Capítulo 34
Al día siguiente, estaba de camino a la jefatura de policía. En el viaje percibo que soy observado, volteo hacia atrás pero no veo a nadie. Sigo en mi marcha pero escucho voces y pasos cerca de mí. Si lo sé, muchos dirán "Oye Cody estas en la calle, es muy obvio lo que escuchas y sientes ¡Estas paranoico!"... y les digo; no es un sonido casual y pasajero como se suele escuchar en las calles pues se ha repetido desde que Salí del circo ¿A caso el domador sabe lo que voy hacer? Mmm... No lo creo, nadie sabe lo que voy hacer, o ¿Si?
Sigo adelante y nuevamente ese sonido que me intranquiliza vuelve al asedio, cada vez lo sentía más cerca, despego corriendo como si dispararan la señal de salida, me desvió hacia un callejón bañado en sombras y me escondo por detrás de una caja como ratón escapándose de la luz. Enseguida veo una sombra larga proyectarse en el suelo de la calle donde había más luz, quien quiere que sea está buscando a alguien pues gira la cabeza sin moverse. A punto de ver quien era escucho que alguien me sopla al oído con sus palabras — ¿Qué estás haciendo?—grito sobresaltado del susto y me erizo como un gato espantado al ver que mi hermana me sorprendió terriblemente— ¡TÚ!— exclamé con fuego en mis ojos pues le había dicho que se quedara en el circo, volteo hacia atrás para ver la sombra que me perseguía pero desapareció. Molesto regaño a mi hermana— ¡TE.TE DIJE QUE NO ME.ME.ME SIGUIERAS!— rugo con trueno en mi voz— ¡Porque nunca me.me.me haces caso!— extiendo mis palmas hasta cerrar mis dedos.
—Es que... es que...—Balbucea la niña apartando su mirada— ¡ES QUE!—sigo echando chispas a través de mis palabras—Es que no me gusta que estés lejos de mí— alega la pequeña con vergüenza en sus ojos. Enseguida trato de apagar el fuego de rabia que ardía en mi corazón y soplo un humo de palabras—Está bi.bien—suspiro rendido—Sígueme.
— ¿A dónde vamos?
—A bu.buscar justicia
Mabel frunce su mirada confusa por escuchar mi respuesta— ¿Justicia?— hasta que se da cuenta que estábamos en dirección a la jefatura de policía. Cuando subo los tres primeros escalones vi algo que me detuvo — ¿Por qué te detienes?— inquiere mi hermana tropezando su cabeza en mi cintura hasta que extiende su vista y observa lo que andaba presenciando. Allí estaba el señor Víctor vestido como si fuera una simple persona, justo a tiempo me di cuenta pues estaba hablando con un agente de la leí; se estaban riendo y conversando de forma muy cálida como si fueran amigos de toda la vida. Contraigo mis puños y un nudo fuerte invade mi garganta, al parecer la idea de denunciar al circo por maltrato animal estaba descartada, bajo mis hombros y me devuelvo resignado.
—Oye—me sigue la niña— ¿Por qué te devuelves?
— ¿A caso no te distes cuenta?—sigo adelante. Ella se queda callada y voltea a ver la jefatura con rendición en su mirada— ¡Ellos no.no nos ayudaran!— asevero sin detener mis pasos. Mientras seguía caminando de forma firme y con indignación en mi corazón, siento nuevamente que alguien nos observa, me detengo y veo un bulto negro detrás de unos arbustos—Mabel—extiendo mi mano cogiendo la suya sin perder de vista el arbusto—A.a.a la cuenta de.de tres, saldremos co.corriendo...
—Uno...
—Dos...
—Y...—cuando estaba a punto de despegar el primer paso, piso una trenza suelta y me caigo— ¡Auch!— exclamé arrojado en el suelo, casi lamo el asfalto, veía que todo daba vuelta y el polvo se me metía en mi nariz— ¿Tres?—inquiere mi hermana tapándose la boca porque aquello le causó mucha gracia.
—Oye ¿Estas bien?—inquiere una tercera voz. Volteo a ver quién era y se trataba de dos mujeres vestida de pantalón negro y camisa blanca como si de un uniforme se tratara—Eh... si, eso cre.creo—me sobo la cabeza y una me extiende la mano— ¿Ustedes quiénes son?— dice mi curiosa hermana—Mi nombre es Patricia y ella se llama Juliana—Mucho gusto—saluda la otra chica—Nosotras somos activista en contra del maltrato animal en los circos
— ¿U.ustedes son las que.que me andaban si.si.siguiendo?—inquiero mientras me sacudía el pantalón
— ¿A caso te distes cuenta?— se impresiona con vergüenza la pálida joven—Eh... si, un po.poco. Pensé que.que eran unos ba.bandidos o algo pa.parecido.
