Capítulo 2.
Capítulo 2.
Tessa amaba a sus tres hijos.
Joel era el mayor, él se graduó de una de las mejores universidades del país y actualmente dirigía junto con su padre la empresa familiar, una que tenía reconocida presencia en el mundo de la vitivinicultura. A sus treinta años, Joel se desenvolvía muy bien en el departamento de exportación.
Ámbar era la menor, ella tenía veintidós años y todavía no terminaba la carrera de finanzas; aun así, siempre encontraba tiempo para salir de viaje con sus amigos.
Jonathan era su segundo hijo y, por qué no decirlo, probablemente su favorito; eso era tal vez porque Jonathan siempre estaba cerca de ella. Jonathan había decidido hacer algo diferente a sus hermanos, él no se ocuparía de los asuntos de la empresa familiar, por eso estudió programación e informática; Tessa no era conocedora de los tecnicismos, pero sabía que era algo referente a las computadoras.
Cuando Jonathan anunció su deseo de asociarse con su mejor amiga y crear una empresa dedicada a la programación, Tessa fue la primera en respaldarle financieramente. Jonathan le aseguró que sería solo en calidad de préstamo, pero a Tessa no le importaba, ella apoyaría en todo lo que pudiera a su segundo hijo.
Jonathan, a sus veintiséis años vivía en su propio apartamento, pero regularmente iba a casa a visitar a su madre.
Tessa estaba feliz con ello, tenía a su segundo hijo en la misma ciudad y no pasaba ni una semana sin verlo.
En cambio, su marido e hijo mayor estaban siempre ocupados con el viñedo y las exportaciones de vino; mientras que Ámbar, sino se encontraba en los dormitorios de la escuela, estaba de vacaciones en el extranjero.
¡Ah!, y también estaba Tristán.
Tristán era un hombre de treinta y dos años, incluso más grande que el mayor de sus hijos; eso incomodaba a Tessa, además claro de su ocupación, ¿qué no un hombre de su edad debería estar haciendo algo más productivo que solo escribir cuentos?
Desde el primer instante en que lo supo, Tessa se mostró inconforme con la relación sentimental de Jonathan y Tristán; pero luego se dio cuenta de que su rotunda negativa solo podría alejar a su preciado hijo.
Así que decidió cuidar y cambiar el trasfondo de sus comentarios.
—Tu tía Mónica llamó ayer—, dijo aquella tarde, cuando Jonathan llegó a visitarle como cada fin de semana.
—Hace un tiempo que no sé de ella, ¿cómo le ha ido?—, preguntó Jonathan al tomar una galleta del platón.
—Muy bien—, contestó Tessa, acercó la taza a sus labios y dijo justo antes de beber su té, —ha estado ocupada organizando el baby-shower de tu primo Kenny, será en unos días.
Las pobladas cejas de Jonathan se elevaron, —¿su baby-shower?
—¡Oh! ¿No te lo dije? Tu primo Kenny está embarazado.
—No, mamá; no me lo dijiste.
Ella llevó la mano a su pecho, —estaba segura de que te lo había dicho.
—Ajá, sí—, exclamó Jonathan dando un mordisco a la galleta.
—Kenneth está muy entusiasmado, está en la edad perfecta para tener su primer hijo—, declaró la mujer.
Jonathan la miró, esperando y suponiendo lo que vendría.
—Tu tía Mónica está muy feliz, yo también lo estaría si fuera a tener mi primer nieto— finalizó Tessa.
Jonathan rio, —esta charla deberías tenerla con Joel, no conmigo, él está en la edad perfecta para tener su primer hijo—, enfatizó el hecho de que su primo Kenneth y Joel eran de la misma edad, treinta años.
—No dudo que pronto nos dará la sorpresa— dijo con esperanza Tessa, —tu hermano no anda perdiendo el tiempo, recién se comprometió y ya en enero será la boda, estoy segura de que antes de cumplir treinta y dos tendrá su primer hijo.
Jonathan dejó el último trozo de galleta en el platón y se sacudió las manos, —mamá, ya sé a dónde vas con todo esto.
—¿De qué hablas?
—Solo dilo, ¿de acuerdo?—, le instó Jonathan.
Tessa suspiró, —hijo, sabes lo que pienso, Tristán es muy mayor para ti.
