarence — le dije cuando se posó frente a mí.

Me recargué en el muro lleno de trepadora que dividía mi casa con la acera de afuera. Clarence dio un profundo suspiro recargando sus manos en la pared por cada uno de los costados de mi cabeza, dejándome completamente acorralada frente a sus labios.

— Yo también te quiero Samadhi — respondió — Eres luz en mi vida — susurro, pegando mi frente con la suya.

Mi corazón dio un vuelco inesperado, sabía que esas palabras las decía sinceramente, pero ¿Por qué sentí un vacío extraño?

— ¿Qué pasa Clar? — me fue inevitable no preguntar. Pero él simplemente negó.

¡Habla Clarence! ¡Cuéntame tu inconformidad! Le pedía a gritos desde mi interior.

— No pasa nada — espetó brusco.

Me besó. Me besó como si fuese el último, rodeo mi cintura y yo envolví mis manos en su cuello. Lo tomé del cabello, profundizando el beso. Jugué con sus labios, los mordí y tomé con fuerza porque él hizo exactamente lo mismo. Esa sensación era placentera, y un gemido en mi interior se escapó...

— Me vuelves loco Stone — musitó ferozmente. Sintiendo su delicioso aliento en mis labios – Debo irme.

Asentí con la respiración entre cortada.

Entré al porche de mi casa, y esperé a que Clarence se subiera al coche, lo prendiera y se fuera. Y ahí me encontraba yo, detrás de la puerta. La volví abrir, mirando como desaparecía el coche de Clarence a lo lejos...

Un escalofrío recorrió mi espalda. El clima entrando la madrugada era mucho más que fresco. Cuando estaba por entrar, sentí una mirada en mi espalda. Me detuve por un momento y miré hacia atrás para comprobar que no hubiese alguien más. Y así era, el lugar en la calle estaba vacío...


(***)


Estábamos a finales de septiembre. Hoy se cumplían exactamente dos semanas después de que vi a Clarence.

Me evitaba a toda costa, pues después de lo ocurrido el día de su cumpleaños, su actitud hacia mi cambio por completo. ¿Por qué me ignoraba? ¿Acaso ya no sentía nada más por mí? Esas preguntas, entre cientos más de ellas, las hacia cada día. ¿Qué había hecho mal yo en realidad?

Lo llamé infinidad de veces, pero siempre respondía con la excusa que se encontraba ocupado con algunas citas de trabajo. Lo comprendía totalmente, pues su meta era crear y sacar adelante su propia empresa. Y en eso yo no podía entrometerme.

Me había distraído en realidad con la universidad, era viernes y me encontré con Sara y Lucas en la salida. Esta vez no había traído el coche, pues los viernes se había vuelto un hábito el que nos trajera Clarence o Lucas a la universidad. Pero desde el cumpleaños de Clar, Lucas era quien se encargaba de traernos y llevarnos de regreso a casa.

— Y... ¿te ha dicho algo? — le pregunté titubeante a Lucas.

Sara me miró con un cierto atisbo de pena, sabía perfectamente que Lucas no delataría del todo a su mejor amigo, pero no había otra forma para saber de él. Había intentado ir a visitarlo a su departamento, pero siempre se negaba. Y ¿llegarle de sorpresa? No era lo mío.

— No Sam, sigue ocupado — contestó no muy seguro de su respuesta.

— ¡Oh vamos amor! ¿Es tu mejor respuesta? — espeto Sara, no molesta, si no sorprendida, por lo que pude ver en su mirada — Ni yo me la creí...

— ¿Qué puedo decir? Es mi mejor amigo, sus dramas tendrá, ¿Quién soy yo para juzgar?

Suspiré y asentí a su respuesta. Los tres subimos al coche de Lucas, yo en la parte trasera.

— Está bien Lucas, lo comprendo totalmente.

En realidad, ya me estaba cansando de este juego con mentiras y sentimientos.

— Y bien... ¿Qué haremos hoy? — preguntó Sara.

— Podríamos ir a un restaurant bar que acaban de inaugurar cerca del apartamento, ¿Qué les parece?

Sería bueno salir, pues comenzaba a deprimirme más el no saber nada de Clar.

— Por mi perfecto — le hice saber a Lucas y Sara.

