CAPITULO 17

SAMADHI




La calificación del examen que tuve el día de hoy, fue tan reconfortante para mí. Sentí un grandísimo alivio al ver mi calificación. Que, como de costumbre se distinguía entre la multitud de alumnos que estaban por graduarse. Así es, Samadhi Daylin Stone Cabrera se graduaría con honores.

Quede satisfecha estos tres años matándome para llegar al último examen, el cual disfrute al máximo.

— Hola matadita.

Sony se encontraba detrás de mí, con su habitual insulto, "matadita". Tenía tiempo que no me lo decía, y la forma en que me lo decía el día de hoy era diferente, como si sintiera odio hacia mi persona o... mi inteligencia.

Cerré la puerta del casillero, sacando todas y cada una de mis pertenencias, pues sería la última vez que las vería ahí. La graduación era el próximo viernes y todos teníamos que desocupar nuestros casilleros.

— ¿Y bien? — enarqué una ceja desconcertada por su pregunta — Me ibas a contar del chico con el que sales.

— Sony, no salgo con ningún chico, pero... Estoy por salir con uno — le hice saber. Sony enarcó una de sus rubias cejas y después habló.

— Y... ¿Quién es el desconocido? — preguntó. Claro, no se lo diría hasta el día de su cumpleaños

— Lo sabrás mañana en tu fiesta de cumpleaños.

— Oh vamos Sam, puedes decírmelo ya, como... como un regalo adelantado de cumpleaños.

Sony mostraba una sonrisa de oreja a oreja, por supuesto que aún no se lo diría, así como tampoco le diría que tenía una cita con Clar.

— Lo siento Sony pero tu regalo ya está empacado, mañana lo llevaré a tu fiesta en casa de Paul, ahí te darás cuenta de quién es.

— Eso es trampa, pero bueno está bien, te esperare.

Hizo un gesto de molestia arrugando levemente la nariz, ella no se daba cuenta, pero ese gesto siempre lo hacía cuando mentía o cuando sentía una molestia. Caminamos hasta la salida, donde ya me esperaba mi madre, y claro Brad ya esperaba a Sony. Lo saludé de lejos.

Di un suspiro profundo, Brad seguía causando cierto efecto en mí... o ¿no?

Escuché el claxon del coche de mi madre, quien me apresuraba a subir.

— Hola madre — saludé dándole un casto beso en la mejilla.

— Hija, siento decirte que debo salir el día de hoy, regreso por la mañana, es para la publicidad de nuestros nuevos diseños.

Bien, sola otra vez. Menos mal que mañana era viernes y ya no tenía la necesidad de ir al instituto.

— Está bien madre.

— Bien, ahorita solo pasó a dejarte en la biblioteca y listo.

Al llegar a la biblioteca de la universidad en la cual formaría parte muy pronto, me sentí exhausta. Pensar demasiado en los exámenes de toda esta semana, y sumarle el cambio de humor constante que tenía gracias a Clarence, era cansino para mí. O más bien para lo que estaba acostumbrada, y vaya que yo siempre me presionaba.

La tarde pasó como rayo, pues hoy era mi último día en la universidad trabajando, ya que pronto todo el alumnado se iría de vacaciones.

La chica que era encargada de la biblioteca, me dio el pago en efectivo antes de lo esperado. Era alta, de un metro setenta, algunos veinte años, gafas negras y con trenzas entre lazadas en su riguroso cabello castaño. Su nombre era Sara.

— Gracias Sara, por la oportunidad — le hice saber, pues entre otras vacantes, Sara me eligió a mí.

— No hay nada que agradecer, no podía decir que no a esa petición, de las miles de entrevistas que tuve, fuiste la única que se veía aportaría algo bueno a la biblioteca.

Le di mi mejor sonrisa, entrando en una nostalgia interna. Había pasado aquí por lo menos un año desde que inicié mi último grado en el instituto, y le tome cierto cariño a ella.

— Pues no te libras de mi fácilmente eh, te recuerdo que estoy por ingresar a ésta universidad — Le hice saber. Sara sonrió y asintió. Se notaba que Sara era de pocos amigos, igual que yo.

