Capítulo 33
¡No puede ser! era él, ¿Pero cómo...? caminaba olfateando el suelo como sabueso rastreando a reo en dirección a la plataforma, por el momento nadie se dio cuenta hasta que al fin subió los escalones. Algunos murmuraban — ¿Y ese perro?—A lo mejor es parte del acto— mientras que nosotros andábamos a la expectativa de que no hiciera un desastre — ¿Qué vamos hacer?— me pregunta mi hermana tan nerviosa como yo—No.no lo sé—suspiré—Por favor Roble bájate—supliqué en mi mente. Enseguida Roble observa el gran bulto blanco y comienza ladrar, el domador se interpone para sacudirlo pero él insiste en ladrarle al bulto mientras este lo espantaba, ahora los elefante se ponen nerviosos y rompen su formación, asustados, mientras que Roble los perseguía en ladridos chillones —¡ROBLE NO!—exclamé de la impresión desde arriba sin ser escuchado. Ahora todos los elefantes estaba buscando escapatoria, dos corren en dirección a las gradas y el público sube las escaleras huyendo de los espantados elefantes. Aquellos animales suben pisando los asientos y el domador con sus asistente intentan recuperar el control pero estos más se asustan al escuchar al perro mientras iban sintiendo los látigos y rebuscan otra salida. Roble seguía ladrando persiguiéndolos como si fueran ovejas, al parecer sus instintos de pastor alemán estaban resurgiendo en el peor momento.
—Roble—corrí hacia abajo pero la multitud de espantados me detenía, era como nadar contra la corriente. Enseguida, un elefante embistió una lona, abriendo un hueco mientras que otro se tropieza de cabeza con el pilar que sostenía a los trapecistas, aquello desciende y parte del circo se hunde. Cuando por fin pongo un pie sobre la pista, alguien se agacha y sostiene a Roble—Oye ¡A ti te conozco!—dice la chica que conocimos en el desfile y aquel perro le lame una mejilla con toda inocencia—Si, reconozco ese besito como si lo hubiera recibido hace unas cuantas horas—sonríe. No hallaba donde meter la cabeza, quería esconderme pero Roble nos ve delatándonos con sus ladridos— ¡Allí están!—advierte la joven—Vengan acá—. Mi hermana y yo andábamos ruborizado de la vergüenza, como niños regañados nos acercamos en silencios y con la cabeza agachada—Lo lamento—dice mi hermana apartando la mirada—Si—intercedo— Le.le.le juro que.que lo había a.amarrado bien ¡Nunca me imaginé que.que haría una cosa como esta! Por favor pe.perdónenos.
— ¡USTEDES DE NUEVO!—llega el mago hacia nosotros—Debí suponerlo ¡Miren lo que hicieron!—extiende sus palmas de lado a lado— ¡Ese perro es una amenaza!—señala a Roble mientras este andaba como si nada hubiese pasado— deberían amarrarlo O mejor aún ¡Mandarlo a dormir para siempre!—Mabel se sobresalta del susto y se esconde detrás de mí— ¿En dónde están sus padres?— inquiere muy alterado. No podía darle respuesta alguna pues estaba tan nervioso que ni las palabras me salían, si se entera que andamos solos lo más seguro que nos mande a un orfanato— ¡Y BIEN! ¡RESPONDANME!— ruge tan fuerte que parte de su saliva salpica en mi cara, solo me contraje de forma temblorosa y cerré los ojos como si esperara a que me pegaran— ¡Llamaré a la policía!— declara y sentí una fuerte punzada en mi corazón, ahora si nuestras vidas va a volver a hundirse.
— ¡Espera Víctor!—intercede la que podría ser nuestra salvación —Ta solo fue...— ¡Sandra!—interrumpe el mago—Esto no es como el desfile, pudieron morir personas y lo peor de todo es que tengo que devolverle su dinero más una disculpa ¡¿Sabes todo lo que costó instalarnos acá?!
—Lo sé y entiendo pero no se perdió mucho. Tan solo debemos hacer unos arreglos y los elefantes ya fueron controlados. Es solo un accidente, mandarlo a la policía no hará que recuperemos lo perdido.
— ¿Y qué propones? ¿Mandarlos a trabajar acá hasta que puedan compensar lo que hizo su perro?
— ¡Tú mismo no lo podría haberlo pensado mejor!—señala con una sonrisa—Es muy buena idea
— ¡Estaba siendo sarcástico!—frunce su frente—Además ¿Qué trabajo le podríamos dar a unos mocosos como estos?
Mientras iban hablando, observan que pasaba un señor barriendo las golosinas y vasos derramados de las tribunas, a Sandra se le iluminan sus ojos y señala con su reconfortante sonrisa— ¡Con él!—señala con entusiasmo—Víctor, la semana pasada me dijiste que a Carlos le hace falta unos ayudantes. Pues aquí están— nos señala con las palmas extendidas. El mago se queda pensando por unos segundos, al parecer la idea no le agradaba del todo pero no tenía más remedio, se resigna y asiente sin decir más nada. Ahora gracias a Roble debemos trabajar en este circo hasta compensar lo que destruyó. Ahs... (Supiro) no sé qué tanto nos va a tomar desde ahora. Veía a Roble con una mirada de fuego y de forma inocente me lame la nariz como si nada hubiese pasado ¡Vaya perro!