—Lamento haberte asustado pero queríamos estar segura si eras el candidato ideal, te hemos estado observando
— ¿Candidato?— se enrace Mabel— ¿Ca.candidato pa.para qué?— intercedo con el mismo gesto fruncido.
—Hemos estado vigilando el circo de los Bambinos desde hace mucho tiempo. Creemos que han estado mofándose de las normas que impone protección animal para el entrenamiento de sus elefantes. Cada vez que los denunciamos, ellos se encargan de aparentar que todo está bajo control, que los elefantes gozan de buena salud y son muy felices con el trato que le dan en sus entrenamientos como cuidados. Son unos artistas en el engaño, incluso la guardia policial no le ha interesado el caso. Enserio han buscado salirse con la suya.
—Y... ¿Qué.que quieren que.que haga?
—Ha eso vamos: hemos estado buscando la manera de entrar en sus instalaciones para tomar fotografía pero no hemos podido. Solo hemos recolectado grabaciones de audio pero para protección animal es poca prueba, necesitan imágenes ¿Sabes a qué me estoy refiriendo?
—Si
—Toma—me entrega una cámara—Solo la enciendes y la apaga con el botón rojo y con el grande tomas las fotos. Esos elefantes necesitan que los salves, si logras tomar las fotos ideales, tendremos prueba suficiente para denunciarlos y obligarlos a que los liberen.
—No lo sé— me quedo pensando observando la cámara con incertidumbre en su plan. Aquella misión se oía peligrosa— ¿Y si.si me.me de.descubren?
— ¿Cómo te llamas?
—Cody
— Cody te voy hacer una pregunta: ¿Sabes lo que le hacen a los elefantes cuando ya no pueden hacer sus maniobras?
—No
—El domador agarra una escopeta y los mata, luego usa su carne para alimentar a sus felinos y luego compran unos más jóvenes, volviendo al mismo ciclo. En ese circo han muerto tres elefantes en estos últimos años pero nadie lo sabe y ni les importan, solo a nosotras que hemos estado trabajando en el caso. El domador es un desarmado y merece estar en la cárcel como también ese circo debe estar clausurado. Ahora dime, después de escuchar lo que te acabo de decir ¿Crees que vale la pena el riesgo?
—Sí, e.eso creo
—Bien. Ya sabes: rojo para encender y apagar—señala— El grande es para tomar la foto, no lo olvides. HA... casi se me pasa, esta cámara revela las imágenes Vez...—me señala un orificio recto que salía en la parte inferior de la lente
—Si
—Excelente, con tu ayuda esos elefantes por fin tendrán una esperanza.
Al día siguiente estaba rodeando la jaula de los elefantes sin causar mucho ruido con la cámara en mi bolsillo, veía en ambos lados y no había moros en la costa. Seguía pensando en cómo iba a tomar esa foto, tiene que ser en el momento en que Clayton y sus asistentes comiencen a maltratarlos. Recuesto mi frente sobre la reja, observando a dulce comer un poco de heno que le había dejado Carlos a espalda del domador, se veía un poco mejor pero aquella herida seguía fresca, tenía que ser tratada lo más pronto posible porque se andaba infectando. Aquello me dio una idea, era el momento perfecto para tomarle una foto.
Saco la cámara en mi bolsillo—Rojo para encender, el grande para capturar y luego recibo la foto— repetía la frase en mi mente pero cuando tomo la primera imagen esta se mueve y se revela la primera impresión pero sale movida. Suspiro bajando mis hombros y pongo un pie hacia la izquierda para tomarle otro pero pareciera que no quisiera porque me está evadiendo y da la vuelta mostrándome todo el esplendor de su trasero que desechaba sus regalitos naturales (Que asco). Cuando por fin logro divisar la herida, saco la cámara otra vez pero me da la espalda en el momento exacto de la captura y se acuesta a dormir. Suspiro rendido recostando mi frente sobre la reja y ciento que alguien me está observando, pues se trataba de Carlos. Me señala la cámara con incertidumbre pero trato de esconderla, tenía miedo de que me acusara— ¡Nada!—respondo nervioso mientras meneaba la cabeza—No es na.nada— lo poco que he conocido de Carlos me ha dado a entender que tiene alguna deficiencia mental pues nunca me ha regañado por cometer algún error, ni tampoco se extiende a largas conversaciones he instrucciones, si no a frases cortas y simples, no habla mucho, solo lo necesario ¿O acaso lo estoy prejuzgando mal?. Debe ser por eso que esta resignado a sufrir las humillaciones de Clayton por miedo a perder su trabajo pero ¿Él no tiene un lugar a donde ir? ¿A caso tendrá familia?