— Pues espero con ansia tu ayuda, porque créeme estar aquí sola es tan frustrante en ocasiones. Ya me he leído la mitad de la biblioteca.

Las dos nos reímos al unísono, y seguimos hablando de trivialidades, le pedí su nuevo número telefónico para mantenernos en contacto durante el verano. Seguimos con nuestra plática hasta que llegó el taxi que me llevaría a casa.

La universidad a mi casa estaba a una hora de recorrido, daba gracias al cielo que mi madre me haya dejado algo de efectivo, ya que ella misma me dijo que tomara el taxi para llegar pronto a casa. Una hora después, ya estaba en la puerta. Bajé del taxi tan pronto como pude, eran las siete en punto, y la impuntualidad no era lo mío. «Pero la de Clar si» ¡Subconsciente engañoso!

Me metí a la ducha para arreglarme tan pronto como pudiese, no sabía con exactitud a donde iríamos, así que opté por un vestido veraniego color rojo de dos tiras, y unas sandalias color beige de piso. Deje mi cabello suelto y ondulado de colores extraños. Coloque un poco de maquillaje claro en mis ojos y pinte mis labios de un tono rojo con mi labial sabor cereza. Me miré al espejo, y una sensación extraña o un revoloteo, paso por mi estómago. Por primera vez, me sentía nerviosa de salir con él...

El tono de llamada entrante a mi móvil sonó.

Mi corazón comenzó a martillear tanto, como si se fuera a desmoronar en mil pedazos. La sangre comenzó a recorrer por todos lados, y sentía mis mejillas sonrosadas por la emoción que me invadía en el interior. Al tercer tono, respondí.

— Hola — balbuceé un poco y con la voz entre cortada.

— Hola Sam — ¡Dios mío! ¿Era posible que su voz, tan solo su voz hiciera temblar mis piernas? Era demasiado sexy.

— ¿Si Clar? — pregunté.

— Ya estoy afuera de tu casa.

¡Oh! Un millón de insectos revolotearon en mi estómago.

— Bien, bajo ahora mismo.

Colgué la llamada, no podía seguir al móvil. Tomé mi pequeño bolso color beige donde puse el móvil y mi tarjeta de crédito, nunca salía sin ello. Al bajar por las escaleras, rogué al cielo que no viniera en la motocicleta, pues mi atuendo no era el adecuado como para subirme a ella. Cerré todo muy bien antes de salir, después, abrí el portón para ver a Clarence desde el interior.

¡Dios mío! Se veía perfecto, ¡no, no, no señor! Perfecto le quedaba corto.

Traía una bermuda color beige, una camiseta blanca ligera con los primeros tres botones desabrochados, donde se asomaban de a poco sus pectorales bien marcados. Su habitual piel bronceada, su cabello castaño ondulado y revuelto por el ligero aire de la noche, y sus hermosos ojos azul oscuro.

¡Me lo comía! Tranquila Sam, tranquila.

Cuando me vió, su mirada cambio por completo, se oscureció mucho más de lo habitual. Ese gesto en él me gustó.

— Deja de babear, o te traigo un vaso — Clar, experto en arruinar momentos.

— Si bueno, lo mismo digo yo.

Enarque una de mis cejas, un gesto que me gustaba hacer cuando decía algo con sarcasmo. No me había percatado de que Clar no venía en la motocicleta, si no en un coche que no había visto antes, un Mazda deportivo en color negro.

Clar abrió la puerta para que me adentrara en él. Le di mi mejor sonrisa picarona y burlona, pues sabía que él no solía ser ese tipo de persona. Clarence sonrió y después hablo:

— No te acostumbres Sam... — Solté la risa que estaba conteniendo ya dentro del coche.

— Y... ¿A dónde vamos? — pregunté curiosa.

— No comas ansias, que es una sorpresa — bien, las sorpresas me gustaban.