—Papá es ocho años mayor que tú— argumentó.
—Es diferente, él siempre fue serio conmigo, nos comprometimos al año de haber comenzado a salir.
—Tristán y yo somos serios—, defendió Jonathan.
Tessa dejó la taza sobre la mesa antes de soltar otro argumento, —si se casan, no puede seguir solo escribiendo esos cuentuchos, no me parece justo que únicamente tú seas el sostén económico de la casa.
Jonathan la miró y sacudió ligeramente la cabeza, —mamá, debo irme, es algo tarde—, se acercó y le besó en la sien.
—No lo es—, se quejó ella.
—Tengo mucho trabajo por hacer, muchísimo, no te lo imaginas— sentenció, —que pases una linda noche— y sin más se fue.
Bueno, tal vez Tessa había perdido una batalla, pero no la guerra.
Y lo supo cuando una semana después Jonathan estuvo estresado y preocupado por tener que hacer un nuevo videojuego, o algo así.
Entonces él no tuvo tiempo de visitarla, pero Tessa usó ese pretexto para ir ella a su departamento.
Así se enteró de que Tristán no había estado allí en días, pues viajó para atender una campaña publicitaria, lo que eso significara aplicado a sus cuentecillos y novelas.
Tessa terminó de preparar el croissant en la pequeña cocina del apartamento y lo llevó en un plato hasta el escritorio de su hijo, quien parecía no haberse alejado de su computadora en días.
—Gracias—, dijo él sin mirarla, parecía solo hablar en automático; su atención estaba en el monitor.
Tessa no se inmutó ante ello, sino que se sentó al lado y comenzó a mirar las redes sociales en su teléfono móvil, hasta que encontró una nota sobre una feria del libro.
Había mucho texto y también muchas fotografías; revisó las imágenes hasta que encontró una de Tristán, el hombre vestía un suéter sencillo color negro de cuello de tortuga y una gabardina del mismo color, su cabello castaño estaba atado en una desordenada coleta y tenía también anteojos, sin duda era un hombre guapo y sabía cómo vestir, eso Tessa debía admitirlo.
Pero también estaba alguien más, el sujeto llamado Henry. Tessa no sabía muy bien el papel que desempeñaba solo sabía que no era del agrado de Jonathan.
Tessa lo averiguó tres meses atrás, cuando su estrategia fue soltar comentarios al azar insinuando que Tristán no era serio y que podría estar viendo a alguien más; ella notó lo tenso que su hijo se ponía cuando se mencionaba a Henry en la misma ecuación. Puede que ante los demás Jonathan lo ocultara, pero Tessa era observadora y conocía bastante bien a su hijo; allí había algo. Y si ese algo podía usarlo a su favor, con mayor razón lo haría.
—Oh, mira, Tristán está en una foto—, dijo algo despreocupada.
Jonathan solo detuvo sus dedos un instante y luego continuó con su trabajo, —sí, le invitaron a la presentación del libro de uno de sus colegas— explicó sin dejar de observar su computadora.
—Ya veo, el lugar a donde fue es muy bonito, mira—, le extendió el teléfono móvil, justo con la fotografía donde Henry estaba tocando el antebrazo de Tristán; Tristán estaba ligeramente inclinado hacia él, como si quisiera escuchar lo que Henry le estaba diciendo al oído.
Por el gesto de Tessa, Jonathan no pudo volver a ignorarla, miró hacia el teléfono móvil y un segundo después deseó no haberlo hecho.
Henry estaba sonriendo cándidamente; era obvio que sabía que los estaban fotografiando, no había manera en que esa alimaña no se diera cuenta, era su trabajo saberlo.
Jonathan exhaló de manera algo ruidosa y continuó su trabajo.
—Hijo, te lo dije, no me parece justo que tú estés aquí trabajando hasta tarde mientras Tristán solo va a pasear a la capital.
—Mamá, en serio, no estoy de humor para ese tema—, le dijo sin dejar de mover los dedos sobre el teclado.
—Está bien, me voy—, se levantó de su lugar y se acercó a su hijo a besar su frente, —no duermas tarde, ¿de acuerdo?
Jonathan asintió y se despidió de ella.
Esa fotografía donde Henry estaba tocando el brazo de Tristán mientras le decía algo al oído no le gustaba en lo absoluto. Mucho menos cuando leyó la nota completa, donde se especulaba que Henry era la pareja del escritor.
