Capítulo 3
Francis Labello
Un par de ojos grises me atraviesan las entrañas acechándome en la oscuridad. No importa a donde vaya, no importa la ciudad en la que comience desde cero, siempre estarán clavados en mi mente, en mis recuerdos y en mis más oscuros pensamientos.
Observo a detalle la habitación del nuevo lugar al que llamaré "hogar". Se visualiza cómoda, es amplia y cuenta con un baño y ducha privados que no tendré que compartir. El ventanal le hace justicia, nos encontramos en el penúltimo piso y desde aquí se vislumbra la ciudad. Coches, avenidas y colegios privados, también hay parques, gente paseando a sus mascotas transmitiendo una paz mental, una calma que le hace falta a mi vida hace años. "¿Alguna vez volveré a sentirla?" Me pregunto muy consciente de mi devastadora respuesta.
—Te dejamos la habitación más amplia, espero sea de tu agrado —escucho la voz del moreno parado en el umbral de la puerta.
—Me gusta, te lo agradezco... —mierda, olvide su nombre.
—Zayn, mi nombre es Zayn —responde con una sonrisa.
La dentadura blanca y sus ojos color verdes me transmiten confianza. Leí su expediente, nació en Detroit, tiene treinta años, padre ex militar y a los diez años comenzó su educación en el ejército. La vida le dio una segunda oportunidad después de un atentado en el que su padre traicionó a la nación.
—¿Quién dormía aquí? —pregunto.
—Yo —responde —, pero no importa, este apartamento es grande y cabemos perfectamente los tres.
—Ya lo veo...
El otro escolta entra con mi maleta colocándola encima de la cama.
—Supongo que querrás desempacar.
—Por supuesto, gracias...
—Alan —responde estrechando su mano para saludarme.
Me aprendí su hoja de vida, pero no sus nombres. Su apariencia es perlada, mirada firme y corpulento igual que Zayn. Este nació en California, tiene veintiocho años y toda su familia se ha dedicado al ejército.
—Siento haberlos incomodado. Se que ya llevan tiempo trabajando para los Leister, y claro, me compartieron su información pero aun no me queda del todo claro el porque los estamos protegiendo —voy directo al grano.
Zayn comienza a contarme el atentado que sufrió uno de sus hermanos, Farid Leister. También hace énfasis en la prometida del mismo explicándome que alguien la acecha "somos dos", un hombre del que aún no encuentran pistas. Conforme pasa el tiempo me revela ciertos datos que no sabía y los cuales Charles no me había hecho mención.
—¿Diputado? —pregunto sorprendida.
—Su objetivo es llegar al Senado —me informa —. Su familia aún no lo sabe, después del atentado hacia su hermano decidió enfocarse en ello, llegando al Senado podrá lograr cambiar leyes y aprobarlas de ser preciso y controlar de cerca lo que se encuentre a su alrededor. Por supuesto, con el debido beneficio a la ciudadanía.
"Ja, claro".
—Vaya dato, no lo sabía —respondo.
—Es algo nuevo, el señor Leister es muy inteligente y si es por los suyos, seguro también lo hará por el pueblo.
Alan trata de no reírse, pero es interrumpido por su compañero quien lo golpea levemente al hombro.
—Perdón, pero no visualizo al señor Leister como tal, ¿Proteger las leyes de la ciudadanía? —cuestiona —. No me la creo.
—No dudes de las personas Alan, a veces los que menos hablan son los que más saben —le respondo con una sonrisa.
—No dudo de sus capacidades, solo me provoca gracia que quiera serlo cuando es un maldito... hablando honestamente. —Hace un movimiento con las manos.
—¡Bien! Te dejamos para que te instales —interrumpe Zayn arrastrando a su compañero a la puerta —. Por cierto, tenemos una palabra clave para él —enarco una ceja, alentando a que la diga —. Querubin.
Sonrio, para no soltar la carcajada que se me atasca cuando lo dice.
