Capítulo 3.

Capítulo 3.

Desde hacía un par de meses Jonathan hizo de su conocimiento el desagrado que sentía por Henry. Tristán comprendía que era imposible "caerle bien" a todo el mundo, así que consideró que no era una noticia significativa en ese momento.

Pero después Jonathan fue claro y específico; no le agradaba Henry porque miraba demasiado a Tristán, sus palabras.

Objetivamente, Tristán no veía la gravedad del asunto, si él señalara a cada persona que miraba con fascinación a su novio no terminaría nunca. Como la cuñada de Kenneth, el primo de Jonathan, a quien había conocido el verano pasado. La mujer llamada Grace había sido bastante entusiasta alrededor de Jonathan, aun cuando Tristán estaba allí.

Jonathan era atractivo, y no solo físicamente, el hombre tenía una chispa que encantaba a cualquiera, su sonrisa fácil y agradable dejaba a más de uno deslumbrado.

Por su parte, Tristán siempre había sido algo torpe en cuando relaciones sentimentales. Cuando estuvo en la universidad, dos compañeras se le acercaron con intenciones románticas, en ambas ocasiones él lo notó demasiado tarde. En realidad, lo notó hasta que su compañero de cuarto se lo dijo.

"Hombre, ¿cómo carajos escribes historias románticas cuando eres un inepto en el amor?", se había burlado.

Tristán no le tomó mucho interés a ser llamado así.

Ya en el último año, había salido unos meses con alguien, un hombre que, al igual que él, se graduó en literatura. Pero no hubo un esfuerzo o cortejo por parte de ninguno, sino que se conocieron gracias a una cita a ciegas organizada por amistades en común. Después de ello no tuvo ninguna relación seria.

Hasta Jonathan.

Tristán había tardado en darse cuenta de que ese hombre fascinante iba "tras sus huesos". Desde que se conocieron en una firma de libros, Jonathan lo contactó con el pretexto de hablar sobre sus novelas, las cuáles leyó en poco tiempo y también le enviaba algunos regalos.

No fue hasta una tarde que su editora, Lydia, le dijo estando en las oficinas de la editorial.

—Llegó un paquete, es un regalo de tu eterno enamorado.

—¿Mi qué?

Lydia rodó los ojos, —tu enamorado, Jonathan, ¿quién más?

—No es mi enamorado—, argumentó mientras tomaba la caja.

Ella se echó a reír, —sí, cómo no—, y se acercó para ver qué era lo que había dentro del paquete.

Al ver su contenido, Lydia silbó con asombro, —si no está enamorado de ti, no me explico por qué enviaría un vino carísimo.

Y no era cualquier vino, era su favorito.

Tristán recordó las palabras de su antiguo compañero de cuarto, tal vez sí era un inepto en el amor.

Fue entonces que decidió preguntar, ¿estaba Jonathan interesado románticamente en Tristán?

Ante la cuestión tan directa, Jonathan se sonrojó, —si tienes que preguntarlo, definitivamente lo estoy haciendo mal—, había dicho.

Pero ya estando en el tema, Jonathan no se fue por las ramas, le declaró sus intenciones y le "pidió una oportunidad".

Dos años habían pasado desde entonces.

Apenas eran las nueve de la mañana y Tristán se sentía cansado, pese a tener sus horas justas de sueño. Había ido al comedor del hotel para tomar su desayuno, pero estando allí se le quitó el apetito, aun así, se obligó a tomar un vaso de jugo y un pan tostado.

Un poco después, pensando todavía en cómo se había desarrollado la charla por teléfono aquella noche, tomó el elevador para regresar a su habitación.

No supo para qué había llamado su novio, tal vez Johnny quería decirle algo importante, tal vez solo quería escuchar su voz. Lo que fuera, la intervención de Henry no había ayudado en absoluto.

Tristán no había mentido, no compartía la recámara con él, con nadie.

Solo habían estado, ambos, en la habitación de Melissa porque ella les había llamado para revisar el itinerario del día siguiente; al parecer todas las actividades estaban programadas para pasado el mediodía.

Allí la mujer les ofreció una bebida, una copa después de un día completo de andar por varios puntos de la ciudad no le caía mal a nadie. Incluso se quedaron casi una hora más allí charlando y mirando la televisión.

Henry, en un accidente, había derramado la bebida y manchó el suéter de cuello de tortuga de Tristán.

