56.


LA CELEBRACIÓN


Contempló su reflejo en el espejo y sonrió. «Todo está bien», susurró para sí misma e intentó ignorar las cicatrices que, inevitablemente, quedaban a la vista. El maquillaje no era suficiente para cubrirlas por completo. Además, no se sentía cómoda llevando tantas capas de base o demasiado rubor en las mejillas; no se sentía cómoda cubriendo lo que era: una chica que sobrevivió a un infierno. Lo que era bueno. Maravilloso. Estaba demasiado feliz por seguir viva, por estar justo allí, en aquel segundo, a punto de encontrarse con su novio para celebrar su cumpleaños número diecisiete. El primer cumpleaños que celebraba en toda su vida. Lo que hacía la ocasión aún más especial. Los desconocidos podían vislumbrar sus marcas físicas, ¿y qué? No tenía nada de qué avergonzarse. Tan solo sonreír con orgullo por seguir de pie.

No sabía acerca de los planes de Colton. ¿Qué más podía hacer? El día había sido realmente especial desde que amaneció con un desayuno completo en la cama —flores incluidas—, siguió con un almuerzo montado en el jardín trasero de los Bradford, continuó haciendo compras en el paseo comercial y culminaría de un modo que, hasta el momento, desconocía.

Él tocó la puerta, preguntó si podía pasar y el corazón de Becca dio un vuelco. Una maraña de cosquillas se desató en su estómago. Lo veía a diario —sí—, pero se emocionaba cada vez que lo tenía cerca. Enseguida respondió que podía ingresar. Estaba lista.

—Guau —se quedó sin aliento tras la primera impresión.

Becca se sonrojó.

—¿Qué? Me estás poniendo nerviosa, Cole.

—Es que... Mírate, Becky. Estás preciosa —se acercó mientras apreciaba con lentitud cada detalle de su apariencia. Becca tenía un maquillaje sutil, que destacaba sus rasgos faciales. Lucía un vestido delicado de tirantes finos y escote corazón con una falda que caía encima de sus rodillas; era la primera vez que exponía tanta piel. Sin embargo, lo que de verdad la hacía brillar era la sonrisa instalada en su cara. La mirada encendida. Cada parte de su cuerpo mostraba que estaba llena de vida.

—Gracias —sus ojos se afinaron por la forma en que sonrió—. No estaba segura de si usarlo, ¿sabes? Tengo marcas.

—No veo tus marcas —aclaró. Suave, sujetó con el dedo índice un tirante del vestido y acarició de arriba hacia abajo—. Veo a la chica más hermosa que conoceré en toda mi vida —pronunció sin dejar de tocarla.

Becca sintió cómo su piel se estremecía ante cada toque, mientras su interior vibraba a causa de las palabras que calaron hondo. Se estiró, en puntas de pie, alcanzó los labios de Colton y lo besó porque su cuerpo y su corazón se lo pedían. Estaba aprendiendo a escucharse a sí misma. A su intuición. A seguir sus deseos. Cuando estaba con él podía apreciar la libertad de ser. Sin miedos ni limitaciones. Era su lugar seguro.

—¿Y qué hay de ti? También veo al chico más hermoso que conoceré en toda mi vida —devolvió el halago, divertida—. Hablo en serio, Cole. Es la primera vez que te veo usando camisa y creo que... que estaría muy bien si la usaras todos los días.

Él sonrió, dos hoyuelos se le formaron en las mejillas y contempló a Becca con dulzura; no podía explicar lo gratificante que se sentía verla ser ella misma. Se sentó en el sofá y tiró de su mano, y la motivó a sentarse sobre él. Becca se acomodó en su falda, le rodeó el cuello y él atrapó sus labios antes de que pudiera hacer el primer movimiento. Poco a poco, sintió cómo Cole le acariciaba una rodilla, hasta llegar a su muslo —apenas por debajo del vestido—, y entonces se detuvo. Presionó, apenas.

—Puedo usarla todos los días si realmente es lo que quieres —bromeó—. Puedo hacer todo lo que quieras, Becky. Solo pídelo y lo tendrás.