Clar encendió la radio, y "Tonight" sonaba de fondo. Si bien ya había escuchado esta canción con anterioridad, pero hoy, justamente hoy me causaba una sensación mucho más extraña, no solo en mi cuerpo, sino un pinchazo directo en mi corazón.

Suspiré, y la electricidad que no sabía existía entre ambos, apareció de lleno por todo el auto. Nos quedamos callados en todo el recorrido, algo inexplicable, puesto a que solíamos estar hablando, discutiendo o peleando.

Después de algunos cuarenta minutos, llegamos a un lugar cerca de la playa. Un lugar donde no había gente, donde todo se veía completamente oscuro. Conforme seguíamos en el recorrido, al dar la vuelta en una curva, divisé a lo lejos un puente color marrón iluminado gracias a las pequeñas luces amarillas que se encontraban en la superficie del mismo. A lo lejos se encontraba una pequeña casa de un solo piso y del mismo color. Al inicio del puente, había una pequeña mesa cuadrada con un mantel color blanco, una vajilla al parecer de porcelana blanca y velas rojas encendidas. Sonreí como una tonta, Clarence, definitivamente quería matarme.

Aparcó el coche sobre la arena, dejándolo justo frente al puente. Como siempre, no salí de él. Esperé a que Clarence saliera y rodeara el auto hasta la puerta del copiloto. Éste último lo hizo y la abrió. Me estrechó su mano para que la tomara, acto seguido, lo hice. Tomé su mano, fría, cálida y suave. La mía seguramente sudorosa por el nerviosismo inexplicable que me invadía por dentro.

Tragué duro cuando éste beso mis nudillos. ¡Por Dios! de verdad me tenía sorprendida. Los sentimientos gracias a sus actos comenzaban aflorar, sentimientos que no quería ni podía tener hacia Clar. Pero eso era inevitable ya. Estaba atrapada completamente ¡hasta el núcleo!

Di un suspiro mientras los dos nos mirábamos a los ojos. Se acercó poco a poco hasta mí, quedando tan cerca...

— No te lo había dicho, pero te ves hermosa — susurró cerca de mis labios, el aroma que desprendía de sí mismo era fresco y dulce, un aroma embriagador.

— Siento no poder decir lo mismo — le respondí, manteniendo mi postura cerca de él.

Clarence sonrió cerca de mis labios, para después apoderarse por completo de ellos. Los insectos no tardaron en aparecer, y una reacción en mi interior llegó de sorpresa. Rodeó mi cintura de un jalón, sin apenas soltar mis labios. Lo rodeé del cuello y me permití profundizar nuestro beso metiendo mi lengua para poder juguetear con la suya. Sentí una sensación dirigiéndose más debajo de mi abdomen, una sensación placentera. Nuestras respiraciones se agitaron por completo, haciéndonos falta más el aire.

— Primero es la cena Sam — musitó Clar —, el postre va después...

Lo sentía a una promesa, sus palabras me llegaron hasta el fondo, y no quería parar ya de besarlo. Sin embargo, nos separamos, y tomados de la mano nos dirigimos al puente donde yacía un chico con un traje de mesero en color blanco y negro. Al momento se me hizo conocido, yo ya lo había visto. Enarque una ceja para después mirar a Clar, quien me miraba divertido.

— Es mi amigo Leo, insistió demasiado en venir y prestar su servicio de mesero — dijo sonriendo —. Dice que quería ver con sus propios ojos a mi cita.

Me reí, ¿en realidad esto era algo extraño para sus amigos? ¿Qué Clarence tuviera una cita con alguien o conmigo?

— Pues me alegra que tengas ese tipo de amigos, eso quiere decir que se preocupan por ti – le digo.

— Si, lo se. Yo no diría lo mismo de los tuyos.

Eso sí que me sorprende, Brad está claro que no le agrada porque es su hermanastro. Pero a Sony... bueno Sony puede ser algo especial, y está claro que debe de conocerla, ya que es novia de Brad, aun así pienso que Sony es buena chica, y claro, buena amiga...

Al llegar arriba del puente, Clar tomó una de las sillas en color marrón arrastrándola hacia atrás para que pudiese tomar asiento.