Fue entonces cuando Jonathan llamó, Tristán se había ido al baño para evitar el ruido del televisor; pero no puso el cerrojo ni mucho menos imaginó que Henry irrumpiría de esa manera.

Jonathan había estado molesto con la situación.

Al salir del elevador, caminó por el largo y solitario pasillo del hotel; aún estaba a tiempo, así que pensó que podría llamar a Johnny y aclarar el asunto; luego tomaría una ducha y estaría listo para el primer evento en su agenda del día.

Pero cuando dio la vuelta en la esquina vio a Henry parado junto a la puerta de su habitación, parecía estarle esperando.

Camino los pocos metros que le faltaban y se detuvo enfrente a su puerta, mirando a Henry, esperando que le explicara por qué estaba allí; tal vez Melissa le había enviado para darle algún mensaje o aviso.

Pero no, aparentemente había ido por su cuenta.

—Lo siento—, se disculpó Henry.

Cuando Jonathan le dijo acerca de una fotografía, Tristán se dio a la tarea de investigar inmediatamente, pero no tuvo que hacer mucho, casi enseguida su cuñada Ámbar le envió la captura de pantalla.

Entonces le pidió a Henry que la borrara; Melissa, la jefa de Henry también se enteró y le llamó la atención a su subordinado de manera enérgica; Tristán era una figura pública y las revistas no dudarían en especular sobre la fotografía.

—Ya, no te preocupes por ello; solo no lo vuelvas a hacer, por favor—, dijo Tristán al momento que metía la mano en su bolsillo buscando la llave de la habitación.

—Claro que me preocupa, te incomodé—, explicó el hombre; era joven, veintiocho años; tenía la misma altura que Tristán, pero era un poco más robusto, se notaba su dedicación en el gimnasio.

El escritor asintió con la cabeza, —por supuesto que lo hiciste, no puedes simplemente tomar fotografías y exponer a las personas sin su permiso.

Henry se acercó un paso antes de preguntar, —¿en verdad te preocupa tu imagen, o solo lo dices porque el asunto te causó problemas con Jonathan?

Tristán frunció el ceño, —por favor, no metas a Johnny en esto.

Henry se encogió de hombros, —no estarías expuesto a los chismes de las revistas si él no se escondiera.

—¿Esconderse?—, Tristán se preguntó de qué estaba hablando.

—Oh, vamos, el hombre le teme a la atención pública; cualquiera estaría encantado de ser fotografiado a tu lado.

—Eso no es-

Tristán cortó su argumento cuando Henry le tomó desprevenido, sosteniéndole las manos, las juntó para acunarlas entre las suyas y dijo, —yo estaría encantado de permanecer contigo; Tristán, me gustas como no tienes idea—, declaro el más joven y se atrevió a pedirle, —solo dame una oportunidad, por favor; Jonathan no tiene porqué saberlo.

E inesperadamente se reclinó sobre él y unió sus bocas.

Una mano de Henry se posó en la cadera de Tristán, mientras que con la otra aún mantuvo sujetas las del escritor.

Tristán se mantuvo quieto, su mente permaneció en blanco, ¿qué diablos estaba sucediendo? Se sintió desubicado, todo era tan surreal.

Sintió los labios resecos del hombre sobre los suyos, succionando con torpeza, pero no fue hasta que su lengua intentó abrirse paso cuando reaccionó.

No podía retroceder, la puerta estaba justo a su espalda; así que zafó una de sus manos del agarre y le empujó por el pecho deshaciendo todo el contacto.

—Henry, creo que esto es inapropiado—, dijo.

—¿Crees que es inapropiado? ¡¿En serio?!

Tristán viró tan rápido hacia donde proveía la voz que fue un milagro no torcerse el cuello.

Jonathan estaba allí de pie, justo en la esquina del pasillo, por donde él mismo había doblado minutos antes. Llevaba consigo una de las maletas con ruedas que habían comprado a juego el mes pasado con la idea de salir de viaje juntos.
¿Cuánto tiempo había estado allí?
¿Habría visto lo que ocurrió?
Tristán se sintió mareado, tanto así que tuvo que sostenerse del marco de la puerta.

Para su infortunio, Henry no se movió de su lugar.

.

Jonathan no había dormido bien; el día anterior, solo dejó a Fiona y fue en busca del vuelo más próximo a la capital, estuvo un par de horas en el aeropuerto debido a un retraso, apenas había conseguido el asiento.