Al día siguiente mi hermana y yo estábamos recibiendo las instrucciones del barrendero, primero nos mandó a despegar los chicles que pegan debajo de los asientos, no puedo creer que hasta los mocos estaban embarrados con ellos, luego pulir los instrumentos de los payasos, uno de ellos me lanzo agua con una risita chillona, después barrer el escenario y por segunda vez pues esos payasos cuando caminan dejan huellas de escarcha y confeti ¡Incluso sin estar disfrazados! Era como si se bañaran con esos colorantes. Es más, uno de ellos estaba imitando todos mis movimientos como un mimo hasta que le ofrecí la escoba y este solo se rió de mi cara para luego marcharse.
—Estoy cansada—queja Mabel sosteniendo una pala— ¿Ca.cansada? Si.si.si lo único que haces es re.recoger lo que barro—digo con voz represiva—Estoy cansada de estar parada y sostener esta pala— responde en tono irreverente.
—Bueno, da.da.dale las gracias a Roble po.por tener que.que.que pagar lo que destruyó—señalo al perro que yace amarrado a una tribuna, durmiendo como un bebé — ¡Roble no tiene la culpa!—se cruza de brazos la niña— ¿Ha No? ¿Ento.tonces quien la.la tiene?
—Tú— me señala— ¡¿YO?!—Exclamo indignado—Si—asiente con el cejo fruncido—Si no lo hubieras amarrado nada de esto pasaría— ¿Escucharon lo que me dijo? Que niña tan sínica, a veces pienso que la he consentido demasiado —Sa.sa.sabes una cosa Ma.mabel—digo— ¡QUE!—se pone las manos en la cintura—Co.co.como hubiese de.deseado no tener una he.hermana, malcriada, ca.caprichosa, petulante, im.impaciente y ¡SINICA! Co.co.como tú— Mabel se pone roja y sus ojos comienzan humedecerse, arroja la pala al suelo y me grita—SI ESO ES LO QUE DESEAS ¡ENTONCES LARGATE Y ALEJATE DE MI!— se va corriendo al exterior derramando algunas lágrimas— ¡BIEN!—exclamé.
A los minutos me quede pensando en lo que dije ¿A caso fui muy duro con ella? ¡Para nada! Ella debe respetarme, soy su hermano mayor y debe tratarme con autoridad pero ¿Fui demasiado fuerte? Mientras seguía barriendo vi varias gotas esparcidas en el suelo como rastro de ella. Yo no quiero que se vaya, podrá ser insoportable pero igual la quiero. Mientras levantaba la pala, vi que debajo de ella había un pedazo de papel— ¿Qué.que es esto?— la desdoblo y era un dibujo de ella con nosotros tres y abajo inscribía "Nuestra pequeña nueva familia" se me hizo un nudo en la garganta cuando leí ese mensaje— ¡Oh que hice!—suspiré y fui tras ella.
Cuando salgo la veo apoyando su pecho y frente en sus rodillas, andaba llorando. Ahora de la jaula que estaba detrás de ella aparece una trompa y se posa sobre su cabeza, Mabel toca la trompa y la sacude como si fuera una mosca, enseguida vuelve y le acaricia la mejilla, Mabel comienza reírse pues su soplido le hacía cosquilla—Hehehe... Basta—dice sonriendo—Me haces cosquilla—exclama en risitas y con los ojos cerrados, mientras la trompa va rascando su pecho y barriga. Enseguida aparece el barrendero riendo como si recibiera las cosquillas, Mabel abre los ojos y se los estruja preguntando — ¿Cómo se llama?
—Dulce—dice— ¿Dulce?—se asombra la niña y el asiente—Es un delicioso nombre— comenta abrazando la trompa. Ahora voltea y me ve diciendo— ¡Mira Nini se llama dulce!— con una sonrisa tímida la recibo y toco su áspera trompa, pareciera como si fuera una enorme goma dura—Vaya, es mu.muy dulce— declaro mientras me soplaba la cabeza.
De repente llega un hombre alto, de piel tostada, de cuerpo fornido, de ojos intensos y de mirada dura, de cabello oscuro y barbudo hasta en el pecho descubierto con un mechón blanco en el copete, vestido de rojo y negro con una látigo en la mano, pues era el domador— ¡Carlos ábreme la jaula!—señala con impaciencia—Si señor Clayton—advierte el barrendero. Mientras abría la reja el desvía su mirada hacia nosotros diciendo—Oigan ustedes ¡No distraigan a los elefantes! ¿Me oyeron?—inquiere en tono represivo, Mabel se asusta y se pone de tras de mi mientras que al elefante le temblaba las patas. Cuando Carlos abre la puerta este entra con varios atrás que cargaban como una especie de arpón en la mano ¿Qué harán con eso?
