58.
LA DECISIÓN
—Tengo miedo —confesó con la garganta hecha un nudo.
—¿Qué pasa, cariño? —preguntó Maggie, que sostenía una taza de té—. ¿Tienes dudas de mudarte con nosotros?
Becca comenzó a trasladar sus pertenencias durante la mañana. No tenía demasiadas. Sin embargo, aún le faltaba trasladar el resto de la ropa que yacía en el armario de los Bradford. Habían sido días extraños, pero bonitos. Le tocaba despedirse de la familia que le brindó un refugio en su peor momento para mudarse con su nueva familia definitiva. El equipo interdisciplinario de especialistas que se ocupaba de su caso había sugerido «estabilidad, un hogar fijo»; sin embargo, Becca no habría tenido problema en vivir un día en cada casa. Aunque fuera una idea ilógica y quizá agotadora, sentía que realmente pertenecía a los dos hogares.
—No. No es eso —aseguró un tanto angustiada—. Estoy feliz de estar aquí. Es que... Bueno, hay una decisión que debo tomar, pero no tiene que ver con esto —trató de explicar sin dar demasiados detalles—. Debo hacer algo. Sé... Sé que es lo correcto. Pero me da miedo que... que la persona involucrada se moleste conmigo —desvió la mirada hacia un punto en el piso.
Maggie le dio un vistazo comprensivo y, al mismo tiempo, repleto de orgullo. Becca ya no era la adolescente insegura que atravesó la puerta de la cafetería meses atrás. Aquella que a duras penas podía hilar frases largas, que ni siquiera se atrevía a expresar sus pensamientos.
—Dime algo, Becca. Estás intentando ayudar a alguien, ¿no? —ella asintió—. Y a largo plazo, ¿crees que hacer lo que tienes que hacer será lo mejor para esa persona?
—Sí —contestó sin dudarlo—. Todo lo que quiero hacer es ayudar a que su situación mejore.
—Entonces tarde o temprano lo entenderá. Lo estás haciendo porque lo quieres —justificó. Becca se sintió completamente escuchada. Comprendida—. Si crees saber lo que es correcto, hazlo. Confía siempre en tu intuición, Becca. Siempre.
Aún navegando en sus pensamientos, Becca se llevó la taza de té caliente hacia la boca y bebió un sorbo. Estaba segura de lo que debía hacer. Tan solo temía las posibles consecuencias.
La preocupación siguió latente en sus pensamientos; terminó de beber la infusión y Julian la recogió para llevarla nuevamente a casa de los Bradford. Era su última noche con ellos; quería recoger el resto de sus cosas y despedirse como merecían. Al día siguiente, todo cambiaría. Becca viviría en una nueva casa, dormiría en una nueva habitación e iba a reincorporarse al instituto, después de seis semanas recuperándose en casa. Los médicos le dieron el alta definitiva; la fractura se soldó como correspondía, pero, aun así, Colton seguía cuidando de ella como el primer día.
Se despidió de Julian en el pórtico de la casa; al mismo tiempo, la puerta se abrió y vio salir a Colton. Vestía ropa deportiva y le dedicó una sonrisa apenas la divisó.
—Hola, Becky.
—Hola, Cole —saludó—. ¿Te vas?
—Tengo entrenamiento —respondió—. Estaré de vuelta en dos horas. Mi madre te está esperando; preparó una cena especial y te compró un montón de regalos.
—¿Sí? —los ojos le brillaron de emoción.
—Sí. Ya sabes cómo es. Le gusta salir de compras cuando está triste —comentó en un tono ligeramente divertido—. Está feliz por ti, pero dice que echará de menos que estés todo el tiempo en casa. Te adora.
—Oh, sí. Lo sé. Ella es... como otra madre para mí. Pero no tiene que preocuparse, no va a librarse de mí. Vendré a verla cada vez que pueda —aseguró—. A ti, especialmente.
—Uf, qué alivio. Ya empezaba a ponerme celoso —bromeó, inclinándose hacia Becca para darle un beso—. Te veo luego, Becky.
—Cuídate, Cole. Y sabes a lo que me refiero —recalcó, tornando el asunto serio.
Él simplemente asintió. Era un gran error entrenar en aquel estado, él lo sabía, pero ignorar la verdad parecía el camino más fácil. Lo era —por el momento—; sin embargo, Becca tenía otros planes.
