14
Vierto el líquido caliente en la taza vacía, cuyo vapor asciende y me humedece mis frías mejillas. Dejo la tetera sobre la encimera y me apoyo sobre ésta, intentando organizar en mi mente todo lo que ha sucedido hasta ahora.
Logan está muerto.
Al pronunciar esas tres palabras en mi mente, siento cómo el pecho se me encoge en un desagradable nudo y cómo mi saliva se vuelve tan espesa que soy incapaz de tragar. Quizás Logan no era el mejor tipo del mundo, quizás lo había odiado más que a cualquier otra persona, pero tenía dieciocho años, y nadie tan joven se merece morir.
Cojo aire y yergo la espalda, intentando recomponerme. Agarro la taza caliente entre mis manos y salgo de la cocina, aún descalza y en pijama.
—¿Ally?
Alzo la mirada y encuentro a mi hermano en la mitad de las escaleras, mirándome fijamente con una mezcla de preocupación y confusión.
—¿Qué ocurre? —me pregunta.
—Vete a dormir, Tyler —respondo—. Mañana te contaré todo.
—Pero...
—Por favor —insisto.
Asiente, frunciendo el ceño, y vuelve a subir las escaleras. No es hasta que escucho su puerta cerrarse cuando echo a andar de nuevo hacia el salón.
Harry está sentado en el sofá, envuelto en una manta. Aun así, sus manos entrelazadas siguen temblorosas, y sus ojos, rojos e hinchados, no son más que una mirada perdida. No parece el mismo Harry arrogante e insoportable que llevo años conociendo. Ahora parece tan frágil como la taza que llevo entre mis manos, que en cualquier momento puede caer y hacerse añicos.
Me acerco hasta él y me siento a su lado, aunque no parece inmutarse ante mi presencia.
—Toma —le digo, tendiéndole la infusión de tila—. Te sentará bien.
Baja la mirada hasta la taza humeante y asiente, cogiéndola. Se la lleva a los labios y da un sorbo, aunque la deja ahí, contra su boca, como si el calor que el líquido desprende fuese lo único que necesita en este momento.
Nos quedamos durante varios minutos el uno al lado del otro, en silencio, aunque sé que el ruido de nuestra mente es suficiente para mantenernos ocupados. Miro el reloj que está colocado encima de la repisa de la chimenea, el cual marca las cuatro y cinco de la madrugada.
—Después del partido, nos fuimos a casa de Ethan Baker a celebrarlo. —La voz quebrada de Harry me sobresalta, pero enseguida me dispongo a prestarle atención—. Sus padres no estaban en casa, así que hizo una fiesta a lo grande. Fuimos muchísima gente. Estuvimos horas bailando y emborrachándonos, aunque creo que yo era el más sobrio de la fiesta ya que tenía que conducir de vuelta a casa —añade, soltando una risa carente de alegría.
»Entonces, mientras todo el mundo reía y se lo pasaba en grande, se escuchó un grito. Fue como en las películas: la música cesó de pronto y la gente estaba confusa. Todos comenzaron a salir al jardín, y cuando llegué yo, se habían reunido alrededor de... algo. Algunos comenzaron a soltar gritos de horror, y cuando alguien gritó el nombre de Logan... —Frunce los labios, intentando reprimir las lágrimas—. Me abrí paso a empujones, hasta llegar al centro... y allí estaba su cuerpo.
El labio inferior comienza a temblarle, y antes de que pueda evitarlo, las lágrimas comienzan a recorrer su rostro.
—Estaba rodeado de un charco de sangre —explica, con la voz rota—. Creo que le habían pegado un tiro.
—Dios mío —susurro, horrorizada, cubriéndome la boca con una mano.
—Me fui corriendo —sollozó—. Nada más que vi sus ojos sin vida, me fui. Huí. Le dejé allí tirado, Allison.
Hunde el rostro entre las manos y estalla en un sonoro llanto. No sé qué hacer, porque tengo los ojos anegados en lágrimas y soy incapaz de hablar, así que me limito a colocar una mano sobre su hombro. Trago saliva.
—Harry, lo... lo siento.
Sacude la cabeza, y cuando vuelve a mirarme, su rostro está colorado y húmedo.
