42.
ALEJAMIENTO FORZADO
El eco de las risas multitudinarias la persiguió a través del pasillo escolar que recorrió apresurada. Las lágrimas corrían sin permiso, ardían, quemándole las mejillas —no quería llorar, pero la creciente angustia mezclada con vergüenza la impulsaba a hacerlo— e incluso algo tan simple como respirar se volvió una tarea difícil. De pronto, su esfuerzo por mantener su pasado lejos perdió sentido. Todos sabían sobre Sion Creek, lo que la hizo sentir expuesta. Desnuda. Desprotegida. Habría deseado escurrirse por cualquier rendija, pero aquello no sucedió; en su lugar, se encontró con un centenar de miradas curiosas que la observaban como si fuera una especie exótica en peligro de extinción. Una rareza. Incluso algunos estudiantes la contemplaron atemorizados.
Becca, además, siempre había sido introvertida, en particular, acerca de sus asuntos personales. La referencia a su vida sexual fue un golpe bajo. Uno que no se vio venir. Todo aquello terminó de romperla.
Empujó la puerta principal del edificio y salió al exterior; la brisa de aire fresco tocó su piel y ella siguió adelante. No sabía hacia dónde iba; solo quería huir del colegio, esconderse de todos. Avanzó unos centímetros desorientada, hasta que un par de brazos la atraparon por delante. La sostuvieron. Y ella se lo permitió tras reconocerlo.
—Tranquila. Estoy aquí —pronunció Julian abrazándola de un modo fraternal.
—Fue horrible —sorbió la nariz—. Se burlaron de mí... Todos.
—Lo sé, Becca. Ya pasó —habló con suavidad—. Tú no has hecho nada malo. Ellos son los que están mal. Quédate tranquila, el tiempo pondrá todo en su lugar.
—No quiero volver ahí.
—No, claro que no. Vamos a casa. ¿Está bien?
Ella asintió al mismo tiempo que tomó distancia. Luego, se limpió la cara con los bordes del suéter. El vendaje en su mano aún seguía oculto. Julian sujetó su bolso, se lo colgó a un hombro y caminaron hacia la casa.
Al ingresar por el café, Maggie echó un vistazo repleto de preocupación. Estaba sirviendo una mesa —por lo que no pudo acercarse—, pero Julian la calmó modulando a lo lejos: «Luego te cuento. Todo está bien».
En la habitación de invitados, Becca se sentó en la cama —antes pasó por el baño a lavarse la cara— y se recostó sobre el respaldo, todavía agobiada. Poco después, Julian ingresó con una taza de té caliente que dejó sobre la mesita de luz. Él se encontraba confundido; no lograba comprender de qué trataba aquel vídeo que no duró más de un minuto.
—Está bien si no quieres hablar, pero necesito entender, Becca —manifestó preocupado—. ¿Qué fue todo eso que mostró Rowley? —preguntó—. No me refiero a la foto. Eso... Eso fue una estupidez que inventó él. Habló de la secta. ¿Sion Creek?
A ella se le estrujó el corazón.
—Es cierto —confirmó; las lágrimas volvieron a aflorar—. Yo... Antes de llegar al hogar de acogida... vivía en Sion Creek. Sí. Había un líder y éramos todas mujeres viviendo en la misma casa. Profesábamos la religión. Esa... Era mi vida —se encogió de hombros. Luego, reinó un silencio sepulcral y Becca inhaló profundo—. También crees que soy un bicho raro, ¿no?
—Sabes que no, Beck. Eres una de las mejores personas que he conocido en mucho tiempo —aseguró con naturalidad—. Solo trato de comprender. ¿Sí? —Julian se tomó algunos segundos para procesarlo. De pronto, entendió muchas actitudes. Reacciones. Comportamientos—. ¿Alguien más sabe esto?
Becca asintió.
—Colton. Él lo sabe todo —respondió. De repente, algo se despertó en su interior. En medio de aquella crisis de angustia y emocionalmente agotada, el corazón de Becca seguía latiendo por ese chico. Su ángel—. Oh, no. Cole. Debe estar preocupado. Tengo que encontrarlo —atinó a ponerse de pie, pero Julian la detuvo.
Él tenía otras sospechas.
—Creo que lo mejor será que te quedes aquí. Acabas de pasar por algo duro. Intenta descansar un poco, ¿de acuerdo?
—No entiendes, Juls. Cole tiene que saber que estoy aquí.
—Por Dios... —musitó en un susurro, mientras se sentaba a la orilla de la cama y le echaba un vistazo repleto de compasión. Podía ver en los ojos de Becca que realmente amaba a Colton. Sin tiempo. Sin condiciones. Lo amaba en el sentido literal de la expresión—. Quisiera no tener que decirte esto, pero tienes derecho a saberlo. Si Colton... Si él era el único que lo sabía, es probable que él lo haya contado. ¿Comprendes?