—Oye Ca.carlos— me presta oído aun con curiosidad en su mirada— ¿Po.po.por qué sigues tra.trabajando acá?—el baja su mirada al igual que sus hombros y en un suspiro de pesar dice—Los elefantes necesitan de mi—se señala y gira a verlos— pues soy el único que se compadece de ellos—aquella respuesta me dio el valor de confesar mi misión—Sa.sabes—digo—Hay o.otra manera de.de.de salvarlos— el voltea y me presta más el oído como sus ojos—¡Con esto!— le enseño la cámara y él se asombra—Si lo.logramos tomar fo.fotos suficientes para evidenciar que.que.que están sufriendo maltrato, podemos liberarlos de.de.de su cautiverio—aquello hizo que sus ojos deprendiera algunas lágrimas, se los estruja con su camisa—Pero—añado—Pro.prométeme que.que nadie lo sabrá ¿Esta claro?—el asiente—Bien. Ahora ¿A qué.que hora Clayton i.i.inicia su sesión de entrenamiento?
Más tarde, entra el domador con un látigo nuevo— ¡Puerta!—ordena y Carlos de forma apresurada abre. Una vez adentro se pone al frente de Dulce y dice—Espero que hoy te pongas a trabajar—advierte y con su látigo la despierta, aquella elefante levanta su trompa y sus dos patas delanteras, tratado de mantenerse en dos — ¡Vamos más arriba!— las patas que sostenían su inclemente peso temblaban anhelando descansar—Muy bien—sonríe—Veo que ya estas aprendiendo—por fin la deja caer. Mientras tanto, andaba sacando la cámara de mi bolsillo, esperando el momento perfecto. Los asistentes puyaban a los que no obedecían en hacer la misma maniobra y aprovecho en capturar la imagen <<Chack>> —Bien—musito mientras cogía el revelado. Ahora Clayton la obliga hacer el truco que no pudo lograr —Párate sobre tu trompa—ordena extendiendo el látigo sobre el suelo mediante una señal— ¡Rápido!— dice.
Dulce con sus patas temblorosas, se arrodilla con las delanteras posando todo su peso sobre su cabeza. Los ojos de Clayton brillaban complacido— ¡Bien!—se adelantó en exclamar pero en el momento cuando ya estaba parado sobre su trompa esta tiembla y cae de lado golpeando su herida sobre una roca, la pobre elefante suelta un desesperado sonido de sufrimiento, aquel golpe le dolió terriblemente—NOOOOO...—grita el domador enfurecido—Mal... mal... y MAAALLLL...—exclama golpeándola con su látigo sin ninguna gota de resignación y el pobre elefante soportando todo el ardor del filo de su punta, intentando ponerse de pie pero volvía a desplomarse chillando del sufrimiento, la herida estaba chorreando, dejando un charco rojo y brillante en el suelo, a Clayton no le importaba. Seguía golpeándola una y otra vez dejándoles marcas en su dura piel hasta que se cansa—Eres una FLOJAAAA... ¡ELEFANTE INUTIL!—agitado de la cólera le vuelve a dar pero con menos fuerza. Pasa unos segundos y el pobre elefante ya no se levantaba, sus ojos se estaba yendo, su cuerpo temblaba y gemía—Carlos—llama. El barrendero entra apresurado como si esperara con anhelo esa orden y se arrodilla cerca de su cabeza, poniendo su oreja sobre su pecho, manchando sus dedos por el chorro de la herida —Señor está muy débil—dice— ¡Por favor debe llevarla a que le atiendan la herida!—suplica. Clayton hace un soplido con su nariz y menea la cabeza—Para nada ¡Esta elefante ya no nos sirve!—señala—Tráeme la escopeta—ordena con la mano extendida—Pero señor—intercede Carlos— ¡Por favor no lo haga!—se arrodilla juntando sus dos manos—Por favor tenga misericordia. Ella puede hacerlo ¡Solo se tiene que recuperar!
