43.
ENCUENTROS INESPERADOS
No tenía ánimos de comer, así como tampoco tenía ánimos de «hacer lo correcto», por lo que llevaba un par de días sin dirigirse al hogar. Dormía en casa de los Evans e intentaba colaborar con la cafetería, pero su mano —todavía adolorida— le impedía ser cien por ciento funcional. Tampoco tenía intenciones de retomar las clases en el instituto —por lo que su beca corría peligro— y se guardaba las palabras para sí misma; se mostraba poco dispuesta a entablar una conversación con alguien más. Su introversión se acrecentó de un día a otro; todo lo que deseaba era quedarse oculta entre las cuatro paredes de aquella habitación que ni siquiera le pertenecía —a pesar de que tanto Maggie como Julian se esforzaban constantemente por sacarla de aquel caparazón en el que se había metido—.
Suponía que su vida tendría que volver a la normalidad en algún punto, pero le costaba imaginarse regresando al instituto. La humillación. La vergüenza. Las risas. Las expresiones burlonas de los estudiantes. Todo aquello prevalecía como fantasmas que daban vueltas a su alrededor. Nunca la dejaban en paz. Ni siquiera en sueños.
Lo único que le hacía sonreír era leer la nota en papel que Colton le había enviado a través de Maggie. «Siempre estoy aquí para ti, por favor, llámame cuando quieras hablar o verme. Quiero que seas feliz, Becky. Me importas más de lo que alguna vez llegarás a imaginar». Por último, estaba apuntado su número de teléfono. Lo releía varias veces al día, luchando contra sus ganas de llamarlo y su imposibilidad de expresarse. Colton era la única persona con la que se había animado a ser abierta y vulnerable; temía romperse en mil pedazos en cuanto escuchara su voz. Temía no poder armarse después. Necesitaba reencontrarse a sí misma antes.
Dobló el papel hasta formar un pequeño cuadrado y lo guardó en el bolsillo de su chaqueta, siempre a mano para leerlo en cuanto su corazón se lo pidiera. Recogió un paño húmedo y, con su mano sana, procedió a limpiar la mesa que acababa de despejarse. Mientras tanto, Julian se encontraba en un intenso entrenamiento de básquetbol —el partido de caridad era el día siguiente— y Maggie horneaba uno de los exquisitos pasteles de manzana que vendían a diario en el local. El aroma lo envolvía todo cuando un chico de contextura atlética, junto a una niña pequeña de rizos dorados, ingresó. Él la tenía entre los brazos mientras le decía cosas graciosas que la hacían reír.
—Ey, Becca —saludó con entusiasmo—. Qué bueno volver a verte.
—Hola, Shep —sonrió algo confundida—. ¿Qué haces aquí? Pensé que tenían un entrenamiento importante.
—Acertaste —confirmó—. Pero... Mi madrastra tuvo una urgencia, así que tuve que recoger a esta enana de la guardería —explicó, sujetándola con naturalidad. Ella parecía acostumbrada a sus brazos—. Y luego se me ocurrió venir a verte.
—¿A mí?
—El otro día, en las gradas, dijiste que te habías hecho daño.
Al instante, Becca ocultó la mano bajo la manga del suéter.
—Estoy bien —aseguró rápido—. ¿Por qué no se quedan a comer pastel de manzana? —cambió de tema. Los ojos de Shepherd brillaron ante la propuesta—. Recién horneado. La casa invita —manifestó mientras se dirigía a la cocina a recoger dos porciones. De forma automática, colocó una en cada plato y regresó al recibidor, donde tanto Shep como su hermanastra se habían ubicado en los taburetes—. Aquí tienen, una porción para Shep y la otra para...
—Ivy —dijo la niña con voz tierna—. ¿Sabías que ayer cumplí cuatro años?
Becca alzó las cejas, asombrada.
—Oh, eso es genial. ¡Feliz cumpleaños!
—Gracias. Me encanta el pastel —sonrió con alegría; luego, dio el primer bocado.
—Sé que te gusta mucho, pero ve con calma, enana. No queremos que te ahogues, ¿recuerdas? —la niña asintió con la boca llena—. Bueno, nosotros estábamos en algo —se dirigió a Becca—. Hablemos de Colton. No quiero imponerte que creas o no en algo, solo quiero que sepas que él sería incapaz de esparcir lo que sea que le hayas contado. Ni siquiera me lo contó a mí, que soy su mejor amigo. ¿Sabes? Si hay algo que le sobra a Colton, es lealtad. Hemos sido como hermanos desde que tenemos cuatro años. Jamás me falló.