— Bien, invitaré a Will para que te haga compañía ¿Te parece?

Asentí, quizás la compañía de William sería una buena medicina, pues era relajado, alegre y bromista.

Al llegar a casa, mi madre se encontraba enfrascada en una conversación con Falco por video llamada, pues éste último se encontraba de viaje con uno de sus clientes. Me dirigí a la cocina preparando algo de comida. Después a mi habitación para descansar un rato antes de la salida de esta noche.

Ya eran las nueve de la noche. Habíamos quedado en vernos allá. Como sabía que posiblemente tomaría, evité a toda costa la tentación de tomar mi auto y conducir hasta allá. Esperé a que llegara el uber que había pedido y en menos de media hora me encontraba fuera del lugar.

De lejos divise a Sara, William y Lucas cerca de la entrada. Así que lo siguiente que hice fue dirigirme hacia ellos.

— ¡Pensé que no vendrías! — Sara exclamaba cerca de mi oreja izquierda. Pues el lugar se encontraba un tanto repleto de gente por fuera.

— Aquí me tienes — contesté, con un cierto de tono en mi voz apagada.

Sara me miró, dio un suspiro y me tomó de la mano.

— ¡Samadhi! — exclamó William cuando me vio, me dio un abrazo y yo se lo devolví también.

— Me da gusto verte — le hice saber.

— A mí también, venga, vayamos adentro — dijo, estrechando su mano para que la tomara y ni siquiera titubee en hacerlo.

Después de cinco minutos nos encontrábamos dentro del lugar. Éste era moderno, los sillones en color rojo se encontraban en las paredes y en las esquinas del lugar con pequeñas mesas de centro color negras, y al lado izquierdo una enorme barra de tragos en estantes de cristal.

El ambiente era agradable, la música moderna sonaba, y la juventud bailaba. Nosotros nos dirigimos a un área que se encontraba justo en el segundo piso del lugar, donde había espejos y mesas de cristal. Vaya lugar.

Lucas y William pidieron unos tragos para los cuatro. Y después de un rato Brad llegó hacernos compañía. No me agradó en lo absoluto, pero en algún momento tenía que lidiar con ellos, pues era hijo de Falco, el ahora novio de mi madre.

— ¡Samadhi! — exclamó al verme — Que sorpresa encontrarte aquí... sola — esto último lo dijo con una sonrisa curiosa.

— Si, Clarence ha estado algo ocupado — le respondí tajante.

— ¿Enserio? — musitó — Y... ¿Por qué lo acabo de ver llegar tomado de la mano de Samantha?

Enarqué una ceja. Eso no era posible ¿cierto?

— Mientes — le dije tranquilamente.

— Deberías verlo por ti misma.

Me tomó de la mano y me llevó hasta el balcón que había adentro del lugar. Y ahí se encontraba, tomado de la mano de Samantha dirigiéndose a la barra.

Mi corazón dio un vuelco ¿Por qué hacía eso?

Me quebré por dentro, fui directo a uno de los sillones rojos y me senté. Estuve por lo menos una hora sentada y tomando un amargo trago. No miento, le di como mil vueltas para marearlo y no tomarlo, pero al final lo tomé de un solo trago. En ocasiones Sara me preguntaba si me encontraba bien, y mi respuesta para no arruinarle la noche era un "sí, me encuentro bien".

William se encontraba bailando con una chica de tez bronceada, mientras Brad desde la esquina del balcón me miraba.

Tragué duro, su mirada me incomodaba, y lo siguiente que hice fue ir a enfrentar a Clarence.

— ¡Samadhi! — espetó Brad deteniéndome. ¡¿Pero qué mierda le pasaba?! – No vayas, no ahora, ven acá...

Me tomó del brazo acercándome hacia él. Rodeo mi cintura con sus brazos, pero no me dejé.

— Suéltame Brad — trataba de quitarme, pero su agarre era mucho más fuerte. Estaba algo pasado de copas, pues su aliento era fresco combinado con alcohol y frutas.

Por un momento me detuve y lo miré a los ojos, esos ojos color verde que, en algún momento había deseado ver todos los días, y que ahora simplemente no me causaban ninguna emoción. Entonces, me soltó bruscamente...

