CAPITULO 18

CLARENCE



Samadhi Stone, me había dado lo más preciado para ella, su virtud. Un sentimiento extraño me invadió justo en el momento que soltó aquellas palabras: "Hazme tuya"...

Cuando le pregunté si estaba segura, sentí su mirada clavada en lo más profundo de mi corazón. Temía que su respuesta fuese un rotundo no, pero gracias al cielo no fue así.

¡Mierda!

Me volvía loco, las paredes de su intimidad se sentían tan apretadas, que cada embestida suave que le brindaba, era una tortura para mí. Nunca en mi vida había follado con una chica que no tuviera ni idea de lo que hiciera. Y verla ahí, plena, expuesta y vulnerable ante mí, fue la causante rotunda de mi excitación.

Su cuerpo era exquisito y fascinante, la piel suave y perlada me hipnotizaba, no podía dejar de sentirla, tocarla y besarla.

¡Joder!, estar dentro de ella y disfrutando por cada uno de sus gemidos, si que era un placer. Su cuerpo unido al mío, sentir sus pechos y pezones firmes junto a mis pectorales era la mejor sensación. Cada parte de nuestros cuerpos estaban unidas y lo siguiente que hice fue embestirla un poco más brusco de lo repetitivo. No podía resistirme a ese rostro que se mostraba excitado, tanto como yo.

Tal vez no se daba cuenta, pero cada que mordía su labio inferior era una enorme excitación para mí, definitivamente lo estaba disfrutando. Estaba extasiado de ella, quería que solo fuera mía, ¡mía y de nadie más!

Sentía sus uñas clavadas en mi espalda, y sus dientes mordisqueando mi cuello gracias al dolor o al placer que le provocaba en su interior. Pero nada de eso me importó, quería que disfrutara. Me gustaba ser el causante de los gemidos que me regaba en el oído, me fascinaba ser el primero en su vida. Sentir su humedad al hacerla mía...

Sabía lo que había roto dentro de ella, su virtud. La cual tomé sin pena alguna, pues el deseo que sentía por ella era superior.

No sabía si al día de mañana ella o yo nos arrepentiríamos, solo nos quedaba seguir disfrutando del momento, o al menos por hoy.

Sin darme cuenta, sus piernas rodearon mis caderas, haciendo que llegase hasta el fondo de ella. Sin pena alguna la tomé de sus nalgas para seguir embistiéndola rápidamente. La sensación era increíble, gemido tras gemido aparecía en mí gracias a que estaba disfrutando hacerla mía.

— ¿Te gusta Samadhi? — le preguntaba tras una embestida, era inevitable no hacerle esa pregunta, pues su rostro demostraba que sí, que lo estaba disfrutando tanto como yo. Pero mi orgullo de hombre le fascinaba que se lo dijera. Respondiendo con gemidos fue como asintió.

La recosté de nuevo viendo expectante su hermoso cuerpo. Tracé círculos en su pequeña parte intima provocando que Samadhi enarcara la espalda para recibirme de nuevo. Sentí las pulsaciones en ella que me indicaban estaba a punto de tener su primer orgasmo. El primero y todo mío. Quería ser parte de ello, y cuando por fin llegó, lo siguiente que hice fue unir mis labios con los suyos para tragarme sus gritos y gemidos que ya eran solo míos.

La húmedad de Samadhi en mi entre pierna no tardó en aparecer.

— ¡Oh, Clarence! — gimió mi nombre al oído, era como una melodía, pues cada que lo hacía me satisfacía.

Algo dentro de mí se encendió, que no me quedó de otra más que correrme después de que ella terminó.

Estaba aún arriba de ella mirándola a los ojos. Besé su frente y fui saliendo de ella poco a poco. No le fue imposible esconder ese gesto dolorido que hizo, al cual sonreí. Me gustaba que estuviera dolorida gracias a mí. Era placentero.

Me quité el preservativo anudándolo y tirándolo al cesto de basura que había a un lado del sofá. La vergüenza no era lo mío, así que no me apresuré en ponerme ropa. Me tumbé en el suelo justo al lado de Sam.

Su mirada había cambiado, sus ojos color miel se mostraban diferentes, con un brillo en ellos que indicaba lo mucho que había disfrutado éste momento, igual que yo.

