4

A la mañana siguiente, Eleanor estaba sentada en el frente de la casa sintiendo la brisa fría que ya comenzaba a llegar. El fin de año se aproximaba con promesas de bajas temperaturas, nieve incluso si tenía suerte. No podía evitar al menos emocionarse, en ambos sentidos.
Había sido precisamente durante invierno en que una falla de la calefacción le quitó todo lo que realmente le importaba.
Aunque el frío le ayudaba a pensar, después de todo. Quería saber cómo Elvia había sido capaz de traspasar la barrera que rodeaba su casa. Snavís la había puesto al tanto de todo lo sucedido durante la noche, y las templarias no pudieron terminar de acercarse, así que el poder era el mismo. Algo actuó a favor de Elvia, porque la serpiente incluso logró revisar sus pensamientos mientras dormía y en ningún momento detectó el recuerdo de alguna dificultad al momento de cruzar esa línea invisible. Hasta donde su huésped sabía, esta división no existía.
La idea había estado presente por algún tiempo, pero quedando relegada constantemente al segundo plano por la emoción de una llegada, una visita. Sin embargo, las cosas ya deberían cambiar, y si bien Elvia no le daría respuestas, más por ignorancia que por otra cosa, ella sabía perfectamente cómo obtenerlas.
—Snavís, ¿Elvia ya despertó? —dijo al aie.
"Essstá por hassserlo, ssse encuentra algo cansssada por lo sssusssedido anoche," le respondió la mascota. Si ese era el caso, sería más fácil entonces para todos.
—Avísame cuando esté por bajar —dijo ella dirigiéndose a la biblioteca.
"Por sssupuesssto," y la serpiente se retiró de su cabeza.
Eleanor comenzó a ver diferentes volúmenes hasta dar con el indicado, un viejo cuaderno de hechizos donde su madre dejaba las instrucciones y materiales a usar muy claros. Pasó las páginas ya amarillas con paciencia, buscando la que detallaba la sesión de adivinación mental. Según recordaba, estaban en la segunda mitad.
Una lluvia suave comenzó a caer en el exterior, lo cual la ayudó a relajar su mente. El sonido del agua sobre el techo, en las ventanas, algunos truenos, y el viento meciendo las ramas de los árboles suavemente siempre le había resultado evocador, casi romántico. No pudo evitar ruborizarse ligeramente ante la idea de tener a Elvia para ella sola, pero se lo recriminó al momento. No era tiempo de pensar en eso. Ya más adelante se daría ese lujo.
Los minutos pasaron, y no solamente le permitieron ubicar el hechizo, sino también encontrar la página en donde se especificaba el que creaba su escudo hogareño. Era un conjuro sencillo, el cual debía pronunciado exactamente a la medianoche de la segunda luna negra del año, junto con un pequeño sacrificio: algunas gotas de sangre. Eleanor se acomodó algunos cabellos detrás de la oreja antes de leerlo.
"Con sangre se cierran,
Con sangre se abren,
Con sangre se hace,
Y con sangre se deshace.
Luna negra cual inframundo,
Separa este hogar de los intrusos,
Que nuestra arma sea su repudio,
Y la soledad nuestro gran escudo.
Una línea a trazar,
Con rojo se ha de marcar,
Delimite un lugar santo,
Que por nadie pueda ser pisado.
Corazones blancos,
Corazones oscuros,
Ambos por igual rechazados,
Vetados de nuestro mundo.
Luna menguante
Y luna creciente,
Algún día deberán encontrarse,
Y hasta entonces que nadie pase.
Que así sea,
Y así será,
Es mi voluntad,
Ordeno que ocurra ya."
Era un tanto obvio en casi su totalidad, pero el final siempre la confundía y decidía pensar que se trataba de algún adorno protocolar, porque eso de las lunas realmente no tenía mucho sentido para ella.
Elvia entró en ese momento preguntando sobre el desayuno por medio de señas, y Eleanor supo que allí tendría la oportunidad de plantearle lo que tenía en mente. Con una sonrisa sincera en el rostro, la bruja dejó lo que tenía en la mesa de la biblioteca y fue hasta la cocina seguida por su inquilina.
*

**
Con ayuda de un hechizo, la bruja encantó una mascara que hablaba lo que Elvia quería decir, así las cosas habían sido mas fáciles de explicar, hasta la propia inquilina quería saber qué había pasado con el escudo de la casa. Con algunos minutos con la templaria bajo un sueño inducido, la bruja pudo ver todo lo que necesitaba, y aunque las cosas eran más sencillos de lo que esperaba.
Elvia quedó sumamente mareada por el cansancio, pues nunca antes había participado en una lectura como esa, así que Eleanor la llevó al dormitorio. Cayó dormida en el segundo en que tocó la cama.
—¿Sssegura de que esss lo correcto? —Snavís estaba al pie de las escaleras cuando ella llegó y comenzó a bajar a su lado.
—Sí, la voluntad de los vivos es importante, pero los deseos de los muertos son sagrados.
—Pudo ssser algo implantado por lasss templariasss, ¿o no?
—Snavís —dijo ella con un suspiro—, sé lo que vi. La madre de esta chica la quiere aquí y no voy a ir en contra de ella, además —añadió con una sonrisa—, parece una buena persona y no me canso de mirarla, hace mucho que no veo a nadie tan atractiva.
—Esss arriesssgado desssidir en bassse a los dessseosss carnalesss —aunque podía ser exasperante a veces, Eleanor sabía que su guardián solo quería lo mejor para ella.

Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top