— Hola belleza — dice el chico de nombre Leo. Es alto, no más alto que Clar, de un metro ochenta o menos. Tiene ojos verde rio y rostro perfilado. Su voz es un tanto chillona y de inmediato me doy cuenta que es el chico bien vestido del otro día en el apartamento de Clar —. Mi nombre es Leo, y por el día de hoy seré su mesero.

Clar suelta una carcajada por ésto último.

— Muchas gracias Leo, no te hubieras molestado — le hago saber, pero la verdad es que todo lo que ha hecho Clar y este muchacho, ha sido perfectamente hermoso —. Mi nombre es Samadhi, pero puedes llamarme Sam — le digo, estrechando la mano para saludarlo.

— Dios, ya me encanta Clar — articula con una voz chillona. Mientras yo sonrío de oreja a oreja.

Se esmeraron demasiado, la mesa llena de comida exótica de mar. Vajillas de porcelana, que por lo visto es muy cara, así como algunos postres de limón. Clar aún no lo sabe, pero sin querer le atinó al menú, los postres de limón son mi fascinación.

Algo más llama mi atención en el puente, me paro de la silla mientras Clar hace un gesto desconcertado por mi arrebato. Girasoles amarillos yacen sobre el puente y las pequeñas luces amarillas haciéndolos resaltar demasiado. El paisaje del puente con las luces y girasoles, dándole el fondo oscuro del mar, ¡Es maravilloso!

Siento brillar mi rostro de felicidad cuando llego justo en medio del puente, en realidad nunca nadie había hecho algo así por mí. Me hacia sentir especial.

Suspiro, y huelo el aroma fresco y dulce de Clar, que ahora se encuentra atrás de mi.

— ¿Te ha gustado? — pregunta serio.

— ¿Qué si me ha gustado? — le devuelvo la pregunta. Me giro hacia él, quien hace un gesto que ahora noto con su ceja izquierda — Me ha fascinado.

Le doy un casto beso en los labios y lo tomo de la mano. Llegando al inicio del puente, vuelvo a tomar asiento. Leo nos sirve una copa de vino blanco para cada uno. ¡En mi vida había bebido vino blanco! Bien, sería la primera vez.

— Bien chicos, yo me retiro — dice, después de habernos servido la cena en nuestro platillo —. Sam, nos vemos querida.

Leo se despide depositando un beso en cada una de mis mejillas.

— Hasta pronto Leo — respondo. Leo me cae bien a la brevedad. Tiene porte de niño rico y bien vestido. Pero para nada engreído.

Miró a mi alrededor, viendo a lo lejos otro coche.

— ¿Y ese coche? — le pregunto a Clar, mientras comienzo a picar la cena.

— Oh, son las personas que recogerán todo en cuanto nos vayamos.

Mi gesto es de sorpresa.

— Pensé que Leo seria quien lo hiciera — confirmo.

— ¿Leo? — dice divertido — Solo vino a conocerte — explica, mientras coge un tenedor con comida.

— Claro, todos quieren conocerme — respondo como si fuera él quien lo dijera, con su misma arrogancia.

Suelto una carcajada.

— Oh vamos nena, sabemos que soy yo a quien todas quieren conocer — arrogante.

— No tanto como a mí — le hago saber. Me gusta pelear con él —. Me ha fascinado Clarence, no me lo esperaba — le digo.

— ¿Y porque no te lo esperabas?

— Se ve que eres del tipo que no le toma importancia a una chica — respondo directa.

Finge un rostro de indignación, pero yo sé muy bien que no, que le digan eso es lo que menos le indigna.

Seguimos hablando sobre su carrera y la que yo quiero ejercer. Este tipo de conversaciones me causan una satisfacción, y más si son con él. Me gusta ver su expresión cuando habla de lo que le apasiona hacer, así como supongo también le gusta la mía, pues en ocasiones noto como es que me mira, como si lo mantuviera fascinado con el tema que tratamos.

Después de terminar la cena, tomo uno de los postres de limón.

