Capitulo 1
Brandon Leister
¿Somos pecadores? A veces esa pregunta retumba por mi mente cada vez que pienso e imagino las mil y una formas en las que mi mente maquinea a Charlotte sobre mí. Son solo pensamientos lascivos, ¿No? En ocasiones me pregunto cómo es que los hombres que la rodean se han fijado en ella, pero es que la respuesta es simple, tiene los atributos que un hombre desearía en una mujer, sobre todo una como ella. Estos pensamientos ni siquiera debería tenerlos, sobre todo porque es la mujer de mi hermano. Me sacan de quicio, me desestabilizan y vuelvo a cuestionarme si debería de ayudarla, si debería entrometerme y guardarle el secreto. Sin embargo accedo a lo que ella me pide, es como si su energía sometiera a la mía envolviendola en un mundo sumido solamente a ella. O simplemente lo hago porque me agrada su compañía.
Cada noche y cada día que pasa vuelvo a mi realidad alterada, aquella realidad devastadora que me vuelve una persona sumamente desconfiada. En ocasiones pienso que vivo en una mentira, en una matrix donde en cualquier momento podré despertar de esta pesadilla en la que habitualmente me encuentro. Los años han transcurrido rápido, y hoy se cumple un año más después de mi último caso el cual hizo que me cambiara a Derecho Familiar.
—Estás muy pensativo, querubín —habla mi padre mirándome de reojo.
Me encuentro en su oficina, últimamente paso más tiempo en casa de mis padres que en la oficina del bufete, incluso mucho más que en la mía.
—Nada que valga la pena —respondo, volviendo mi vista a la laptop.
Me acomodo en el sofá de cuero frente a su escritorio en el que, cuando era apenas un crío, me la pasaba brincando peleando con mi hermano Farid. El parecido de él y de mi padre es relativamente obvio. Tienen la misma personalidad, los mismos ojos y el mismo cabello. En ocasiones siento que el pecho se me estruja al verlos juntos y notar que Farid es su favorito, siempre viviendo bajo su sombra. De Antonella ni hablamos, es su adoración, la primera hija de tres. Mi hermano sin duda, es el clon exacto de mi padre. Aunque no me quejo, el parecido que tengo con mi madre también es perfecto.
—¿Tienes algo más que hacer el día de hoy por la tarde? —me pregunta sin quitar la vista del ordenador sobre su escritorio.
—Dormir aquí —respondo sin mirarlo.
Suelta un bufido de burla, suele hacerlo cuando algo le da gracia.
—Bien, quiero presentarte a Charles Miller, es quien estará a cargo de los escoltas que pondrán a nuestra disposición.
Es un fastidio vivir así, rodeado de personas desconocidas cuidándote el culo a todas horas. Desde el último atentado a Farid mi padre y él no han dudado ni un segundo en reforzar la seguridad de la familia.
—No necesito esas mierdas, sabes perfectamente que puedo defenderme solo —aclaro lo que es obvio.
Un tema que nadie suele tocar en mi familia es el tiempo en el que estuve en la escuela militar. Ese tema es prohibido, yo logré que fuese prohibido después de toda la mierda que se vive cuando te graduas. Nadie te avisa lo que se avecina cuando eso sucede, simplemente pasa, y ya no hay vuelta atrás. Ahí fue donde conocí a Declan, un ex teniente que mandó su carrera a la mierda luego de involucrarse con quien no debía, ahora es uno de nuestros investigadores en cada uno de los casos que nos son asignados, sobre todo los casos de Farid.
—Eso es lo que nadie sabe, así que déjate de sandeces y acepta ver a Miller, un buen conocido me ha recomendado su agencia de seguridad privada, te verá en tu apartamento a las ocho de la noche.
Cómo si no supiera que ese "buen conocido" es Declan. Siempre entrometiéndose.
Me levanto del sofá guardando la laptop y documentos en el portafolio, dispuesto a salir huyendo antes de que comience una contienda que fácilmente podría ganarle.
—Creo que lo pensaré, nos vemos.
