CAPITULO 35
SAMADHI
No podía más con esta sensación, tenía que saber de Clarence, disculparme por haberlo presionado de esa manera, ¡disculparme por haberme ido de esa forma! En realidad quería hacerlo, quería mirarlo a los ojos y decirle todo lo que siento.
Era sábado, había pasado casi un día entero después de esa pelea, ¿se podría llamar pelea? Con Clar todo era complicado cuando se decidía a estar completamente cerrado, pero seguro yo podía arreglarlo, arreglar su corazón de alguna manera o no. Estaba dispuesta hablar con él y enfrentarlo de nuevo.
Me sentía culpable por lo sucedido ayer con Brad. Había traicionado a mi mejor amiga, ¿Y ahora a Clar?
Todo el día me la había pasado estudiando, manteniendo mi mente ocupada, pues la segunda etapa de exámenes estaba por comenzar en unos días más. Me levante de la cama donde yacía recostada boca abajo con un libro de negocios en mano. Quité mi ropa por completo para después tomar un baño. Hoy estaba dispuesta hacer lo que sea para recuperar a Clar. Me puse un vestido blanco, medias y una cazadora negra.
Mi madre había salido a una fiesta de negocios con Falco. Eran las diez de la noche, y aun no me decidía del todo para ir al departamento de Clar. Hice un poco más de tiempo cenando algo ligero, pues sentía que si me iba con el estómago vacío me sentiría en cualquier momento mal por ello.
— Bien, allá voy — musité para mí misma.
Me subí al coche, abriendo el portón que me dirigía a la acera por fuera de mi casa. Y sin más titubeos, seguí el recorrido...
Conduje a su departamento, repasando mentalmente todo lo que tenía por decirle, repasando cada uno de los párrafos que había estado ensayando mentalmente para enfrentarme a él y su desastrosa realidad. No quería que pensase que yo lo estaba abandonando por no comprender su pasado, cuando era todo lo contrario.
Al llegar, dejé el coche en el estacionamiento. Bajé de él y me encamine al edificio.
— Buenas noches señor John — saludé, dirigiéndome al ascensor.
— Buenas noches señorita Stone — esbozó una sonrisa alegre.
Llegué al apartamento de Clar, toque por lo menos cinco veces. Sabía que se encontraba ahí, Lucas me había dicho que no quería salir. De hecho, también Lucas me evitaba a toda costa, y ni Sara sabía el porqué.
Estaba nerviosa, pero estaba más ansiosa por verle a él. Mis manos se sentían sudorosas, y comencé a temblar.
Cuando por fin abrió la puerta, lo vi sin camiseta y con tan solo unos jeans puestos. La respiración se me agitaba con solo verle.
— Sam — musitó mi nombre fríamente. Me puse nerviosa cuando me dio un repaso, después de ello, tragué seco.
— Tenemos que hablar — le hice saber — Mira, sé que tal vez te he presionado con todo esto, es solo que me mata el no saber qué es lo que sucede contigo y eso hace que...
— Samadhi — respondió tajante, pero seguí hablando, ignorándolo por completo.
— Sé que tal vez el tatuaje te pareció demasiado, pero era mi sentir, quería expresarlo de alguna manera, quería hacerte saber que...
— ¡No es momento para hablar! — respondió tajante.
— ¡Si es momento! aun lo podemos arreglar — hice una breve pausa — Te amo Clar y eso no va a cambiar, solo es cuestión de tiempo, sé que tú también sientes lo mismo por mí pero...
— ¡No Samadhi, ya basta, eso no pasará!
Lo miré extrañada por su arrebato, ¿así lo iba a terminar? ¿Sin hablar?
Después de eso, vi su mirada, una mirada oscura y llena de dolor.
— ¿Qué sucede Clar? — murmuré despacio. Después la vi a ella.
Samantha se encontraba en el pasillo, con su diminuta ropa interior. Mire a Clarence a los ojos, mis ojos llenos de dolor y decepción.
— Vaya — respondí en apenas un susurro — Tan pronto te olvidas de mí.
Me encaminé directo al ascensor, con el corazón destrozándose a pedazos en mi interior.
— Sam — lo escuché decir, pero yo seguía mi camino — ¡Samadhi! — ahora lo escuché gritar. Sin embargo, mis piernas no me permitían parar, y mucho menos mirar atrás.