La mano de Colton permaneció en su muslo. Ella sintió que iba a colapsar —en el buen sentido—, pues nadie la había tocado así antes y, de hecho, se sentía realmente bien. Una ligera intensidad que apenas estaba descubriendo. Inquieta, jugó con el cuello de la camisa.

—¿Podemos quedarnos aquí y no ir a ninguna parte?

—Podemos —respondió—. Pero créeme cuando te digo que no quieres perderte lo que planeé. Te propongo algo: vamos a ese lugar del que te hablé, tenemos nuestra cita y volvemos a pasar el resto de la noche aquí, ¿qué te parece?

Becca suspiró. No quería despegarse de él.

—De acuerdo —sonrió, acariciando su mandíbula—. Al regresar podemos... retomar justo donde lo dejamos, ¿no?

—Por supuesto.

—No lo olvides —se aproximó nuevamente para dejar un beso corto.

—Créeme que no lo haré. Por nada del mundo.

La casa de los Bradford estaba vacía esa noche, así que se dirigieron al vehículo y Colton empezó a conducir. Estaba repleta del tipo de ansiedad que evoca un buen presentimiento; él siempre encontraba la manera de deslumbrarla, con detalles grandes o pequeños, pero siempre lo hacía. De todas formas, Becca se encontraba feliz por tener un momento especial con su novio, a quien miraba de reojo mientras conducía. Nunca imaginó que ver a un muchacho manejar un auto sería algo tan... hipnótico. Había algo electrizante en el modo en que sus manos, fuertes, se aferraban al volante, o en cómo su mandíbula se marcaba de perfil, o la forma en que —por momentos— la encontraba con la mirada y le dedicaba una sonrisa tranquilizadora. Cuando Becca comenzó a mover ligeramente una pierna —porque no podía contener la ansiedad—, él desvió una mano hacia su rodilla y le dio un apretón, para luego acariciarla el resto del camino. «Esta noche no tienes nada de qué preocuparte, Becky. Solo disfrutar. Es tu noche especial», le dijo.

—Julian me pidió si podíamos detenernos un momento en su casa —explicó mientras aparcaba el coche a la orilla de la calle—. No sé qué es tan urgente. ¿Me acompañas?

—Claro —accedió, aunque un tanto confusa. Las luces de la cafetería estaban apagadas. «Quizá cerraron antes», pensó—. La puerta principal debe estar cerrada —dedujo—. Tendríamos que ir por la otra —se refirió al segundo acceso, que estaba a un lateral y dirigía a la casa.

Sin embargo, Colton sujetó la mano de Becca, se encaminó hacia la puerta principal de la cafetería y abrió.

—Por aquí —indicó.

Ella, sin entender nada —pero confiando por completo en Colton—, dio un paso y se adentró. La oscuridad la consumió al principio. Apretó la mano entrelazada de su novio y arrugó los ojos, tratando de divisar lo que estaba pasando. Entonces, sintió que Colton rodeó su cintura abrazándola por detrás, las luces se encendieron y un montón de rostros familiares aparecieron a su alrededor. Maggie. Julian. Shepherd. Daisy. Kaylee. Ada. Andrew. Otras compañeras de clase que, en algún momento, habían sido amables con ella y mostraron preocupación; también habían sido invitados algunos chicos del equipo de básquet, los más cercanos a Colton y Julian. Todos aplaudían, algunos vitoreaban y otros exclamaban felicitaciones.

Becca permaneció inmóvil. Notó que la cafetería tenía otra decoración en tonos violetas, con delicados detalles florales y brillantes por todas partes. Pocas veces había visto algo tan precioso como eso. Pero nada se comparaba a la presencia de las personas que quería, su familia, ni a la calidez de estar rodeada de gente que la quería.

—Feliz cumpleaños, Becky —murmuró Cole cerca de su oído y le regaló un beso en la mejilla, que la hizo sonreír entre lágrimas—. Esta solo es la primera de los cientos de ocasiones que celebraremos juntos, te lo prometo.

