4.

Asher estaba histérico, y en consecuencia yo también. Había(mos) quedado con Keira y Jasper a las seis y media, y mi humano se había dedicado a hacer limpieza profunda en su habitación, en el salón e incluso en el baño. Mamá humana y Nuba tenían una reunión de trabajo y después iban a ir al cine con unas amigas, así que teníamos la casa para nosotros. Y por alguna razón, aquello ponía más nervioso aún a Ash. Le vi sacar unos calcetines de debajo de la cama que probablemente llevaban ahí más tiempo del políticamente correcto. Me reí ante la cara de asco que el castaño puso al olerlos. Me habría gustado ayudarle, pero estaba segura de que si hubiese visto el trapo del polvo moverse solo por los muebles, no habría reaccionado muy bien.

Me dediqué a regar con cuidado las plantas de la ventana mientras Asher usaba un cacharro muy ruidoso para limpiar la alfombra. Espiradora o algo así se llamaba. Cuando la horrible alarma del móvil anunció que eran las seis menos cuarto, Asher lo soltó todo y corrió apurado a su habitación. Tenía que ducharse y vestirse para después preparar el material que necesitarían para estudiar. Le vi correr hacia el baño con un montón de ropa amontonada mientras se repetía que era idiota y un descuidado en voz alta. En cuanto cerró la puerta y escuché cómo abría le grifo, suspiré y le eché un vistazo a todos los productos de limpieza que Asher había dejado esparcidos por ahí. Calculé que tenía media hora para recoger y dejarlo todo ordenado. Asher era un desastre lleno de buenas intenciones. Pero un desastre, al fin y al cabo.

Acababa de cambiarle el agua a Chip cuando volví a oír como la puerta del baño se abría estrepitosamente y una nube de vapor salía del interior. De entre la nube apareció Asher con el pelo mojado, una camiseta en la mano y los pies descalzos. Rodé los ojos y miré el reloj de la cocina. Keira llegaría en diez minutos. Más le valía a Asher correr. Escuché unos golpecitos en la ventana que había a mis espaldas, y mi mandíbula prácticamente llegó al suelo cuando me encontré con un sonriente Jasper saludándome con la mano. Mi expresión debió de hacerle gracia, porque soltó una carcajada antes de hacerme señas. Me aseguré de que Asher no estuviese cerca y abrí al ventana. 

— ¿Qué haces aquí? — le dije sin especial amabilidad.

— Yo también me alegro de verte, preciosa. — me contestó, sin inmutarse.

— ¿Dónde está Keira? — metí la cabeza dentro de casa cuando escuché a Ash soltar una maldición hacia su escritorio. Supuse que se habría golpeado algún dedo del pie con una pata. Le solía pasar, debido a su manía de andar descalzo a todas horas. Resoplé; debería estar con él, y no hablando con Jasper. Volví a la ventana para encontrarlo con una sonrisa cargada de sarcasmo. Él también debía de haber escuchado a Asher.

— En casa. Va a llegar tarde. Tu humano tiene suerte. — enarqué una ceja a modo de advertencia. — Parece que él tampoco va muy bien de tiempo.

— ¿La has dejado sola?

— Claro. Ya es mayorcita como para que esté haciendo de niñero.

— ¿Cuánto tiempo llevas... — me callé. No estaba bien preguntar el tiempo que habías pasado con tu humano desde que te lo habían asignado.

Jasper soltó una pequeña risa. Me daba la impresión de que cada cosa que yo decía le resultaba divertida, y aquello me molestaba más de lo que estaba dispuesta a admitir.

— ¿Al cargo de Keira? Casi cinco años.— no era tanto tiempo como para dejarla a su libre albedrío sin ninguna protección. — Puedes preguntarme todo lo que quieras, preciosa. Al contrario que tú, no me tomo las normas tan en serio.

— Ya me había dado cuenta.

En lugar de enfadarse, el Etéreo pareció sentirse halagado.

— ¿Vas a dejarme pasar o voy a tener que seguir esperando fuera?

— No puedo abrir la puerta. Asher se daría cuenta.

— No me hace falta entrar por la puerta.

Antes de que me diese tiempo a replicar, Jasper saltó y se encaramó al borde de la ventana. Di varios pasos hacia atrás, planteándome seriamente tirarle algo a la cabeza. ¿Qué se suponía que estaba haciendo? El moreno cargó todo su peso en los brazos y se impulsó hacia arriba. Se giró para quedar sentado en el alféizar. Pasó una pierna hacia el interior de la cocina y luego la otra. Hizo una pequeña reverencia y volvió a sonreírme con aquel aire de superioridad. No podía creerme lo que acababa de pasar.