Becca negó al instante.
—Cole no haría eso. Él no lo hizo —en su cabeza ni siquiera cabía la posibilidad de que Colton la hubiera traicionado. De ningún modo. Se cruzó de brazos, ofuscada—. No hables así de él.
—Trato de cuidarte, Becca —le echó un vistazo adolorido. Julian sabía cómo se sentía la traición en carne viva. En su pasado había ocurrido algo similar que le trajo como consecuencia la dificultad de confiar en las personas—. Los dos somos nuevos en Lakeville. Ninguno conoce realmente a Colton. Sé que tú confías en él, pero... No podemos fiarnos del todo.
—Yo sí confío. Colton nunca haría nada para lastimarme —insistió. Julian pensó que era demasiado ingenua—. Tienes que dejar de decir todas esas cosas de él porque me hace sentir demasiado triste. Y... en serio. Me lastima —las lágrimas amenazaban con desbordarse otra vez. Exhausta, se cubrió el rostro y se dejó caer en la cama—. No quiero hablar más.
—Está bien. Te dejaré tranquila. Bebe un poco de té, al menos. Te ayudará a relajarte —prometió—. Intenta descansar. Lo necesitas.
🤍🏀🤍
En cuanto encontró un respiro, Maggie se aproximó a su hijo, que organizaba la parte trasera del mostrador. Julian actuaba como un perfeccionista nato cuando estaba estresado. Tendía a obsesionarse con el orden, la limpieza y mantener cada objeto en su sitio. Maggie, madre soltera, había aprendido a preservar la calma en medio del caos. No podía alarmarse ante cualquier nimiedad; el miedo la dejaría obnubilada y no podría responsabilizarse de la situación. Siendo la única responsable de su hijo, Julian creció comportándose como un niño bueno. Nada de traer problemas o expresar preocupaciones; su madre tenía demasiado de lo que ocuparse —ser el sustento de una familia, proveer un techo y mantener un negocio—, así que solía guardarse las emociones oscuras hasta fingir que las había olvidado. Tocó el hombro de su hijo, que de inmediato le puso atención.
—¿Qué está pasando?
—Es Becca. Un imbécil hizo una broma asquerosa sobre ella —comentó impotente—. Tú... ¿Sabías el pasado de Becca? Hablo de que estuvo en una secta —bajó la voz.
Maggie arrugó el entrecejo. Confusa. Entonces, Julian soltó todo: las frases del vídeo, las imágenes y lo que Becca le confesó en la habitación de invitados. Ambos habían predicho que la chica provenía de un contexto difícil y complicado —como cualquier adolescente que llega a un hogar de acogida—, pero ninguno imaginó esa posibilidad. Tan solo llegaron a pensar que quizá su familia de origen era estrictamente religiosa —dado que Becca tenía la costumbre de mencionar a Dios en voz alta, como si todos compartieran su creencia—, aunque la forzada revelación le dio sentido a cada una de esas actitudes.
—Hablaré con ella —aseguró Maggie—. Tenemos que mantener la calma, ¿sí? Nada de presionarla o forzarla a reaccionar de un modo u otro. Todo este mundo es nuevo para ella, debe ser difícil comprender ciertas cosas —determinó con las manos en la cintura—. La paciencia es esencial —murmuró hacia su hijo que, de pronto, había fijado la vista en un punto detrás de ella. Precisamente, en el ingreso de la cafetería.
—¡Ey, ustedes dos! Los quiero fuera de este sitio —exclamó hacia Colton y Shepherd, quienes se acercaban al recibidor. Maggie enseguida volteó para ver la escena—. Ninguno se acercará a Becca.
—¿Te golpeaste la cabeza, amigo? —intervino Shep.
Maggie sostuvo a su hijo por los hombros.
—Cálmate —pidió Colton. Su corazón seguía acelerado. Las palabras se le habían atorado en la garganta, como si hubiera un lazo invisible a su alrededor, presionando—. ¿Becca está aquí? ¿Está bien? Quiero verla.
—Ahora te preocupas —soltó irónico.
—¿Ahora? Sabes que todo el tiempo me preocupo por ella.
—Ella te confió un secreto y tú lo hiciste correr por todo el colegio.
—¿Qué? —lo miró desconcertado—. Eso es ridículo, Julian. Jamás haría algo así —Colton contuvo la respiración. No quería iniciar una pelea, sería una falta de respeto para la madre de Julian, que estaba viéndolo todo—. Mira, no vine a darte explicaciones. Becca sabe quién soy. Confía en mí. Déjame verla o al menos dile que estoy aquí, que ella decida.
—Púdrete, idiota. No vas a volver a verla.