— ¡Quita tus putas manos de ella! — espetó Clar empujándolo. Los ojos nublados de odio hacia Brad se le inundaron.

— Hermanito, hace menos de un momento vimos cómo te comías a Samantha con la mirada — respondió Brad con tranquilidad ¿Cómo lo hacía? — ¿Y ahora vienes hacerte el digno no queriendo que me acerque a Sam?

— ¡Eso no es de tu puta incumbencia! — le respondió entre dientes.

Lo siguiente que hice fue salirme de ese lugar. Me jodia ver a las personas pelear.

Sentí las zancadas seguramente de Clarence atrás de mí. Pero en ningún momento me detuve.

— Samadhi — hablaba, pero yo seguía inmersa en mis movimientos dirigiéndome al estacionamiento del lugar — ¡Samadhi! — gritó con fuerza, haciendo que me detuviera — ¡¿Qué mierda hacías con Brad?! — espetó molesto.

Un enojo profundo salió de mi interior.

— ¡Eres o te haces el imbécil Clarence! — espeté enojada girándome hacia él. Estos juegos comenzaban a cansarme.

— Ven aquí... — estaba por estrecharme en su regazo, pero me negué.

— ¡No Clar! — tenía que sacar mi enojo — Yo me voy de este lugar.

Seguí mi camino, no me iría caminando pero quería alejarme lo suficiente para no verle aquí cerca de mí.

— No me importa que llegues a China Stone, iré tras de ti.

Bien, tal vez no se iría de aquí. Suspiré y me giré de nuevo hacia él.

— ¿Qué quieres de mí? — pregunté.

— Yo te llevo a casa.

Lo pensé por un momento, pero como siempre, accedí.

Subimos al coche, y en media hora nos encontrábamos en el estacionamiento del apartamento.

— Creí que iríamos a mi casa — le hice saber.

— No especifiqué a cual casa.

Enarqué una ceja y baje del coche, otra vez sin esperar a que Clarence abriera la puerta. Algo extraño en mí. Me adelante a la recepción, donde el señor John no se encontraba, así que seguí mi camino hasta el ascensor. Me adentré en él, con Clarence siguiéndome el paso hasta ahí.

Al llegar al piso veinte, Clarence se adelantó para abrir la puerta de su apartamento dejándome entrar a mi primero.

— ¿Y bien? — comencé a decirle. En algún momento los dos explotaríamos por nuestros celos y las estupideces que hacíamos por ello.

— ¿Qué quieres escuchar Samadhi? — preguntó reasignado, mirándome a los ojos.

Por un momento tomé la libélula que descansaba en mi pecho. La miró, con cierta melancolía en su interior, en esos hermosos ojos color azul.

— ¿Qué te detiene para quererme Clar? — pregunté en apenas un susurro — ¿Tus sentimientos hacia mí son reales? ¿O porque ibas acompañado de Samantha en ese lugar? — tomé todo mi auto control para no estallar.

— No lo entenderías Samadhi — susurró mirándome a los ojos.

— ¡Pues dímelo! si no hablas conmigo no sabré como ayudarte — espeté — Me importa una mierda con quien fuiste, quiero entenderte a ti, si no hablas de tus sentimientos, si no desquitas esa furia que llevas dentro por su muerte, seguirás ahogándote en un mar de lamentos Clar...

— ¡Y después que Samadhi! — me interrumpió — ¿Qué no lo entiendes? ¿Qué no me ves? ¡Estoy deshecho por dentro Sam! — se dirigió hacia mi para tomarme de los hombros — ¡Yo la maté, porque no la cuide! ¿Qué no ves? ¡Se murió gracias a mí, y no pude hacer una mierda para encontrarla a tiempo y poderla revivir! ¿Cómo piensas que te voy a poder cuidar a ti Samadhi? — Las lágrimas comenzaron a brotar cayendo por mis mejillas — ¡Joder! ¡Ni si quiera me pude mover!

— Porque yo te voy a cuidar a ti — susurre acercándome a él — Nos cuidaremos Clar, uno al otro, lo haremos funcionar así porque es más obvio el amor que sentimos, porque eso hacen las parejas, protegerse uno al otro, porque yo solamente te amo a ti...

Se quedó pensando por un momento, pero yo lo sentí una eternidad.