— ¿A caso pedí tu opinión?— le empuja con el pie hasta tumbarlo— O me traes la escopeta o ¡te largas de aquí!—señala la salida y sonríe añadiendo—De todos modos, no tienes a donde ir—Carlos asiente bajando sus hombres resignado a obedecerle, se restriega los ojos y va al estante a recoger su escopeta. Enseguida aprovecho en tomar una fotografía, era la oportunidad perfecta pero de repente un destello de luz se escapa al capturar la imagen— ¡NOO...! No no—puse mi mano sobre la cámara y me agaché por detrás de unos asientos ¿A caso me abra visto?
Estaba tan nervioso que escuchaba el latir de mi corazón en mi oído y mis dedos fríos temblaban, esperando a que alguien se preguntara por el destello. Pasaron los segundos y nadie dice nada, suspiré aliviado y lentamente me levanto hasta que mi frente toca la luz del reflector, ahora estaba viendo como Carlos le entrega la escopeta. En ese momento quería gritar— ¡por favor no, por favor no!—suplique en silencio y me senté en el suelo de las tribunas para no ver la ejecución, junto mis manos como si fuera a rezar y digo —Por favor Dios, si deberás existes por favor no permitas que la maten—pedí apretando mis dos manos y mis ojos bien cerrados al igual que mis dedos pero mis lágrimas logran violar el cierre de mis parpados. Estaba esperando el momento de escuchar el disparo, el último segundo de vida de esa pobre criatura hasta que...— ¡Esta porquería está dañada!—jala del gatillo varias veces, se escuchaba perfectamente <<chack... chack.... Chack>> pero ni una bala salía. Me levanté para ver que sucedió y estaba revisando la escopeta— ¡Este traste viejo como que se obstruyó!— pone su ojo en uno de los orificios del cañón, de repente como si fuera un efecto retardado la escopeta decide disparar al techo las ultimas que le quedaba <<Bang>>—Maldita sea ¡Casi me mata!— se sobresalta el domador levantándose del suelo—Bien Carlos como que hoy tomare tu palabra ¡Estas de suerte!— dice con una mirada de sumo fastidio. Carlos suspira aliviado pero de repente el domador gira su vista hacia mí y dice—Oye tú, ven un momento—me ordena señalándome con el cañón del arma.
Escondo la cámara dentro de mis calzoncillos y bajo las escaleras fingiendo estar tranquilo como si nada hubiese pasado. Cuando entro a la jaula digo con una voz muy débil, de nervios comprimidos—Di.diga se.se.señor
—Parece que tienes algo que debes entregarme ¿Ha? insecto tartamudo—extiende la palma y mis ojos se abren como muñeco de tela y con una voz temblorosa respondo—No, no, sé de.de.de qué está ha.hablando.
— ¡No te hagas el listo que sabes muy bien de lo que estoy hablando!—en ese momento estaba a punto de echar a correr pero de repente aparece Roble corriendo hacia mí con Mabel atrás—¡Roble ven aquí!— ordena la niña detrás de él. Enseguida el perro posa sus dos patas delanteras sobre mis piernas con gana de jugar hasta que Clayton lo agarra firmemente del pescuezo, fue tan duro que comienza a chillar y dice—Si no obedeces—enseguida hace un silbido a alto volumen y los asistentes del domador sueltan a dos tigres guiándolos a la arena de entrenamiento. Carlos nos empuja a ambos afuera en el mismo momento de que iban entrando las fieras domadas. Ahora Clayton extiende el brazo donde sostenía a Roble gimiendo del sufrimiento, encima de esos animales que se movían de un lado a otro como si le fuera a dar de comer y dice—Es una lástima que este perro esté a un pasó de convertirse en la cena de hoy por culpa de tu terquedad ¿No lo crees?
—Noooooooo...—grita Mabel en lágrimas y yo andaba entre la espada y la pared. Tenía que tomar una decisión: salvar la vida de Roble o la de Dulce y los otros elefantes pero sea la decisión que tome, alguien tendrá que ser sacrificado...
Continuará...
Buenas noches mis estimados lectores, espero que hayan disfrutado de este capítulo. Que lío para Cody el pobre Roble está a punto de ser el aperitivo de unos tigres. Siguiente intriga: ¿Qué decisión tomará Cody? ¿Ante esta situación habrá una esperanza para la pobre Dulce o alguien tendrá que ser sacrificado? Todo eso lo sabrán en el próximo capítulo. Saludos ^^
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