52.
SIGUES BRILLANDO
Becca puso una sonrisa amplia mientras veía a Daisy y Kaylee colgando un pequeño mural decorativo en la habitación. Contenía flores de papel de múltiples colores, corazones, estrellas, frases de aliento y mensajes que habían escrito ellas mismas. «Eres increíble, única y valiente», leyó. Nunca le hicieron algo tan especial; podía sentir su corazón explotar de felicidad. Kaylee —una experta dibujando— plasmó a Becca sonriendo con timidez y los ojos brillosos, dibujo que también colgó en el mural. Mientras Daisy se ocupaba de poner en práctica aquel spa improvisado, la pelirroja encendió el televisor y buscó un canal de música.
Las chicas sabían que una parte de la recuperación se basaba en los ánimos que impulsaran los demás. Allí, la afectada era Becca. El resto tenía que buscar la forma de alentarla. De recordarle que tenía una vida por delante, repleta de experiencias por vivir. Especialmente Becca, que apenas empezó a conocer el mundo real.
—Escucha, Becca. Sé que aún no nos conocemos demasiado o, bueno, hemos compartido muchos momentos en el instituto, ¿no? —comentó mientras le pintaba las uñas con un brillo transparente—. Y quizá parezca muy intensa, pero siempre sentí que podíamos llegar a ser muy buenas amigas. En realidad, ya lo somos. Tú y Kaylee, ustedes... son como mis mejores amigas —confesó con una sonrisa—. Pero no se lo digas a Kay, ella... Creo que no le agradan demasiado las demostraciones de afecto —bajó la voz, divertida—.
—Tú también eres mi mejor amiga. La... La primera que tuve —dijo con dulzura—. Gracias por estar aquí.
—Es lo que hacen las amigas. Se apoyan. Aún más en los momentos duros —aseguró—. Uñas, listas. Ahora déjame ponerte labial con manteca de cacao —indicó al mismo tiempo que lo sacaba de su pequeño bolso—. Tus labios tienen que estar humectados, sobre todo si vas a besar a Colton más tarde.
Becca se sonrojó. Dejó que Daisy hiciera su trabajo, pues así se lo propuso al llegar: «trajimos un spa improvisado, tú solo tienes que disfrutar la atención».
—¿Se ven mal?
—No, no. Están perfectos —aseguró y, tras terminar su trabajo, lo guardó—. ¿Cómo van las cosas con Cole?
—Bien —apretó una sonrisa—. Muy bien.
—¿Se puede saber hasta dónde llegaron?
—¿Hasta dónde llegamos?
—Sí. Además de besarse, ya sabes.
—No... No sé —contestó ligeramente avergonzada.
—Me refiero a si tuvieron... intimidad —pronunció en voz baja.
Becca abrió más los ojos. Kaylee, que estaba sentada en un sofá, se inclinó hacia las chicas, interesada en el tema.
—Oh. No. Es que... Deberíamos estar casados para eso.
—Aquí no funciona de ese modo —soltó Kaylee sin vueltas. Daisy le dirigió una mirada amenazante—. ¿Qué dije de malo? Tiene que saberlo. Aquí es normal que las personas tengan relaciones sexuales, no necesariamente tienen que estar en pareja, mucho menos casadas. Simplemente lo haces porque lo deseas, ¿entiendes?
—Uhm, creo que sí.
—Está bien. Tú no te preocupes. Al menos, no por ahora. Eso vendrá más adelante —Daisy le peinó el cabello de un modo amistoso—. Además, Cole es comprensivo y responsable; él simplemente respetará tu decisión porque te ama.
—¿Sí?
—Claro —intervino Kaylee—. Se nota que está enamorado de ti. Así que tómate tu tiempo. Y si en algún momento quieres sacarte dudas o necesitas un consejo, aquí estamos nosotras. No tengas miedo.
—Bueno, yo no podría decirte mucho. En realidad, yo nunca... Kaylee es la experta, ¿no?
—No creo ser una experta —expresó—. Pero sí, puedo ser útil si quieres aclarar dudas.
