55.
UN RAYO DE LUZ
Arrojó el bolso deportivo sobre el sillón del recibidor y marchó escaleras arriba, hacia la habitación de Becca. La encontró recostada en la cama, tomando apuntes del libro de literatura que le alcanzó Daisy, junto a la hoja de actividades que el profesor le indicó. Para sorpresa de muchos, el instituto Lakeville mostró una mirada sumamente comprensiva hacia la situación de la chica; aseguró que no perdería la beca y que le enviarían todo el material de estudio necesario para que pudiera ponerse al corriente desde casa, hasta que estuviera en condiciones de reincorporarse. También ofrecieron una disculpa. Reconocieron que, de haber estado más atentos, quizá podrían haber intervenido para que la situación de Becca no llegara a tal extremo. Sin embargo, el pasado era un hecho inalterable. Ya no existía forma de cambiarlo.
Colton —un muchacho exigente— guardaba cierto rencor hacia las autoridades del instituto. No podía tolerar el hecho de que ningún profesor, director, e incluso la enfermera, tuviera la consideración de acercarse a Becca para tratar de entender lo que estaba pasando. Ninguno se alarmó por su actitud retraída, su mirada triste o el evidente hecho de que a veces era posible notar sus moretones. Mantenía la convicción de que más de uno lo notó, pero hizo la vista gorda por la patética razón de «evitar problemas».
Ese atardecer, la decisión de Kampbell de dejarlo fuera de juego se acumuló al rencor que arrastraba hacia el instituto. También se acumuló la furia que le despertaba su propio cuerpo. Y, como si no fuera suficiente, tuvo una estúpida discusión con Shepherd porque no cabían dudas de que él había sido el compañero que hizo saber sus «preocupaciones» al entrenador. Shepherd lo admitió. Colton le dijo que en ese instante no podía hablar más o luego se arrepentiría de soltar las palabras que pasaban por su cabeza. Debía controlarse.
En cuanto contempló a Becca, aquel estado de nerviosismo se disipó. Allí, en esa habitación, con su novia recostada y rodeada de flores, tenía todo lo que necesitaba. Abatido, se dejó caer a un lado sobre la cama. Ella lo miró entre curiosa y preocupada, pero esperó a que él diera pie a la conversación. Becca simplemente entendía que a veces las personas necesitaban estar en silencio. Aquello no era incómodo entre ellos; podían sentir la compañía sin decir nada.
—No fue un buen día —admitió finalmente.
—¿No? ¿Qué pasó?
—Kampbell me odia.
—Mientes. Nadie podría odiarte, Cole. Eres un ángel. ¿Recuerdas?
Él la besó repetidamente en los labios, haciéndola sonreír.
—¿Quieres ver una película?
—¿Por qué no hablamos de lo que pasó? Cuéntame.
Colton negó.
—Solo quiero quedarme aquí contigo, Becky. Y olvidar absolutamente todo. Olvidarme del mundo entero, si es posible —enfatizó, sumergido en ella—. ¿Podemos hacer eso? —pidió mientras sujetaba el control remoto y se acurrucaba a su lado.
—De acuerdo, si es lo que quieres.
—Es lo único en lo que puedo pensar desde que salí del entrenamiento.
Ella le acarició el cabello de forma reiterada. Percibió su semblante apesadumbrado. No podía hacer demasiado para solucionar sus problemas, más que darle cariño y contenerlo, a su manera. Mientras él buscaba una película, ella no dejó de acariciarlo, pero su mirada inquieta continuó sobre él.
—Me gustaría poder hacer algo más por ti —confesó de un modo inesperado—. Tú hiciste tantas cosas por mí, ¿sabes? Yo lo único que puedo hacer es escucharte.
Colton dejó lo que estaba haciendo para enfocarse solo en ella. Y la miró a los ojos.
—No imaginas todo lo que haces por mí, hermosa. No tienes idea —expresó con dulzura—. Antes de que tú llegaras, lo único que tenía era el básquet. Hablo en serio. Creía que nunca encontraría este tipo de conexión con nadie. Y ahora... Míranos. Eres lo mejor que me ha pasado, Becky.
—¿En serio? —ella giró apoyando parte de su cuerpo sobre él.
—Muy en serio.
—Tú eres lo mejor que me ha pasado a mí, Cole. No quiero que estés triste. No lo mereces. Tú tienes que estar bien y hacer las cosas que te hagan feliz. Como jugar básquet, por ejemplo. No sé qué sucedió en el entrenamiento, pero no te rindas. ¿Me lo prometes, sí?
—Claro que sí, Becky. Te prometo que no me rendiré... Y tú tampoco lo hagas. Tal vez aún no descubriste lo que quieres para tu vida, pero lo harás. Cuando todo este caos acabe definitivamente, tendrás una vida nueva y estaré ahí contigo. Eso también te lo prometo.
Becca volvió a deslizar una sonrisa amplia. Él la besó. Ella sonrió en medio. Era tan fácil sonreír cuando Colton estaba a su lado; como si él tuviera algún poder automático para ponerla de buen humor. Una alegría genuina que provenía desde el interior de su alma.