—¿Sabes? —dice—. Quizás Logan era un capullo, pero era mi amigo.
—Lo sé —respondo.
—Y estaba cambiando. Estaba trabajando duro por tener un futuro y dejar todas sus mierdas atrás. No era tan mal chico como parecía, Allison. Se merecía una oportunidad.
—Lo sé.
—Y ahora... ahora está muerto.
Noto cómo sus músculos se tensan bajo el tacto de mi mano, pero antes de que pueda detenerlo siquiera, se deshace de la manta y se levanta de un salto, comenzando a recorrer la habitación de un lado a otro, furioso.
—¡Debería haberse ido! —exclama—. ¡Si se hubiese marchado de esta maldita ciudad tal y como quería en vez de repetir curso, ahora no estaría muerto!
—Harry, tranquilízate —digo, poniéndome en pie y acercándome a él.
—¡No! ¡Quienquiera que le haya matado sigue campando a sus anchas! ¡Hay que encontrarle! ¡Hay que...!
—Harry —le detengo, agarrándolo por los hombros con fuerza—. Tranquilízate, ¿vale? La policía se encargará de ello. Investigarán y encontrarán a ese tipo, ¿me oyes? Todo va a ir bien.
Me mira durante unos segundos antes de apartar la vista y asentir, abrumado.
—Ve a casa y descansa —digo—. Mañana lo verás todo con mayor claridad.
Vuelve a asentir.
—Siento haberte molestado a estas horas —susurra.
Niego con la cabeza, indicándole que no tiene importancia, y le acompaño hasta el recibidor. Cuando abro la puerta, una ráfaga de aire gélido provoca que un escalofrío me recorra de los pies a la cabeza, aunque la diferencia de temperatura no parece afectarle a Harry ni lo más mínimo.
Lo observo cruzar el umbral y bajar los escalones, aunque en el último peldaño se gira para mirarme, aún con los ojos hinchados.
—¿Sabes por qué he acudido a ti en lugar de ir a mi casa? —dice, y aunque sé que no espera ninguna respuesta, no puedo evitar sacudir la cabeza—. Porque confío en ti. Siempre lo he hecho.
-
—Chicos, ya hemos llegado —nos avisa mi madre.
Me deshago del cinturón y salgo del coche. Me cierro el abrigo de lana negra sobre el pecho a la espera de mi madre y Tyler, mientras el frío aire me araña las mejillas. Alzo la mirada hacia la enorme entrada del cementerio y recuerdo la última vez que la atravesé, hace seis años, cuando mi abuelo paterno murió.
Las clases han sido suspendidas para celebrar el funeral de Logan, al que, estoy segura, asistirá la mayoría de los alumnos y profesores del instituto; quizás Logan no había sido un chico muy sociable, pero estaba en el equipo de fútbol y era popular. También habrá gente que habrá acudido simplemente por respeto, al igual que yo. Por eso, y porque tengo que hablar con Harry.
Entramos en el cementerio, el cual parece más lúgubre aún debido a las oscuras nubes que cubren el cielo. Tengo que hacer varios esfuerzos para no tropezarme, ya que los pies se me hunden de vez en cuando en el césped, embarrado por las lluvias torrenciales del fin de semana. Diviso a un gran grupo de gente a unos diez metros, todos ataviados con ropas oscuras.
—Es ahí —señalo, cuando reconozco numerosos rostros.
Cuando llegamos, nos abrimos paso entre los alumnos y sus respectivas familias hasta colocarnos cerca del ataúd, colocado encima de un entarimado y sobre el que reposa una corona de flores blancas. Ha acudido mucha gente, más de la que pensaba, y no puedo evitar preguntarme, en un pensamiento egoísta, si todos ellos habrían acudido también si mi cuerpo fuese el que estuviese encerrado en ese ataúd.
Encuentro a la directora Andrews hablando con el pastor que celebrará el funeral, vestida con un elegante y sobrio traje negro. Le dirige una leve sonrisa al hombre como muestra de agradecimiento y ocupa su lugar en un hueco de la primera fila. Los murmullos a mi alrededor cesan de pronto.