Ella giró para quedar frente a él; lo miró como si nunca pudiera tener suficiente y lo abrazó tan fuerte como era posible. Una ligera punzada de dolor hundió su pecho —aún tenía que cuidar la lesión—, pero en aquel instante no le importó. Solo quería abrazarlo. Aferrarse. Expresar todo ese amor inexplicable que le profesaba porque, de un día para otro, él cayó —como un ángel— frente a sus ojos y le cambió la vida para siempre.

Música alegre y festiva comenzó a sonar, y tuvo que despegarse de Colton para recibir a las personas que se acercaban a saludarla. Maggie la felicitó orgullosa, Julian le dijo que «no importa cuántos años tengas, siempre serás mi hermanita» y las chicas le resaltaron lo increíblemente hermosa que se veía. Shepherd —eufórico— se acercó y la abrazó con energía, haciendo que sus pies se despegaran del suelo. «Nunca estuve tan feliz de celebrar un cumpleaños, ni siquiera el mío», bromeó, aunque su pensamiento tenía todo el sentido del mundo.

—Ey, suficiente. Ten cuidado, Shep. Por favor —pidió Colton, que lo apartó un poco—. Todavía se está recuperando de la fractura.

Becca moduló una sonrisita. Su estómago se apretaba de un modo agradable cada vez que Colton le recordaba que estaba atento a cada movimiento; con la atención puesta solo en ella. Cuidándola.

—Está bien. No pasa nada —lo tranquilizó—. En realidad, ya que tengo aquí a los dos, quería... Agradecerles —suspiró, aliviada—. Nunca se los dije, pero si esa noche ustedes no hubieran llegado a tiempo, quizá... las cosas habrían sido de otra forma. Tal vez hoy no estaría aquí, festejando mi cumpleaños por primera vez.

—Me... ¿Me hablas a mí también?

—Sí, Shep. A los dos —miró a Colton con los ojos cristalizados, pero risueña. Él ni siquiera podía imaginar esa realidad sin que doliera—. Tú también estuviste ahí.

—Tiene razón —intervino Cole tras dejar un beso en la coronilla de su novia—. De hecho, siempre estás ahí cuando te necesitamos. Y ya que estamos, lamento haber sido un imbécil contigo en los entrenamientos, y...

—Olvídalo, Cole —cambió de tema rápidamente. Shepherd no acostumbraba a profundizar sobre sus sentimientos. Sentía con intensidad, pero lo ocultaba—. Son mis mejores amigos, ¿saben? Haría cualquier cosa por ustedes, no importa qué —dijo con sinceridad—. Ahora, ¿podemos ir a festejar? Me prometieron que habría karaoke. ¿Dónde están los micrófonos?

—¿Vas a cantar? —preguntó Becca, entusiasmada.

—Sí. En realidad, todos lo haremos, pero yo romperé el hielo —aseguró, dirigiéndose al escenario improvisado. A un lado, estaba Julian, que se encargaba de los equipos de sonido. Becca y Colton, a la distancia, lo observaron e intercambiaron risas por la ocurrencia.

—¿De verdad va a cantar? —titubeó en el momento exacto en que Shep sujetó un micrófono y lo encendió.

—Sí. Ama el karaoke, te lo juro —contestó Colton. Ya había presenciado momentos similares cientos de veces. Shep aprovechaba cada ocasión—. Creo que es la actividad que más le apasiona, después del básquet.

—¿Y qué tan bueno es? —preguntó divertida.

—Uhm, diría que es... Inolvidable. Recordarás este momento por muchísimo tiempo.

Becca rio, dejándose abrazar por Colton, que la rodeó por detrás. Luego, cuando la música comenzó a sonar, se balancearon entre carcajadas al ritmo de «Without Me», de Eminem, cantada de un modo bastante pasional por Shepherd, que, sin duda, encendió la fiesta. Colton bromeó tapándole los oídos a Becca cada vez que la letra mencionaba una mala palabra. Sin duda, el chico tenía razón. Becca recordaría ese momento para siempre.