Apoyé un codo sobre el suelo y ella hizo exactamente lo mismo.

— ¿Cómo te sientes? — pregunté, quería saber si se encontraba bien.

— ¿Ahora mismo? — asentí — Muy bien — dijo mordiendo su labio inferior. Ese gesto me excitó, y provocó un movimiento brusco en mi entre pierna.

¡Mierda! Quería hacerlo nuevamente, pero su mirada de cansancio me hizo declinar.

— ¿Bien, bien? O bien feliz — me expliqué. Samadhi me regalo una de sus hermosas sonrisas y se giró quedando de espaldas a mi.

¡Wow! Vaya vista me dejó. Su diminuta cintura y bien formado trasero lo había dejado solamente para mi visión.

— Eso no te lo responderé — ya veremos si no nena...

¡Quieto amigo! Que Samadhi está cansada.

Le rodeé la cintura con el brazo que tenía libre, acercándome aún más a ella, para después aspirar su dulce aroma.

— Alguien esta alegre — dice, lo cual me hace sonreír. Samadhi es tan impredecible.

— Alegre gracias a ti — le hago saber.

Sam suelta una risa.

— Sabes, no tenía planeado tener mi primera vez en el suelo de una casa desconocida para mí — confirma. Yo tampoco tenía planeado hacerte mía Sam —. Sin embargo, ha sido perfecto.

Samadhi no se anda con rodeos, es uno de los rasgos que me gusta de ella, que habla de todo sin pena.

— Para mí más que perfecto Sam.

Cierro mis ojos, pues estar entre sus brazos es cómodo y reconfortante, que lo único que quiero es seguir haciendo esto constante. Siento su respiración, y un extraño sentimiento se apodera de mí.

¡Mierda! Espero no sea cariño, o peor aún, espero no sea amor. La hemos pasado bien, eso no lo niego. Pero ¿Yo en una relación?

— ¿Por qué una libélula Clar? — vuelve a preguntar.

¡Mierda Sam, guarda silencio ya!

Precisamente es por esto que las evito, porque sé que harán preguntas, porque sé que querrán saber más de mí, y la verdad es que esas estupideces no se me dan. Sin embargo, tal vez ella lo merece, aunque sea saber un poco más de mí ¿no? Me ha regalado lo más preciado de su cuerpo solo para mí, y ese jodido lugar nunca nadie más me lo va a quitar.

Doy un suspiro, y decido decirle solo un poco detrás de ese tatuaje que me hice hace algunos años.

— Si te lo digo, ¿guardaras silencio? — le pregunto. Suelta una leve carcajada. ¡Dios! Samadhi no se espanta con nada.

— No prometo nada — responde. Me sorprendería si no Sam.

Bien, allá voy.

— Me lo hice hace algunos años, sabes, tiene un bonito significado.

— ¿A si, cuál es? — pregunta girándose quedando frente a mí, apoyando su cabeza sobre el codo izquierdo.

— Representa el cambio, un cambio rotundo que hubo en mi vida hace ya algunos años.

Era todo lo que podía decirle. Me quedé callado, pues no quería que ella supiese que este tatuaje también tenía otro significado. Hanna.

Me miró con ojos diferentes, ojos de... ¿cariño? ¿Amor? Desaparecí esos pensamientos que tan bien sabia ocultar de mi pasado.

Volví a verla. Dios, me iba a matar verla desnuda solamente para mí.

Mordí mi labio inferior mientras veía sus esplendorosos pechos descubiertos. Me fue inevitable no volver a chupar y lamer sus pezones, su cuerpo entero...

La tomé nuevamente con fiereza, mordí y me comí su boca tan descaradamente, para después pasar una de mis manos por su sexo. Samadhi soltó un gemido, haciendo que mi mejor amigo despertase aun más de lo que ya se encontraba despierto. Tomé otro preservativo de la bermuda que yacía en el suelo, colocándomelo para volver hacerla mía de nuevo...


(***)


Aspiraba el aroma dulce de su cabello. El cansancio se había apoderado de nosotros hace ya algunas horas, pero... ¿Cuántas horas?