—Queridos presentes —comienza a hablar el pastor—. Sentimos una enorme tristeza debido a la partida de Logan Donovan, y más en estas tristes circunstancias...
No tardo en dejar de prestar atención, porque mis ojos no dejan de buscar entre la multitud en la que me encuentro. No veo a ninguna mujer llorando, ni a ningún hombre intentando consolarla mientras el dolor le corrompe por dentro. Nadie. ¿Y sus padres? ¿Acaso Logan era huérfano? ¿Y el resto de su familia? ¿Nadie a acudido a su funeral?
Minutos después, el pastor termina de hablar y recorre el círculo de personas que le rodea con la mirada. Nadie llora, pero todos están tristes.
—¿Alguien quiere decir algo? —pregunta.
Durante un momento, todo el mundo permanece callado. Entonces, alguien levanta la mano. Intento ponerme de puntillas para verle el rostro, pero no lo consigo. Se adelanta unos pasos hasta colocarse al lado del pastor y no puedo evitar aguantar la respiración.
—Mi nombre es Harry —dice—, y Logan era mi amigo.
—Ahora vuelvo —le susurro a mi madre.
Me abro paso entre los que se encuentran delante de mí y me coloco en primera fila. Observo a Harry durante unos instantes, vestido con un traje de chaqueta negro y una corbata a juego, y sus rizos castaños perfectamente peinados hacia arriba. Está impecable, pero su rostro denota un profundo cansancio.
—Logan era joven —continúa—. Tenía toda una vida por delante, una vida que disfrutar. Quizás cometió muchos errores, pero no por ello se merecía que le arrebataran todo de esta manera.
Su mandíbula se tensa y sé que la rabia está comenzando a aflorar dentro de él. Observo cómo la señora Andrews le lanza una mirada de advertencia, pero él la ignora.
—Era mi mejor amigo, y quienquiera que haya hecho esto no se va a salir con la suya.
El pastor le coloca una mano en el hombre en un intento de tranquilizarlo.
—Hijo —le sonríe—, seguro que ahora se encuentra en un lugar mejor, donde no sufrirá ningún daño...
Harry le fulmina la mirada y el labio inferior comienza a temblarle.
—Me da igual el maldito lugar en el que esté ahora —dice entre dientes—. Es aquí donde debería estar.
Y zafándose de su mano, se aleja del hombre, volviendo al mismo lugar que ocupaba minutos antes.
Mientras la señora Andrews da un bonito y emotivo discurso sobre Logan (me extraña que tenga algo bueno que decir, ya que ha sido la encargada de expulsarle al menos cinco veces en el instituto), no soy capaz de apartar los ojos de Harry. Es el único que llora, que muestra signos evidentes de que Logan le importaba de verdad. A su lado, Douglas permanece con la mirada perdida, totalmente ausente de lo que le rodea.
No puedo evitar sentir un pinchazo de desconfianza al mirarlo. La escena que presencié en el vestuario aún sigue en mi cabeza, y no he podido apartarla de ella en todo el fin de semana. Douglas le gritó a Logan que le había destrozado la vida. ¿Sería ese un motivo suficiente para matarlo?
Harry debería saberlo, pero no puedo decírselo. No me tomaría en serio, y mucho menos culparía a uno de sus mejores amigo de matar a otro de ellos. Es algo que solo vi yo. Necesitaría pruebas evidentes para acusarle, y no tengo más que simples palabras y recuerdos.
Cuando salgo de mi enfrascamiento, me doy cuenta de que el funeral ha acabado y que la gente se está marchando. Estoy buscando a mi madre y a Tyler con la mirada cuando una voz a mis espaldas me sobresalta.
—¿Ally?
Me giro, y aunque lo intento, no soy capaz de reprimir una expresión de asombro cuando me topo con la mirada ocre de Paige. Sus ojos están surcados por profundas ojeras y su rostro luce más demacrado que de costumbre, pero aun así, sigue siendo la misma de siempre.
—Paige... —susurro, sorprendida—. ¿Qué haces aquí?
—Me enteré que Logan había muerto —me explica—, así que me ha parecido correcto venir. Por mucho que me haya hecho, no... no creo que se lo mereciese.
Asiento. Permanecemos durante varios segundos en silencio, con el único sonido del ulular del viento y los susurros de las personas que nos rodean.