— No... no te he dicho que pudieses entrar.

— Ups. Fallo mío. — me guiñó un ojo y me dieron ganas de darle un puñetazo. ¿Qué le había hecho yo al mundo para merecer aquello? — La próxima vez esperaré a que me des permiso.

Asher apareció en el salón secándose el pelo con la mano. Por primera vez desde que había aparecido, Jasper dejó de sonreír. En su lugar, apareció una expresión calculadora que estudió de arriba abajo a mi humano.

— ¿Sabes si le quedará mucho a Keira? — pregunté, un poco nerviosa.

— No mucho. Aunque no sé si el tiempo suficiente para que tu mascota se de cuenta de que sigue descalzo.

Decidí dejar para un poco más tarde el hecho de que hubiese llamado a Ash "mi mascota", y corrí para tocarle el hombro a mi protegido y recordarle que era idiota y que tenía que ponerse los zapatos. Asher se dio un golpe en la frente y salió disparado a su habitación para calzarse. Se estaba atando los cordones cuando llamaron al timbre. Miré hacia la puerta y vi a Jasper aproximarse a ella dando saltitos. Llevaba sus intenciones escritas en la frente.

— ¡Ni se te ocurra abrirla, o me aseguraré de que sea lo último que hagas!

El Etéreo levantó las palmas en señal de inocencia, y sonrió de medio lado. Asher bajó las escaleras de dos en dos. Se pisó un cordón y tropezó, pero no llegó a caerse. Me llevé las manos a la boca y ahogué un grito mientras Jasper soltaba una fuerte carcajada a mi lado.

— Esto va a ser muy divertido.

Lo fulminé con la mirada. Aquello no sonaba, para nada, divertido. Al otro lado de la puerta, una sonriente Keira recobraba el aire. Me hizo gracia verla con las mejillas sonrojadas, aunque no sabía bien si por la carrera que parecía haber tenido lugar hacía breves instantes o si por Asher. Mi humano la invitó a pasar y se acordó de ofrecerle algo de beber sin que yo tuviese que intervenir.

— Deberíamos de subir nosotros mientras, ¿no?

Jasper me miró de una forma que hizo que se me calentaran las mejillas. Los Etéreos y los humanos se reproducen de la misma manera, así que teníamos conductas similares a las suyas en ese aspecto.

— A decidir lo que va a pasar. No me mires así.

— Como digas, princesa.

Mientras Asher y Keira hablaban en la cocina, nosotros fuimos a la habitación de Asher. Iban a estudiar en el salón, pero prefería mantener a Jasper alejado de la situación mientras pudiese. No me daba buena espina. Me senté en el diván que había pegado a la ventana y Jasper tuvo la delicadeza de hacerlo encima del escritorio.

— ¿Y bien? — pregunté.

— ¿Y bien? — repitió Jasper.

— ¿Qué va a ocurrir? ¿Qué tenemos que hacer?

— ¿Por qué me lo preguntas a mí? Pensaba que eras tú la que lo tenía todo bajo control.

Me sentí un poco avergonzada.

— Nunca he estado en una... cita de humanos. No sé qué hay que hacer.

— ¿Y qué te hace pensar que yo sí?

— Vamos. Estoy segura de que has tenido que estar en alguna cita. Keira es muy guapa. Y tuvo un novio.

— Lo sé. Pero eso no significa que yo estuviese allí.

— ¿La dejaste sola? — pregunté, alucinada. Las situaciones altamente emocionales requerían de la presencia de ambos Etéreos. Era prácticamente imprescindible. — No hablas en serio.

— Ya te dije antes que Keira es mayorcita. No me necesita a todas horas.

— Pero sí te necesita en momentos así. ¿De verdad no has estado con ella en ninguna cita? ¿Qué tienes en la cabeza?

Me dio la impresión de que Jasper estaba empezando a sentirse molesto. No tenía sentido; nada parecía tocarle.

— No creo que seas la más indicada para decirme qué hago o dejo de hacer con mi humana, preciosa.

— No hace falta ser un experto para saberlo. — dije, enfadada. — Además, si nunca vas a sus citas, ¿por qué has venido a esta?

— Tenía curiosidad. — respondió, encogiéndose de hombros. Resoplé.