— ¡Mierda! — Escuché decir a Sam.

Despertar con Samadhi de esa manera, se estaría volviendo normal.

Abrí levemente los ojos, y la luz que entraba por una de las ventanas dañó por completo mis pupilas. Vi a Samadhi corriendo por todas partes. ¡Mierda! Nos habíamos quedado dormidos. Me levante rápidamente, para ponerme algo de ropa, pues aún me encontraba desnudo.

— ¿Qué hora es? — le pregunté a Sam.

— ¡La hora de irnos! — respondió tajante, poniéndose ese hermoso vestido rojo que la hacía lucir tan bien.

Se veía tan adorable, con el cabello despeinado y su gesto fruncido por apenas haber despertado.

Miré al suelo, para recoger las toallas que yacían manchadas de sangre. Una digna prueba de la virginidad de Samadhi. Las tomé y doble para después salir fuera de la casa y ponerlas en la cajuela del coche.

— Mi madre me va a matar — comentó Sam cuando estaba por subirse al auto. Le abrí la puerta y se adentró en él.

— Yo puedo darle una explicación Sam — le hice saber. Claramente esto era mi culpa.

Ayer después de haberlo hecho por segunda vez, perdimos la noción del tiempo quedándonos dormidos.

Rodee el coche y me subí en él.

— Si Clar, eso no sería buena idea — respondió —. ¡Diablos! No me responde mi mamá — bien, creo que los dos nos encontrábamos en un problema.

— Vamos Sam, tranquila — le dije, mientras arrancaba el motor —, llegamos en media hora.

Miré hacia la pantalla del deportivo, la cual indicaba las nueve de la mañana. Mierda, si estábamos en problemas.

Todo el camino fue en silencio, pero yo seguía repasando por mi mente la breve explicación que le daría a la madre de Sam. Me fastidiaba el silencio que era ahora Sam, lo sé, se encontraba preocupada por lo que diría su mamá.

Estacioné el coche fuera de la casa de Samadhi, y una silueta alta de cabellera rubia salió de la puerta principal del portón eléctrico.

Samadhi estaba por abrir la puerta, pero mi caballerosidad se lo impidió.

— Espera — le dije. Samadhi mostro una sonrisa. A pesar de lo que nos esperaba a ambos, seguía burlándose de mí no grata caballerosidad —. Aun así no te acostumbres.

¡¿Qué cosas estás haciendo Clarence?!

Le abrí la puerta, tomándola de su suave mano para no soltarla. Los dos nos encaminamos a donde se encontraba su madre, con una cara de mil humores. Tragué duro, ¡Joder! Yo nunca hacia esto, pero la situación y la circunstancia lo ameritaba, pues la cara de autoridad con la que su madre nos miraba estaba para espantarse.

Solté a Sam cuando llegamos frente a ella.

— ¿Dónde has estado Samadhi? Llegué hace media hora, y no estabas aquí. ¿A dónde la has llevado jovencito? — preguntó su madre. El parecido a Sam era increíble. Excepto por los ojos, pues los de Samadhi eran color miel brillantes y hermosos.

¡Mierda, yo ni madre tenía como para darle a ella explicaciones!

Eso último me dio gracia.

— Buenos días señora Stone, un gusto conocerla por fin. Soy Clarence Johnson — le anuncié de la manera más formal posible.

¡Rayos! Sentía como si estuviese hablando con un cliente.

Estreché la mano para saludar a su madre, y cuando pensé que no respondería, ésta lo hizo. Un alivio me invadió.

— Lo siento madre nosotros... nosotros — Samadhi balbuceaba. Eso sí que era una sorpresa, solo ante su madre se comportaba de esa manera.

— Nosotros fuimos a desayunar a casa de mi padre señora Stone — le dije lo primero que se vino a mi ingeniosa mente —. Él tiene la costumbre de desayunar muy temprano, y quería que conociera a Sam.

Toma esa Sam, no solo eres la cerebrito aquí.

— Si, lo que dijo él — vaya, no me ayudes.

— Bien, pues... mucho gusto Clarence — respondió reasignada —. Nos vemos adentro Daylin.

Dicho esto, se adentró a su propia casa.