Claro, se sabía que no era soltero, pero al no saber la identidad del novio, los medios comenzaban a especular. Y cómo no hacerlo con el sujeto que se veía muy contento del brazo de Tristán.
Miserable; si antes no le agradaba Henry, ahora en verdad lo odiaba.
Meses atrás habían existido cotilleos sobre el noviazgo de Tristán, algunos de sus amigos del medio y otros escritores habían sido objeto de las habladurías de las revistas colocándolos como "el posible novio secreto".
En ese entonces a Jonathan no le importó, hasta gracia le causó.
No con Henry, había algo en ese gusarapo que simplemente no le agradaba.
Y, según Jonathan, Tristán tampoco cooperaba, es decir, el hombre era "demasiado amable" con Henry.
Al diablo con parecer inseguro, Jonathan se lo había dicho; con ese comportamiento, Tristán le estaba dando alas a la alimaña.
Tristán juró que no era cierto y ese fue el motivo de su desacuerdo justo antes de que se fuera de viaje, cuando Jonathan le llevó al aeropuerto.
El estado de ánimo de Jonathan empeoró esa misma noche cuando el programa en el que había trabajado por dos días seguidos no compiló.
Lo peor vino media hora más tarde, cuando su hermana le mandó un mensaje a su teléfono móvil.
<<Para tu información>> había escrito Ámbar al adjuntar la imagen.
Era la captura de pantalla de una red social popular y la cuenta en cuestión pertenecía a Henry; se veía una selfie en una habitación de hotel, Henry tenía varios de los botones de su camisa abiertos mientras posaba para la fotografía y al fondo estaba Tristán. El escritor no miraba a la cámara, sino que se encontraba de perfil mientras bebía algo en un vaso de poca altura, ya no vestía la gabardina negra, se veía cómodo y relajado.
La fotografía que Henry subió a su red social no tenía ninguna nota ni etiqueta, pero estaba en modo público, sino Ámbar no habría podido obtenerla.
La alimaña lo había hecho apropósito, sabía que eso era suficiente para que la gente especulara.
Pasaban de las diez de la noche, pero no le importó, marcó el número de Tristán.
—Cariño, ¿qué sucede?— la voz amortiguada de Tristán le contestó al sexto timbre, Jonathan escuchó que había algo como un murmullo de fondo, tal vez era la televisión, —¿por qué llamas a esta hora?
Jonathan suspiró ordenando sus ideas, había llamado en un impulso, así que decidió tantear al terreno, —no te desperté, ¿verdad?
—No, nada de eso—, dijo el escritor, luego hubo calma.
Seguramente apagó el artefacto o le bajó el volumen, pensó Jonathan.
—¿Para qué has llamado, está todo bien?—, repitió la pregunta.
Jonathan pensó que no debía pensar mal, Tristán no ocultaba nada, la insistencia en la cuestión se debía a la hora, sí eso era.
¿Pero qué debía decir? Si comenzaba a hablar de su mal día solo sería un novio quejumbroso. ¡Demonios! Debió pensarlo mejor antes de marcar el número.
Ahora tendría que decir la verdad, que lo extrañaba.
—Yo solo-
—¿Tristán, aquí estás?—, de repente el murmullo de fondo se escuchó de nuevo, ¿y esa era la voz de Henry?; —toma, mejor usa esta bata de baño.
Sí, esa era la sabandija.
Tristán agradeció, luego una puerta se cerró con fuerza y la calma volvió de nuevo.
—¿Estás encerrado en el baño de la habitación del hotel?—, preguntó Jonathan.
—Sí.
—¿Por qué? ¡No, espera! Mejor dime, ¿estás compartiendo habitación con Henry?
—No.
—Estás mintiendo—, casi escupió Jonathan.
—¿Por qué habría de mentirte?
—Porque sabes que me molesta.
—Creo que te estás excediendo.
—¡¿Yo me estoy excediendo?! ¿Qué hay de esa fotografía? Te aseguro que será material suficiente para los tabloides de chismes.
—¿Cuál fotografía?
—Esa, donde está casi desnudo en la misma habitación que tú —, bien, Johnny exageró al decir que estaba casi desnudo, pero qué importaba.