— Debo felicitarte Clar — le digo sonriendo, mientras tomo una pequeña cucharada de postre para llevármelo a la boca y poder comerlo. ¡De-li-cio-so! — Este postre es mi favorito.

— ¿En serio? — pregunta curioso, haciendo nuevamente ese gesto — Pues me alegra que te haya gustado — me hace saber —, fue algo difícil saber que le gusta a la perfección.

Le hago un gesto, como si estuviera molesta. Después de ello miro a la playa, y la brisa fresca de la noche comienza a llegar. Hemos terminado la cena y el postre, ni se diga más.

Me levanto de la silla, y camino directo hasta el puente, quito mis sandalias para tener un mejor balance, pues a pesar de que son sandalias de piso son cansinas de forma constante.

Veo de reojo la seña que hace Clarence a los chicos que se encuentran descansando a lo lejos de la playa sobre el capó del coche. Lo que quiere decir que están por recoger la mesa en la que hemos cenado.

Sigo mi camino por el puente, recordando una época feliz, cuando mis padres estaban juntos y me traían aquí. Bueno, no exactamente en este puente, pero si en algún otro que se encontraba en la orilla de la playa.

— Sabes, mis padres siempre me traían a la playa cuando era pequeña — le digo. Siento a Clarence detrás de mí, y sus brazos rodean mi cintura, aspirando el aroma de mi cuello —. Era nuestra reunión familiar — hago una pausa, y se me eriza el bello —. No me gustaría terminar como ellos.

Algo cambia en su abrazo, pues me suelta levemente. Pensó que no lo notaria, pero desafortunadamente era lo contrario. ¿Clarence querrá una relación seria, cuando es obvio que no está acostumbrado?

— Saltemos — me dice. ¿Saltar? Miro hacia el mar.

— Estas completamente loco ¿verdad? — éste niega. Clarence comienza a quitarse la ropa quedando solamente en calzoncillos, y logro ver por completo su cuerpo expuesto.

No verlo es inevitable, su piel bronceada y el cuerpo marcado hacen que las piernas me tiemblen y me derrita a su lado. Bien, lo haré.

Lo veo correr por el puente, para después saltar directo al agua.

¡Dios! ¿En verdad lo estoy considerando?

— ¡Vamos Sam! Si no te avientas, de todas maneras iré por ti — Dios, pero que frustrante.

Bien allá voy...

Quito mi vestido lentamente, mientras veo a un Clarence admirando el panorama, y yo niego con la mirada. Estoy expuesta a su mirada, y agradezco a mí misma por ponerme ropa interior adecuada.

Retrocedo un poco, y después corro para aventarme directo al agua.

¡Mierda, el agua está helada!

A duras penas salgo a la superficie del mar, viendo como Clarence se burla de mí.

— ¡No es gracioso! — digo — ¡El agua esta helada!

— ¿A si? Siempre podemos hacer que arda — musita ahora cercansoe a mí.

— Quisieras...

Comienzo a salpicarle chorros de agua en la cara para que se aleje de mí. ¡Claro! Solo por un rato. Porque después nado hacia él subiéndome directamente a su espalda.

Con un solo movimiento hace que quede justo frente a él. Rodeo mis piernas a su cintura y nuevamente comenzamos a besarnos. El revoloteo de insectos vuelve a mi estómago, ya es difícil controlarlo. Clarence rodea con sus manos mi cintura, y la sensación de hace un rato hace que me remueva y apriete un poco más mis piernas que se encuentran a su alrededor. El beso se vuelve profundo, y sé a la perfección el deseo que sentimos por estar juntos los dos.

Su lengua jugueteando con la mía es la mejor sensación, y las palabras salen desde lo más profundo de mi corazón...

— Quiero ser tuya... — le susurro en los labios, con la respiración entrecortada.

Siento por debajo al fiel amigo de Clarence, y la sensación se vuelve mucho mejor. Los dos nos separamos del beso que nos dábamos. Pues ya nos hacía falta la respiración.

— Vayamos allá — susurra Clar cerca de mi lóbulo derecho, señalando la pequeña casa color marrón de hace un momento. Parecía ser una casa antigua.