Les agradezco a ambos mientras salen de la habitación. Zayn regaña a su compañero quien supongo no ha dicho más que verdades. Aún no lo conozco, su personalidad, claro. No se en realidad al tipo de persona con la que me encontrare de frente. El día de hoy cuando nos presentaron, percibí a un hombre al que no le importa un carajo mas que a si mismo.
Me instalo en la habitación acomodando mis pertenencias en el closet. Tengo un espejo de cuerpo completo en este y un baño en el que después tomo una ducha rápida, no sin antes quitarme las lentillas color miel que acostumbro a llevar en mis ojos. Es mi primera noche fuera de la estación, la primera noche de tantas que habrá hasta cumplir mi objetivo en esta tierra. He trabajado duro para llegar hasta donde me encuentro a pesar de que las palabras de Charles me siguen retumbando en los oídos cada vez que las recuerdo. Las omito siempre, no quiero que sus palabras me detengan ante mi objetivo.
Me visto adecuadamente; traje sastre, botines y auricular "no olvidemos los lentes de contacto" digo para mi misma colocándomelos de nuevo. Me acomodo el arma a la cintura y seguido de ello salgo a la estancia del apartamento. Zayn se encuentra en la pequeña oficina tomándose un refresco mientras inspecciona cada área en las pantallas, observo detenidamente las cámaras perimetrales colocadas por todas partes, principalmente en la entrada a la recepción del edificio y la pantalla mas grande da al pasillo del apartamento de Brandon. "El estómago se me contrae debido a los nervios". Me indica que Alan se encuentra en su rondín de perímetro el cual realiza todas las noches hasta asegurarse que no hay amenaza. Me informa que no solo somos nosotros los encargados, sino que también tiene un anillo de seguridad a menos de tres kilómetros.
—¿Y él lo sabe? —pregunto por curiosidad.
—Por supuesto que no, su padre nos lo informó.
—Pero trabajamos para el querubín —me burlo.
—Es solo temporal, la seguridad de él es primero, no nos quedó de otra más que aceptar.
—¿Lo hablaron con Charles? —pregunto y asiente.
—Como regalo de bienvenida, te otorgamos la primera guardia de esta noche ¿Qué te parece?
Me río.
—¿Es un premio o un castigo? —respondo dándole un sorbo a su refresco.
Salgo del apartamento caminando en dirección al elevador y por ende llegar al siguiente piso. Cuando este abre sus puertas, Alan me saluda con un gesto y pasa a retirarse, ya no es el bocón de hace un rato, ahora se puso la máscara de escolta profesional.
Me posiciono junto a la puerta de la entrada, tratando de memorizar la salida de emergencia que vi a la izquierda saliendo del elevador, seguido de las cámaras del edificio y las que se tienen instaladas con los debidos permisos para nosotros mismos. El tiempo pasa y me mantengo en la misma posición, estoy acostumbrada a ello, pero pareciera que el cambio de horario ha comenzado a pasarme factura. Para cuando son las tres de la mañana, las puertas del elevador se abren saliendo de este Zayn. Es su turno, y mi hora de descansar. Arremedo el mismo gesto de Alan hacia el conforme camino al elevador y bajo a nuestro piso. Al adentrarme al apartamento, mi compañero se encuentra visualizando las cámaras de recepción.
—Ahí está, otra vez ella —señala la pantalla, hablando después al intercomunicador —. Paloma a la vista.
Escucho su voz en mi oído, seguido de la respuesta de Zayn.
—No nos dijo que vendría —espeta Zayn al otro lado.
Observo con detenimiento las cámaras, mi mirada se clava en la mujer castaña dirigiéndose al elevador. Zayn apaga su intercomunicador dedicándose después a tocar la puerta del querubín.
—Siempre viene, parece más dama de compañía que su "amiga", sabes a lo que me refiero no —bromea Alan.
Me río, al mismo tiempo en el que me trago mi opinión.
—¿Quién es? Tiene nombre, supongo.
—Ivanna Hudson, su padre es dueño de algunos clubes en esta ciudad.
"A ella nunca la mencionaron..."