Me tomó del brazo y me giro hacia él acercándome demasiado a sus labios.
— ¡Que mierda quieres de mi Clar! — escupí esas palabras llenas de odio y dolor hacia él.
— De ti no quiero nada — me miro a los ojos, sus ojos llenos de rabia y odio — ¿Crees que no te vi? ¡Vienes y te haces la ofendida cuando tú jugaste a lo mismo conmigo! ¡Te abrí mi puto corazón y lo destrozaste sin importarte una mierda!
— ¡¿De qué mierda hablas Clar?! ¡Tú la has jodido por completo!
— ¡Ahora te haces la desentendida! — espetó entre dientes — ¡Con una mierda Samadhi! ¡Yo los vi! Él gemía tu nombre y tú le gemías a él — Lo miré con rabia — ¡¿Qué Sam, ahora vas a negar que no te acostaste con Brad?!
— Estas mal — dije en apenas un susurro y mirándolo mal — ¿De verdad me crees capaz? — lo miré dolida ¿De verdad me creía capaz?
— A final de cuentas eres igual que tu mamá ¿no Sam? Ella metiéndose con su padre, y tú con el hijo, metiéndote con Brad, sin duda tal para cual — Sus palabras me dolieron, y se clavaron en mi ser. La mirada que desprendía hacia mí era de odio combinada con dolor, dolor que yo misma tal vez provoqué. No pude evitarlo, y en el momento menos pensado, ya lo había abofeteado.
— Te equivocas, esa no era yo Clar...
— ¿A no? Tu bolso se encontraba ahí, ¡justo en la puta entrada de su apartamento! — suspiró agachando la mirada, por un momento quise abrazarlo y decirle que me creyera, pero, ¿lo haría? Yo no debía estar con alguien que me creyera una cualquiera — ¿Qué es lo que escondes bajo esa mirada de perfección, Samadhi Stone? — susurró cerca de mis labios, como si quisiese olvidar todo y besarnos.
Esa pregunta fue la que hice yo. Le sostuve la mirada, yo no era nada de lo que él creía que yo era.
— ¿Qué es lo que escondes tú? Por qué lo único que sentía por ti, era amor.
Forcejee soltándome de su agarre, de nada me servía seguir discutiendo con él. Pero me detuve, tenía que hacerlo, tenía que darle un último beso...
Di media vuelta y regresé con él, rodee mis brazos a sus caderas sintiendo su delicada piel desnuda entre mis dedos y me aferré a él. No se contuvo, él al igual que yo deseaba eso también, ese último beso. Me tomó de la cintura con una mano, mientras con la otra enredaba mi cabello para presionarme más a sus labios y a su cuerpo. No tardé en sentir la masculinidad que crecía en él bajo el abdomen, mientras lo acariciaba sobre la cadera. Chupó, succionó y lamió mi labio inferior con fuerza. Profundicé el beso, quería sentir su lengua y su sabor fresco en mi boca por última vez, me rodeo el trasero con sus manos pegándome más a él. Soltó un gemido, igual que el mío, después de eso, pegó su frente a la mía, rosando con sus dedos cada extremidad de mi piel...
— No vales nada más que un acostón, Samadhi Stone.
Una presión en mi pecho se apoderó. En efecto, esa era la última pieza de mi corazón. Solté un sollozo, cargado de tristeza saliendo desde mi interior.
— Somos dos extraños de nuevo — susurré en sus labios — Pero ésta vez, extraños con recuerdos... – me solté bruscamente de su agarre.
Las puertas del ascensor se abrieron, di media vuelta sin mirar atrás y me alejé de él. Me alejé por completo de la realidad. Esa absurda realidad.
Él, se había convertido en la tormenta de mi vida. Porque, mientras yo era luz para su vida, èl se había convertido en tormenta para la mía.
No derrumbe los muros de mí alrededor hasta que ya me encontraba en el interior de aquella caja cerrada de acero. Lloré, sollocé, hice todo lo que estuvo a mi alcance para contenerme de aquello, pero me fue imposible no hacerlo.
Sentía una horrible presión en el pecho que me asfixiaba como nada, y el sentimiento de no verlo más se apoderaba de mi alma.
Él creía que yo lo había engañado con Brad. Nos dimos un beso, un jodido beso que no quería ni recordar...