Cierra la jaula y los elefantes comienzan a formarse, pero algo me decía que aquellos animales tienen mucho miedo — ¿Cómo estas mi querida Dulce?— rosa con sus dedos la barriga en tono de buen amigo— ¡Espero que hoy no me falles!— termina su cariño con una mirada punzante como si le anduviera amenazando con los ojos. A continuación suelta su látigo golpeando el suelo y los elefantes forman un circulo, los asistente de Clayton se ponen de lado de los elefantes y enseguida él las guía con su látigo—¡Arriba!—ordena, todos los elefantes levantan la trompa—Bien—dice—Ahora ¡más arriba!—todos los elefantes se sientan y levantan las trompas con sus patas delantera—Vuelta—extiende el látigo y todos obedecen hasta que uno no completo su vuelta y un hombre le comienza a puyar con el arpón—¡Vuelta!—sigue ordenando y muchos elefantes no lo completan hasta que eran puyados.
— ¡Mal muy mal!— les pega a lo que fallaron y estos gimen del dolor— ¡Cuando digo vuelta HAGAN LA VUELTA!—sigue golpeando a los que siguen errando. Enseguida Mabel se indigna y comienza a gemir de la impresión—Los está lastimando—dice. —Bien, ahora parecen sobre sus trompas—extiende otro latigazo. Los elefantes obedecen pero a Dulce se le está complicando el ejercicio, el asistente lo puya una y otra vez pera ella no puede hacerlo, la vuelven a puyar hasta que derrama un hilo de sangre en la herida de su pecho — ¡VAMOS DULCE!—le extiende un latigazo— ¡Vamos!— vuelve a lastimarla. Enseguida Dulce colapsa y se arroja al suelo cansada y adolorida— ¡DULCE NO!— le vuelven a dar de latigazos—Levántate—ordena pero ya el elefante se andaba languideciendo y temblando del casación mientras gemía—Mal Dulce ¡MUY MAL! Me volviste a fallar— exclama el domador y se marcha de la jaula— ¡Carlos!— llama—Diga señor—Hoy no habrá ración para Dulce hasta que decida hacer el ejercicio ¿Esta claro?—el indignado barrendero se queda callado girando su mirada al pobre elefante con una gesto de dolor, muy intranquilo ante aquel mandato y asiente con una mirada de resignación—Bien— se marcha con sus asistentes.
— ¡DULCE!—exclama Mabel entrando a la jaula—Oh dulce—le acaricia la trompa mientras que el pobre elefante intenta débilmente tocar su cabeza, una lagrima rosa la mejilla de la pobre niña, observando su herida abierta—¡Debemos hacer algo!—exclama con una mirada de suma preocupación—Mabel ¿qué.que puedo hacer?—extiendo mis palmas con una triste expresión, enseguida aparece Carlos con un paño y un balde de agua para atender su herida—Te pondrás bien, Dulce—dice mi hermana aferrando sus manos sobre la punta de su trompa. Enseguida veo a los otros elefantes y distingo que por debajo de su pecho tiene la misma herida cicatrizada y son varias, aquello me indignó demasiado— ¡Ese maldito!—suspiré de la rabia.
De repente escucho un golpe húmedo, volteo atrás y era él, tan molesto que su rostro se torna rojo — ¡Carlos! Ven un momento—obedece y recibe un golpe de palma por detrás de su cabeza— ¿A caso te pago por lavarla? ¿Ha? ¡Responde!—le da otro Lepe—No señor—se entrecoge el pobre barrendero—Entonces dedícate a tu trabajo si no quiere que te bote ¡Me oíste!—si— asiente muy intimidado—Bien, ahora recoge esta basura y dile a esos carajitos que salgan de MI ¡JAULA!
Aquella escena me encendió un profundo coraje en mi pecho, quería decirle una grosería y patearlo de la entrepierna pero me contuve porque no debo arriesgar la oportunidad de denunciarlo ante el mago llamado Víctor, ese hombre merece estar en la cárcel. Cuando estaba a punto de buscar a Sandra, enseguida aparece ella junto con Víctor hablando con el domador, aquellos observan al pobre elefante tirado languideciendo y no hacen nada, ni siquiera regañan al domador. Solo se dedican a escucharlo y asentir en acuerdo ¡No podía creer que hasta la misma Sandra acepte tal acto de crueldad!... Ahora veía con ojos diferentes a esa joven como a este abominable circo...
Continuará...
Buenas noches mis estimados lectores, espero que hayan disfrutado de este capítulo. Pobre Dulce, ese elefante vive el encierro y el maltrato a causa del entretenimiento, vaya injusticia, que hasta los animales no se libran de ella a veces hay que ser consiente de aquellos que nos divierte si sus orígenes o los métodos que emplean son correctos y morales. Siguiente intriga: ¿Habrá alguna esperanza para esos pobres elefantes? ¿Cody se arriesgara en liberarlos? ¿A caso Dulce podrá gozar de libertad algún día? ¿Sandra realmente está de acuerdo con ese maltrato? Todo eso lo sabrán en el siguiente capítulo, Saludos!
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