A los pocos minutos, la mujer llega abriendo la puerta del apartamento de Leister. Este ni siquiera se inmuta en recibirla. Pasadas las cuatro de la mañana, Alan me pide que tome un descanso. Me informa el itinerario del día y me comenta que seré yo quien conduzca el vehículo acompañada de Zayn, mencionandome que nuestro compañero es el más serio y profesional.
Me marcho a la habitación, tomando una ducha rápida porque me conozco perfectamente y sé que no dormiré lo que resta de mi descanso. Salgo desnuda de la ducha, camino hacia el armario colocándome frente al espejo. Con la yema de los dedos recorro mi piel, suspiro presa de la ira pero también del miedo que todo esto me provoca al ver las leves marcas que yacen en mi antebrazo. Años tratando de borrar el recuerdo de lo sucedido aquella noche, tratando de conciliar el sueño profundo que no llega.
—¡Salimos en quince! —me informa Alan, al otro lado de la puerta cuando me doy cuenta que el tiempo se ha ido volando. Tiempo...
Me cambio deprisa con el mismo atuendo de hace horas, traje, botines, moño en la nuca y mi fiel amiga en la cintura. Salgo a la estancia donde mis compañeros ya se encuentran preparados, Alan se adelanta mientras Zayn me ofrece una tostada con café para el desayuno. Le agradezco, comiendo tan rápido como me es posible, después de eso, salimos juntos.
—¿Quién se queda a cargo de las cámaras? —pregunto, por supuesto que he tenido que memorizar y detallar absolutamente todo.
—Declan, el mejor amigo de Brandon, aunque si te soy honesto no es muy bueno en eso que digamos. Pero no importa, toma —me entrega un celular —. Me tomé la libertad de instalarte la aplicación de las cámaras también a ti. —sonrio y le agradezco guardando el aparato en mi bolsillo
Juntos salimos del ascensor caminando por el pasillo que nos lleva a la única puerta en este. Las manos comienzan a sudarme, tanto que si tomo el arma en estos momentos seguro se me resbala con facilidad. Nos colocamos en nuestro sitio junto a la puerta esperando a que el querubín salga. El estómago se me contrae cuando la puerta se abre, y la colonia varonil fresca se esparce por mis cosas nasales.
El hombre se inmuta en mirarnos, no hace otra cosa que mirar su celular. Zayn me indica que lo sigamos, y eso hacemos hasta llegar al elevador. Cuando este se abre dejamos que primero entre el, no sin antes haberlo inspeccionado. Nos adentramos en este presionando la tecla que nos lleva al estacionamiento. Levanto la mirada hacia el frente y lo atrapó viéndome el trasero "hijo de perra", sin embargo lo ignoro porque soy una escolta profesional y no hablaría bien de mi si le parto la cara en mi primer día trabajando.
Al llegar, dejamos que se adelante mientras nosotros inspeccionamos el perímetro. Zayn le abre la puerta trasera del vehículo mientras yo subo a la parte del piloto.
—Aguarda, ¿Tu vas a conducir? —cuestiona al verme en el volante.
—Ella lo hará señ...
—Le pregunté a ella Zayn —lo interrumpe.
Maldito.
—Si, señor Leister, le aseguro que soy tan buena conductora como Zayn —respondo mirándolo por el retrovisor.
Sus ojos verdes me atraviesan, pero asiente con una seña, y me dispongo a conducir a donde indica el mapa en la pantalla marcando que nos encontramos a cuarenta minutos, con Alan siguiéndonos. Los minutos transcurren rápido, aunque el silencio que se respira me sienta incómodo. Cuando nos encontramos a cinco minutos, comienzo a detallar las calles una por una tan rápido como estoy acostumbrada. En este trabajo uno se tiene que mantener al margen visualizando si es preciso el más mínimo indicio de peligro para la persona a la que protegemos. Memorizo el lugar, sobre todo porque no tiene ningún pierde con el letrero en la entrada color dorado "Leister & Asociados". Me adentro al estacionamiento con Zayn señalando el cajón que ocupan los vehículos del querubín.