— No puedo Samadhi — ¿Qué? — No puedo aceptar el hecho que me amas a mí.

— No me dejes ir, por favor — susurre despacio, rodeándole el cuello y acercándome a sus labios — Siempre voy a estar contigo Clar — musité tomándolo del rostro y pegando su frente con la mía.

Una lágrima recorrió su perfecto rostro.

Lo mire fijamente a los ojos, sus hermosos ojos azul oscuro que, ahora se encontraban llorosos.

No aceptaba, él no aceptaba que me quería, no aceptaba que me amaba.

Quizás, su mayor miedo era que yo me fuera como lo han hecho los demás, como lo hizo en aquel accidente, o como lo hizo su mamá. Su mayor miedo, era sentir el vacío que quizás siempre había estado habitando en él.

Todos, en algún momento necesitamos de alguien que nos haga creer en nosotros mismos, no somos de piedra, todos tenemos sentimientos. ¿Qué clase de persona seria yo si no hacía que él se quisiese primero a sí mismo? Seria egoísta de mi parte.

Traté, de verdad que trate de hacerlo sentir bien.

Suspire, no podía seguir perdiendo mi tiempo, no podía estar perdiéndome la vida en ello, en alguien con un pasado tormentoso y que no estaba dispuesto a liberar. Su pasado era doloroso, lo sabía, pero él no lo quería dejar atrás.

— Dímelo Clar, solo eso te pido, dime lo que sientes, y soy toda tuya por completo — le decía — Dos palabras, cinco letras...

Musite despacio, con el corazón en la mano. Pues yo solo quería escucharlo decir Te Amo.

— Lo siento Sam. Pero no siento eso por ti.

Mi corazón se quebró en mil pedazos, él nunca lo aceptaría, no aceptaría el hecho que me quería. Me trague todos los sentimientos, me trague las emociones que sentía por dentro. Samadhi Stone no se dejaría caer por ello. Tragué, tragué duro. Levante mi dignidad desde el suelo que se tornaba oscuro. Di un último suspiro desechando por completo los sentimientos negativos, y hable.

— No Clarence, yo lo siento por ti, tu pasado no te dejara en paz jamás. No se trata solo de tener sexo casual, no se trata de tener una relación a medias y ya, todo se basa en la confianza que le tienes a los demás, en la confianza que me tienes a mí, en el amor y la confianza que te tienes a ti, y eso último, claramente no te tienes. Si no puedes con eso, ¿Por qué tendría que quedarme yo aquí? Merezco más, no amores a medias Clar — lo miré decepcionada — Lo siento por ti, ahógate en tu orgullo de hombre, y en tu pasado de mierda, porque yo me voy de aquí.

Pasé por un lado suyo, sentí mi corazón estrujarse y hacerse añicos, pero esto no era lo que quería en un futuro para mí. Había vuelto la perfeccionista que alguna vez quise enterrar, sin darme cuenta que la necesitaba en realidad. ¿A esto había llegado ya? ¿A lo mismo que mis papás?

¿Cómo vamos a esperar por un amor no correspondido? ¿Cómo vamos a esperar por un amor, cuando no te valoras ni a ti mismo? Tenía que hacerlo, tenía que dejarlo, pues siempre hay que quererse uno primero para poder amar a segundos y a terceros.

Lo amaba, lo amaba y eso no cambiaría de la noche a la mañana. Pero prefería destrozarlo primero, antes que me destrozara a mí por completo.

Amor, ese fascinante sentimiento que puede elevarte al cielo, y bajarte al mismo infierno en cuestión de segundos.

De un portazo cerré la puerta de su apartamento. Me recargue en la misma por fuera, mirando fijamente hacia el frente. Me sentía perdida, me sentía dolida, y numerosos recuerdos comenzaron a caer de golpe sobre mi cuerpo. La primera vez que salimos, la primera vez que me entregué a él, el dije de la libélula que aun colgaba de mi pecho el cual en mi puño encerré... a Clarence Johnson ya lo llevaba tatuado en la piel...

Limpie las lágrimas que salían a mares de mis ojos. No podía llorar por un corazón roto.

— Escuché todo — di un respingo al escuchar una voz gruesa conocida para mí.