Y ahora estaba allí, en el hotel donde Melissa le había dicho.

Eran alrededor de las nueve de la mañana, no había desayunado, pero pensó primero en buscar a Tristán y luego invitarle a comer fuera.

Con la cabeza un poco más fría ahora pensaba que tal vez había exagerado las cosas; tal vez se había comportado de forma irracional.

—¿En verdad te preocupa tu imagen o solo lo dices porque el asunto te causó problemas con Jonathan?

Exactamente antes de volver a la esquina, por el pasillo, escuchó la voz de Henry; la mención de su propio nombre lo dejó petrificado. Se detuvo justo antes de asomarse; se sintió fuera de lugar escuchando una charla ajena, pero luego se dijo que no estaba mal, pues estaban hablando de él.

—Por favor, no metas a Johnny en esto— respondió Tristán.

—No estarías expuesto a los chismes de las revistas si él no se escondiera.

—¿Esconderse?

Jonathan cerró su mano libre en un puño, con la otra tiraba de su maleta. ¿La alimaña creía que se escondía? Probablemente sí, Johnny tenía una idea de cómo era eso de ser fotografiado, que los medios te buscaran e incluso hostigaran para una entrevista; su padre era una figura conocida en el mundo de la vitivinicultura y de adolescente se dio cuenta de ello.

—Oh, vamos, el hombre le teme a la atención pública; cualquiera estaría encantado de ser fotografiado a tu lado.

Ser llamado cobarde le crispó los nervios, la comadreja iba a escucharle, así que dio la zancada que le llevaría a dar la vuelta por la esquina.

—Eso no es-

Fue testigo de cómo Tristán cortó su argumento cuando Henry le sostuvo las manos y las juntó para acunarlas entre las suyas, —yo estaría encantado de permanecer contigo; Tristán, me gustas como no tienes idea, solo dame una oportunidad, por favor; Jonathan no tiene porqué saberlo.

Vio cómo Henry se inclinó hacia Tristán y unió sus bocas; una mano de Henry se posó en la cadera de Tristán, mientras que con la otra aún mantuvo sujetas las del escritor.

Jonathan quiso apartar la mirada y salir huyendo, pero no lo hizo; él no era quien estaba haciendo algo incorrecto.

Contó hasta tres, entonces vio a Tristán zafar una de sus manos del agarre y empujar al otro.

—Henry, creo que esto es inapropiado—, dijo el escritor.

—¿Crees que es inapropiado? ¡¿En serio?!— Jonathan no pudo contener su exclamación sarcástica.

Tristán volteó rápido hacia él y en seguida su rostro se tornó pálido, casi como una hoja de papel. Por supuesto, ¿cómo más reaccionaría al haber sido sorprendido en esa posición?

Jonathan se obligó a mantener la compostura, respiró con fuerza y cuadró los hombros antes de caminar hacia ellos sin apartar la mirada de Henry. Cuando los labios de la alimaña se curvaron en una ligera sonrisa burlona, Jonathan apretó los dientes, tenía muchísimas ganar de golpearle en el rostro.

—Jonathan...— musitó Tristán, probablemente el escritor debió haber percibido su intención, porque lo sujetó del antebrazo.

Como si fuera un recordatorio de que no estaban solos, una puerta al fondo del corredor se abrió y una familia de cuatro integrantes salió de su habitación, uno de los padres llevaba al más pequeño en brazos; ellos dijeron algo, pero por la distancia era ininteligible, después tomaron el camino opuesto, hacia el otro elevador.

—Vete— exclamó Jonathan mirando a Henry, —no quieres armar un escándalo aquí, ¿o sí?

Henry tuvo el descaro de mantener la sonrisa y la mirada, pero luego de un par de segundos, dio media vuelta y se fue tomando al mismo camino que aquella familia.

—¿Johnny?— volvió a exclamar Tristán, pero Jonathan se zafó de su agarre, tal vez demasiado fuerte.

—Mejor hablemos dentro.

Tristán asintió y mientras introducía la llave en el cerrojo notó el ligero temblor de sus manos. ¿Qué le sucedía?

Jonathan siguió a Tristán al interior, le vio caminar lento y luego dejar la llave en el mueble cercano, donde había un par de tazas y una cafetera.

Cuando el escritor dio media vuelta para enfrentarle aún seguía algo pálido.