—Hoy solo necesito a Alan en la entrada —indica al bajarse de la camioneta.
Zayn asiente, y ambos bajamos al mismo tiempo colocándonos en nuestra posición, "yo en el lado piloto y Zayn en el copiloto".
El estómago comienza a rugir por el hambre que surge de la nada, y estos momentos son los que lamento el no haber desayunado lo suficiente para sobrevivir el día, ya que como escolta comemos cuando tenemos tiempo libre.
Las horas pasan, mi estómago vuelve a contraerse insistiendo que es hora de alimentarlo, y agradezco cuando veo a Alan acercarse con un sándwich y un jugo de naranja para ambos.
—¿Dónde se encuentra? —pregunta Zayn al tomar los alimentos.
—Aún en sus aposentos —bromea con una leve reverencia cuando dice aquello —. Toma, debes de estar muriendote de hambre —dice.
—No tienes idea —respondo al mismo tiempo en el que le agradezco.
Alan desaparece de nuestra vista perdiéndose en la entrada que indica la recepción. No como, me devoro el alimento tan pronto como es posible tratando de no ser vista por Zayn. Sería vergonzoso que me vea muriéndome de hambre. "Algo que no soporto, la sensación de estar muriéndome por hambre".
Las horas se hacen lentas, pero eso me permite aún más en memorizar las diferentes salidas de emergencia que hay en el edificio del bufet. Cuento cinco.
—¿El señor Leister rota los turnos para que uno de nosotros permanezca en recepción? —pregunto.
—Si, es al azar, aunque a veces pienso que lo hace para no tener que justificarse con su padre si llega de sorpresa —responde.
—¿Tienen mala relación?
—Digamos que un poco —responde Zayn.
—Por Dios, tiene una pésima relación ¿No lo has visto discutir con el? —prosigue Alan respondiendo por el intercomunicador
—Un poco solamente, como cualquier padre con su hijo —prosigue Zayn, ignorando a Alan —¿Tu eres cercana a tus padres? —me pregunta.
Su pregunta me incomoda, pero le respondo.
—No somos cercanos —me limito a responder tragándome la historia que hay detrás de mi respuesta.
Las horas transcurren, cuando el reloj marca las siete de la tarde vemos a Brandon salir del elevador. Zayn abre su puerta y yo subo a la camioneta en el lado piloto. Nos indica la dirección de un restaurante sin entrar en detalles. A los cuarenta minutos llegamos, Alan se nos ha adelantado indicándonos que todo está en orden y Zayn baja para abrirle la puerta del coche.
—Te necesito a ti —me señala.
Asiento, y mientras el hombre se encamina a la entrada lo persigo cubriéndole las espaldas observando hasta el mas mínimo detalle. Al adentrarnos, me posiciono cinco metros cercanos a la entrada, al mismo tiempo en el que visualizo que lo llevan a la zona privada del lugar.
—¿Cuántas salidas de emergencia hay? —pregunto a mis colegas.
—Solo hay tres; la cocina, por donde entraron y una más que está obstruida por un contenedor de basura en el estacionamiento —responde Alan.
Visualizo escenarios en los que podríamos ser atacados, pero luego me distraigo observando el lugar, es un restaurante elegante de colores beige y café oscuro, la zona privada se encuentra en el segundo medio piso del establecimiento, la música que nos acompaña es tocada a piano por un hombre de color. Sonrio recordando momentos de mi vida pasada cuando era tan solo una niña, tenia cinco años cuando aprendí a tocar el piano.
Después de media hora, llegan dos hombres vestidos de traje satre color negro y elegantes, se presentan como los hermanos Ventura, afirmando que los espera el señor Leister. Procuro no quitarles la vista de encima tratando de visualizar alguna amenaza, pero a lo lejos no puedo hacerlo. Me encamino detrás de ellos hasta que llegan juntos al querubín, este me mira extrañado cuando me acerco a la mesa con ellos.
—Buena noche señores Ventura, pero por protocolo necesito inspeccionarlos —les hago saber.
