Capítulo 1:

Me senté en el bordillo mientras notaba la sangre gotear desde la nariz. La camisa blanca del instituto ya se habia echado a perder así que agarre el puño y lo usé para detener la hemorragia. La sangre de un rojo oscuro tiñó la tela rápidamente.
- ¿Necesitas ayuda? - preguntó alguien deteniéndose frente a mí.
Alcé la vista unos segundos y distinguí el uniforme del insti. Su rostro también me era familiar pero aparté la mirada y rechacé su mano.
- No - respondí apartando la mano para mirar la sangre de la manga.
- ¿Quién te ha hecho esto? - preguntó acuclillándose frente a mí.
- No necesito ayuda - insistí.
Con un segundo vistazo le reconocí. Era difícil no conocerle. Cada vez que se paseaba por el instituto una horda de chicas le seguía entre gritos. Kurtis, tal vez Kentin. No, era un nombre menos común. Pareció abrir la boca para volver a hablar pero nl quería oir una palabra más. No necesitaba su ahuda ni su compasión.
- No soy una damisela en apuros. Puedo solucionar mi propios problemas - gruñí con la mariz medio taponada.
No debía haber sonado muy seria porque aquello le saco una media sonrisa.
- Pues no lo parece - se burló.
- Deberías ver al otro - me mofé.
Me miró interrogante y yo señalé con la cabeza a un chico de nuestro curso al orro lado del parque. Estaba reclinado en una pred y sus amigos trataban de despertarlo. Aquello terminó por sacarle una carcajada.
- Me alegra ver que se ha llevado su merecido.
- ¿Y cómo vas a saber si el malo es él y no yo? - contesté molesta.
Estaba harta de las miradas condescendientes.
- Quiero decir... pegar a una mujer...
- Menuda puta gilipollez - gruñí poniéndome en pie.
Le aparté de un empujón com el hombro y caminé hacia la parada del bus. Miré mi reflejo en la pantalla del móvil. Iba a ser difícil que mi madre se creyera que me había golpeado con un poste o algo. Malditos capullos.

KIERAN:

Dejé que me empujara ligeramente. Verla en pie me sorprendió aún más. Pensé que sería más alta pero apenas me llegaba al pecho. El pensamiento de que era adorable me rondó por la mente. Caminé hasta los chavales a los que había señalado. ¿En serio había sido ella?
- Donde esta esa puta - gruñó el que había recibido la paliza.
- ¿En serio te ha hecho esto esa chica? - me mofé.
- ¿Y tú quien eres? ¿Es quieres que te parta la boca?
Se puso en pie y me agarró por el cuello de la camisa pero ni me inmuté.
- Déjalo. No merece la pena - dijo uno de sus amigos tratando de separarle.
- No pretendía ofender. Solo me sorprende que una cosa tan pequeña pueda hacer algo así y salir casi ilesa.
Ante aquello se giró cabreado hacia sus amigos.
- ¿Es que no le habéis dado su merecido? - gritó apretando los puños.
- ¿Estás de puta coña? - respondió uno.
- Da gracias que Sam le ha podido dar un puletazo para quitártela de encima - añadió otro.
- ¿Y ya está?
- Al menos yo le he dado - contestó el que debía ser Sam.
- Así que tu eres Sam - dije acercándome a él.
El ambiente se enfrió en cuestión de segundos.
- Espero que mañana te disculpes con ella - dije con tono calmado y una media sonrisa.
- ¿O sino qué? - respondió alzando la barbilla.
El golpe fue tan rápido que no pudo verlo venir. El puñetazo en la mandíbula no le dejó k.o pero si le tumbó de golpe.
- No me gusta repetirme - dije arreglándome la camisa.
Aquel grupo no parecía dispuesto a meterse en otra pelea.
- Y tú - dije mirando al que había recibido la paliza -, no sé que has hecho pero discúlpate también.
Me metí las manos en los bolsillos y me marché con una sola cosa en la cabeza. Esa chica.

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