Capitulo 2
Francis Labello
"Mi nombre es Francis, Francis Labello, nací en la ciudad de San Francisco, mis padres son Emma y Francis Labello, madre americana y padre londinense, por ello mi acento." "Mi nombre es Francis, Francis Labello, fui hija, fui hermana, fui amiga y fui agente encubierto, ahora no me queda nada más que cenizas y recuerdos..."
El mantra se repite en mi mente cada segundo, lo repito para no olvidarlo, y lo seguiré repitiendo para recordarlo porque de no hacerlo, un simple nombre en las voces equivocadas que me rodean podrían declararlo muerto. Mi vida se define en pérdidas humanas, en personas que una vez tuve y ahora no tengo a nadie, porque nadie te dice cuándo será el último día, el último momento en el que estarás con tu familia, familia enterrada por el pasado de tus decisiones. Vivir con miedo no es lo mismo a vivir plena, y parece broma que este nombre que me acompañara hasta la sepultura signifique libre, cuando de libertad no tengo nada.
Soy Francis Labello, tengo veintinueve años, soy alguien arrancado de su raíz condenada a caminar con la memoria como único hogar. Mi nombre pertenece a la tierra que ya no puedo pisar...
"Uno... dos... tres... cuatro... cinco... ¡Y comenzamos de nuevo, cuenta conmigo cariño!"
Un mes antes...
Los azotes en la puerta me despiertan. Mi sentido de alarma me eriza el cuerpo al escuchar ese sonido tan familiar. Me levanto de la cama tomando el arma que yace sobre el buró, "mi fiel amiga", es como la llamo y avanzo para observar por la mirilla a la persona que viene a tocar la puerta a la cuatro de la mañana. El alivio me recorre hasta los pies cuando observo a la persona que se encuentra al otro lado. Abro la puerta, y con una simple seña lo dejó entrar a mi alcoba.
—Lamento la hora, pero como te conozco supuse que estarías despierta.
—¿A qué debo el honor de tu visita? —le pregunto al hombre de traje arrugado, cabello desaliñado y ojos verdes. Un hombre maduro para su edad se vería acabado, pero a él no le sucede eso, pareciera que mientras más envejece mejor se mantiene. Es como los buenos vinos.
—¿Qué haces con esa arma? —pregunta al verme. Cierro la puerta y entro al pequeño baño de la habitación, tomo del botiquín los utensilios suficientes para curarle las heridas.
—¿Otra vez de pandillero? —omito su pregunta, dejando sobre el buró el arma.
—Gajes del oficio —responde sin quejarse cuando presiono la herida sobre la ceja.
—Es la octava vez en esta semana que te curo una herida, y apenas es martes.
Suelta una risa.
Charles Miller se ha hecho cargo de mí desde hace tres años, es un buen hombre que me ha brindado refugio en la agencia para la que trabaja. Me dio un techo, comida, y personas a las que ahora llamo familia. No es algo extraño para mi que venga a estas horas de la madrugada para platicar sobre su día, sus misiones y sobre todo para curarle las heridas con las que siempre carga. Solia ser una persona cerrada e indispuesta al hablar sobre su vida, pero con el pasar del tiempo se fue desenvolviendo hasta contarme que fue un adolescente huérfano, sus padres murieron en un accidente cuando tenía catorce años. Lleva casi toda su vida dedicándose a esta empresa rodeada de agentes retirados,ex militares exiliados, personas sin un propósito en la vida y sin familia, dispuestas a dar la vida por personas que no conocen. Eso me ha hecho cuestionar infinidad de veces si tomé la decisión correcta al aceptar pertenecer a la Federación de Agentes. A personas como Charles les asignan operaciones especiales, infiltración, contrainteligencia; a las personas como yo, comienzan como escolta con el único propósito de proteger a quienes los contratan debido a las habilidades que perciben y demuestran cada uno. Todo lleva su tiempo, hay niveles que se deben cumplir conforme pasa el tiempo, y no es un secreto el que Charles sea un nivel experto.
Para cuando termino de curarle las heridas, le ofrezco agua que a duras penas acepta, "el es más de buenos vinos". El que sea huérfano, no significa que sea un hombre sin dinero, si no todo lo contrario, sus padres fueron los principales dueños de casi todas las empresas de Londres, el que haya decidido terminar como agente especial solo demuestra que hay veces en las que decides hacer lo correcto.
—Es hora de que salgas al mundo —se acomoda en un pequeño sofá frente a mi cama.
—¿A qué te refieres? —logro hacerme la desentendida.
—Brandon Leister —dice entregándome los documentos que hojeo con detenimiento. Trago duro, la sangre me hierve al observar con detenimiento las fotografías de un hombre castaño cenando en un restaurante de renombre. Procuro controlarme.
Tomo asiento en el borde de la cama leyendo su expediente. Ex militar, abogado de renombre en Norteamérica, tiene treinta años, dos hermanos; hombre y mujer. Sus padres, con vida por supuesto, sobrinos y una familia feliz... Empuño la sábana de la cama mientras continúo leyendo el expediente del hombre. Vuelvo la mirada hacia Charles, quien observa con detenimiento mis movimientos.
—¿Qué hay que hacer? —pregunto, como si no fuese algo nuevo para mi.
—Se han puesto en contacto con Magenta, ella personalmente me ha pedido esta tarea para ti. Es algo simple, serás la escolta personal de uno de los abogados más importantes de la ciudad de Seattle. Cabe recalcar que es un tipo algo... difícil de manejar. Como te habrás dado cuenta es un ex militar.
Magenta Miller, la máxima jerarca de la Federación. Una sonrisa asoma mis labios al observar a Charles mientras habla.
—Espero que estes al nivel para pertenecer a la élite —responde levantándose del sofá caminando hacia la puerta —. No me defraudes Francis, confío en que harás lo correcto cuando se llegue el momento.
Sale de la habitación dejándome con un nudo atorado en la garganta. Ellos me conocen, Magenta y Charles Miller me conocen porque así lo decidió el mundo, y esto me demuestra que no es más que una prueba de fidelidad hacia lo que soy ahora, al lugar al que ahora pertenezco y perteneceré hasta la tumba.
Camino hacia la única ventana en esta habitación que se torna fría, el encierro me predomina y soy consciente que tres años no me bastaron para olvidar mi pasado.
"Mi nombre es Francis, Francis Labello, fui hija, fui hermana, fui amiga y fui agente encubierto, ahora no me queda nada más que cenizas y recuerdos..."
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