6.
Estaba disgustada. Muy disgustada. Me desperté de golpe en mitad de la madrugada con Asher respirando muy cerca de mi cara. Observé su rostro con detenimiento; solía tranquilizarme hacerlo. Conocía cada detalle, pero aun así me gustaba investigar por si encontraba algo nuevo. No funcionó.
Pensé en colarme en su sueño. Técnicamente eso no era legal, pero si iba con cuidado y borraba el recuerdo por la mañana, estaba a salvo. Sin embargo, Ash estaba soñando algo agradable y no quería arrebatárselo al día siguiente. Suspiré y decidí hacer algo a lo que sólo recurría cuando me sentía realmente mal. Nadie sabía que podía hacer aquello, y yo lo mantenía en secreto más que nada porque era mi vía de escape.
Cerré los ojos y me concentré hasta que pude visualizar ante mí los portales. No sé si eran portales o líneas de realidades paralelas. También me había planteado la posibilidad de que se trataran de oasis interdimensionles. En cualquier caso, el nombre era lo de menos. En aquel lugar podía ir a donde quisiera, conociese el destino o no. Podía deambular sin ser vista por las ciudades más bonitas del mundo, o podía pasar horas en una playa desierta en la que el calor nunca sofocaba.
Ir a aquel sitio era peligroso, y yo lo sabía. Me ausentaba de mi cuerpo, dejando indefenso a mi protegido y siendo increíblemente vulnerable. Pero a veces tenía la auténtica necesidad de salir de allí, y aquella era mi única alternativa. Elegí uno de los portales y me imaginé un océano inmenso de aguas cristalinas. La arena era casi blanca y se hundía ligeramente bajo mis pies a cada paso que daba. En aquel lugar el tiempo no existía, por lo que era imposible saber si era de día o de noche. Dejé la ropa en la orilla y corrí hacia las rocas que habían aparecido a mi derecha. Escalé hasta llegar a lo más alto, y me detuve un minuto a observar el paisaje que se extendía frente a mí. La masa de agua no parecía tener fin, al igual que la superficie blanca al otro lado. Estábamos sólo la eternidad y yo.
Cerré los ojos antes de saltar. La sensación de caer al vacío activó cada nervio bajo mi piel, y recordé el vuelo sobre el Pájaro del Trueno. El impacto en el agua me hizo volver a la vida y sacó aquellas imágenes de mi cabeza. Abrí los ojos para poder contemplar la belleza submarina. Otra de las ventajas que tenía aquel lugar era que todo podía ser posible si tenías la suficiente fuerza mental para crearlo. Podía respirar bajo el agua, así que pataleé para investigar el mar. Había peces de mil colores distintos, animales del mundo humano que había visto en los documentales del instituto y en los programas que la madre de Asher ponía los fines de semana durante el desayuno, y también animales del mundo inmaterial. En aquella profundidad no había ocurrido ninguna guerra, por lo que todas las especies convivían juntas sin importarles sus diferencias. Deseé que en mi realidad las cosas fueran también así. Pero aquello sólo era un producto de mi imaginación, al fin y al cabo. No sé cuánto tiempo estuve bajo el agua. No tenía frío ni calor, y la sensación de ingravidez me calmaba. Ojalá supiese volar.
Entonces todo se oscureció. Miré hacia arriba y vi que en el cielo parecía haber llegado la noche. Lo cual no tenía sentido, porque aquello no pasaba en los portales. La fauna submarina empezó a arremolinarse y a huir, nerviosa. El suelo se volvió rocoso y el mar se agitó. Quise salir a la superficie, pero algo me empujaba hacia el fondo. Parecía como si una tormenta se hubiese fusionado con un terremoto y me hubiesen encerrado en una jaula invisible que me impedía salir. De repente empecé a ahogarme.
Abrí los ojos y la boca, en busca de aire. Me incorporé con tanta fuerza que me caí de la cama y me golpeé la cabeza con un mueble. Estaba mareada, dolorida y asustada. Lo que acababa de pasar era imposible. Nuba se arrodilló frente a mí y me sujetó por las muñecas. Estaba enfadada o preocupada. Quizás ambas cosas. Supuse entonces que había sido ella la que me había despertado, y por ende la que había provocado aquel cataclismo en el portal. No me dio tiempo a formular ninguna pregunta, porque la Etérea me obligó a incorporarme y me asió por los hombros.