Camino a la salida, sin mi madre en casa, el lugar se siente vacío, y eso mi padre lo sabe. Lo único que sé, es que él daría la vida por ella y ella por él. Tantos años de matrimonio los respaldan y nunca ha habido discusión alguna que logre separarlos. Farid es como mi padre en el amor, dos apasionados y entregados que dejarían todo por la mujer que aman. Patéticos, y lo digo por Farid, que hasta cierto punto es un imbécil quedándose donde más lo han rechazado. A veces me pregunto a quién me parezco en personalidad, después de todo lo que me ha pasado lo que menos quiero son tropiezos en mi vida. He confiado y me han clavado una daga en la espalda cada vez que han tenido la oportunidad de hacerlo.
Salgo de la casa subiendome a la parte trasera de la camioneta. Alan, dos de los escoltas que me han asignado arranca el motor al indicarle el sitio al que iremos. Estaciona el coche a las afueras de un edificio donde ya se encuentra la chica esperándome con entusiasmo. Me da pena cuando la observo y descarto todo sentimentalismo hacia ella, porque se perfectamente para que la quiero y es sacarle toda la información posible con respecto a uno de los casos que estoy llevando a cabo, otro divorcio... Otra separacion familiar, peleas de custiodas donde la madre lo único que quiere es joder al padre y viceversa.
La chica abre la puerta acomodándose a mi lado para después plantarme un beso en los labios.
—Que gusto verlo señor Leister —dice acariciándome la barbilla.
—Disculpame, pero no comparto el mismo sentimiento —respondo tajante y me inmuto a ver su rostro decepcionado —¿Tienes lo que te pedí? —pregunto y niega.
—Primero vayamos por un helado, ¿Te parece? —propone Dominica Meyer, una de las gemelas de la familia Meyer quienes tienen un imperio de hoteles.
Le sonrio de lado, sabe perfectamente que detesto el helado, así como sabe perfectamente que me molesta el simple hecho de que me lo proponga. Sin embargo, optó por obedecerla y cumplirle el capricho a la mocosa. Se que he sido un mal nacido con ella, pero hasta ahora es la única que me ha estado apoyando en los casos que he dejado de lado por estar ayudando a mi cuñada.
—Está bien —asiento indicándole a Alan que se dirija al sitio.
Al llegar, bajamos al mismo tiempo. Caminamos juntos por la acera de una avenida poco transitada, en este punto de la ciudad nadie nos reconocería, ni mucho menos llamaríamos la atención de alguien si nos ven juntos.
—Maya Hudson, es el caso que estoy viendo. Tiene la custodia pero el ex marido no le da pensión, hable con el abogado de su ex esposo y podrían llegar a un acuerdo siempre y cuando le permita ver a los niños a partir del miércoles —responde hojeando los documentos que lleva en la mano.
Al entrar al establecimiento ordena ella por los dos. La dependienta del lugar le da su helado y a duras penas acepto el mio ¿Cuando mierda ando yo aceptando esto?, me cuestiono.
—Hudson no aceptará menos del ochenta por ciento de esa pensión.
Salimos del establecimiento y caminamos nuevamente hacia la camioneta subiendo nos a la parte trasera.
—Mucha seguridad ¿no crees? No sabía que me codeaba con una celebridad—se burla al darse cuenta que Zayn, el otro escolta, nos estaba siguiendo.
—Así es la vida cuando eres un buen abogado —respondo altanero.
—No se si me agrade eso cuando me gradue.
—No te preocupes, dudo que llegues tan lejos.
Me golpea en el antebrazo.
—Seré tan buena como tu, y cuando menos te lo esperes seré tu contrincante.
Bostezo.
—Tus comentarios arrogantes me dan sueño.
Ordeno que vayamos al bufete donde revisamos a profundidad los demás casos pendientes, y todo es absolutamente lo mismo. No hay carpetas negras, solo rojas que me mantienen alerta para darles la prioridad necesaria para cerrar cada una de ellas. A veces pienso que es monótono todo en mi vida, pero dadas las circunstancias, lo que menos quiero es meterme otra vez en la boca del huracán indagando casos que me joderan de por mi vida como siempre sucede.