Ingresó al hogar de los Bradford —lo conocía de memoria— y se dirigió a la cocina, donde Ada cortaba diversos tipos de verduras en trozos que utilizaría para la cena. En cuanto notó la presencia de Becca, lo dejó todo, limpió sus manos rápido bajo el agua del grifo y corrió a recibirla, dándole un confortable abrazo maternal. De inmediato, intentaron ponerse al día; conversaron acerca de la mudanza, la nueva rutina, su pronta vuelta al instituto y si realmente se sentía saludable para retomar su vida. No obstante, Becca no consiguió sumergirse por completo en la conversación. Estaba dispersa. Su mente iba solo hacia un punto especial; no podía salir de ahí.
—Becca, ¿te encuentras bien? —indagó Ada—. Escucha, si no estás segura de dar algún paso o si quieres quedarte aquí un tiempo más, las puertas de esta casa siempre están abiertas para ti, ¿sabes?
—Lo sé y agradezco tu amabilidad, pero... No es eso —indicó—. Ada, yo... Dios, es tan difícil hablar sobre esto, no sabes cuánto tiempo llevo pensándolo... —suspiró, abrumada—. Es sobre Cole, Ada —sostuvo su mano sobre la mesa—. Esto es muy difícil para mí, pero sé que es lo correcto.
—Lo sabía —dijo en un susurro, casi para sí misma—. Tenía un mal presentimiento justo atascado aquí —señaló el pecho—. Dime la verdad, Becca. ¿Qué pasa con mi hijo? —cuestionó preocupada.
—Cole lleva meses sintiendo dolores en el pecho. Especialmente cuando hace deporte o grandes esfuerzos —reveló, luchando contra su voz temblorosa—. Cuando tiene esos episodios... su corazón se acelera y... le cuesta respirar. Antes... Antes de que me sucediera todo lo que pasó, bueno... Con Shep logramos llevarlo a ver un médico. Le hicieron algunas pruebas, pero nunca regresó a buscar los resultados —las lágrimas se deslizaron por sus mejillas; sorbió la nariz—. Shep y yo, supongo, somos los únicos que lo saben. Lamento no haber dicho nada antes, de verdad. Lo siento mucho.
Ada permaneció unos largos minutos procesando la información. Alguna vez supo ser una mujer sentimental e impulsiva, pero había aprendido a gestionar sus emociones. A mantener la tranquilidad sobre todo. Cuando regresó la vista hacia la joven, notó que lucía completamente asustada.
—Calma, cielo. No es tu culpa. Mi hijo lleva meses sufriendo y no he sido capaz de darme cuenta —se mostró compungida. La noticia, de múltiples formas, la había dejado estupefacta—. Aquí los únicos responsables somos Andrew y yo.
Becca se quitó las lágrimas, angustiada.
—Él... Él siempre cree que puede hacer todo solo. Y, de hecho, puede. Es excelente en todo, pero... también está asustado. Necesita a sus padres. Ustedes son los únicos que pueden arreglar esto. Por favor, no se molesten con él por guardar el secreto.
—Quédate tranquila, Becca. Esto está en mis manos ahora, como debió ser desde un principio. Me encargaré de que mi hijo reciba la atención médica que necesita. Me aseguraré de que haga lo que tenga que hacer para estar bien —le prometió, gentil—. Gracias por venir a decírmelo, cariño. Te prometo que hiciste lo correcto.
—Estoy aterrada, Ada. No sé qué haría si algo malo le ocurriera a Cole. No sé. Yo... Nunca me lo perdonaría.
—Respira, Becca. Nada malo pasará. Tenemos que ser positivos en esto, ¿de acuerdo? El médico le dará el tratamiento correcto y estará bien —pronunció con seguridad—. Mi hijo es joven, saludable, fuerte. Se repondrá, ¿sí? Tú tranquila.
Inspiró profundamente y asintió. En su interior, se había desatado una lucha para conservar la calma. ¿Cómo lo hacía? Se sentía como una persona falsa. Traicionera. Ella le confió sus secretos a Colton y él los guardó a todos. Respetó cada día su decisión y fue capaz de involucrarse en silencio; lo suficiente para estar cerca en caso de que algo malo ocurriera. En cambio, ella hizo lo que él le pidió que no hiciera. No resistió la preocupación ni el peso de guardar aquella información por tanto tiempo; simplemente sintió que no podía manejarlo. Una parte de sí misma estaba segura de haber hecho lo correcto, pero había otra parte que se arrepentía.
Colton llegaría en un par de horas, tendría que mirarlo a los ojos y omitir el hecho de que acababa de decirle todo a su madre. No estaba segura de poder hacerlo. No cuando se trataba de él.
🤍🏀🤍
Si la historia te gusta, me ayudaría mucho que me dieras estrellitas, comentarios y la recomiendes a otras personas :).
Recuerda añadir la historia a tu biblioteca y seguirme en mi perfil, así no te perderás de ninguna novedad u aviso importante.
Gracias por la lectura y el apoyo.
Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top