— Ciara, tienes que irte a casa. Te requieren en la Comunidad.
— ¿Qué ha pasado?
— No puedes perder un minuto más. Es urgente. Date prisa.
— Espera, ¿mis padres están bien?
— CIARA. DATE PRISA, POR EL AMOR DE...
Me desvanecía antes de que Nuba terminara de gritarme. Si a mis padres les hubiese pasado algo, posiblemente me moriría de pena. Por otro lado, podía deberse a algo relacionado con el Consejo. Reaparecí frente a la entrada de la casa de mis padres, y me quedé inmóvil durante dos segundos para que se me pasara el dolor de cabeza. Por lo general, solía ir a la Comunidad utilizando los pasadizos subterráneos que conectaban el mundo humano con el nuestro. Los viajes entre mundos requerían una gran cantidad de energía, y sólo se usaban en casos estrictamente necesarios. Después de llevar a cabo uno, era recomendable comer algo y tumbarse a descansar un rato, porque literalmente te consumían. Pero como había dicho Nuba, no podía perder más tiempo. Entré en casa y grité llamando a mis padres. Mi padre fue el primero en interceptarme en el pasillo. Me atrapó para frenar mi carrera y me escaneó con la mirada. Centró sus ojos en los míos.
— A la base de Defensa. — dijo sin ninguna emoción, y me dio un golpe en la frente con la palma de su mano.
Acto seguido caí de bruces sobre un suelo frío y oscuro. La luz proveniente de las lámparas del techo le daba a todo un toque verdoso. Había pantallas táctiles en las paredes, las mesas y en dispositivos portátiles. Me llevé una silla por delante, haciendo que todas las personas que había en la sala despegaran la vista de lo que estaban haciendo para mirarme. Me levanté todo lo rápido que pude e ignoré mis ganas de vomitar. Drake también estaba allí.
— Etérea Ciara. Más vale tarde que nunca. — me dijo una señora vestida con lo que parecía un uniforme militar. No dije nada en respuesta, pero me acerqué al panel en el que todos parecían mirar algo.
En él aparecía un vídeo en directo de alguna parte del mundo humano. Veía a personas corriendo, usando armas, humo, gritos y disparos. Habían cavado una especia de fosa muy larga y había gente escondiéndose allí. Sentí que alguien me cogía la mano y me la apretaba ligeramente. Vi a Drake a mi lado, y agradecí el gesto. Las imágenes eran desalentadoras.
— Como iba diciendo, nos hemos infiltrado en las tropas humanas en este frente. Contamos con ayuda de todo tipo de Celestes: desde Elementales hasta rebeldes. Nos van informando diariamente, pero aún no hemos obtenido ninguna respuesta que esclarezca la situación.
— Pero si se trata de un conflicto de humanos, ¿por qué estamos colaborando? — preguntó alguien.
— Porque no sabemos si se trata sólo de un conflicto de humanos.
Un silencio sobrecogedor se instaló entre todos nosotros. Aquello no tenía mucho sentido, teniendo en cuenta que los humanos creían que nos habían eliminado.
— ¿Eso significa que los Rebeldes han decidido actuar?
— No.
Todos nos volvimos hacia la persona que acababa de hablar. Era un hombre, de aproximadamente treinta años. Alto, musculoso, con la piel morena y el pelo muy corto. Me llamó la atención casi al instante el color de sus ojos. Eran dorados, preciosos. Un licántropo.
— Los Rebeldes de esta zona fueron los que dieron la voz de alarma cuando empezó a haber indicios de conflicto armado. — nos explicó mientras se hacía un hueco y empezaba a tocar la pantalla para mostrarnos un mapa y señalar un lugar. — Todos los Rebeldes de las proximidades se han unido a los Inmateriales para defender e investigar la situación.
— ¿Y cuál es la teoría que tienen? — preguntó Drake.
— No hay nada claro.
— Venga ya, algo deben de imaginarse. — no me di cuenta de que lo había dicho en voz alta. El licántropo y la comandante me miraban con los ojos entrecerrados. ¿Cómo podía ser tan torpe? — Es decir, puede que no se sepa nada aún a ciencia cierta. Pero alguna hipótesis deben de tener, ¿no? Algo sospecharán que está causando esto.