— Me encantas Samadhi — musitaba en mi lóbulo derecho mientras me tenía recostada en aquel sillón estrecho. Un escalofrío extraño me inundó por completo con tan solo escuchar su gruesa voz — Inténtalo conmigo.
Me seguía besando, lo peor de todo es que yo no sentía nada por él, que el sentimiento no le correspondía a él. Lo detuve, y lo siguiente que hice fue salir corriendo de su apartamento, pues me sentía sucia y traicionera por dentro.
Trate de parar los sollozos cuando las puertas del ascensor se abrieron, y justo en ese momento vi a Lucas con William entrar a la recepción. Mis sollozos no paraban, mi corazón estaba destruido y destrozado por completo.
— ¿Qué sucede Sam? — preguntó William dirigiéndose a mí con preocupación.
— ¿Con quién está? — preguntó Lucas.
— ¿Enserio lo preguntas? — devolví en respuesta con tristeza y amargura.
— ¿Traes tu coche? — asentí a la pregunta de William mientras dejaba de sollozar — Vayamos a dar una vuelta ¿Te parece?
Asentí solamente.
— ¿Quieres que le hable a Sara? — preguntó Lucas. Vaya, Lucas en verdad se preocupaba.
— No es necesario, no quiero preocuparla — le hice saber. Apretó sus labios negando.
— Vamos — musitó William, empujándome levemente por la espalda dirigiéndonos a la entrada del edificio.
Le di las llaves de mi coche, y en menos de cinco minutos ya nos encontrábamos en la carretera dirigiéndonos a no sé dónde.
Miraba por la ventana. ¿Cómo llegue a esto? Quería conocer el amor con Clar, y por un instante así lo sentí. Pero ahora me encontraba aquí, sin nadie y con el corazón roto como alguna vez estuvo mi madre. Sabía algo de su doloroso pasado, ese pasado que Clarence no quería aceptar y que no dejaba atrás. ¿Siempre se culparía por ello? Era una pregunta que no me dejaba en paz.
Pensé que le estaba haciendo un bien a él mismo, pero termine haciéndome yo un mal. Lo amaba con intensidad, porque era amor lo que sentía por él, esas cuatro palabras con un significado tan bueno y al mismo tiempo tan doloroso, pues él se había llevado un pedazo de mi corazón al entregarle eso, mi amor.
Llegamos a la playa, nunca había venido a este lugar con exactitud. Miré a William, quien después me miró.
— Bajemos del coche, quisiera caminar un momento contigo — asentí.
La brisa estaba fresca, octubre nos esperaba a la vuelta de la esquina, y la temperatura variaba gracias al tiempo. Caminábamos por la acera sin entrar de lleno a la arena de la playa. Nos detuvimos por un instante y los dos nos sentamos en una pequeña banca color gris, el mismo color del asfalto.
— Era 12 de julio, un día común como cualquier otro — comenzó hablar Will — Habíamos decidido hacer unas carreras con la motocicleta de Hanna y la de Clar, como acostumbrábamos cada vez que íbamos a la playa. Sabes, Clar y yo éramos los mejores amigos, incluyendo a los demás, claro – se detuvo por un momento — Un día apareció ella, en el umbral de la puerta de su casa, esa belleza blanca, como yo la llamaba. Unos hermosos orbes azul oscuros me miraron de arriba abajo, dándome un repaso, claro — dijo modesto — Para esbozarme la mejor de las sonrisas — la mirada de William cambió, estremeciéndome, pues ahora tenía abierto su corazón — Ella musitó mi nombre como nadie más — lo miré. Estaba hablando de ella.
Se me erizaron los bellos de la piel. Un dolor me invadió en lo más profundo de mi pecho y por unos segundos miré el tatuaje que me habían puesto, sabia de quien se trataba. Trague duro, pues William estaba por contarme algo completamente suyo. Algo que le había cambiado la vida.
— Ella era todo para mí — musitó mirando a la nada — Le fascinaba la velocidad, era experta corriendo en su motocicleta, rebelde era ella. Siempre la admiré, por su dureza y tenacidad a la hora de haber educado a Clar — dijo después — Sabes, me ayudo a salir de la depresión en la que me encontraba después de la muerte de mis padres en aquel accidente, que, al pasar de los años me di cuenta fue ella quien lo ocasionó. Ella no lo sabía, pero sin querer guardaba aquellos recortes de periódico donde hacían mención de las personas que ese día perdieron la vida por su impertinencia con el alcohol — dio un suspiro — Sabes Sam, ella nunca aceptó mi perdón. Ni que yo la llegase amar con locura — hizo una pausa — Ella era la razón de mi vivir, la razón de que mi alma tuviera un corazón — las lágrimas comenzaron a rodar sobre sus mejillas, y un nudo en mi garganta se formó.