—No tengo dudas de que Colton tiene el corazón más grande que he conocido en mucho tiempo —aseguró con dulzura—. Nunca desconfié de él.
—Haces bien —Shep le devolvió una sonrisa amable—. Confía en tu intuición, Beck. En ti misma. Eres la única que sabe qué es lo correcto para ti —la animó.
Shepherd, a causa de su personalidad graciosa y relajada, había pasado por situaciones donde ciertas personas tuvieron intenciones de manipularlo, imponerle qué pensar e incluso asentar creencias limitantes sobre sí mismo. Le molestaba que alguien estuviera tratando de hacer lo mismo con Becca, como si ella no pudiera decidir o elegir por sí misma.
Ella elevó la vista hacia el muchacho.
—Me da miedo volver al instituto —admitió—. Mucho. Fue humillante, Shep. Ya sabes por qué.
—Mira, si hay algo que caracteriza al instituto, es la facilidad para olvidar. Están hablando de otras cosas ahora mismo —pronunció con seguridad. En medio, le dio una gran mordida al pastel, mientras se aseguraba de que Ivy se estuviera alimentando correctamente—. Rowley fue expulsado. Nos aseguraremos de que nadie vuelva a mencionar el tema, tú tranquila.
—¿Sí?
—Es un hecho. Además, tú no hiciste nada malo. No olvides eso —le guiñó un ojo, cómplice—. Ugh, Ivy. Déjame limpiarte la cara —trató de quitar los restos de crema con una servilleta, mientras la niña reía a carcajadas—. Mañana es el partido de caridad. Vamos a ganar y... será una fiesta. No puedes perdértelo, Beck. Tú también eres parte de esto. Tienes que estar ahí.
—Está bien, yo... Lo pensaré —echó un vistazo a la pequeña—. Aw, se ve tan tierna.
—Sí, ¿no? Es una dulzura aun con todo el cabello hecho un desastre.
Becca rio.
—¿No sabes peinar a tu hermanita?
—Bueno, no se me da bien. Está a la vista.
—¿Puedo arreglarle el cabello? Yo... siempre peinaba a las más pequeñas en Sion Creek —comentó sin pensarlo. Simplemente recordó lo mucho que disfrutaba hacerlo.
—Claro, es toda tuya. Haz lo que tengas que hacer.
Ivy se mostró risueña mientras Becca desenredó su cabello rizado con sumo cuidado. Luego, lo recogió en una media cola que ajustó con delicadeza. Hasta ese momento, había olvidado la conexión que solía tener con las niñas pequeñas y cómo estas se le acercaban, pues les inspiraba confianza. Aquel instante con Shep y su hermanita, sin duda, cambió su día. Algo en su semblante se transformó, como si hubieran sido el golpe de aire fresco que necesitaba para reaccionar. «Quizá vale la pena seguir intentando. Todavía hay cosas buenas dentro de mí».
🤍🏀🤍
La música sonó a través de los auriculares mientras caminaba hacia su casa. Últimamente, los entrenamientos de baloncesto lo dejaban aniquilado; sin embargo, no olvidaba que aquel talento le había abierto las puertas en un instituto tan importante como Lakeville. Antes de llegar, se había encontrado en un punto oscuro de su vida, tan profundo que no había sido capaz de imaginar que las cosas podían cambiar.
Sumido en la canción, tarareó una parte de la letra hasta que alguien le quitó los auriculares de un tirón. Escuchó cómo estallaron en el piso e intentó echarse a correr, pero un grupo de muchachos de su edad lo interceptó.
—Bueno, miren a quién tenemos aquí. El cobarde de Julian metido en un ridículo instituto para niños mimados. Desapareciste como una rata, eh —se burló el más fortachón, Greg—. ¿Qué me vas a decir?
—No tengo nada que decirte —pronunció con firmeza—. Déjame en paz —dio un paso adelante, pero otro de los chicos se interpuso en su camino.
—Yo sí tengo cosas que decirte, ¿sabes? No olvido lo que pasó. La estúpida denuncia. Pobre de ti si creías que te ibas a librar tan fácilmente.