—Oye, Ally... —empieza a decir, apartándose un mechón del rostro—. Siento lo del otro día. Creo que te debo una explicación.
—No tienes nada que sentir, Paige. Pero, sí —afirmo—. Me gustaría saber qué te ocurre.
—Lo sé. Aunque..., ¿te importa si lo hablamos en otro momento? No creo que este sea el mejor lugar.
—Eh... claro —vuelvo a asentir.
Esboza una sonrisa y me coloca una mano en el hombro en señal de afecto. Después, deja caer el brazo, da media vuelta y comienza a alejarse, sin decir una sola palabra. No pasan ni cinco segundos cuando alguien me toca el hombro de nuevo, aunque estoy tan absorta en mis pensamientos que apenas me doy cuenta.
—¿Nos vamos? —me pregunta mi madre.
—Sí —murmuro, aún confundida.
Echo una última mirada al ataúd antes de marcharnos junto al resto, pero entonces distingo la figura de Harry, con los codos apoyados sobre la superficie del féretro y la mirada clavada en sus manos.
—Esperadme en el coche —aviso a mi madre—. Iré dentro de un rato.
Cuando están lo suficientemente lejos, me acerco a Harry y me coloco a su lado, aunque no se molesta en mirarme. Todo el mundo se ha marchado, así que solo estamos él y yo, aparte del cuerpo sin vida de Logan que encierra el ataúd. Siento un escalofrío cuando pienso en ello e intento poner mi atención en otra cosa, aunque difícilmente lo consigo.
—¿Sabes por qué odio tanto los funerales? —dice Harry, rompiendo silencio—. Porque la mayoría de personas que acuden no sienten de verdad la muerte de esa persona. Aquí todos fingían sentir la muerte de Logan, pero realmente no lo hacían. Solo estaban tristes porque era un chico joven. Pero mañana, o la semana que viene, o dentro de un mes, lo habrán olvidado, y seguirán con sus vidas como si él nunca hubiese existido.
Alza la vista hacia el frente, entrecerrando los ojos. Sigo su mirada instintivamente, así que permanecemos los dos durante un rato observando los rascacielos que decoran el horizonte, en silencio.
—¿Has visto las noticias? —pregunta. Asiento, aunque no me mira—. Los forenses han dicho que murió por una herida craneocerebral producida por un arma de fuego, pero también que tenía varias contusiones y una costilla rota. ¿Sabes lo que eso significa? Que peleó con alguien. Que hubo un tiempo en que pudimos darnos cuenta de que no estaba dentro de la casa, y si hubiésemos llegado a tiempo, podríamos haber evitado que lo mataran.
—¿Y si no hubiese sido así? —digo—. ¿Y si ese tipo o quien fuese, te hubiese matado también a ti o a alguno de tus amigos? Tampoco habrías podido salvarlo, y quizás habrías provocado que este también hubiese sido tu funeral. Torturarte de esa forma no sirve de nada, Harry. No puedes cambiar el pasado.
No contesta, pero sé que está reflexionando sobre lo que acabo de decirle. Se aparta ligeramente del ataúd y se lleva ambas manos a la parte posterior del cuello. Veo que se desprende de una cadena de plata de la que cuelga una chapa metálica, y la cierra en torno a la corona de flores. Después, se gira para mirarme con sus ojos verde oliva, cubiertos por una fina capa de lágrimas.
—Gracias —murmura.
Y tras plantar un beso en mi mejilla izquierda, se marcha.
Nota: He aquí el capítulo catorce, ¿qué os ha parecido? Bueno, supongo que estaréis un poco dudosos respecto a quién habrá matado a Logan, ¿no? Por eso me gustaría escuchar vuestras teorías, aunque antes me gustaría daros dos consejos. Uno: no os vayáis siempre a por lo evidente. Y dos, soy muy retorcida, así que... cualquiera puede haber sido el asesino... jé.
También deciros que me he cambiado el user a "comfortingsounds", como os habréis podido dar cuenta, así que espero que nadie me pierda de vista.
Espero con entusiamo vuestros comentarios y votos. Muchas gracias por leer, ¡os quiero!
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