5.

La primera vez que vi a un Pájaro del Trueno, tenía seis años humanos. Era uno de los otoños más lluviosos que se recordaban, y yo estaba en casa aburrida mirando las gotas de agua golpear con furia el cristal. Mis padres estaban fuera, trabajando. Un sonido más fuerte de lo normal hizo que diera un respingo y que escudriñara el paisaje que veía a través de la ventana. Nada fuera de lo común.

Y entonces el agua de la lluvia empezó a arremolinarse en un punto fijo, dejando distinguir vagamente una figura. Fascinada, contemplé como ante mis ojos surgía un ave majestuosa, con grandes alas azules y aspecto imponente. Nunca había visto antes un ser así, y no sabía cómo debía de tratarle, además de que era demasiado pequeña como para pensar en las formas. Cuando el pájaro volvió a golpear con el pico el cristal de la ventana, decidí dejarle entrar. Llamé a mis padres, que vinieron corriendo a casa. Años después me contaron que cuando llegaron, me encontraron jugando con él, intentando subirme encima para que me llevara volando.

Más tarde me enteré de que el Pájaro del Trueno es uno de los seres más antiguos y respetados de nuestro mundo. Se le debe tratar con mucho respeto y mostrarse siempre dispuesto a ofrecer ayuda para lo que necesite. Se encargan de los ciclos fluviales (están en armonía con los Elementales del agua) y a veces hacen de mensajeros a larga distancia. Como comprenderéis, a mis padres casi les da un infarto cuando vieron a su hija tratando a semejante ancestro como a un caballo de feria. Pero así era yo.

Después de tumbar a Asher en el sofá y calmarme, empecé a recoger el desastre que Jasper había provocado en el salón. Recogí los objetos rotos y los amontoné. Yo no sabía aún reconstruir cosas, pero Nuba sí. Cuando llegara, le pediría que lo hiciese. Barrí, ordené, limpié y revisé. Al terminar, decidí no despertar a mi humano y subí a la habitación. Me tiré boca abajo sobre la cama. Me dolía la cabeza y me sentía como si me hubiesen arrancado toda la energía de un tirón. Había pasado mucho miedo; Jasper estaba mucho más experimentado en cuanto a habilidades etéreas que yo, era más fuerte y tenía mucho peor genio. Tenía razón cuando me dijo que no sabía con quién estaba hablando. Quizás debería de mantener la boca cerrada más a menudo.

Escuché el sonido de la lluvia en la ventana, y me extrañó. Hacía sol, lo había visto cuando había estado hablando con Jasper en la cocina. Además no era época de lluvia aún. Rodé y me incorporé para averiguar qué era lo que estaba pasando. Fue entonces cuando vi las gotas de agua concentrarse en un mismo punto y empezar a tomar forma. Los recuerdos de aquella tarde de hacía tanto tiempo volvieron a mí, y me apresuré a abrir la ventana. El Pájaro del Trueno entró en la habitación, y yo hice la reverencia que correspondía. Me preocupó que hubiese aparecido tan de repente, y pensé que a lo mejor se debía a alguna novedad sobre los ataques misteriosos. Sin embargo, cuando el Pájaro del Trueno me indicó que ya podía levantarme, comprendí que me equivocaba. Me indicó que debía irme con él.

— ¿Pero a dónde tengo que ir? ¿Y cómo voy?

Era muy confuso intentar entender lo que me estaba tratando de decir. Parecía que quería que me montase sobre él. Mi yo de seis años habría estado encantada, pero mi yo actual sabía que eso era imposible.

— No estoy entendiendo. ¿Cómo voy a ir? — con el pico, el ave se señaló el lomo y extendió las alas.— No puedo subirme encima de ti. No es correcto. Creo que está prohibido.

El Pájaro graznó y sacudió las plumas. Me pasé una mano por la cara y suspiré con frustración. El día estaba siendo demasiado largo para mí. Cerré los ojos y deseé que alguien me explicara algo. Desaparecer también era válido.

Como un deseo concedido, escuché mucho estrépito en la escalera. Nuba apareció en la habitación respirando con dificultad a causa de la carrera. Hincó una rodilla en el suelo y bajó la cabeza.

— Súbete en el Pájaro del Trueno y vete, Ciara.— me dijo entre dientes, sin levantar la mirada.

— Pero eso no se puede hacer.

— Te he dicho que te subas. No hagas preguntas, por favor. Yo me encargo de arreglar lo que ha pasado aquí. Tú sólo hazlo.