Julian se tensó. En aquel callejón solitario, miró hacia los lados. Nadie. El pánico que solía abrumarlo en el pasado apareció. Se hizo cada vez más sólido a medida que Greg se acercaba con la misma mirada inyectada de furia. Nunca entendió el repentino odio hacia él, pero sí estaba seguro de que existía. Era real. La última vez que sucedió lo envió al hospital; le tomó un par de meses recuperarse.
—Vamos, te doy ventaja. Defiéndete. ¿O vas a quedarte ahí parado mientras te doy una paliza? —Greg sujetó a Julian del cuello, haciéndolo chocar contra una pared—. ¿Eh? ¡Habla, cobarde de mierda!
—Tres contra uno, qué valientes —Colton exclamó haciéndole una llave en el cuello a Greg. De inmediato, lo arrojó al suelo—. Sal de aquí, idiota. Tienes diez segundos o te parto la cara. El tiempo corre.
—¿Y tú quién eres? ¿Su niñera? —exclamó burlón mientras se recomponía.
—No —Colton puso una suave sonrisa irónica—. Soy el que te va a enseñar lo que pasa cuando te metes con la persona equivocada —advirtió—. Vamos. Te quedan tres segundos.
Greg volvió a reír. Colton se mantuvo inmóvil, dispuesto a enfrentarlo. No parpadeó. Finalmente, Greg retrocedió junto a sus amigos, que habían tomado distancia.
—Esto no terminó —amenazó antes de retirarse.
Ambos lo ignoraron. Julian intentó regular la respiración, todavía con la espalda pegada a la pared.
—¿Te encuentras bien? —el rubio asintió—. ¿Quién era ese, eh?
—Es el motivo por el que me fui del anterior instituto —inhaló una bocanada de aire. Reclinado, permaneció con las manos apoyadas en las rodillas—. ¿Por qué hiciste eso? No tenías que ayudarme.
—Tú crees que soy una mierda de persona, ¿no? Crees que esparcí el secreto de Becca y que sería capaz de actuar como esos matones. Bueno, es tiempo de que te des cuenta de que no soy esa clase de hombre —soltó, decidido a sacarlo todo. Estaba harto de ser juzgado por Julian cuando ni siquiera lo conocía de verdad—. Quiero a Becca. La quiero de verdad. Todo lo que he hecho es intentar protegerla. Y jamás... Jamás se me pasaría por la cabeza actuar como un acosador. ¿Qué más tengo que hacer para convencerte de que no soy como ellos?
—Nada —soltó, apretando la mandíbula. Aún repleto de tensión—. Lo reconozco, ¿de acuerdo? Me equivoqué —admitió dejando el orgullo de lado—. Tenía miedo. No es una excusa, es la realidad. Pasé un infierno en el otro instituto; lo único... Lo único que quería era no repetir la historia. Pensé que si me alejaba de todos, nada podría salir mal. Esa es la verdad. Lo lamento, Colton.
—Ya está —se encogió de hombros, restándole importancia—. No te culpo, ¿sabes? Tratabas de protegerte. A ti. A Becca —habló recuperando la calma—. Pero ya no será necesario, no somos como ellos. ¿Está claro?
Julian asintió.
—Gracias —extendió la mano para darle un apretón en son de paz—. Me salvaste de una grande.
—Lo haría de nuevo —aseguró con sinceridad—. Te veo mañana. Hay que ganar, eh —se despidió. Luego, echó a caminar en dirección al estacionamiento.
Sin embargo, no alcanzó a hacer más que unos cuantos pasos.
—Eh, Colton —el muchacho volteó—. Becca confía en ti. Te defendió a capa y espada cada vez que yo dudé de ti. Así que... Bueno, no le rompas el corazón. Entiendes lo que quiero decir, ¿no?
—Tranquilo —los ojos le brillaron. Él tenía la certeza de que creían el uno en el otro. Sin límites. Que existía algo infinito que los unía; como una conexión imposible de interferir o corromper—. Jamás haría algo para lastimarla. De hecho, haría cualquier cosa para hacerla feliz, esté o no conmigo.
La parte sobreprotectora de Julian encontró calma. Eso era justo lo que necesitaba oír.
🤍🏀🤍
Si la historia te gusta, me ayudaría mucho que me dieras estrellitas, comentarios y la recomiendes a otras personas :).
Recuerda añadir la historia a tu biblioteca y seguirme en mi perfil, así no te perderás de ninguna novedad u aviso importante.
Gracias por la lectura y el apoyo.
Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top