Capítulo 3:
DEIANIRA:
La lluvia caía pesada sobre la acera. Encendí un piti mientras esperaba bajo el pequeño techo del quiosco. No sabía cuanto tardaría el bus pero tal vez sería mejor esperar a que la lluvia se tranquilizase. Alguien se colocó a mi lado pero no me molesté en mirar. Unos dedos largos me quitaron el cigarrillo.
- ¡Eh!
No se por qué no me sorprendió verle a él. Últimamente siempre era él.
- Si quieres uno cómpratelo tú - dije tratando de alcanzarlo.
Alzó la mano. Me tocó especialmente la moral porque era bastante alto y si se lo proponía no sería capaz de alcanzarlo.
- No sé por qué crees que fumaría semejante veneno.
Tiró el piti a la acera encharcada.
- Serás...
Metí la mano en los bolsillos pero al sacar la cajeta me la quitó.
- ¿Pero de qué coño vas? ¿Tú sabes cuánto cuesta el tabaco?
- Tal vez deberías gastar tu dinero de manera más inteligente.
- Devuélvemelo. Esto se considera hurto.
- Me gustaría verte denunciarlo en comisaría.
- ¿Has terminado de joderme ya?
- Por el momento sí.
Me crucé de brazos y me apoyé en la pared del quiosco. Realmente no me quedaba dinero para comprarme otra cajeta. Esa ni siquiera la había pagado yo.
- Tengo un paraguas. Por si quieres esperar junto a la parada - dijo tras varios minutos de silencio.
- ¿Y por qué querría esperar contigo?
- Porque siempre puedo devolverte los cigarrillos.
No respondí pero cuando abrió el paraguas me metí bajo él. No miré para evitar toparme con su estúpida sonrisa. Esperamos al bus en silencio. Al menos eso lo hacía ligeramente menos incómodo.
- Si me das tu número te devuelvo la caja entera.
- ¿Es un nuevo método para pedir teléfonos? No me parece muy funcional.
- Pero tu quieres esa caja.
Le di un número aleatorio y el sacó el movil para apuntarlo. Extendínla mano y esperé a que me devolviera el tabaco.
- Antes tendré que comprobarlo.
Llamó al número y empecé a ponerme nerviosa.
- No lo tengo encendido - mentí.
- Pues da señal - me sonrió.
- Está bien. Cuelga - dije abalanzándome sobre su móvil.
Apunte el mío correctamente y le enseñé como se iluminaba la pantalla al llamarme. De nuevo extendí la mano y esta vez dejo la cajeta. Miré que no hubiera sacado los pitis y lo guardé en mi bolsillo. El bus no tardó en llegar y antes de subir me giré para mirarle una vez más.
- No te molestes en usarlo porque no pienso responderte - le dije con un tono de burla algo infantil antes de saltar al interior del autobus.
Me senté en el sitio de siempre y me acurruqué en mi abrigo hasta llegar a casa. Por suerte la lluvia había parado considerablemente y pude caminar sin problemas hasta mi edificio. Nada más llegar me crucé con mi madre que salía a trabajar.
- Te he conseguido esto - dije tendiéndole el tabaco.
- No lo habrás comprado- me miró dudosa.
- Ya sabes que no.
- Espero que tampoco lo hayas robado.
- ¿Lo quieres o no? - dije sacudiendo la caja frente a ella.
La agarró a regañadientes y se acercó a darme un beso.
- No habras fumado.
- Se me habrá pegado el olor de la señora que me los ha dado.
- Más te vale. Como me entere que fumas... - me amenazó con el dedo.
- Vete a trabajar. Te dejare la cena en la nevera.
- Gracias, mi amor - dijo antes de darme otro beso y salir corriendo por la puerta.
Suspiré y me dirigí a mi habitación. Otro día más sola en aquel silencio.
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