Pensativa, Becca asintió con una sonrisa suave. Habría querido hacer más preguntas en aquel instante. Llevar más lejos la conversación que le había despertado curiosidad. Sin embargo, cada vez que hablaba demasiado le dolía el pecho. También cuando reía. O si hacía —inconsciente— algún movimiento brusco. Trató de calmar las dudas. No era la ocasión ideal para seguir hablando, pero tampoco quería que las chicas se fueran; tener amigas le proporcionaba una seguridad inexplicable. La misma que le producía estar rodeada de «hermanas» en Sion Creek. Era como tener lo mejor de ambos mundos.
🤍🏀🤍
—Ugh, odio los hospitales. Aún más de noche —murmuró Shepherd mientras ingresaba a la habitación.
La expresión de Becca se iluminó cuando lo vio.
—Shep.
—Vaya, mira a quién tenemos aquí. Becca Larsen. ¿Acaso estás internada por exceso de belleza, eh? —el chico se acercó y, con cuidado, le dio un beso en la frente—. Aquí llegó tu patrulla de protección personal —bromeó.
—¿Patrulla? —intentó contener la risa. Le dolía hacerlo.
—Ah, sí. Una larga historia —trató de cambiar de tema. No podía contarle lo que acababan de hacer—. Te traje esto —extendió dulces variados sobre la cama. Chocolates. Caramelos. Paletas. Gomitas.
—¿De dónde sacaste todo eso? —Julian, que venía detrás, lo miró con el entrecejo fruncido.
—La máquina expendedora. Tuve que sacudirla un poco para que me diera más. Es posible que la haya dañado —apretó los dientes, haciendo una mueca.
—Gracias, Shep —trató de no reír—. Hola, Juls.
—Beck —la saludó—. Tu habitación de pronto es un museo de arte —comentó observando el mural que habían hecho las chicas.
—A ver, muévete. Quiero escribir algo —intervino Shep, echando a un lado a Julian, en busca de un espacio en blanco para dejar su mensaje—. Querida Becca...
—Hola, Becky —Colton finalmente llegó, tras librarse de su padre, que lo detuvo en el ingreso para comentarle que estaba haciendo su turno. Se quedaría toda la noche en el hospital. «Puedo ocuparme de echar un vistazo a Becca. Tú ve a casa a descansar», sugirió Andrew. El chico rechazó la oferta.
—Hola, Cole —su rostro se iluminó aún más. Los ojos le brillaron. La sonrisa se amplió—. ¿Cómo estás? —extendió la mano, buscando algún tipo de contacto. Él enseguida la sujetó, acercándose. Tras dejar un beso en la mejilla, se sentó a la orilla de la cama—. Te echaba de menos.
—Yo a ti —correspondió—. Estoy bien, preciosa. ¿Tú cómo estás? Mi padre dijo que la visita de las chicas te animó.
—Mucho —afirmó—. Pero aún me duele. Todo. Cada vez que respiro. Y... ni siquiera me puedo reír —bajó la mirada, dejándose mimar por las caricias de Colton—. Alguien... ¿Alguien se quedará aquí el resto de la noche? Tengo miedo, Cole.
—Ey, tranquila. No puedes hablar demasiado, ¿recuerdas? —habló con cuidado—. Respira. Lento y profundo. Eso es —indicó sin perder el tono suave—. Me quedaré aquí el resto de la noche. Contigo. Me ataré a esta cama si eso te deja tranquila —bromeó ligeramente para aliviar la tensión. Ella volvió a sonreír—. Además, mira lo que conseguí.
Frente a la mirada atenta de Becca, él deslizó el collar fino con el colgante de cruz.
—No lo hiciste.
—Sí, lo hice. Sé lo importante que es para ti. Ten —ella lo sujetó con delicadeza y lo guardó en la palma de su mano—. Ya no queda nada de ti en ese lugar, Becky. Estás a salvo —susurró.
Ella puso una sonrisa de alivio, elevó el rostro y alcanzó sus labios, gesto que Colton correspondió al profundizar el beso.
—¿Y eso qué carajo es? —preguntó Shep, burlándose de lo que Julian dibujaba en el mural—. Parece un gato extraterrestre.
—Es un gatito con un corazón.
—Difícil de entender.
