Capítulo 2:
Terminaba de estirar en la clase de gimnasia cuando vi a dos de los pyasos de ayer rondar la zona. No les veía nunca y de la nada hoy no oaraba de encontrármelos. Había conseguido evitarlos pero esta vez caminaron hacia mí y no tuve tiempo de escabullirme. Me crucé de brazos y esperé a que llegaran hasta mí.
- ¿Qué coño queréis? Seguimos en el instituto- dije mirando al profesor de gimnasia.
No serían tan imbéciles de empezar una pelea en una clase.
- No, no. En realidad venimos... venimos a disculparnos.
- Y yo para que coño quiero vuestras disculpas.
- No hace falta que las aceptes pero si te pregunta dile que te hemos pedido perdón - suplicaron agachándo las cabezas.
- ¿Si me pregunta quién? - pregunté confusa.
- Kieran.
- Se lo dirás, ¿no?
Apreté la mandíbula. Kieran, ese era su nombre.
- Pedazo de... - comencé a decir mientras me giraba.
Caminé por los pasillos sin tener ni idea de cual era su clase. Acabé por volver al vestuario a cambiarme y coger mis cosas, y me salté la clase. Sabía que era de último curso al igual que yo, por lo que esperé a ver donde se acumulaban más chicas en el cambio de clase. Las aparté a empujones entre miradas de desaprovación y alguna incluso me tiró de la camisa o del pelo. Me topé de fremte con el culpable de mi mala hostia.
- Ey - me trató de saludar.
Le agarré de la muñeca y tiré de él hasta una de las aulas vacías.
- ¿Cuál es tu puto problema? - gruñí.
- Pues ahora mismo diría que haberte cabreado.
- Te dije claramente que no quería tu puta ayuda. Métete en tus putos asuntos.
- Menudo vocabulario.
- ¿Es que te molesta?
- No. Lo cierto es que me resulta atractivo - dijo inclinándose sobre mí.
Aquello me sorprendió y aunque quería apartarle no iba a dejar que ganara.
- No. Necesito. Tu ayuda - dije alzando la barbilla y acercándome yo esta vez.
- No recuerdo haberte ayudado.
Quería estrangularle.
- Han venido dos payasos a "pedirme disculpas". ¿No te suena de nada?
- Tal vez se han dado cuenta de sus errores.
- No te metas en mis putos asuntos.
KIERAN:
Aún seguía ligeramente inclinado sobre ella cuando se giró y salió de la sala. Resultaba divertido verla enfadada. Dean entró en la sala vacía y se acercó a mí.
- ¿Todo bien?
- Mejor - sonreí.
- ¿Qué se te ha perdido con ella? Con la de tías que te rondan.
- Es divertido enfadarla.
- Yo que tú no haría eso. Es como un animal con la rabia.
- Parece que tiene mucha reputación pero no sé quien es.
- Deianira. La metieron en un reformatorio hace un par de años y parece que le han dejado volver para el último curso.
- Así que se fue justo cuando yo llegué. Una pena.
- De pena nada. Creéme. Siempre andaba metida en peleas y en líos. Era incluso más violenta de lo que es ahora.
- Me recuerda a un gatito negro de la calle. Con muy mal humor pero realmente adorable. Tal vez solo necesite encontrar una latita de atún a su gusto - murmuré.
- Estás enfermo - dijo pasándome el brazo por los hombros entre risas.
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