La fiesta siguió mejorando; había comidas deliciosas, tartas dulces, refrescos y cervezas; los invitados se fueron soltando a medida que la noche transcurría, animándose a cantar frente al resto. Sin embargo, Shep no tardó en recuperar el micrófono y, esta vez, invitó a Colton y Julian a hacer la siguiente canción. Algo negados —en principio—, insistió hasta que ambos accedieron a interpretar «I Want It That Way», de Backstreet Boys, acontecimiento que robó suspiros y miradas de las presentes y acabó con las camisas de los chicos desprendidas.

Todos corearon el «feliz cumpleaños» por tercera vez consecutiva, mientras Becca pedía los tres deseos y, finalmente, sopló las velitas —una buena cantidad de glitter se dispersó por la sala, dando un efecto verdaderamente mágico—. Tras cortar el pastel, Becca tomó a Colton de la mano y lo llevó detrás del recibidor, hacia el interior de la casa. Su casa.

—¿Todo está bien, preciosa? —indagó.

Ella asintió.

—Sí, más que bien —le sonrió—. Supongo que aún no me acostumbro a ser el centro de atención. Necesito un ratito para respirar —dijo con sinceridad. La conexión que mantenía con él le permitía ser honesta, sin filtros—. Además, quiero mostrarte mi habitación.

—Creo que es una excelente idea.

—Por aquí —abrió la puerta que correspondía, mostrando el espacio—. Julian estuvo haciendo algunas mejoras. Repasó la pintura de las paredes, instaló una biblioteca pequeña y colgó el mural —comentó ilusionada—. Es bueno con las reparaciones.

—Ya lo veo. Esta habitación es muy... Becky —mencionó; luego inspiró una bocanada de aire y se apoyó sobre el marco de la ventana principal, que daba hacia el jardín trasero.

La repentina quietud llamó la atención de Becca.

—Cole, ¿estás bien? —se acercó, colocando una mano alrededor de su espalda—. ¿Qué tienes?

—Estoy bien —moduló una sonrisa—. Solo estoy estudiando cómo me colaré por esta ventana cada día para darte el beso de buenas noches. Parece bastante... sencillo.

—¿Harías eso por mí?

—Por supuesto, hermosa. Todos los días.

Ella lo recorrió con los ojos cristalizados. Trató de ver más allá de lo que mostraba. Suave, deslizó una mano por su pecho hasta colocarla justo encima de su corazón. Y se estremeció.

—Late rápido.

—Es por ti. Está latiendo por ti —recogió su mano y la besó en la palma. Ella la movió hacia su mejilla, lo acarició—. Estoy bien, Becky. Estoy bien. Estamos bien —repitió tal vez para convencerse a sí mismo.

La sostuvo de la cintura, la atrajo hacia él y de inmediato encontró sus labios. Becca accedió al beso, que inició suave, pero se tornó desesperado y algo salvaje al final, cuando él se sentó en la cama y ella quedó a horcajadas. Reinició el beso, pero Colton la detuvo; pasó los dedos a través de las hebras del largo cabello y lo extendió hacia atrás, con suma delicadeza. Quería mirarla. Grabarse esa imagen de ella, tan cerca de él, sonriente e iluminada.

—Sabes... Creo que es imposible que puedas imaginar lo mucho que te quiero.

—Cole... —susurró con dulzura.

—Te amo, Becca —pronunció con firmeza—. Para siempre.

—Y yo te amo a ti, Cole. ¿Sí? —trató de encontrar seguridad en él. Esa confianza que emanaba cada día de su vida. Él asintió, perdido en su mirada—. Para siempre.

Y volvió a besarlo, junto a una extraña sensación que crecía profundamente en su interior.


🤍🏀🤍

Si la historia te gusta, me ayudaría mucho que me dieras estrellitas, comentarios y la recomiendes a otras personas :).

Recuerda añadir la historia a tu biblioteca y seguirme en mi perfil, así no te perderás de ninguna novedad u aviso importante.

Gracias por la lectura y el apoyo.

Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top