El tono de Nuba era todo menos tranquilizador. Con el corazón en un puño, me acerqué al Pájaro y estudié cómo subirme sin hacerle daño ni caerme, pero sin previo aviso, el ave salió de la habitación. Me quedé helada y corrí a la ventana. Fue peor al descubrir cuáles eran las intenciones de aquel antiquísimo ser; quería que saltara. Tenía que saltar sobre él para poder ir los dos.

— Esto tiene que ser una broma.

Desde la ventana, el Pájaro del Trueno parecía más grande que dentro de la habitación. Me encaramé a la ventana y eché un vistazo a lo que había abajo. Aún era muy joven como para morir aplastada contra el suelo. Cerré los ojos y me encomendé a las estrellas antes de saltar. Las gotas de agua me mojaban la cara y me producían escalofríos. La sensación de vacío me embargó cuando me sentí caer.

El Pájaro del Trueno me atrapó y me agarré a su cuello como si la vida me fuera en ello. Sentía el aire chocar contra nosotros, la sensación de velocidad me hacía temblar. No abrí los ojos hasta que estuvimos sobre tierra firme, y me costó reconocer el lugar al que me había traído. Se trataba del edifico del Consejo. Era alto y oscuro, y la verdad es que no era uno de mis sitios favoritos del mundo. El Pájaro me indicó que debíamos entrar, y me acompañó hasta la puerta que llevaba a la Sala de la Asamblea. Cada paso que daba me confirmaba que estaba metida en un problema. Estar en el edificio del Consejo quería decir tres cosas: que habías sido elegido por la esencia de algún Etéreo, que habías sido condecorado y te iban a hacer entrega de algún título o que ibas a ser juzgado por algo. Como imaginaréis, la primera cosa ya la había hecho. Y de las dos opciones que quedaban, era muy improbable que me llamasen para darme la medalla al valor.

Las puertas se abrieron, y mostraron a un hombre y una mujer de aspecto severo sentados en una enorme mesa semicircular en la que había, al menos, otros dieciocho sitios vacíos. El Pájaro del Trueno señaló que debía de continuar sola, y me despedí de él con una reverencia. Tomé aire antes de entrar, y maldije a Jasper. Aún no sabía si me habían convocado por su culpa, pero siempre me hacía sentir mejor.

— ¿Eres la Etérea Ciara, hija primogénita, única y legítima de la Etérea Calipso y el Etéreo Dominic?

Asentí con la cabeza. Intenté mantener la calma. Los vi leer unos papeles que debían de tener sobre la mesa. La señora me miró, y me estremecí. Sus ojos me habían atravesado.

— ¿Sabe por qué está aquí? — negué.— Puede hablar. Nadie se lo impide.

— No, señora.

— La vida de su humano ha sido puesta en peligro por parte de otro Etéreo. ¿Puede explicar eso?

— No mucho, señora.

— ¿El humano custodiado por el Etéreo Jasper había amenazado de alguna manera a su humano antes? ¿El Etéreo Jasper tenía algún tipo de enfrentamiento con usted?

— No, señor. O al menos a mí no me consta. La humana del Etéreo Jasper no había tenido trato con mi humano hasta la semana pasada desde que yo lo custodio. Y al idi... Etéreo Jasper no lo había visto nunca antes.

— Cuide su lengua, Etérea Ciara.— dijo la señora. Por su parte, el señor se había aguantado una carcajada.

— Si me permite la apreciación, no sabía que el Etéreo Jasper llegaría tan lejos para demostrar que no le conocía. Induje a ambos humanos en un sueño para que no sufrieran ningún tipo de trauma o trastorno por lo acababan de presenciar.

— ¿Provocó al Etéreo Jasper?

Abrí mucho los ojos. ¿Provocar a Jasper? Había sido él quien había decidido demostrarme de lo que era capaz. Yo sólo le había dicho lo que pensaba sobre el cuidado que tenía hacia Keira.

— Sólo le dije que no le importaba su humana.

— No le he preguntado lo que le dijo. Le he preguntado que si le provocó o no. Cíñase.

Repasé la conversación mentalmente. Había dicho que nunca había conocido a ningún Etéreo al que le importase tan poco su humana. Jasper se había acercado a mí y me había espetado que me estaba pasando de la raya y que Keira le importaba mucho. Le había retado a que me lo demostrara. Y luego había hecho volar cosas y estrellarlas contra las paredes.

— ¿Etérea Ciara?

— Puede ser.— dije muy bajito. Me negaba a reconocerlo. Algo se me tenía que estar escapando. Seguro.

