53.
DESDE HOY Y PARA SIEMPRE
Tras la declaración de Becca, la justicia efectuó la detención de Oscar y el resto de los menores que residían en el hogar de acogida fueron distribuidos en otras casas temporales. Becca habría tenido algún destino similar, pero los Bradford se ofrecieron a darle —de momento— un lugar para recuperarse. Los posibles miedos —que la antigua trabajadora social instaló en su cabeza— comenzaron a perder fuerza. Pidió ayuda, escapó de Oscar, confesó el infierno en el que vivía y, aun así, la parte de su mundo que amaba no se rompió. De hecho, se encontraba más viva que nunca. Los demás finalmente podían verla tal como era, sin secretos ni mentiras, y la apreciaban sin ánimos de juzgarla. Se sentía como haber dejado de ser una figura invisible; en su nueva realidad tenía voz y voto, ella podía intervenir en cada decisión, su opinión tenía peso. Importaba. Y, sencillamente, no encontraba palabras para expresar la maravillosa sensación de al fin ser vista.
La doctora le dio el alta; podía ir a casa bajo un montón de cuidados y sugerencias médicas, aún ingiriendo calmantes para el dolor. Necesitaba tranquilidad. De igual manera, optaron por hacerle una pequeña bienvenida: Ada y Maggie se encargaron de ofrecer un almuerzo con un montón de platos deliciosos de los que todos disfrutaron —en especial Shep, que tenía un enamoramiento por la comida—; el momento fue puras conversaciones y risas, hasta que Becca comenzó a sentir un cansancio ligero que se tornó pesado. No quería ausentarse, pero anhelaba con urgencia meterse a la cama. En cuanto lo expresó, Colton se puso de pie y la ayudó a levantarse.
—Arriba hay algo que quiero mostrarte.
—¿Sí?
—Sí. Pero tienes que cerrar los ojos.
—No puedo subir con los ojos cerrados —mencionó. Ambos se encontraban de pie en el inicio de las escaleras.
Él puso esa clase de sonrisa que indicaba que escondía algo.
—Tienes razón —coincidió—. Quédate quieta. Te voy a levantar ahora, ¿está bien?
Becca asintió, entre risas y con las mejillas teñidas de rojo. Él la recogió en sus brazos suavemente, como la madrugada en que la encontró en la gasolinera. Sin embargo, ya no quedaban demasiados rastros de aquella chica. En cambio, sonreía. Estaba iluminada. Repleta de vida —a pesar del largo camino que le quedaba para sanar—. Entonces, él comenzó a subir.
—¿Y? ¿Puedo abrirlos ya? —indagó algunos segundos después. Las sorpresas disparaban su ansiedad.
—No. Cierra esos ojitos lindos un poco más —pronunció Colton mientras transitaban las escaleras.
—¿Un poco más? —suspiró—. ¿Cuánto falta?
—Menos de lo que crees, ansiosa —prometió, consciente de que la velocidad de sus pasos era más lenta de lo común—. Tenemos que ser cuidadosos.
—La doctora dijo que puedo caminar —recordó, aunque permanecer en los brazos de Colton le resultaba agradable. Él tenía un brazo bajo sus muslos y otro alrededor de su espalda, cargándola como si tuviera el peso de una pluma.
—Lo sé. Y también dijo que nada de esfuerzos durante las primeras cuatro semanas —murmuró mientras alcanzaba los últimos escalones—. Así que nada de subir o bajar escaleras tú sola. Todavía no abras los ojos. Estamos cerca.
—Me siento culpable por haberlos dejado a todos allí abajo.
—Yo no —sonrió, perspicaz—. Me gusta tenerte solo para mí —bromeó, al mismo tiempo que la acomodaba con delicadeza sobre una cama.
Al instante, Becca percibió la superficie agradable, mullida, reconfortante. Además, reconoció una fragancia agradable; un intenso aroma a violetas, a naturaleza, al inicio de la primavera.
