49.
CONSECUENCIAS
Becca podía recordarlo todo. A pesar de las «lagunas mentales», había quedado en su memoria cada segundo que pasó arrojada en el piso, implorando a Dios que el dolor se detuviera. No deseó morir —eso sí—; se aferró a la vida. No podía irse sin ver a Colton una vez más. Por primera vez, en los brazos de aquel chico, empezó a conocer el amor. No iba a dejarlo justo cuando empezaba a descubrir un nuevo mundo repleto de experiencias emocionantes. Sin lugar a dudas, se aferró a ese pilar. Su salvavidas. Su oxígeno. Su hogar.
No pudo expresar el ataque que recibió con lujo de detalles, pero lo que dijo fue suficiente para estremecer a todos en la sala. «Me golpeó. Sentí que algo se quebraba en mi pecho. Me pateó en el piso. Había mucha sangre. No sé cómo pude levantarme y salir de ahí, supongo que... que estaba convencida de que lo siguiente que haría sería matarme. Fue a la cocina por algo para matarme, estoy segura».
Cerró los ojos. Poco después, apartó la mirada. Un impulso de rencor dominó su comportamiento tras notar la presencia de la doctora, una enfermera y la trabajadora social. Ya había pasado por algo parecido tiempo atrás, cuando la rescataron de Sion Creek. Y había sido algo humillante porque, al final... Nada mejoró. No quería saber nada de leyes, justicia ni protocolos. Solo anhelaba pasar tiempo con las personas que apreciaba. Descansar.
—Antes que nada, quiero que sepas que estoy aquí para ayudarte. Lo que te pasó no está bien, Becca —indicó Samantha, la trabajadora social, en un tono repleto de empatía—. Cuando un adulto nos lastima, especialmente alguien que debería cuidarnos, tenemos que dar aviso a la policía para protegerte. Pude ver en los registros que tu caso estaba a cargo de Ruth Jones. ¿Alguna vez pudiste hablar con ella sobre lo que ocurría en ese hogar?
Becca negó. Su mano permanecía entrelazada con la de Colton, como un lazo indestructible. Él había forjado una coraza, especialmente después de oír todo lo que su chica había sufrido a manos de Oscar. Era consciente de que podría haberla matado. Becca estuvo cerca de morir sola. Ella atravesaba un infierno, tenía permitido caer, llorar, ser débil, ponerse furiosa con el mundo. Él quería ser fuerte. Fuerte por los dos.
—Ella... —respiró profundo. Dolía—. Una vez, lo intenté. Dijo que si me movían de ese hogar... Tendrían que cambiarme de colegio. No quería —consiguió responder.
Samantha, atenta, apuntó cada palabra en su libreta.
—Bien. No te preocupes. La doctora y yo vamos a notificar a la policía y al servicio de protección para que puedas estar segura.
—¿Va a venir la policía... ahora?
—Tal vez pasen a hablar contigo más tarde, pero no te preocupes, no estás en problemas. No hiciste nada malo. Queremos que estés protegida y que nadie más pueda lastimarte —aseguró—. Tranquila. No vamos a alejarte de las personas que te quieren —concluyó. Por primera vez, Becca tenía la certeza de que la familia que había construido —a su manera— no iba a ser destruida. Lo único que deseaba era no alejarse de ellos.
—Lo importante ahora es que te recuperes. Nos vamos a asegurar de que no tengas más dolor y de que puedas respirar bien.
—No quiero volver al hogar —se animó a pronunciar.
—No vas a volver a ese lugar, Becca —expresó—. Estoy recopilando la mayor cantidad de información posible para que expulsen a ese hombre y a su mujer del sistema.
—Lo que debieron hacer desde un principio, ¿no? —Colton intervino. No pudo evitarlo—. Investigar como corresponde antes de asignarla a esa casa —sonó confrontativo, pero los adultos permanecieron en silencio. El chico tenía razón; no había forma de refutar su postura—. Todo el sistema le falló a Becca. Todo. Es hora de que se hagan cargo.
Aun así, aunque quitaran a Oscar del sistema y lo enviaran a la cárcel, nada quitaría el sufrimiento de Becca. El miedo. Los ataques de ansiedad. Las heridas. Las cicatrices. Todo aquello quedaría grabado en ella para siempre.
Después de que las profesionales se retiraron, Colton permaneció junto a Becca hasta que se quedó dormida. Los analgésicos le potenciaban el sueño. Además, estaba exhausta después de atravesar una noche que creyó que sería eterna. Quería decirle muchas cosas a Colton, pero hablar le costaba; le dolía. Así que él le decía «no pasa nada, tendremos todo el tiempo del mundo para hablar, ahora tu única preocupación debe ser respirar» y le acariciaba el cabello procurando no causarle daño —estaba tan herida que temía provocar dolor si tocaba el lugar equivocado—.
Había perdido la noción del tiempo cuando su madre irrumpió en el cuarto, lo abrazó por los hombros y le preguntó en voz baja si podían salir al pasillo. Él echó un vistazo a Becca, comprobó que siguiera profundamente dormida y siguió a la mujer hacia el exterior. Ada tenía una expresión de angustia y cargaba un bolso de equipaje en un hombro.
—Colty, mírate —dijo, tras darle un abrazo—. Deberías ir a casa a tomarte una ducha, cambiarte la ropa, descansar un poco.
Él se miró a sí mismo. Su camiseta tenía manchas de sangre por todas partes. Pero su cuerpo aún no sentía cansancio; más bien, sentía que estaba listo para soportarlo todo. Seguir de pie. Permanecer cerca de Becca.
—No voy a ir a ninguna parte, mamá. Ella me necesita.