Ambas autoridades siguieron mirándome sin decir nada. Entonces el hombre apretó los dientes y volvió a tocar la pantalla.
— Aunque no creemos que sea probable, es posible que haya ocurrido un desliz y que algún ser Celeste haya comprometido la seguridad tanto humana como no humana.
Sentí que me ahogaba con mi propia saliva. Necesitaba sentarme, me latía la cabeza y el estómago quería escaparse de mi interior.
— Sin embargo, no tenemos pruebas y la posibilidad de que esa sea la causa es pequeñísima. Seguimos investigando.
— Para lo que os hemos hecho llamar es para informaros de la situación. Aumentaremos los turnos de vigilancia e investigación a larga distancia, por lo que se os requerirá más en los puestos de control. Se está barajando la posibilidad de entregaros unos dispositivos personales para que aquellos que estáis al cargo de un humano o debáis cumplir con vuestras tareas mundanas podáis llevar a cabo vuestros turnos desde casa.
— ¿Y cómo lo hacemos sin que nos descubran? — preguntó Genevieve. Genevieve era una Fenestra, y mi mejor amiga en el mundo no humano. No me había dado cuenta de que estaba allí, pero la saludé con la mano con disimulo cuando vi que me estaba mirando. Me sonrió a modo de respuesta.
— De eso se os informará más adelante. Por ahora mantendréis vuestros turnos habituales, pero sí es necesario que aumentéis la seguridad con vuestros protegidos. Aunque la probabilidad es mínima, no descartamos que haya un grupo de sublevados entre nosotros. Creemos que están buscando... algo.
— ¿El qué? — pregunté.
— Esta sesión se da por finalizada. Recibirán nuevas noticias dentro de poco. Espero que la próxima vez sean todos más puntuales.
No pude más que callar y aceptar la reprimenda.
Salimos de la base y agradecí que el aire me diera por fin en la cara. Genevieve corrió hacia mí y me abrazó con fuerza. Nuestras tareas con humanos nos impedían vernos a menudo. La echaba de menos.
— ¡Ci! ¡Qué tal te va con tu humano! ¿Aún no le has perdido, verdad?
Arqueé una ceja y dejé que se riera. Adoraba chincharme, y en el fondo a mí no me molestaba que lo hiciese. Drake se acercó a nosotras, con una mano en el bolsillo de sus vaqueros. A diferencia de Genevieve, tenía el semblante serio.
— Ci, ¿puedo hablar contigo un momento contigo?
Genevieve contestó por mí y dijo que tenía que irse porque tenía mucho trabajo, que se alegraba de verme y me dio un beso en la mejilla. Siempre había sido pura energía. Y además tenía una extraña obsesión con emparejarme con todo hombre que se me acercaba.
— ¿Ocurre algo? — pregunté, intentando descifrar el motivo de su expresión.
— ¿Qué es eso de que te han llevado ante el Consejo?
— Jasper y yo tuvimos un encontronazo en mi casa. — miré hacia un lado para asegurarme de que nadie nos escuchaba. No quería convertirme en la comidilla del lugar. — Se le fue la olla y creó un huracán en el salón. Pero nadie salió herido, conseguí pararlo. Aún no me han dicho cuál es mi castigo.
— Te van a citar a declarar en el juicio de Jasper. — me soltó.
— ¿Cómo dices?
¿Un juicio? Nadie había dicho nada de un juicio. El Consejo era muy exigente con el cumplimiento de las normas, pero no celebraba un juicio a menos que fuese algo realmente grave. Sólo había cinco o seis normas cuya violación suponía la necesidad de un juicio. Jasper había demostrado no atenerse a las reglas, pero aquello era demasiado incluso para alguien como él.
— Aún no lo han hecho oficial, pero escuché a la comandante comentárselo a alguien antes de empezar la reunión.
— No lo sé, no lo dijeron o yo no me enteré. Pero sea lo que sea, prométeme que vas a tener cuidado, Ciara. Y que vas a decir la verdad.
— Yo no he hecho nada, no tengo nada que ocultar. — protesté.
— Lo sé. — Drake suspiró y me sonrió con cansancio. — Pero últimamente parece que no podemos fiarnos de nadie.
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