64.
LA INESPERADA APARICIÓN
Tras divisar a una decena de personas bebiendo, bailando y chillando en la sala principal, se preguntó por qué siempre accedía a cada pedido que su mejor amigo le hacía. Sí. Había una explicación. Más allá de la personalidad graciosa y la alegría que Shepherd cargaba, podía percibir una tristeza profunda en su interior. Un bloque del que no podía deshacerse. Conocía a su mejor amigo aunque no hablara demasiado de su vida personal; sabía que tenía problemas económicos y familiares, que su padre lo trataba con indiferencia y su madre se había casado con un tipo millonario con el que formó otra familia. Shepherd siempre alegaba que no le importaba demasiado. Evitaba el tema, pero la angustia invadía sus ojos cuando lo tocaban. Si dar una fiesta lo hacía feliz, entonces no le pondría objeciones para hacerlo.
De todos modos, los padres de Colton estaban en un evento benéfico en la ciudad contigua. Llegarían la noche siguiente. Lo que les daba el tiempo suficiente para limpiar y ordenar los restos que dejaría la fiesta.
Olvidó las complicaciones cuando divisó a Becca bailar y reír junto a sus amigas, Daisy y Kaylee. Vestía una falda de volados que dejaba la longitud de sus piernas expuestas y un top de tirantes finos ceñido al cuerpo que realzaba cada una de sus curvas. Desde que salió del hogar, había ganado algo de peso que le sentaba sensacional. Becca siempre fue preciosa, pero su belleza se acentuó aún más desde que empezó a llevar una vida sana. Normal. La que debió haber tenido desde un principio.
Ella lo encontró con la mirada y le sonrió; segundos después, comenzó a caminar hacia él. Mientras se acercaba, Colton notó cómo un grupo de muchachos volteaba para observar. Lo hacían como si quisieran ver lo que había debajo de su falda.
—¿Se les perdió algo? —cuestionó con expresión tensa.
En respuesta, negaron con la cabeza y le quitaron los ojos de encima. Apretó los puños y se aproximó para acortar el camino. Ella lo alcanzó, se colgó de sus hombros y lo besó como si no lo hubiera visto en años. Él la sujetó con sus grandes manos rodeando la cintura y le correspondió el beso.
—¿Estás disfrutando de la fiesta? —preguntó Becca.
—En realidad, no tanto —confesó—. Mi plan original era que tuviéramos la casa para nosotros solos hasta que apareció Shepherd, que, de hecho, no sé adónde se metió.
—Ah, dijo que iría a preparar unos tragos. No sé —ella rio ligeramente—. ¿Julian?
—Está ocupado con los equipos de música —comentó—. Suena egoísta, pero desearía que estuviéramos aquí solos.
—Bueno, aún tenemos la planta alta. ¿No?
—Tienes razón. Esa es mi chica —puso una sonrisa amplia ajustando el agarre alrededor de su cintura—. ¿Subimos?
—Por favor —ella también lo deseaba con intensidad.
🤍🏀🤍
—¿Te dije cuánto me arrepiento de haber invitado a toda esta gente a mi casa? —repitió ingresando con Becca en sus brazos a la habitación.
Ella lo besó y deslizó una sonrisa.
—Mira el lado positivo. Tu casa es gigante. Nadie escuchará lo que pasa aquí arriba —argumentó. Tenía las mejillas sonrojadas, mechones de cabello cayendo frente a su cara y la falda arrugada sobre sus muslos. No estaba pensando demasiado. Más bien, se había dejado llevar desde que Colton la sujetó como si quisiera fundirse en ella.
—Tienes razón —coincidió, al mismo tiempo que extendía una mano, cerraba la puerta y colocaba el seguro—. Esta noche será nuestra, después de todo —volvió a besarla hasta que encontró la cama; cayó suavemente a la orilla y Becca permaneció a horcajadas sobre él. Intensificó el agarre alrededor de su cintura, causando un electrizante cosquilleo, y ella se apartó ligeramente, solo para buscar seguridad en la mirada de Colton. La encontró. Colocó sus delicadas manos al borde de la camiseta informal que llevaba su novio y tiró hacia arriba, pretendiendo quitársela. Él accedió de inmediato, ayudó a quitársela.
Como aquella noche en su habitación, Colton mostró su torso desnudo y Becca lo acarició, de arriba hacia abajo, pasando por sus hombros hasta llegar al inicio del pantalón de mezclilla. Colton tembló como si fuera la primera vez que una chica lo acariciaba. Quizá sí era la primera vez que alguien lo tocaba con tanto amor. Suave, pero intenso.
—Tú también puedes...
—¿Quitarte la ropa?
—Sí —consintió—. Si quieres.
—Becky, eres preciosa. Claro que quiero. Pero solo si estás segura, sin presiones.
—Tú no me haces sentir presionada, Cole. Tú me haces sentir amada. Todo el tiempo —expresó con honestidad, su nariz rozó la suya.
Él no perdió el tiempo: le quitó el top con parsimonia y lo dejó caer, pendiente de cada detalle que dejaba al descubierto. De un simple movimiento, Colton acomodó a Becca debajo de él. Su torso descubierto rozó la piel de la chica, que aún llevaba el sostén. Le dio un beso profundo, siguiendo un ritmo marcado por la ansiedad mientras ella lo impulsaba hacia su cuerpo con las manos en su espalda. Los dedos se hundieron cuando él bajó hacia su cuello, y la forma en que la besó impulsó una corriente eléctrica que le cortó la respiración.