—Bueno, chicos. Becca tiene que descansar —Colton puso orden—. ¿Qué es eso? ¿Por qué escribiste tanto? —preguntó echando un vistazo al mensaje de Shep que ocupaba un gran espacio.
—Un mensaje para mi amiga. Quería expresarme —se justificó—. ¿Qué tiene de malo? Sé que a Becca le gustará, ¿no?
—No puedo leer desde aquí —lamentó.
—Ah, no importa. Lo leeré —se dispuso a hacerlo—. Querida Becca: Quiero que sepas que te perdono por haberte robado a mi mejor amigo. Eres una afortunada, porque eres la única con la que estoy dispuesto a compartirlo. Además, tienes que saber que, si estás con Colton, también significa que te conviertes en mi mejor amiga. O sea, ya lo eres. Como ya sabes, no me gusta que lastimen a mis mejores amigos, así que, si alguien te lastima, me avisas. Se supone que el karma llega, pero a veces puede demorar, y yo puedo hacer que se apresure. Tu amigo, quiero decir, tu nuevo mejor amigo incondicional que nunca te dejará sola. PD: Estás rota, pero sigues brillando.
—Ow, Shep —Becca echó la cabeza hacia un lado, contemplando el mural con ternura—. Qué dulce, gracias. Eso significa mucho.
—Bueno, tienes pasta de escritor —lo molestó Julian—. Vamos, Shep. Hora de irnos.
—Sí. Llévalo a casa. Tiene que relajarse —dirigió una mirada divertida a su mejor amigo—. Hoy tuvimos suficiente.
Tras despedirse, los chicos caminaron hacia el exterior del hospital. Las calles, en general, estaban vacías. Shepherd guardó las manos en los bolsillos de la chaqueta, sumiéndose en el silencio de la noche. No quería regresar a su casa. Para él, sus amigos también eran como su familia. No era extraño que varias veces en la semana durmiera en casa de Colton —lo hacía desde que eran pequeños—; con sus amigos podía ser él mismo. No lo juzgaban. No le exigían que fuera una persona diferente.
Julian —introvertido pero observador— lo miró de reojo. Trató de descifrar qué le ocurría o si quizá solo se había apagado después de utilizar toda su energía.
—¿Te gusta Becca? —preguntó sin reparo—. Puedes ser sincero conmigo. Tú me caes mejor que Colton —bromeó.
—Bueno, ¿gracias por eso? Lo normal es que sea al revés —se encogió de hombros, desconcertado—. No. No me gusta del modo en que estás pensando. Es la novia de mi mejor amigo. No podría hacer eso.
—No puedes decidir si una persona va a gustarte o no. Es algo que pasa —pronunció con naturalidad—. Podría haberte ocurrido tranquilamente.
—Sí, pero no pasó. Es amistad. Ella ha sido una gran amiga para mí este último tiempo. Te sorprenderías —afirmó, honesto. Becca fue la primera persona que le dijo en voz alta: «tienes un gran corazón». Instante en el que sintió que tenía motivos para creer en sí mismo—. Además, me gusta otra persona desde hace tanto tiempo que perdí la cuenta.
—Daisy.
—Es obvio —reconoció. Daisy era la chica que le provocaba una marea de sentimientos que a duras penas podía controlar. Sin embargo, ella era tan maravillosa que quedaba fuera de su alcance—. Ella cree que soy un imbécil. Y la entiendo.
—No lo creo, Shep. Quizá solo necesita que le des seguridad.
—¿Seguridad?
—Claro. Invítala a salir. Hazle saber lo que sientes. Muéstrale que la tomas en serio —aconsejó—. ¿Me estás escuchando?
—Creo que sí.
—¿Qué pasa?
—Kampbell. Olvidamos el entrenamiento. Nos matará.
—Tendrá que entenderlo.
—Deberíamos correr.
—¿Eh?
—Sí. Correr para mantener el cuerpo activo —explicó, rápido—. Es una táctica de Colton para no perder estado. Y ganar tiempo.
—Colton está obsesionado con el básquet.
—Puede que sí. Por algo es el mejor —pronunció antes de echarse a correr a toda prisa.
Julian negó, anonadado, y lo imitó, yendo tras él.
🤍🏀🤍
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