— ¿Cómo dice?

— Le dije que me demostrara que era verdad lo que decía. No sé si eso se puede considerar provocación.

— ¿Después de eso tuvo lugar el conflicto?

Asentí con la cabeza. Los dos Etéreos se quedaron en silencio y se miraron, para comenzar a cuchichear entre ellos. La forma que había tenido Jasper de demostrarme lo mucho que le importaba Keira había sido romper cosas. No sabía cómo interpretar eso.

— Debemos tomar una decisión. Puso en peligro a su humano.

— ¡Yo no hice nada!

— Guarde las formas, Etérea Ciara. No supo manejar la situación con cuidado, y a pesar de que consiguió detener al Etéreo Jasper, podría haber acabado en una catástrofe,

— Pero yo no quería provocarle. Le detuve. No pretendía que nada de esto pasara, lo prometo.

— Como ya le hemos dicho, debemos tomar una decisión. A pesar de que usted no provocó directamente el conflicto, formó parte activa de él. Eso debe ser revisado. No creemos que sea culpable, pero habrá que tomar medidas.

— ¿Me van a denegar la custodia de Asher? — pregunté, con un nudo en la garganta.

— No, no le vamos a denegar la custodia de su humano.— el señor parecía más simpático que la mujer, pero seguía teniendo el semblante serio. Sentí como el nudo se deshacía. — Sabemos que el Etéreo Jasper es conflictivo. Sin embargo, sus humanos están interaccionando. Debemos asegurar que no se repetirá una situación parecida.

— Juro por mi esencia que no lo hará.

— Eso está muy bien, pero usted no pone las normas. Puede marcharse, Etérea Ciara. Cuando tengamos una resolución, se la haremos llegar. 

Quise replicar, pero fue en vano. Derrotada, me dirigí hacia las puertas para marcharme de nuevo. Se abrieron antes de que yo llegara a ellas, y la escena que me mostraron me hizo detenerme; dos Etéreos enormes llevaban sujeto a un Jasper que se revolvía y luchaba por escapar. A pesar de tener a todas luces más fuerza que él, los dos Etéreos parecían tener problemas por mantenerlo bajo control. Sus ojos se cruzaron con los míos, y por un momento dejó de forcejear y de gritar para centrar toda su atención en mí. Parecía entre sorprendido y asustado por verme allí.

  — Ciara. ¿Qué demonios haces tú aquí?

En cuanto acabó la frase, rompí el contacto visual y salí disparada de la sala. Escuché cómo volvía a gritar, aunque me pareció oír mi nombre entre sus demandas de que lo soltaran. En la puerta del edificio del Consejo me esperaba de nuevo el Pájaro del Trueno. Esta vez me dejó montar antes de emprender el vuelo, y me atreví a mirar de camino a casa. La ventana de la habitación de Asher seguía abierta, así que pude saltar al interior. Me despedí de nuevo haciendo una reverencia, y antes de irse el Pájaro del Trueno se arrancó una pluma y me la dio.

No sabía qué significaba aquel gesto, pero la pluma era de un azul oscuro y brillante que parecía contener electricidad, así que me lo tomé como una señal de que le había caído bien. Me pregunté si se trataría del mismo Pájaro de cuando tenía seis años, y de si se acordaría de mí.

Sabía que tenía que ir a ver cómo estaba Asher. Y que debía hablar con Nuba. Pero estaba demasiado agotada y habían pasado demasiadas cosas, no tenía fuerzas. Estaba sentada en el suelo cuando escuché las pisadas lentas y pesadas de mi humano, que subía a su habitación. Lo observé ordenar vagamente el escritorio y meter papeles en su mochila. Lo escuché quitarse los zapatos y ponerse el pijama, y cuando fue a lavarse los dientes me levanté y me tumbé en la cama. Los Etéreos no solíamos dormir mucho, y menos con nuestros humanos. Lo normal era aprovechar ese tiempo para volver a casa. Pero aquel día ver a mis padres era lo último que quería hacer. Posiblemente todo el mundo sabría lo ocurrido.

Cuando Asher llegó, yo ya estaba tumbada y miraba al techo. Lo sentí acostarse y girarse hacia mí. Lo miré de frente, estudié su rostro. Los humanos eran más frágiles de lo que parecían. Tenían miedo, sentía amor. Se parecían a nosotros, y a la vez eran totalmente diferentes. Nunca había entendido la guerra, y estaba segura de que jamás lo haría.

Me dormí escuchando el sonido del corazón de mi protegido.

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