— ¿De quién es? — pregunto. Clarence sonríe.

— De mi padre.

Oh.

Los dos salimos del agua. Claro, Clar me traía ahora en su espalda.

La ropa, tollas que se encontraban en el coche y demás los tomamos para secarnos y dirigirnos a la pequeña casa. Algo que agradecía de mi madre, era que siempre me hizo sentir segura de mi misma, así que mi cuerpo expuesto solo a Clarence evitaba que me diera pena.

— ¿Por qué una libélula? — le pregunté a Clar, al ver nuevamente el tatuaje que yacía tras su oreja derecha.

Subió los tres escalones de la entrada y me depositó nuevamente en el suelo. Comenzó a buscar algo para abrir la puerta de la casa... ¿una llave, será?

No pasaba desapercibida que no había respondido a mi pregunta, pero tampoco le volví a insistir para que me respondiera.

— ¡Listo! — sacó una llave que guardaban en una de las ventanas empolvadas de la pequeña casa — Y decían que nunca volveríamos.

— ¿Quién lo decía? — pregunté.

— Mi padre.

¿Volveríamos? ¿Quiénes? Clar era un mar de emociones y confusiones...

— Primero las damas, después tu Sam — ¡Idiota!

Le di un golpe en el hombro mientras me adentraba a la casa. Olía a humedad y un poco a agua de mar. Estaba claro que tenían muchísimo tiempo sin venir aquí, pues los muebles se encontraban cubiertos por sábanas blancas y empolvadas. Las paredes algo desgastadas, y los rechinidos en la madera cuando caminabas sobre ella, no tardaron en aparecer.

— Solíamos venir aquí, hace ya algunos años cuando mi padre se casó con Rachel, la mamá de Brad — asentí, mientras admiraba el lugar.

No era sofisticado, pero si cómodo a pesar de los muebles y paredes empolvados. No tenía cuartos, solamente una pequeña cocina con una isla café de mármol, unos sofás y lámparas de algún color el cual tenía que averiguarlo. Cerca de la entrada había un pequeño lugar vacío, di un suspiro al imaginarme cierta escena en ese mismo... ¡Pensamientos traicioneros!

— ¿Y... porque ya no vienen más? — A Clar no le agradó mi pregunta, pues su gesto molesto habitual lo delató.

— Tú — se acercó más a mí —, haces muchas preguntas. Eres una preguntona.

Le sonreí de oreja a oreja, y comencé a ponerme nerviosa cuando se acercó más a mí. Rosó sus suaves manos por mis hombros, deslizándolas hacia abajo, ¡Dios mío! La respiración se me cortó. Comenzó a besar mi cuello, aspirando mi aroma. Las piernas comenzaron a temblarme, y el calor en mis mejillas no tardó en aparecer.

— El lugar esta oscuro — musité con la voz entrecortada. En realidad no lo estaba del todo, más bien era un pretexto para que parara. La tenue luz de la luna entraba por la ventana.

— Lo sé — respondió Clar, aun dejando un reguero de besos sobre mi cuello descubierto.

¡Dios, pero que sensación!

No lo pude evitar más, di la iniciativa tomándolo de la mandíbula con las dos manos, para después estampar mi boca con la suya. El beso era profundo, y vaya que me gustó. Clar, con un ágil movimiento me levanto a horcajadas sobre su cintura, y rodee las piernas hacia él. Su amigo nuevamente se encontraba ahí, listo para lo que tenía que hacer...

— Te deseo... — susurró en mis labios, dejando de besarme por un rato.

— Hazme tuya Clar — respondí con la voz entrecortada...

Clar tomó una de las enormes toallas blancas colocándola en el suelo. Me miró de arriba abajo, admirando el panorama que era para él mi cuerpo. Me sentí expuesta, sin estar del todo desnuda.

¿Quería en realidad que mi primera vez fuera con Clar? Los pensamientos perfeccionistas y traiciones salieron a relucir. Di un profundo suspiro y los deseché por completo.