Ambos estaban ansiosos por descubrir hasta qué punto serían capaces de llegar; sin embargo, Colton sabía que esa noche no irían demasiado lejos. Becca necesitaba paciencia. Explorar poco a poco. Él tomaba todos los cuidados posibles con alguien que había sido manipulada durante la mayor parte de su vida.
Su cuerpo entero se tensó tras oír varios golpes en la puerta. Ella miró hacia la entrada con el ceño fruncido. El picaporte se movió de arriba hacia abajo, una y otra vez, pero el seguro impidió el ingreso.
—Cole... Amigo, ¿estás ahí? —murmuró Shep con la voz afectada—. ¿Cole?
—Sí —carraspeó, dejándose caer a un lado de la cama—. ¿Qué pasó?
—Es que... Es que bebí un poco de más —arrastró un poco las palabras—. Y discutí... Ella se enfadó conmigo, amigo. Se enfadó mucho —lloriqueó del otro lado.
Mientras tanto, Becca se colocó rápido el top y empezó a recoger los zapatos en el piso. Cole hizo lo mismo, buscó sus zapatillas tras ponerse la camiseta.
—¿Quién, Shep? ¿De qué hablas?
—Daisy —respondió angustiado—. Y ahora no sé dónde está. Tengo que encontrarla. Vamos, date prisa.
—Ahora mismo voy, Shep. Tranquilo —terminó de calzarse. De inmediato, echó un vistazo a Becca, que estaba lista—. ¿Estás bien? —ella asintió—. No te preocupes. Shep suele ponerse bastante sentimental cuando se alcoholiza. Lo puedo manejar.
—Pobre Shep —hizo una mueca de tristeza y siguió a su novio.
Shepherd aguardaba con los ojos enrojecidos e invadido por un malestar intenso. Se tambaleó ligeramente en cuanto la puerta se movió, por lo que Colton debió sujetarlo para mantenerlo firme. Era un desastre.
—Yo no quería... No quería besarla. No. Yo quería estar con Daisy, pero luego apareció esa chica y no sé, no sé cómo...
—Shhh. Tienes que calmarte, amigo.
—Pero es que yo no quería...
—Lo sé. Lo arreglaremos —prometió—. Confía en mí.
—Tenemos que encontrarla, Cole. No sé dónde está; ella desapareció de mi vista... se fue. Tengo que... —una arcada interrumpió la conversación.
Colton lo miró alarmado, pero no lo soltó. Temía que acabara en el piso si lo hacía.
—De acuerdo. Aguanta, Shep. Becky, tengo que llevarlo al baño —le hizo saber—. Será mejor que te mantengas lejos. No quieres ver esto.
Ella le dirigió una mirada comprensiva. Era tierno ver cómo Colton se ocupaba de su mejor amigo; cuidaba de él como si fuera su hermano mayor.
—Está bien. Buscaré al resto. Tú ocúpate de él, ángel guardián —pronunció con calma.
Colton le regaló una sonrisa amplia, una que solo nacía cuando oía a su novia pronunciar cosas como esas. «Ángel guardián», qué ocurrente, pensó. No estaba seguro de serlo. En absoluto. Era un humano que cometía errores y lastimaba a la gente, aunque tenía cierta manía por cuidar a las personas que quería.
—Luego vengo a retomar lo que quedó pendiente, preciosa.
Ella se sonrojó al mismo tiempo que todo su cuerpo lo anheló con vehemencia. Luego, dio media vuelta, caminó escaleras abajo y empezó a buscar a su mejor amiga por cada rincón. Nada. Ni un solo rastro. Nadie más la había visto. Tampoco encontró a Kaylee o Julian; imaginó que se habían metido juntos en algún otro salón de la casa. Solo por esa chica Julian se apartaría de la música. Agobiada, suspiró con la mirada puesta en la salida. «Quizá salió a tomar aire», imaginó. Y fue hacia el exterior.
Las luces alrededor de la mansión de los Bradford comenzaron a perder potencia a medida que se alejaba hacia la carretera. Caminó entre penumbras cuando divisó la figura de Daisy y sonrió de emoción. La había encontrado.
—Ey, Daisy —exclamó, apresurada. La chica se detuvo—. ¿Te encuentras bien? —la contempló preocupada.
La joven se encogió de hombros, dudosa. No tenía suficiente confianza en sí misma para creer que un chico pudiera gustar de ella. Ver a Shepherd con alguien más la dejó completamente en el piso. La destrozó de un modo indescriptible.
—Quiero ir a casa.
—De acuerdo, lo sé —Becca la abrazó—. Podemos decirle a Colton o Julian que te lleven. No dejaré que vayas sola a casa.
Asintió.
—Shep no me quiere —expresó con los ojos hundidos.
Becca frunció el ceño.
—Eso es imposible, amiga —afirmó—. Estoy segura de que todo ha sido un malentendido. Deberían hablar y escucharse, aunque, bueno... No creo que Shep pueda hablar ahora mismo.
—¿Qué le pasó?
—Cole dijo que se emborrachó. Está cuidando de él porque apenas podía mantenerse parado.
—Es un idiota y lo odio porque ahora mismo estoy demasiado preocupada por él y no puedo evitarlo —habló exasperada—. Debería darse una ducha, beber un litro de agua y descansar. Quizá deberíamos... Oh, ¿quién viene ahí? —puso la mirada en el vehículo que venía en su dirección.
Becca giró para observar, pero las luces la encandilaron. El auto se detuvo. El conductor descendió. Becca lo reconoció al instante. Una presencia inconfundible. Dominante. Tortuosa. Y lo único que supo fue que debía correr.
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