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Esa misma noche, luego de comer y darse un baño, ambas chicas estaban acostadas en habitaciones diferentes, separadas únicamente por una misma pared.
De alguna manera, con señas y gestos, pudieron hablar por largo rato. Elvia se removió incómoda en su cama cuando lo recordó. Era la primera vez que dormía fuera del templo donde prestaba sus servicios como sacerdotisa. No era una vida lujosa como algunos creían en el pueblo, pero sí le daba el sustento de su familia, además de ganarles a todos un prestigio exclusivo.
Las mujeres allí no eran precisamente amigables, el ambiente se sentía más bien silencioso, opresivo, pero tener acceso a los talleres artísticos la ayudaba a relajarse, comunicarse de alguna manera, pues nadie en ese lugar parecía entender la más mínima seña.
Eleanor era otro tema, ciertamente. En toda su vida, solamente ella la había entendido casi desde el primer momento, además de que se veía muy amable, muy atenta a lo que necesitara.
El tema de la serpiente le causaba escalofríos. Sabía que era una bruja desde que la vio, pero no detectó malicia alguna en ella. No era como esas mujeres de falsa fe con zorros de mascotas. A lo mejor significa que es diferente, pensó.
En todas las historias de la biblioteca se decía que aquella persona con un zorro bajo su mando era de temer, pero pocas veces se mencionaban a esas que tenían una serpiente, y casi ninguna especificaba algo al respecto. Era más fácil confiar en ella que en las templarias.
Un sonido la sacó de sus cavilaciones de medianoche. Algo se movía atrás de su puerta con prisa. Demasiada. La mente de Elvia le gritó. Sabía que vendrían por ella, una gran parte de su interior lo daba por seguro, pero con la hospitalidad de Eleanor la esperanza pudo más. Un temblor sacudió la casa, haciéndola reaccionar. Verles la cara de nuevo la hacia temblar, le daba pavor, pero si había algo de cierto en su juramento como sacerdotisa era el de proteger a los inocentes. No pudo hacer lo mismo con su madre, la maldición del cangrejo pudo con ella, pero al menos podría intentarlo en ese momento.
Se levantó de la cama. Apenas si estaba vestida con un vestido blanco que su anfitriona le había dado para dormir, pero era indiferente. Niña, quédate allí y no te muevasss. La voz del reptil la congeló antes de que siquiera pudiera dar un paso. Su cuerpo estaba paralizado, duro como la piedra, y por más que tratara de mover algún músculo solamente lograba ganar un dolor de cabeza nada normal. Este es mi problema, no el de ustedes, pensó, esperando que la serpiente la escuchara.
Ssse volvió nuessstro cuando llegassste, no piensssesss mucho y quédate en donde essstásss, había precaución en su voz, pero nada de ira o desprecio.
Elvia cerró los ojos y recordó los ejercicios de desdoblamiento. Si cuerpo podía estar congelado, pero no por eso su espíritu también. Se olvidó de todo, se concentró en respirar, en el aire que entraba, salía y la rodeaba. Su mente quedó en blanco, sus pensamientos enmudecieron y sintió su alma salir del cuerpo.
Escuchó un siseo molesto, pero le importó poco menos que nada. Comenzó a volar hasta la salida sin prestar mucha atención a lo que veía a su alrededor. ¿Eleanor está despierta también? Dijo nuevamente en su mente. No, la mantengo dormida para que dessscanssse, ella sssabe que puedo encargarme sssolo de essstosss asssuntosss, respondió el animal.
Cuando el espíritu de la mujer salió por la puerta principal, reconoció a las encapuchadas blancas con báculos a sus espaldas. ¿Puedes proteger la casa? Ellas vienen por mí, dijo apenas sintió a la serpiente acercarse a la puerta principal. No me arriesssgaré a que hagan daño a mi ama.
Yo confié en ustedes, quiero que ahora confíes en mí, pidió ella. Tienesss sssinco minutosss antesss de que me encargue, pero no esssperesss que te proteja, lo escuchó de mala gana, pero la religiosa podría con ellas. Cuando atravesó las puertas de la casona, Elvia pudo sentir la barrera que Snavís había levantado. Era tan fuerte como las que lograban tres sacerdotisas juntas luego de años de entrenamiento. No pensé que un animal fuera tan fuerte, pensó para sí misma, confiando en qué no podría escucharla.
Al pie de la colina, como con náuseas, estaban dos de sus compañeras de habitación y una chica que solo había visto en algunas ocasiones. Estaban persiguiendo a la hija de una "traidora". De solo pensarlo sintió la sangre hervir en su cuerpo, pero no podía hacer nada que las hiriera, de lo contrario vendrían de otros templos a buscarla, a ella y a los que vivieran en ese lugar.
Se dejó flotar hasta donde estaban las tres mujeres, paradas en frente de la puerta pero a una gran distancia, esperando a que alguien abriera. Se sabía de su poca paciencia y mal carácter, así que podía decir estaban ya de mal humor. Afuera estaba nevando, además, pero pensó usar eso a su favor.
Cuando estuvo suficientemente cerca vio sus miradas vacías. Tuvo muchas esperanzas de que la religión no las volviera piedras, cuerpos muertos y vacíos, justo como sus superioras, mujeres viejas que solo alababan sin realmente sincerar sus actos, pero se había equivocado por lo visto. Ya esas chicas no la reconocerían aunque se les parara en frente y las llamara por sus nombres.
Eran simples títeres alabantes. Eran unas desconocidas.
"Salga el sol en sus ojos,
El viento se lleve sus recuerdos,
Un sentimiento que ya han olvidado,
Al igual que el objetivo asignado."
Sus palabras salieron en un susurro a medida que movía los labios. El recuerdo de su cara se había esfumado seguramente de las tres chicas, pues con la inexperiencia olvidaron escudarse; se dio cuenta cuando las vio, sin ningún brillo extraño en la piel que las delatara.
Ya no recuerdan ni tu nombre, pero crea un recuerdo falssso para que no sssepan en donde perdieron la memoria, dijo Snavís en su cabeza. ¿Hay una ciudad o un pueblo aquí cerca? Era la opción más viable, pues por un momento, cuando se acercó a la casa de Eleanor, pensó que estaba deshabitada y serviría para al menos para pasar la noche. Másss abajo hay un pueblo y ssse sssabe que variasss brujasss viven allí, esss una buena idea. Elvia de concentró en esa poca información, además de la vista rápida que dio cuando la serpiente le respondió.
"Colina arriba, colina abajo,Ya su camino está cambiado."Casi de inmediato, las tres mujeres empezaron a caminar hacia el pueblo. Elvia calculó que en unos veinte minutos estarían allí, así que no había de qué preocuparse. De dejar a Snavís hacerse cargo de ellas, seguramente habrían terminado muertas; podía ver el carácter violento del animal en su sola voz. Nada mal, piensssan que sssolo ssse detuvieron másss atrásss para dessscansssar y ssseguir luego al pueblo. No recuerdan nada de esssta casssa, la voz de la serpientes sonó en su cabeza, ligeramente, como felicitándola. Decidió tomarlo como tal. Gracias, es lo menos que pude hacer por ustedes. Snavís se retiró nuevamente a un rincón de la cocina, levantó la barrera que había en la casa, dejó libre el cuerpo de Elvia, haciéndola volver al momento, y le dio un Buenasss nochesss antes de salir de su cabeza.
Todo había salido mas sencillo de lo que esperaba, y si así iban las cosas, en uno o dos días se podría ir de allí y no causar mas molestias.
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