—Johnny esto- esto—, tragó duro, —esto no es-

—¡¿No es qué?! ¿No es lo que parece?—, le interrumpió Jonathan molesto.

Tristán no contestó solo bajó la cabeza, mirando el suelo.

Jonathan se pasó la mano por el rostro y el cabello, estuvo a punto de tirar de él, luego dijo más calmado, —¿sabes?, después de pensar las cosas me convencí de que yo había exagerado, que era paranoia mía, que fui demasiado lejos al acusarte así; vine dispuesto a disculparme por haberme comportado de esa manera, no pensé encontrarte en sus brazos.

—Las cosas no son así—, Tristán se enderezó y alzó la mirada, —si me dejaras explicarte te darías cuenta de que no fue algo serio.

Las cejas de Jonathan se elevaron, —¿no fue serio?

Tristán sacudió la cabeza, —quiero decir que-que lo que viste no fue... — se quedó callado al momento que se sujetaba del mueble donde había dejado la llave y volvía a mirar al suelo.

Cuando pasaron cinco segundos y Tristán ya no dijo más, Jonathan se relamió los labios y suspiró, —necesito pensar, no creo que pueda continuar así.

—Johnny, no-

Pero Jonathan le dio la espalda dirigiéndose a la puerta; —es mejor si nos damos un tiempo— y sin esperar su respuesta, se fue.

Tristán se sujetó con más fuerza de la orilla del mueble; estaba mareado y con una sensación sofocante en el pecho, muy cerca de la boca del estómago.

Se obligó a respirar con calma, pensando que en cuanto la sensación de vértigo disminuyera iría tras Jonathan.

No lo logró, una inesperada arcada escapó de su boca y la poca fuerza que pudo reunir la usó para trasladarse hasta el cuarto de baño. Sosteniéndose del lavabo se deslizó hasta sentarse junto al retrete y lo poco que había ingerido hacía menos de una hora fue devuelto.

¿Era posible seguir vomitando cuando tu estómago ya se encontraba vacío? Tristán no lo sabía, solo quería dejar de sentirse así de mal.

Por segunda ocasión tiró de la cadena y esperó a que las náuseas no lo asaltaran de nuevo.

Todo estaba mal, en solo un minuto la situación se había convertido en un desastre.

Fue torpe de su parte no apartar a Henry, en el momento en el que el hombre invadió su espacio personal debió alejarse, pero se sintió aturdido. Literalmente aturdido, estaba mareado.

No sabía si era una excusa razonable, pero era lo que había sucedido; y ni siquiera había podido darle una explicación a Jonathan.

Considerando que ya no vomitaría de nuevo, se sostuvo del lavabo y se enderezó; le sorprendió su reflejo, estaba algo pálido y con los ojos vidriosos.

Se lavó el rostro y la boca; se sentía cansado, demasiado, no solo era sueño, era como si hubiera corrido un maratón.

Así que, al salir del baño tomo su teléfono y mandó un mensaje de texto a su agente pidiéndole que cancelara sus compromisos para ese día y el siguiente, no quería ser molestado, sin excepción; luego se echó a la cama. Cerró los ojos y deseó que todo fuera un mal sueño.

No lo era.

Las náuseas le despertaron y el malestar le recordó lo que había sucedido hace -¡¿apenas cuarenta minutos?! Miró su reloj de pulsera y gruñó molesto antes de que su teléfono sonara.

—¿Qué sucede?— preguntó Melissa sin rodeos al otro lado de la línea, —no puedes cancelar solo así.

—Inventa la excusa que creas conveniente, no me importa—, en verdad no le importaba.

—Ya lo hice, pero me debes una explicación.

Tristán suspiró, —creo que tengo una infección estomacal.

Melissa tarareó pensativa, —en estos últimos días hemos estado comiendo lo mismo, yo estoy perfectamente.

—Bueno, no sé qué será, pero no me encuentro bien.

—Iré a tu habitación—, dijo y colgó.

----------

ESPACIO PARA CHARLAR.

¡Upsi! Me gusta el drama (ja, ja, ja).

No olviden que esta historia es parte del evento Agosto MPreg organizado por @IlitiaF

Recuerden también que pueden encontrarme en FB como "Índigo: El baúl del tesoro."; mi foto de perfil es la misma de aquí.

Esta historia consta de 5 capítulo, así que ya vamos a la mitad.

Gracias por su atención.

Nos leemos mañana. 

Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top