Uno de ellos sonríe, Brandon le resta importancia señalandoles que no se opongan. Por el auricular, las risas de Alan se hacen presentes. Ambos hombres se ponen de pie dejando que los revise adecuadamente, y al no encontrar nada les agradezco. Exponernos de esta forma solo aclara a los presentes que Brandon Leister esa hasta el culo de protegido, algo irónico porque solamente somos tres en este deslumbrante restaurante.
—Yo también debería de tener escoltas, cada vez las mandan más hermosas —habla el hombre que no deja de sonreírme. Es mucho más alto que yo, no es fornido, pero su complexión es delgada y elegante, de tez aperlada y ojos color café.
—Aquí quédate —indica Brandon y yo asiento colocándome en una de las esquinas en la zona privada.
En mi posición, observo con detenimiento el movimiento del personal que va de un lado a otro, disimulo observando a los hombres que se encuentran con el querubín, y por supuesto, tampoco lo pierdo de vista a el. Después de dos horas, los hombres se retiran. Cuando pienso que Brandon Leister se levantara de su asiento, este no lo hace, al contrario, pide una botella más de vino. El dependiente le sirve una copa, y cuando se retira, este la contempla con detenimiento, como si un pensamiento le hubiese cruzado por la mente. "¿Qué esconderá?" Me pregunto. Su expresión cambia, sus ojos destilan dolor justo al momento en el que "Nothing Left" suena de fondo. La voz sensual y exquisita del cantante me atraviesan los oídos, y yo no dejo de mirar al hombre de traje al que se le escapa una lágrima. "¿Los hombres como él, también lloran?" me cuestiono, y por lo que veo la respuesta es un sí. Aparto la vista cuando clava sus ojos en mí, y yo me limito a disimular hablar por el auricular.
Media hora después se levanta de la silla, caminando hacia la salida.
—Querubin a la vista —susurro para informar a mis colegas que estamos a punto de salir.
En menos de un minuto nos encontramos afuera del establecimiento esperando el vehículo. Tomo distancia, y a pesar de hacerlo el aroma varonil de su perfume me impregna las fosas nasales.
Zayn aparca frente a nosotros, me adelanto para abrir la puerta pero...
—Tengo brazos y manos, ¿Que no ves? —espeta abriendo él mismo.
Me trago el enojo y las ganas de romperle la cara.
—Disculpe señor Leister, es mi deber.
—No te necesito —responde brusco.
Enarco una ceja mirándolo a los ojos, pero en segundos recobro la compostura al recordar que gracias a él tengo trabajo, techo y que comer.
—Solo hago mi trabajo, señor Leister —respondo sosteniendole la mirada.
A duras penas sube a la camioneta. En segundos me trepó al lado copiloto acompañado a Zayn mientras este le pregunta a Brandon a donde nos dirigiremos. Este último nos da la indicación que vayamos al apartamento, lo cual agradezco ya que mi estómago comienza a quejarse por el hambre bruta que comienza abarcarme.
El silencio de regreso me sofoca, la persona que antes escoltaba era platicadora, siempre quería aprender algo nuevo de nosotros y con este hombre el silencio parecía ser una de sus cualidades.
—Vía libre —nos informa Alan por el auricular al llegar.
Al bajar del vehículo y caminar hacia el elevador, Brandon nos pide unos momentos para el solo. Optamos por dejarlo subir primero antes que nosotros. Este se detiene a medio camino.
—Tu vigilaras el día de hoy —comenta a señalarme.
Maldita sea.
—Como ordene, señor.
Brandon sube, desapareciendo detrás del elevador.
—Bueno, creo que tendrás una noche larga —comenta Zayn presionando el botón de regreso para el elevador —. A media noche te llevo una taza de café y algo de comer, ¿Te parece?
—No es necesario, puedo aguantar días sin comer —informo, algo tan innecesario por cierto.
—No dejaré que mueras de hambre en tu primer día, Francis. Eso no habla bien de un buen colega.
Sus palabras me provocan un nudo en la garganta, "si supieras"...
—Te lo agradezco.
Termino asintiendo.