— Lo has hecho porque sabías que me molestaría, ¿verdad?

— Puede ser.

— ¿A qué clase de Etéreo le importa tan poco su humana? ¡Por favor! — solté, explotando. Para mí Asher era lo más importante, y me mataba ver la poca atención que Jasper le prestaba a Keira. La chica era demasiado buena para merecer tal idiota.

— No te cueles, Ciara. A mí me importa Keira. Mucho.

— Demuéstramelo.

Jasper había adoptado una expresión que gritaba a todas luces "peligro". Pero no me daba miedo. Ser pequeña me había enseñado que todos tendían a infravalorarte, así que tenías que sorprenderlos no amedentrándote. Sin embargo, aquella vez tendría que haber cedido.

— ¿Quieres saber por qué he venido? Muy bien. — Jasper se levantó del escritorio, y yo hice lo mismo. Se acercó mucho a mí, y le planté cara. — Tu humano no me gusta. Quería darle otra oportunidad. Pero felicidades; ahora se me han quitado todas las ganas de hacerlo.

No aparté mis ojos de los suyos, pero interiormente me pregunté qué pretendía hacerme entender con todo aquello. Asher no tenía que gustarle a él, sino a Keira. A mí tampoco me gustaba él, pero me aguantaba.

— ¿Sabes, preciosa? No tienes ni idea de cómo soy. Ni de en dónde te estás metiendo.

— No te tengo miedo, Jasper. Créeme.

— Genial. Entonces no te importará que te demuestre todo lo lejos que puedo llegar, ¿verdad?

Se acercó más. Su pelo me rozó la frente, y sentí su aliento chocar contra mi piel. Pensé que iba a hacerme algo, cuando de repente se desvaneció ante mis ojos, dejando una bruma en la habitación. Me quedé paralizada. No fue hasta que escuché a Keira gritar y algo chocar contra el suelo y romperse cuando reaccioné. Bajé a toda prisa las escaleras, y el calor abandonó mi cuerpo cuando entré al salón. Keira se protegía la cabeza con las manos mientras Asher desviaba una taza con un libro para impedir que se le estrellara en la cara.

Jasper abría los armarios y lanzaba su contenido al suelo sin ningún cuidado.

— ¡Qué haces! ¡Para! — le grité, asustada.

El moreno me miró, y me lancé hacia él. Se volvió a desvanecer antes de que pudiera atraparlo, y reapareció en la otra punta del salón. Volcó uno de los tiestos con plantas de interior que la madre de Asher había puesto a modo de decoración. Keira volvió a gritar cuando el tiesto se rompió en mil pedazos. Jasper tiró una mesita con libros de lectura y dos velas aromáticas, y lo que había encima se desparramó por la estancia.

— ¡PARA! ¡JASPER, POR FAVOR!

— ¿Me tienes miedo ahora, preciosa? — me gritó mientras lanzaba portaretratos con fotos y souvenirs contra las paredes y el suelo. Asher protegía con su propio cuerpo a Keira, abrazándola. Ésta había roto a llorar de puro miedo.

La luz de las bombillas tintineaba debido a la furia de Jasper.

— ¡Jasper, estás asustando a Keira! — le grité, agobiada. El moreno entonces se detuvo de golpe y miró a la pelirroja, que se estremecía en brazos de Asher mientras todo temblaba.

— ¡Joder! Joder, joder, joder, joder.

Tenía que parar aquello. Sabía que no podía tocar al humano de otro Etéreo, pero aquella era una situación extrema. Mientras Jasper parecía quedarse clavado en el suelo, corrí hacia el sofá y toqué a Asher y a Keira a la vez. 

— Duerme. Olvida. Esto es un sueño. Vivimos dentro de un sueño. Descansa. Estás a salvo.

Al instante, ambos estaban profundamente dormidos. Jasper me miró con perplejidad. De repente, sentí el peso de todo mi cuerpo multiplicarse por cuatro. No podría mantenerme en pie mucho más tiempo.

— Llévala a casa. No se despertará. Mañana no sabrá distinguir si esto llegó a ocurrir o si no es más que un sueño. — dije con la poca voz que me quedaba.

Sin decir una palabra, Jasper cargó a Keira en sus brazos y ambos desaparecieron entre aquella especie de niebla. Cuando me sentí totalmente sola en medio de aquel caos que se había producido en apenas unos minutos, me senté en el suelo. Y sin poder aguantarlo más, rompí a llorar.




Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top