>> El día, ese día en el que todo pasó, ella iba en la motocicleta con Clar, y yo con Samantha. Dimos vuelta en una de las curvas que llegaban a un pequeño arrecife más allá de la playa. Pero de un momento a otro, todo colapsó. La lluvia, era una ligera brisa que caía sobre el pavimento de las avenidas, y justamente ahí — señaló la curva que se encontraba a lo lejos de donde estábamos — Fue donde la motocicleta que manejaba Clarence derrapó, perdió el control de ella, podía ver como el frenar no le servía de nada, el manubrio ni siquiera giraba y de un momento a otro los dos salieron volando de esa posición.
Tomo aire por un momento, no me di cuenta, pero las lágrimas ya descendían sobre mi rostro, no quería que siguiera contándome esa tragedia, pues era dolorosa.
— Después de buscarla por el lugar, la encontré cerca del arrecife sin el casco y sangrando, tome su delicado cuerpo entre mis brazos, "Gracias por tu perdón" fue lo que me dijo "Yo siempre te amaré con locura", seguía diciendo, "Cuida de Clarence como algún día lo hice yo, que no se culpe de esto, amor"... - Solloce ante esto último, y ahora vi con claridad el sufrimiento que compartían los dos — Hanna Alessandra Johnson murió el 12 de julio, hace dos años.
No pude evitarlo, su sentir y su pesar, me lo había traspasado. Quise salir huyendo de ahí, correr hacia donde se encontraba Clarence, abrazarlo y decirle que nos olvidáramos de todo lo que había pasado.
Rodee con mis brazos a William, enfrascándolo en un cálido abrazo. Sus sollozos me rompían el alma.
— Yo la amaba con el alma — sollozaba con su rostro recargado en mi hombro — Me dejo Sam, me dejo solo en esto, me dejo solo en mi depresión de lamentos, no hay un solo día en el que no piense en ella, en su amor, en su mirada, en su pérdida...
¡Dios mío!
Los lamentos de William los sentía hasta los huesos, quería llevármelo de ese lugar para que no cometiera una locura.
Lloré y lamente su pérdida, pues de alguna manera la sentía mía, y no solo suya. Mi mente colapso, y las imágenes de Clarence en aquel accidente aparecieron de lleno en mí. Si algo le sucediera a él seguramente yo sería infeliz. Abrace a William y lloré junto a él, pues la sensación de perder a Clarence se apoderó de mí ser.
Lo deje llorar y sollozar en mi hombro por algunos minutos, acompañándolo en su dolor, pues desahogarse ahora, era la mejor opción.
— "Que conozca a Samadhi Stone"...
Se me erizo la piel ante éste último comentario.
— ¿Qué? — pregunte sorprendida y sollozando.
— Fue lo último que me dijo, después de eso, dio su último suspiro.
Lo miré una vez más ¿Hanna me conocía? Yo no la conocía a ella, pero, ¿Ella a mi si?
Nosotros no somos eternos, nuestro cuerpo es prestado por un momento. El día en el que menos lo esperemos nos vamos, dejando atrás el dinero, nuestros miedos y nuestro recuerdo.
No quise preguntarle más, en otra ocasión lo haría. William estaba sufriendo y no hablar de ello probablemente mitigaría un poco el dolor que sentía.
— Hay que irnos Will — musité. Éste solo asintió.
Caminamos al coche que, ahora lo manejaba yo. Después del camino de regreso, lo deje afuera del edificio donde vivía Clar. Esperé a que William subiera a su camioneta.
Me dirigía a casa, sola y con el corazón hecho pedazos. No podía ocultarlo, el dolor era constante y la sensación de haber perdido a alguien importante en mi vida, me hacía sollozar cada determinado tiempo.
Abrí el portón eléctrico y me adentre a la cochera. Baje del auto y al entrar a la estancia mi madre ya me estaba esperando despierta. Se encontraba sentada en su sillón favorito leyendo una revista de moda. Me miró, y el verla ahí no evitó que me derrumbara por completo. Corrí hacia ella, quien después estiro sus brazos para recibirme.