— ¿Estas segura de querer hacerlo? — preguntó Clar con un atisbo de ilusión en su mirada. A lo cual asentí.

Si. Estaba completamente segura, que quería ser suya...

Se hincó sobre la toalla que se encontraba en el suelo, estrechó su mano hacia mí, la cual tomé para imitar lo mismo que él.

Comenzó a besarme nuevamente acercándose más y más a mí cuerpo, sentí endurecer mis pechos justo en el momento que Clar llevaba una de sus manos hacia mi espalda para desabrochar mi sostén. Poco a poco, y lentamente lo quité por completo, dejando expuestos mis senos solo a la visión de él. Tragué duro.

El calor se apodero de mí y lo siguiente que hice fue rodearlo por el cuello pegándome más a su cuerpo desnudo. Me recostó sobre el suelo para después subirse encima de mí. Comenzó a tocando y masajeando mis pechos que ahora se encontraban firmes.

— Eres hermosa... — susurró — Y eres completamente mía ahora...

Devoró con fiereza mi boca, y la parte íntima de su cuerpo comenzaba agrandarse más y más. La sentía rosar tan cerca de mí, que por inercia solté un gemido ante esto. Clar mordió mi labio e imite lo mismo. La excitación en ambos estaba más que claro.

Se levantó, y tan pronto como lo hizo se deshizo de sus calzoncillos ajustados, para dejar salir a su amigo.

Tragué duro otra vez. Si, definitivamente me iba a morir.

— ¿Te gusta lo que ves? — preguntó arrogante y con una sensual voz ¡Mierda, por supuesto que sí! Pero mi perfeccionista interior no se lo iba a decir, así que solo sonreí y asentí.

Volvió hacia mí para quitar por completo mi panti color negro que aun tenia puesto.

— Esto no nos servirá aquí — musitó.

Me recostó nuevamente y comencé a temblar, no sé si del miedo o la emoción, o por la excitación. Besó cada parte de mi iniciando por el cuello, para después irse directo a mis botones erguidos y seguramente sonrosados. Una de sus manos se dirigió a mi intimidad, en la cual ya se sentía la humedad gracias a sus caricias. No pude evitar tocar a su amigo y moverlo lentamente, ¡Si, a su amigo! Era toda mi expectativa, su grosor era grueso, largo y enorme. Comenzaba a darme cuenta que me agradaba acariciarlo, pues ver su expresión gracias a la excitación, me había gustado. 

Clarence sonrío ante ésto, para después soltar un leve gemido sobre mis labios. Seguía con la tortura trazando círculos en mi intimidad, provocando que arqueara la espalda cada vez que sentía uno de sus dedos en mi interior. Los gemidos en mi no tardaron en aparecer. En mi no habitaba la vergüenza, pero al sentirme húmeda y expuesta, comenzaba a darme pena. Y sin duda Clarence se dio cuenta.

— Me fascinas Samadhi... — dijo, mientras lamía uno de mis pechos. Su voz era excitante y entrecortada.

Colocó el preservativo en su amigo. Separó mis piernas con sumo cuidado mirándome a los ojos, como si estuviera preguntándome si estaba lista para lo que seguía. Di un suspiro y asentí, y lo que después sentí fue todo su ser dentro de mi...

El dolor se apodero de lleno, para después soltar un gemido ligeramente placentero. El dolor era molesto, ardía como nunca, y no sólo mi cuerpo. Clar comenzó a moverse lentamente, dando embestidas suaves para que mi dolor no fuera del todo fuerte. Ahora, la barrera que atravesaba mi intimidad estaba rota. 

El dolor se me fue olvidando gracias a la sensación de placer que comencé a sentir. Fui dejando rastros de pequeños besos en el cuello de Clar, aspirando su fresco y dulce aroma. Por un momento sentí la necesidad de morderlo y arañarlo tanto como pudiese, pues el placer que sentía era sensacional. Así que no dude en hacerlo. Sus embestidas eran suaves, una tortura para mi.

— Eres solo mía Samadhi Stone... sólo mía.

Susurró con su ahora ronca voz, y no paró...






Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top