—Lo sé. Por eso te traje un par de mudas —sonrió ligeramente—. También traje algunas cosas para Becca. Todo lo que podría necesitar. Entiendo que sus pertenencias quedaron en ese... lugar.
Colton asintió. Bajó la mirada.
—Gracias, ma. No sé qué haría sin ti —dijo con sinceridad, dejándose mimar por su madre.
—De hecho, incluso empaqué algunas raciones de comida. Sé por tu padre que la del hospital no es la mejor.
—Tú eres la mejor —murmuró, a pesar de que su estómago estaba cerrado—. ¿Adónde se metió papá?
—Ah, se está ocupando de asuntos burocráticos. Shep le está dando una mano —Colton arrugó el entrecejo. Shep asumiendo esa clase de responsabilidades era una novedad—. Parece que había un problema con el seguro médico de Becca; querían trasladarla a otro hospital, pero tu padre se negó, así que está haciendo todo el papeleo para ocuparse de los gastos y que pueda quedarse aquí.
—No pueden trasladarla. Fueron demasiados cambios en poco tiempo. Necesita estabilidad —su semblante se alteró.
Ada, enseguida, lo abrazó por los hombros y lo contuvo.
—Tranquilo, hijo. Nosotros nos ocuparemos de que siga aquí, ¿sí? —habló convencida—. Todos tenemos que pedirle perdón a Becca, pero a ti también. Intentaste alertarnos; aun así, ningún adulto se preocupó lo suficiente, y esta es la consecuencia. Siempre tuviste razón, Cole. Lo siento mucho —expresó con sinceridad.
Él permaneció tenso, en silencio, incapaz de poner en palabras lo que sentía. Es que, en su interior, Colton seguía sintiéndose culpable por no haber hecho más. En retrospectiva, podía divisar que Becca dio todo tipo de señales. Tal vez bastaba con un simple llamado a la policía para poner fin a la situación de violencia. Pero no lo hizo. Nadie lo hizo. Y así es como llegaron hasta ese punto. Oscuro. Antes de que sus verdaderos sentimientos fluyeran, Colton recogió el bolso con ropa que le había tendido su madre. Luego, anunció que buscaría un baño para asearse y desapareció.
🤍🏀🤍
«Necesito hablar con un adulto a cargo», manifestó la doctora Green en el pasillo del hospital donde se encontraba la habitación de Becca. La chica, por fortuna, estaba fuera de peligro. Sin embargo, tenía que mantener ciertos cuidados básicos: no hacer esfuerzos ni grandes movimientos, evitar situaciones estresantes y preservar un ambiente tranquilo. El plano emocional era tan importante como lo físico. Becca tenía que asimilar que había sufrido una fractura de esternón y que tendría que lidiar con alrededor de seis semanas de recuperación. No sería nada fácil porque, además, prevalecía una preocupación aún más grande: ¿adónde la llevarían?
Ada y Maggie, atentas, se acercaron a la médica para tomar responsabilidad por lo que estaba pasando. Ninguna lo dudó. Julian, mientras tanto, se quedó esperando en el pasillo y, tras no resistir la ansiedad, ingresó a la habitación. «Las visitas tienen que ir con calma, reducidas, poco a poco», había recomendado la doctora. Becca, en su estado vulnerable, necesitaba conectar con las personas que la querían, amigos y familiares —que, de hecho, para ella tenían el mismo significado—. Así que, a pesar de su situación, se animó a sonreír cuando divisó a Julian acercarse. Él lo hizo con cautela —la imagen lo impactó—, pero trató de ocultar su aflicción.
—Ey, Becca —murmuró con suavidad.
—Juls. Viniste.
—¿Cómo no iba a venir? —dijo en un tono gentil y sujetó con cuidado su mano—. Eres mi hermana pequeña, ¿recuerdas? —ella asintió lentamente al mismo tiempo que con la mirada buscaba a alguien más. Maggie—. Mamá está fuera, con Ada. Están hablando con la doctora —contó—. También está ansiosa por verte. Vendrá en un momento.
—¿Cole?
—Ada dijo que se estaba cambiando de ropa.
—Oh. Sí —cayó en la cuenta de lo que había pasado—. Estaba... Había sangre en todas partes —de pronto sus ojos se humedecieron. Recordar pequeños detalles que creyó olvidados la estremeció. Poco a poco aparecerían más. Sería peor—. Lo manché todo.
—Solo es ropa, Beck. A Colton no le importa en absoluto, créeme. Él solo quiere verte bien —habló tranquilizador—. Mira, sé que en un momento desconfié de él, pero la verdad es que es una gran persona. Al igual que su familia.
Becca sonrió débil. Sintió que, a pesar de las condiciones, había un grupo sólido de personas cuidando de ella. Le daban calidez. Seguridad. Como si estuvieran pendientes de sostenerla todo el tiempo; sin dejarla caer.
—Todos lo son. Tú. Maggie. Shep. Las chicas —inhaló una respiración profunda—. Soy afortunada.
—No mientas, Beck. Nosotros somos los afortunados de tenerte a ti —guiñó un ojo, ligeramente divertido. Aliviando la tensión. Después, se dejó caer en el sofá que estaba a un lado de la cama y comprobó de nuevo el estado de la chica. Se sintió algo mareado, aunque lo disimuló con creces. No era momento de romperse; al contrario, todos debían mantenerse fuertes—. Te están tratando bien en este lugar, ¿eh?
Becca logró asentir; sin embargo, su mirada se disparó hacia la enfermera que estaba en la puerta.
—Lo siento, joven. Tendrá que salir un momento. La policía quiere hablar contigo, Becca.
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