Comencé sollozando, para después romperme en llanto. No quería decirle porque estaba llorando, pero la mirada en mi era más que obvia, pues nunca me había enamorado de alguien. No digo que mi madre y yo fuésemos las mejores amigas, pero ella sabía cómo consolarme sin medida.
— Sh, sh... ya mi niña — me tranquilizaba mientras rodeaba una de sus manos sobre mi cabeza, dejando castos besos sobre ella — Así es el amor mi niña, un día estas en el cielo, y al otro estas en el suelo – mis sollozos no paraban, sentía una presión enorme en el pecho que no podía calmar con absolutamente nada — Todo pasa por algo, y en el día menos esperado, Clar y tú volverán a estar juntos.
— No lo creo mamá — susurre y me quedé callada por un momento — No puedo estar más aquí — le decía entre lamentos.
— ¿Estas considerando la petición de irte unos días con tu padre? — preguntó.
Me lo pensé por un momento, pero muy en el fondo era algo que ya estaba decidido, me iría a vivir con mi padre por un tiempo.
Después de un rato asentí a su pregunta. Tal vez no era la mejor opción, pues dejaría a quienes en realidad se habían comportado como los mejores amigos conmigo, pero era algo que tenía que hacer para sanar mi corazón.
— Me iré antes de navidad — le hice saber, pues no quería arruinar la navidad de Falco y mi mamá.
— Samadhi, ¿no crees que es algo precipitado? — ¡por supuesto que no!
— No madre, no lo es, no me detengas por favor — dije mirándola directamente a los ojos con dolor. Después de eso, suspiró.
— Bien... eres mayor de edad, y te toca a ti tomar tus propias decisiones, el tiempo dirá si fueron buenas o malas.
Di un suspiro, y asentí. Después de eso me fui a dormir.
Sabía que Clarence terminaba este año la universidad, y por los proyectos que él tenía no me lo encontraría más.
De la casa de mi padre a la universidad quedaba algo retirado, sin embargo, era lo que menos me importaba en estos momentos.
Después de un rato me quedé dormida llorando y sollozando.
(***)
Era domingo, y no quería durar un día más en esta ciudad, así que me propuse a empacar las maletas con lo necesario.
Llamé a Sara en la madrugada despertándola, solo para decirle que me iría, pues ahora ella era mi única amiga, le hice prometer que no se lo diría a Lucas, pues al saberlo él mismo se lo comunicaría a Clar, y no quería que se diera cuenta tan pronto de que estaba huyendo de ésta ciudad.
Después de la conversación con William, también le hice saber lo mismo, que me iría a vivir a las afueras de california, pero con la condición de vernos más a menudo, pues William sabía cómo hacer mi estado de ánimo más ameno y cómodo.
Aún era temprano, la oscuridad de la mañana permanecía aún. Sería un viaje largo. Me abrigué, pues el frio a estas horas calaba los huesos. Metí las maletas en la cajuela del coche, me despedí de mi madre dirigiéndome a su habitación, diciéndole que no me acompañara a la acera, pues se había quedado hasta tarde trabajando en la mesa.
— Cuídate mucho, hija — se acercó mi madre, depositando un casto beso en mi frente.
— Si madre — respondí. Ella solo asintió.
Baje al primer piso, cerré muy bien las casa y salí. El coche ya se encontraba estacionado afuera. Me subí al lado del piloto para emprender el viaje a casa de mi padre, donde ahora sería mi nuevo hogar.
Comencé a llorar antes de arrancar. ¿Qué estaría haciendo Clar? ¿Por qué estaba con Samantha? ¿Nunca me quiso en realidad?
Un sinfín de preguntas venían a mi mente cada segundo, y los sollozos se comenzaban a intensificar. Tenía que superar a Clar.
No me había percatado, pero después de un rato volví a sentir esa mirada clavada a mis espaldas. ¿Qué rayos? Tal vez era el nerviosismo por el viaje. Encendí el coche, y me dispuse a seguir.
"No todo es perfecto, lo perfecto nunca es bueno". Pero, había algo que nos hacía "Perfectos". No sería fácil olvidar a Clarence después de todo lo que pasamos en tan poco tiempo. Yo no quería olvidarlo. Le había entregado mi cuerpo, mi alma, mi corazón y mi vida por completo...
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