🤍🏀🤍
Los días en casa de los Bradford transcurrían con una inusual tranquilidad. Una serenidad constante a la que, de ningún modo, estaba acostumbrada. Nadie la despertaba de un sobresalto al amanecer. Nadie le exigía hacer tareas domésticas o cumplir con reglas disparatadas. Tampoco tenía que pedir permiso a cada paso que daba —aunque, inconsciente, lo hacía de vez en cuando— ni cuidar constantemente su espalda por temor a recibir un golpe por detrás. Ninguna clase de insultos o palabras agraviantes llegaban a sus oídos —excepto en los recuerdos que permanecían frescos en su memoria— y, físicamente, su cuerpo comenzaba a recuperarse. No había más golpes ni heridas. Por fin, los hematomas y cicatrices comenzaban a sanar de verdad.
Después de arreglarse un poco y cepillarse el cabello, Becca bajó lentamente las escaleras. «Movimientos suaves y cuidadosos», le habían dicho. El hueso roto se estaba soldando por sí solo —iba a la perfección—, pero eso implicaba mantener todos los cuidados, incluso aunque creyera sentirse mejor. No obstante, tenía cierta ansiedad por hacer las cosas por sí sola. No quería depender de los demás —pese a lo mucho que le agradaba ser cuidada y atendida—; sabía que eso no duraría para siempre. Aunque Colton no dejaba de complacerla y cumplir sus deseos —en todos los sentidos—, en un futuro cercano tendría que aprender a valerse por sí misma. Ya no estaba sometida por una religión como en Sion Creek ni obligada a seguir reglas como en el hogar de acogida. Su vida le pertenecía. Y podía empezar a construir su mundo guiándose por sus propios valores y deseos.
En la sala principal, se encontró con Maggie y Julian, que la saludaron mostrando felicidad al verla mejor. La visitaban regularmente, pero esa reunión tenía un tinte especial. Podía distinguir otro clima, una energía buena y renovada que le daba esperanzas. Aquello la inquietó, de un buen modo, en particular cuando Maggie le pidió que la escuchara, pues tenía algo que decirle.
—Tenemos entendido que sabías que lo de quedarte aquí era una decisión provisional que el juez tomó, ¿no?
—Sí —afirmó Becca—. Dijeron que podía quedarme aquí hasta recuperarme.
—Exactamente —sonrió, ligeramente inquieta—. Junto a Ada, estamos en contacto todo el tiempo con la trabajadora social y... Bueno, ella nos explicó que, pasado ese tiempo, el juez tiene que buscarte un nuevo hogar de acogida, o...
—Mamá, ¿puedes ir al punto, por favor? —imploró Julian—. La estás asustando —gentil, se acercó y abrazó a Becca por los hombros, que por un instante entró en pánico. Al escuchar «hogar de acogida», su expresión se transformó—. No es nada malo, Beck. Tranquila.
—Lo siento, cariño —Maggie se acercó y estrechó la mano de Becca—. Lo que quiero decir es que me gustaría... nos gustaría mucho, a los dos, que seas oficialmente parte de nuestra familia —la emoción afectó su voz.
—Lo que mi mamá quiere decir es que quiere adoptarte, Beck —expresó Julian, tan emocionado como su madre—. Si tú quieres, claro. Por eso hicimos esta reunión. Queremos saber si estás de acuerdo o si prefieres...
—Sí. Estoy de acuerdo, sí —interrumpió la conversación. Las palabras desbordaron su garganta. Y una sensación de profunda gratitud hundió su pecho—. Eso... eso quiere decir que voy a vivir con ustedes, ¿no?
—Claro, cielo. Serás de nuestra familia. En realidad, ya lo eres. Solo que quedará asentado en un papel —explicó con dulzura.
—De hecho... Tienes tu habitación esperándote.
Becca se quitó las lágrimas con las palmas de las manos.
—Siempre me gustó esa habitación.
—Siempre fue tuya —aseguró Julian—. Tú has sido como de la familia desde que entraste ese día al café, ¿recuerdas? —ella sonrió y asintió, entre lágrimas—. Eres mi hermana perdida. La hija que mi mamá siempre deseó, aunque... bueno, primero le tocó tenerme a mí —bromeó.
—Eso es porque a veces las cosas que deseamos llegan en otro tiempo y de otras formas, pero tarde o temprano llegan —Maggie contempló a la joven con ternura—. Necesito que me prometas algo, Becca.
—Sí. Lo que sea.
—Tienes que ser honesta conmigo. Quiero saber lo que te gusta, lo que no te gusta, si algo te hace sentir mal o incómoda; quiero saber cuándo no estás de acuerdo con algo; todo. Prométeme que no te forzarás a hacer algo que no quieres —su expresión se tornó más seria—. Quiero que simplemente seas tú. Que te permitas vivir como lo haría cualquier chica de tu edad. ¿De acuerdo?
Ella asintió de forma reiterada.