—Ey, chicos. Suficiente —Maggie interrumpió, obligando a su hijo a tomar distancia—. Hay dos mesas sin atender, encárgate —él no se atrevió a cuestionar, sujetó la libreta para apuntar órdenes y se dirigió hacia los clientes.
Mientras tanto, Maggie llevó la vista hacia Colton, que aguardaba desesperado. El pecho le subía y bajaba, agitado. Necesitaba ver a esa chica para volver a respirar. Necesitaba comprobar que estaba a salvo. Robarle una sonrisa. Hacerla olvidar.
—Lo siento, Colton. Eso fue grosero, no debió hablarte así.
—No pasa nada —pasó una mano por su cabello, nervioso—. Por favor, necesito ver a Becca, señora Evans. ¿Puede decirle que estoy aquí? —trató de echar un vistazo hacia el interior, buscándola en algún recoveco—. No quiero que esté sola.
—No lo está, tranquilo. Becca duerme, ¿sabes? Ahora mismo, creo que lo mejor es dejarla descansar. Le diré que estuviste aquí.
Colton no quería marcharse. Vaciló un momento hasta que su mejor amigo le dijo en voz baja «podemos volver más tarde», y supo que mantener la cabeza fría era lo correcto. No sacaría nada bueno si hacía otro escándalo. Además, Maggie le transmitió confianza.
—¿Puedo dejarle una nota?
—Sí. Por supuesto —le extendió un anotador y un bolígrafo.
Le tomó unos largos segundos escribir. Cuando estuvo listo, dobló el papel y se lo entregó a la mujer, que, ante sus ojos, lo guardó en un bolsillo seguro, dispuesta a entregárselo a la chica. Colton atinó a retirarse, pero regresó sobre sus pasos, todavía indeciso. Apretó la mandíbula, bajo la atenta mirada de Julian que, aunque se encontraba trabajando, lo vigilaba de cerca.
—Solo... Cuídenla, por favor. Es todo lo que me importa.
—Lo hacemos, te lo prometo.
🤍🏀🤍
Colton continuó tenso mientras se hundía en el asiento de acompañante de su vehículo. Consideró que estaba demasiado nervioso para conducir. Inhaló y expiró varias veces, acompañado de Shepherd, que se preocupaba constantemente por su salud. La culpa corría por sus venas. Había una verdad impoluta que ninguno podía ignorar: Rowley usó a Becca como venganza. La hirió a ella porque sabía que era la forma más efectiva de lastimarlo a él. Su debilidad. Su punto sensible. Le había dado justo donde más dolía. ¿Lo peor? No había forma de revertirlo. El daño estaba hecho; Becca fue burlada y humillada frente a todo el instituto. Quería aniquilarlos a todos.
El problema no terminaba ahí; Julian estaba seguro de que Colton había divulgado el secreto de Becca —ni siquiera le dio la oportunidad de defenderse—, lo que incrementó su impotencia. Ni siquiera tuvo chance de verla. Darle un abrazo o susurrarle al oído que todo estaría bien, que lo arreglaría, que se encargaría de que nadie más en el instituto volviera a mencionar esa estúpida presentación.
Shepherd atinó a encender el motor.
—Espera —lo detuvo—. No puedo dejarla aquí.
—Será por unas horas, hasta que la situación se calme —dijo con parsimonia—. Maggie parece una adulta sensata. La cuidará.
—No lo entiendes —el cuerpo de Cole volvió a tensarse, repleto de impotencia—. Becca está frágil. Ha pasado por mucho en poco tiempo. Y Julian está tratando de instalar una mentira que le romperá el corazón, si es que ya no lo hizo. Necesito que sepa que no la traicioné. Jamás lo haría.
—Ella lo sabe —expresó seguro—. Ustedes tienen una conexión que ninguno de nosotros es capaz de romper. Ni siquiera Julian. Todo estará bien, solo tienes que darle un poco de tiempo —le aconsejó; el mundo estaba por completo al revés. Lo usual era que Colton tuviera que guiar a Shepherd—. Escucha, esto es lo que haremos. Tenemos entrenamiento en una hora. El partido de caridad es en tres días. Hay que enfocarnos en eso, ¿eh? Se lo prometimos a Kampbell.
Colton resopló, aún frustrado. Fuera de sí.
—Bien. Lo intentaré —aceptó a regañadientes. Tal vez su mejor amigo tenía razón. La situación necesitaba tiempo para acomodarse.
🤍🏀🤍
Si la historia te gusta, me ayudaría mucho que me dieras estrellitas, comentarios y la recomiendes a otras personas :).
Recuerda añadir la historia a tu biblioteca y seguirme en mi perfil, así no te perderás de ninguna novedad u aviso importante.
Gracias por la lectura y el apoyo.
Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top