(***)
Zayn cumple con lo prometido, la noche y madrugada transcurre tranquila, y para cuando dan las 2:00 de la mañana, la música en el apartamento de Brandon retumba por todo el pasillo. No hago caso a ella, decido recorrer el pasillo, la salida de emergencia, encontrándome todo en orden. Alan informa por el auricular que tomará una siesta, mientras Zayn comenta que dará un rondín en el centro de cámaras del edificio acompañado del guardia del edficio. Vuelvo a mi lugar junto a la puerta, y pareciera que este hombre no duerme, reproduce y reproduce la misma canción "una y otra vez". Unas ganas inmensas de tocar la puerta para que deje de reproducir la misma canción aparecen. Por supuesto que las omito. Me remuevo recargando la espalda en la pared, cierro los ojos y comienzo a meditar unos minutos para desaparecer los pensamientos que comienzan avasallar mi cerebro. Trago duro y...
—No se te paga por dormitar —la voz en mi cerebro habla, pero recuerdo que mi propio subconsciente soy yo misma, no la voz de un hombre.
Abro los ojos enderezandome.
—Llévame por un trago —ordena Brandon arrastrando las palabras.
—Dudo que sea buena hora para ir por un trago, señor —respondo carraspeando la garganta.
Enarca una de sus pobladas cejas castañas. Se le ve cansado, los ojos rojos al igual que sus labios. Suspiro al verlo, pensando que me causaría satisfacción verlo así, pero ha ocurrido todo lo contrario.
—¿Dudas? —cuestiona —. Es una orden, no pedí tu opinión, anda, vamos.
"Maldita sea". Debato entre el sí y el no, pero la voz de Zayn me confirma que lo haga, comentándome que él irá tras nosotros.
—Bien, después de usted —respondo, indicando que comience a caminar.
Este lo hace. Inspecciono el elevador cuando este abre sus puertas y dejo que entre primero el. Me posiciono frente a él tecleando el piso del estacionamiento, y por el reflejo del ascensor observo como el querubín vuelve a mirarme el trasero.
—No se van a mover de su sitio si las sigues mirando —las palabras me salen como si hubiera estado esperando el momento de escupirlas.
Suelta una risilla, mordiéndose después los labios.
—Ya me viste llorar, lo menos que podías ofrecer por el espectáculo que te di, era esto ¿No crees?
Niego, mirándolo a los ojos por el reflejo.
—Mi cuerpo no es un espectáculo el cual puedas visualizar a tu antojo —respondo, después de apagar el auricular.
Que vergüenza que mis colegas escuchen sus guarradas.
—¿En qué momento te di permiso de que me tutearas? —pregunta acariciándose los labios con la yema del dedo pulgar.
—Justo en el momento que permitiste verte llorar.
—Cierto...
Las puertas del ascensor se abren justo cuando estaba por ser más imprudente y preguntarle cual era la razón de sus lágrimas.
Abordamos el vehículo. Brandon me indica la dirección a la cual dirigirme, entro en pánico al ver el tiempo que haremos hasta llegar a ese lugar; una hora.
Estoy acostumbrada a manejar horas y horas en carretera, mi trabajo lo demanda y yo obedezco a las personas que me lo piden. Hay veces en las que me gustaría retirarme de esta mierda, volver a mi vida pasada, pero recuerdo que lo he perdido todo.
Aprieto el volante, tengo a mi objetivo justo a mis espaldas, al hombre que me marcó de por vida aventándome por el precipicio completamente desnuda, sin nadie que me atrapase en este mundo. Dejándome varada en la nada como si fuese un perro abandonado. Porque si, gracias a Brandon Leister es que me encuentro ahora aquí...
Okai mis amores, confieso que llevo tiempo queriendo escribir la historia de Brandon, su pasado y el porque es como es. Para mis nuevas lectoras, sta historia es dependiente, no tienen que leer "Perversos", habra referencias, mas no sera necesario leerla porque Brandon no sale tanto en Perversos.
Las amooo, y seguro amaran a todos los personajes que saldrán aqui (eso espero).
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