Lo miré con los ojos suplicantes y llorosos, se encontraba ahí recargado sobre el marco de la puerta, con sus jeans rasgados y camisa formal suelta.

— Si, bueno, de alguna manera tenía que terminar ¿no? — le respondí en apenas un susurro.

Esbozo una media sonrisa, pero ya no más esa sonrisa socarrona y burlona. Su semblante era diferente ahora.

— ¿Quieres hablar? — preguntó abriendo más la puerta para que pudiera entrar.

Lo pensé por un momento.

Recuerdo cuando conocí a Brad, fue algo extraño en realidad. Hace un poco más de tres años, dos años antes de que regresara Sony, claro. Lo vi en el centro comercial, yo me encontraba en el "Stone Dresse's" de mi mamá. Sabía que era mayor, pues lucia la cazadora del equipo de futbol americano en la Universidad. Su visita era constante y habitual, hasta que se decidió en hablar. Al principio sus visitas se tornaban extrañas, pero después de un tiempo, simplemente me agradaban.

Asentí.

— Solo un momento — le afirme con mi corazón envuelto. Él asintió.

Deje el bolso que cargaba justo en la entrada, pues no quería demorarme mucho tiempo. Tomé mi móvil y lo coloque en el bolso trasero de los jeans que traía puestos.

— ¿Quieres algo de tomar? — preguntó.

— Agua por favor — musité.

Me quede viendo al lugar, era diferente al de Clar. El de Brad era completamente rustico. Parecía como si estuviese en una cabaña. Los acabados de los muebles eran de madera, absolutamente todo. Él no tenía balcón, sino una pequeña chimenea eléctrica.

— Bonita decoración — lo elogié para que no tocara el tema.

— Gracias, así lo pedí yo — respondió — Mi padre tiene una cabaña a las afueras de California, algún día podríamos ir ahí — dijo — Claro, siempre y cuando quieras tú, Samadhi.

Deposito un casto beso en mi nariz, como siempre lo solía hacer. Extendió su brazo para después darme una botella de agua.

— ¿Qué pasó entre ustedes Sam? — preguntó enarcando una de sus cejas claras — Se veían... felices.

— Prefiero no hablar de ello — respondí tomando asiento en el sillón. Después Brad se unió.

¡Y vaya que no quería hablar de ello!

Mi corazón estaba confundido y destrozado preguntándose si en realidad había sido bueno dejar a Clar. Tal vez me precipite, tal vez debí esperar más, pero... esa no era yo. Le di todo mi tiempo, todo el posible para que se abriera más a mí. Para que me contase sus inconformidades, y su mal sentir. Pero nada de eso había cambiado, Clarence no me contaría nada de su pasado.

Sin embargo, lo aceptaba, pero... ¡rayos! Era difícil dejarlo porque lo amaba.

Mi mente era un mar de emociones, luchaba en realidad por no sentirse destrozada, por no sentir que yo la había jodido por completo.

"Tal vez el tatuaje fue demasiado", pensé por un momento. Pero así me sentía. El significado de ese tatuaje era mucho más para mí, sobre lo que yo sentía.

— Sabes Samadhi, siempre me has gustado — Brad se acercó más a mí — Desde ese día en el que te vi quede fascinado de ti — sentía su aliento a alcohol y frutas cerca de mí, su respiración y todo de si — Si Sony no nos hubiese mentido, ahora mismo serias mía y yo estaría contigo...

¡Pero que mierda dices Brad!

— Eso no...

— ¡Sh, sh! — me calló, colocando su dedo índice en mis labios — Intentémoslo por un rato, regálame solo un rato para sentirte mía, Samadhi Stone...

Tomó con delicadeza mi cintura, acercó sus labios a los míos y me besó recostándome ligeramente en el sillón. Tocó mi cuerpo y cada una de mis extremidades, para dejarme llevar por el sentimiento confundido y dolido en mi interior...








*****

¡Mis Perfeccionistas bellos!

Gracias infinitas por leerme, a quienes votan y comentan LO AGRADEZCO DE CORAZÓN. A mis lectores fantasma, gracias nuevamente por el apoyo.

Estamos a 3 capítulos para llegar al final de Perfección :')

¡LOS AMO! Déjenme su critica valiosa para mi, así como lo es su opinión.

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