— ¿Daylin? — pregunté curioso.

— Si, ese es mi segundo nombre — dijo no muy convencida de habérmelo confirmado —. ¿Tú tienes segundo nombre? — sonreí ante su pregunta. Pues claro que lo tenía, pero no se lo diría.

— Sabes, cada vez me sorprendo más de ti, Daylin — susurro cerca de ella robándole un beso. ¡Mierda! Me fascinaban sus labios un poco gruesos, pero perfectos.

— Y yo de ti — contestó. Con los brazos rodeando mi cuello, ahora ella me robaba un beso.

¡Me vas a matar con esto! La sensación que sentía al estar con ella era inexplicable.

— ¿Supongo que estoy invitado a la fiesta de Sony? — pregunté sonriendo. Si ella no me invitaba, lo haría yo.

Claro, yo no iba a permitir que se fuera sola. Ella era solo mía ahora. «¡Estos pensamientos van a terminar por contradecirte en algún momento Clar!».

— ¿Qué eso no estaba decidido ya? — confirmó. Claro que estaba decidido ya.

— Bien, paso por ti...

— Diez de la noche, aquí, fuera de mi casa — me interrumpió.

— Diez de la noche — esbocé una sonrisa.

— Me la pasé muy bien Clar — Dios, su mirada era un poema, me fascinaba ver esa mirada que hoy tenia, y todo gracias a mí.

— Yo la pasé mucho mejor Sam — le hice saber. Claro que si, como no decírselo, si estaba que me moría por estar con ella otra vez.

Le di un beso más, pues no la podía dejar de besar. Después, esperé a que entrara a su casa, y me dirigí al deportivo que ya me esperaba.

Si bien hoy no tenía mucho que hacer, más que revisar las entrevistas que Lucas tuvo con los clientes el día de ayer. Algo que me entusiasmaba, claro, no tanto como el poder ver hoy a Sam.

Al llegar al departamento, abrí la puerta para encontrarme con la visita de Leo. Quise pasar desapercibido, pero me fue imposible. Leo y Lucas ya me esperaban sentados en el sofá para el bombardeo de preguntas.

— ¿Y? — preguntó Leo, entusiasmado, claro. Volteé a ver a Lucas quien tenía una sonrisa enorme de oreja a oreja.

— Y... — fue lo único que me limite a decir. ¡¿Qué mierda les importaba mi vida?!

— No te hagas, hombre. Dinos, ¿Qué tal tu noche Clar? — preguntó Lucas.

— Dejen de joderme, muero de sueño.

Los dos soltaron una carcajada que se escuchaba hasta mi habitación. Si bien les he contado en otras ocasiones cuando he tenido sexo con otras chicas, pero de Samadhi no lo compartiría. Ese momento en el que la hice mía, sería único y solamente para mí. No lo compartiría con nadie más.

La mayor parte del día me la pasé revisando con Lucas contratos, entre otros documentos de los dos nuevos clientes. Un día laborioso, de provecho y muy, pero muy tedioso...

Mi mente no me dejaba en paz, quería ver a Samadhi ya. Pero el trabajo que tenía no me lo permitía.

¿Dónde estaría? O la pregunta era, ¿con quién mierda estará?

Miré el reloj, el cual marcaba las ocho más treinta. Le eché un vistazo a mi celular y le mandé un corto mensaje a Sam.

*Quiero verte, y hacerte mía ya Sam.*

Y la descarada me respondió:

*Lo estoy deseando Clar*

Mi entre pierna reaccionó.

Vaya efecto que tenía sobre mí. Tomé una ducha, pues el momento de pasar por Samadhi se acercaba. Después decidí ir a la cocina para comer algo de pizza que Lucas y Leonard habían pedido hace ya un buen de rato, de la cual no había tenido el tiempo para comer.

— No se nos olvida Clar — dice Lucas.

Y dale con esa mierda. No me dejarán en paz.

— Es una preciosura — comentaba Leonard.

— Déjalo ya Leo — les respondí sin verlo —. ¿Dónde está Gerard? — pregunté. Él siempre estaba aquí.

— No ha venido, lo veremos en casa de Paul.

Asentí.

— Nosotros ya nos vamos — dijo Lucas, mientras Leo le seguía el paso.