La tarde pasa rápido, Dominica se retira de la oficina y decido quedarme un rato más sentado mirando a la nada por la ventana. Mi móvil suena a cada rato, desde hace minutos lo he estado ignorando y mi estado de ánimo empeora cuando veo que es Declan. Respondo, porque sé perfectamente que no me dejará en paz hasta que lo haga.
—El sexoservicio ya cerró —digo al levantar la bocina.
—Imbecil, te estoy esperando ¿A que hora llegas?
—¿Tu eres el contacto de confianza que tanto alega mi padre? —digo con sarcasmo.
—No seas imbécil, te estamos esperando.
—¿Quienes, tú y el escolta? Sabes perfectamente que no lo necesito Declan...
—No nos iremos, así que, si quieres dormir en la calle o desaparecerte tres días, de igual manera aquí estaremos afuera de tu puerta.
—Vete a la mierda Declan...
—Su nombre es Francis Labello, seguro que se llevaran bien —responde con burla en su voz —. Te esperamos en el apartamento de servicio.
Cuelgo la llamada, es odioso cuando se lo propone. Lo pienso unos instantes consciente de que no es broma lo que me dice, porque estoy seguro que cuando regrese a mi departamento me estará esperando en la puerta. Le pido a Alan que maneje al edificio, Zayn lo acompaña como de costumbre. Siempre trato de no meterme con los escoltas, y a pesar de que los he investigado a fondo se que en ellos no me puedo fiar del todo, mi padre siempre a puesto nuestra seguridad primero antes que la de él, y aunque la agencia a trabajado años para nosotros, en mi no esta el confiar en las personas que acabo de conocer.
Aparcamos en el edificio, me bajo tan pronto como me es posible dirigiéndome al apartamento de servicio. Es un fastidio conocer de nuevo a otro escolta sabiendo perfectamente que yo mismo me puedo defender, no soy un imbécil. A veces pienso que mi padre nos cree unos debiluchos, como si todavía fuésemos unos niños que no han pasado por mierdas en su vida.
Parado a un lado de la puerta, se encuentra Declan esperándome con una sonrisa de oreja a oreja.
—Te tardaste mil años —me reprime para después saludarme con un abrazo.
—Acabemos con esto, ¿Quieres? Que ya me esta dando sueño...
—Por supuesto, querubín.
Rodeo los ojos con ese maldito apodo. Nos adentramos al apartamento de servicio, este se encuentra un piso abajo del mío, seguirian tardando una eternidad si algo me pasase allá arriba... pienso. Alan y Zayn me siguen a la sala del lugar, donde se encuentra una mujer de traje sastre, moño alto de cabello castaño, y tacones. Procuro no visualizarla mucho, ni siquiera dirigirme a ella porque viene junto a un hombre de no más de cuarenta y cinco años, fornido de pelo rubio, por lo menos lo que queda de él. Me acerco a ambos.
—Gusto en conocerlo, Francis Labello —digo estirando la mano para saludar al hombre.
Declan suelta una risa por lo bajo.
—Charles Miller —responde el hombre y yo me avergüenzo cuando me saluda—. Le presento a mi colega, Francis Labello. Es quien estará a cargo de su seguridad seguido de Alan y Zayn, señor.
Quedo como un imbécil.
—Francis Labello, señor Leister —responde la mujer quien después estira la mano para saludarme.
Dudo unos segundos en tomarla, pero por educación lo hago. Es suave, pienso.
—Un gusto —respondo con pesadez después del ridículo que acabo de hacer.
La mujer no sonríe, solo asiente y vuelve la mano suave a su lugar.
—No se preocupe señor Leister, suele pasar a menudo —vuelve hablar la mujer.
—No lo dudo...
Declan pide que tomemos asiento para dar su definición preparada que ya tiene puntualizada para los miembros de la seguridad. Esas platicas me aburren, por lo cual optó por despedirme dejando a Declan a cargo de todo. Sin embargo, antes de irme del apartamento, vuelvo la vista para mirar a la mujer. Es bonita, pienso, pero dudo que tenga la suficiente capacidad de proteger. No tengo nada en contra de las mujeres, simplemente su complexión no le permite a mi hombría que una mujer lo proteja, cuando el que protege debería ser yo, no ella.
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