—¿Qué hiciste, Cole? —su ansiedad aumentó. En el ambiente prevalecía una clase de frescura que no podía descifrar.
—Abre los ojos.
Su boca se abrió en forma de sorpresa mientras contemplaba a su alrededor. Entendió, de pronto, por qué distinguía aquel aroma tan familiar. La habitación estaba repleta de campanillas violetas, sus flores favoritas. Descubrió, además, algunas de sus pertenencias que los chicos rescataron de la casa de acogida: la chaqueta que Colton le obsequió el día que la conoció, su loción corporal de lavanda, el oso de felpa que había arreglado con esmero y paciencia. Incluso estaba el mural que todos habían escrito y decorado en el hospital, en un rincón del cuarto.
Sintió ganas de llorar pero, a diferencia de otras veces, en esa ocasión fue de felicidad. Colton prácticamente había trasladado un campo de flores a esa habitación; un sueño hecho realidad. Él sabía cuánto ella añoraba la naturaleza y, como aún no podía salir, trajo la naturaleza hacia ella.
Su expresión de sorpresa se convirtió en una sonrisa amplia que Colton contempló con ternura. No había nada más satisfactorio que verla feliz. Recogió un ramito de flores y se acercó a la cama, sentándose a la orilla. Tenía incorporada la costumbre de ser sumamente cuidadoso cuando se trataba de moverse cerca de ella.
—Ten, Becky —se lo entregó—. Sé cuánto te gustan. Y, curiosamente, también me enteré de que simbolizan el amor eterno, así que ni siquiera lo dudé. Esto es para celebrar que estás bien, que estás aquí y que, además, estamos juntos —acomodó un mechón de cabello tras la oreja, mientras ella jugueteaba con una flor y los ojos se le humedecían.
—Cole —ella lo acarició en la nuca y, suavemente, lo atrajo hasta besarlo en los labios—. Es de las cosas más lindas que han hecho por mí en toda mi vida —murmuró con sinceridad. La emoción se reflejaba en su voz—. Hace un par de noches, cuando aún estaba en el hospital, desperté a la madrugada. Tú dormías, pero seguías sosteniendo mi mano. Y fue como... como si el cielo te hubiera enviado para mí, ¿sabes? Sé que todo lo que viví ha sido... un infierno. Pero volvería a vivirlo todo si eso es lo que me trajo a ti.
La inevitable atracción los impulsaba, como si la cercanía nunca fuera suficiente. Querían más. Sin embargo, él recordaba que ella se estaba recuperando de varias heridas e intentó ser tan cuidadoso como fue posible. Jamás se perdonaría lastimarla más.
—Escucha, linda. Quiero preguntarte algo. No tienes que responder ahora. Piénsalo. ¿Sí?
—¿Qué es?
—Estuve pensando en esto... Lo que tenemos. Creo que merece un título —trató de explicar, pese a su ligero nerviosismo. Era la primera vez que sentía tal urgencia. La primera vez que deseaba hacerlo realmente—. Así que llevo días pensando en preguntarte si... ¿Quieres ser mi novia, Becca Larsen? —ella palideció. En el buen sentido. Un nudo conmovedor apretó su garganta. Sintió que esa determinación que Colton utilizaba era una muestra de amor. De seguridad. Un noviazgo implicaba compromiso, llevar la relación a otro nivel. Fue como sentir que podía aferrarse completamente a él. Sin miedo—. No tienes que responder ahora, puedes pensarlo. Solo te pido que no tardes demasiado porque...
—Sí. Sí. Por supuesto que sí quiero ser tu novia, Cole —él respiró aliviado.
—Y yo quiero ser tu novio.
—Entonces, no quedan dudas —ella volvió a dejar un beso en sus labios. Él se lo regresó—. Desde hoy, esto es oficial —sonrió aun entre besos.
Él asintió, rozando su nariz con la suya.
—Desde hoy y para siempre, Becky.
🤍🏀🤍
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