— ¿Tan temprano? — pregunté. No había pasado ni una hora después de que tome el baño.

— Si bueno, iremos a cenar algo — respondió Leo. Bueno, tenía sentido.

La última vez que estuvieron en el apartamento Leo terminó muerto por no haber comido. Después de su comentario, los dos salieron dejando la puerta entre abierta del apartamento. Decidí que hoy me pondría la cazadora pero... ¡Joder! Si, ya sabia dónde estaba.

— Hola — escuché una voz detrás de mí, justo antes de dirigirme a mi habitación.

Samantha.

Volteé para mirarla, iba con un vestido miniatura en color azul de dos tirantes, dejando entre ver sus senos firmes, ya que de lejos se veía no llevaba sostén. Como siempre, Samantha se veía bien, ella sabía los atributos que tenía, es por eso que así se vestía.

— Samantha, ¿Qué haces aquí? — no pude ocultar más la molestia que me causaba el que ella estuviera aquí.

— Es viernes Clar — dijo, acercándose a mí.

Era empalagoso, el olor de su perfume terminó por fastidiarme cuando se acercaba. Era una combinación de rosas y fresas. Demasiado dulce.

— ¿Y? — fue lo único que respondí. 

De verdad que Samantha no se daba por vencida a la hora de querer conseguir lo que quería. Hizo una mueca, dando dos pasos hacia atrás.

— Últimamente estas distante Clar ¿Qué ocurre contigo? Los viernes son nuestros, y ahora resulta que ya te vas, por lo que veo — dijo eso último dándome una repasada.

— Si Samantha estoy por salir, pero eso es algo que no te incumbe en este momento — hice una pausa para tomar las llaves de la motocicleta que yacían en la mesa. No quería ser un grosero con ella puesto que no me había hecho nada.

— ¿Con quién Clar? ¿Con la niñata esa de instituto? — y una mierda Samantha ¡Cállate!

— ¿Y si así fuera, que? Tú y yo dejamos claro desde un principio lo que tendríamos y como lo haríamos. Cada quien por su lado Samantha, ya déjalo estar.

Le dije ésto último, para dirigirme después a la salida. Pero antes que lo hiciera, Samantha me detuvo. Me plantó un beso y sentí sus labios gruesos. En otros días me habría excitado Samantha y hubiese caído en su juego, por manipuladora que era. Pero hoy no.

Al principio accedí, dejando que nos besáramos y profundizara el beso. Me tomó del pantalón para desabrocharme el cinturón que llevaba puesto. Me aventó al sofá más cercano y se sentó a horcajadas sobre mí. Seguía besándola, pero solo para comprobar el molestoso sentimiento que estaba sintiendo en éste preciso momento.

Samadhi apareció de lleno en esas imágenes, ella gimiendo en mi oído, tomándola de la mandíbula plantándole un delicioso beso, embistiéndola, y ¡maldita sea! En este momento solo la deseaba a ella.

Tomé de la cintura a Samantha, separándome de ella para dejar de besarla. Estaba claro que ya no me atraía nada su presencia.

— Clar pero que mier...

— ¡Lárgate Samantha! — le grité por primera vez.

No era de los tipos que levantaban la voz de esa manera, y mucho menos a una mujer. Pero esta ocasión lo ameritaba, era precisa para que entendiera la maldita furia que sentía por ella en este preciso momento. Las mejillas se le sonrosaron de vergüenza, y salió del apartamento como alma que lleva el diablo.

Me senté sobre el sillón, masajeando mis cienes. «"Alguien ya cayó, pero en el juego de otra..."» pensó mi subconsciente. Maldito pensamiento traicionero, no quería ni podía aceptarlo.

Llamé a Samadhi, pero su móvil me mandó a buzón de voz. Traté de llamar en diferentes ocasiones para avisarle que iría antes de la hora acordada, pero no respondió.

Que mierda Sam ¿Dónde estás?




*

GRACIAS POR LEER PERFECCIÓN PERSONITAS BELLAS♥

Dejen su voto y comentarios DE LO QUE QUIERAN, L@S AMOO OO!

¿Quienes odian a Samantha? ¡YOOO!


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