—¿Qué?
—Te lo dije, le das demasiadas libertades—, repitió Jonathan lo que le había dicho antes de separarse en el aeropuerto.
Tristán suspiró, indicio que la situación le estaba disgustando o cansando, —averiguaré sobre esa fotografía y hablaré con él—, dijo después de unos segundos.
—¿Y ya, eso será todo?—, se burló Jonathan, —¿así se arreglará el asunto?
—No sé qué más quieres que haga.
Jonathan resopló, —¿sabes qué?, iré a dormir; es tarde, deberías hacer lo mismo.
—Johnny, espera-
—No, de verdad, estoy cansado, tengo sueño, fue un día largo y quiero ir a la cama ahora.
—Está bien— no insistió Tristán.
El día siguiente no fue mejor cuando la competencia liberó más detalles de su nuevo producto, el cual estaría en los mercados para fin de año.
La cosa prometía mucho y los fanáticos de los videojuegos habían reaccionado positivamente a ello.
Jonathan quería... quería...
—Tranquilo, Johnny—, Fiona le sonrió, —lo solucionaremos.
Él negó con la cabeza y apretó los labios.
—No es el fin del mundo—, dijo ella, pero sabía que no importaba, su amigo no mejoraría hasta que lo dejara salir, así que solo esperó.
Jonathan pasó la palma de su mano de manera descuidada por su mejilla cuando cayeron algunas lágrimas.
—No lo entiendes—, dijo él y tragó duro, evitando que la voz se le quebrara, —es como si... — se relamió los labios, —como si hubiera perdido algo muy valioso.
Fiona espero, no era la primera vez que presenciaba una escena como esa, Jonathan no era tímido en mostrar sus emociones, al menos no frente a su familia y amigos.
Minutos después ella dijo, —¿sabes?, creo que esta experiencia podríamos tomarla como ejemplo, no puede ocurrir de nuevo; somos una empresa joven, con mayor razón debemos aprender de los errores.
Las cejas pobladas de Jonathan se fruncieron, —¿se supone que eso me haga sentir mejor?
Fiona se encogió de hombros y sonrió tímida, —no lo sé, eso espero.
Jonathan se obligó a sonreír y, ya más tranquilo, limpió de nuevo la humedad en su rostro; llorar era su forma de mitigar la desesperación, eso lo había descubierto desde su adolescencia y no le molestaba admitirlo. Al menos él no tenía la tendencia a romper cosas, como su hermana. Ahora que ya no sentía como si fuera a ahogarse, suspiró menos tenso.
—¿Qué te parece si te tomas unos días?— sugirió Fiona palmeándole en hombro.
—¿Eh?
—Aún hay varios proyectos activos, los muchachos y yo podemos manejarlo, la empresa no se va a caer si desapareces una semana.
Cuando Fiona dijo "los muchachos" se refería a su asistente y al grupo de programadores que trabajaban un piso abajo, empleados de JoyFul.
—No lo sé, si hago lo que dices no se podrá cumplir con el plazo, no estaría listo para diciembre.
—Eso no importa, cuando regreses seguro tendrás nuevas ideas, y si no se puede cumplir con la fecha, entonces será para el próximo año—, le guiñó el ojo, —¿así que, por qué no alcanzas a Tristán en la capital, eh?
Jonathan apretó los labios al recordar cómo había finalizado su llamada la noche anterior. Pero la idea de Fiona no era mala, la última vez Tristán había llegado de imprevisto a su oficina, él podría hacer lo mismo en esta ocasión y darle una sorpresa.
Según el itinerario, Tristán aún estaría dos días más en la capital. Era común que antes de cada viaje Tristán compartiera los detalles con él. En esta ocasión, Jonathan tuvo el cuidado de llamar a Melissa, la agente de Tristán, para saber dónde encontrarlos; diciéndole, por supuesto, que quería que fuera una sorpresa.
Y vaya sorpresa.
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ESPACIO PARA CHARLAR.
Bueno, ya conocieron un poquito a la madre de Jonathan, ahora saben por qué en la sinopsis se mencionaba "una madre entrometida". Recuerden que esta es una de las historias que participan en evento Agosto MPreg organizado por @IlitiaF
Se viene el drama (ja, ja, ja).
Muchas gracias por estar aquí.
Nos leemos mañana.
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