—De acuerdo —tragó saliva, conteniendo la emoción—. Te lo prometo, Maggie.
🤍🏀🤍
Todavía con la emoción a flor de piel, caminó hacia la cocina y abrió el grifo para servirse un vaso de agua. Bebió con tranquilidad; aun así, percibió ligeras punzadas de dolor en el pecho. Ciertamente, aquella molestia iba disminuyendo con el pasar de los días. Podía moverse —despacio—, pero lo hacía; todo lo contrario a cuando llegó a la casa. Por ese entonces, necesitó la ayuda de los demás para realizar la mayoría de las tareas, como subir o bajar las escaleras o ir por un simple vaso de agua.
Su cuerpo se paralizó al percibir que un brazo rodeó su cintura. Contuvo el aire. Su piel también se estremeció mientras los latidos del corazón se aceleraban. Durante un instante, cada segundo se sintió como una eternidad. No supo reaccionar. Hasta que escuchó su voz.
—Ey, Becky —Colton habló suave—. Aquí estás.
—Colton —suspiró aliviada mientras giraba hacia él. Su voz sonó algo dura—. Lo siento, lo siento. Es que pensé... No importa —trató de restar importancia.
—Está bien, ¿qué pasó? Dime. Todo lo que tengas para decir es importante —aclaró.
Ella elevó la mirada, repleta de angustia.
—Es algo horrible.
—¿Quieres hablar sobre eso? —preguntó en un tono comprensivo—. Tranquila, no tengas miedo —dijo al mismo tiempo que le acomodó un mechón de pelo detrás de la oreja.
—Sí, es que... Oscar a veces me atacaba por la espalda. Especialmente cuando estaba usando el grifo en la cocina —explicó, avergonzada. Todavía le costaba entender que no había sido su culpa, que no era una estúpida por no haber podido defenderse—. Creo que por eso... Bueno, no me agrada que me sorprendan así —bajó la mirada—. Lo siento, Cole. Tú no te pareces en nada a él, pero es que...
—Lo entiendo —aseguró cuando ella se quedó sin palabras—. No tienes que pedir disculpas, Becky. Tú no tienes la culpa de nada, sé que te lo repito todo el tiempo, y lo haré hasta que lo creas —ella sonrió ligeramente—. No volveré a hacerlo.
—No. No es que no quiera. Solo que la próxima vez puedes hablar antes, ¿sí? Eso estaría bien —explicó—. Además, me gusta demasiado que me abraces, que me toques, yo... Me gusta demasiado tenerte cerca.
—Y a mí no te imaginas cuánto —pronunció cariñoso, mientras sujetaba su rostro para besarla. Después, la abrazó haciéndola sentir a salvo durante varios minutos que se sintieron eternos—. ¿Maggie y Julian siguen en la sala? —curioseó, tomando distancia.
Ella mantuvo sus manos alrededor de la cintura del chico. Asintió.
—Tengo que contarte algo.
—Soy todo oídos.
—Maggie y Julian... Bueno, ellos... Están aquí porque Maggie quiere adoptarme, Cole —contó con los ojos repletos de emoción—. Me preguntó si estaba de acuerdo y yo... Le dije que sí. Así que... cuando los papeles estén listos y el juez lo dictamine, tendré que mudarme con ellos. De hecho, ya tengo una habitación propia —sus labios se curvaron nuevamente en una sonrisa. Aún no podía asimilar la veracidad de la noticia. Le parecía increíble—. Espero que... que no te molestes porque tendré que irme de aquí. Yo... La verdad es que toda mi vida estaré agradecida contigo y con tu familia.
Los ojos de Colton también brillaron. Entre fascinado y conmovido porque el universo finalmente estaba dando a Becca una porción de la cantidad de cosas buenas que merecía.
—¿Molesto? Becky, es una noticia increíble —sonrió, acercándola a él—. Sé cuánto quieres a Maggie y a Julian, y ellos te adoran; no podría estar más feliz por ti —mencionó, aquello logró que Becca pusiera una sonrisa aún más amplia y —aunque no podía hacerlo— deseó dar saltitos de emoción—. En serio. Aunque echaré demasiado de menos no verte cada día aquí, no sabes cuánto me alegro por ti.
Una vez más, la abrazó pegándola a su pecho e inclinó la cara hasta darle un beso en la coronilla. Una sensación de calma recorrió íntegramente su interior. Becca tendría una familia fantástica. Los Evans eran excelentes personas, que incluso le tendieron una mano cuando ni siquiera la conocían. Su corazón explotó de felicidad. Ella merecía ser elegida. Merecía ser amada de un modo desbordante. Merecía esfuerzo y atención. El mundo entero. Todo.
🤍🏀🤍
Si la historia te gusta, me ayudaría mucho que me dieras estrellitas, comentarios y la recomiendes a otras personas :).
Recuerda añadir la historia a tu biblioteca y seguirme en mi perfil, así no te perderás de ninguna novedad u aviso importante.
Gracias por la lectura y el apoyo.
Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top