Capítulo 7
Parpadeo rápidamente al escuchar su pregunta y me pierdo enseguida en sus ojos mientras pienso en eso.
¿Cómo me voy a enamorar a está altura de mi vida y confiar en otra persona? Después de todo el dolor que sentí con Juan, ya no quiero enamorarme, solamente quiero estar tranquila y seguir teniendo el amor de mis hijos.
– No estoy enamorada, Leandro. – Suspiro. – Tengo miedo.
– ¿Por qué? No hay nada que temer.
– Mis hijos quieren mucho a su padre y cuando se enteren que quiero divorciarme de él, no van a querer ni hablarme. – Mi voz se rompe. – Estoy segura que va a pasar eso.
Niega enseguida y sus manos toman con ternura las mías, Leandro es un hombre tan bueno y estoy agradecida por su compañía. Apoyo mi frente con la suya y respiro hondo.
Después de unos minutos, me pongo de pie antes de hablar.
– También pensé recuperar el lugar que tenía antes en la empresa, quiero valerme por mí misma. – Tranquila. – Necesito que contrates un abogado para el contrato del divorcio, si lo hago yo seguramente todos se darán cuenta.
– Mi abogado es confiable, hablaré con él y te llamaré así vamos juntos.
Asiento y sonrió feliz por el apoyo que me está dando.
– Gracias Leandro. No se que habria pasado si no contaba con tu ayuda.
Sonrie con ternura y mi corazón se detiene al ver lo lindo que se ve de esa manera.
– Siempre vas a contar con mi ayuda.
Bajamos las escaleras y lo acompañó hasta la salida.
– Me honra que me tengas confianza. – Sonríe. – Y te ayudare en todo lo que necesites.
No puedo evitar sonreír cuando besa mi mano antes de despedirse.
– Adiós Leandro, cuídate.
– Tú también Isabella.
Da media vuelta y observo como Leandro se aleja para ir a su coche.
A pesar del miedo que me da está decisión que tome no puedo dejar de sentir esperanza.
Regreso a la casa y me encuentro con la mirada curiosa de Florencia.
– ¿Qué pasó?
– Me anime en pedirle que me ayude... – Trago saliva. – Le dije que quiero divorciarme de Juan e independizarme económicamente.
Florencia me mira con sorpresa y sonríe al instante.
– Por suerte quiere ayudarme y me dijo que hablara con un abogado.
– Yo sabia que el señor Alvear la ayudaria.
Sonrió al escucharla y respiró con alivio.
– Leandro es muy bueno y la verdad es que confío en él.
– Lo bien que hace señora.
Florencia apoya una mano en mi hombro mientras me da una sonrisa rara. La miro confundida al no entender porque me mira de esa manera.
Narra Thiago:
Después de mostrar una expresión madura después del anuncio de mi padre, estoy pensando muy bien como puedo vengarme de mi hermano y para eso necesito la ayuda de mi hermana.
Juliana me mira con seriedad al ver que me muevo de un lugar a otro.
– ¿Puedes quedarte quieto? – Se queja.
– ¿Qué quieres que haga? – Molesto. – No puedo dejar que Santiago se quede con todo cuando no lo merece. Sabes muy bien que yo merezco ese puesto.
– Tarde o temprano vas a tener la oportunidad, papá sabe porqué hace las cosas.
– Yo no estoy de acuerdo.
Me acerco a su hermana y la miró seriamente.
– Tienes que ayudarme Juli. Ambos sabemos muy bien que yo lo merezco más.
– ¿Puedes dejar las cosas como están? Ya papá decidió y no hay nada que puedas hacer.
– ¿Y eso? Él no tiene todas las acciones y puedo hacer que la otra parte quiera que yo sea el vicepresidente. Cuando eso ocurra, quiero que votes por mí.
– Estás loco. No voy a hacer eso.
Suspiró, ya sabía muy bien que a la primera se iba a negar, pero mi hermana es una persona muy manipulable y no va a tardar mucho tiempo para obtener su apoyo. Estoy dispuesto a hacer cualquier cosa para que mi plan triunfe.
Narra Leandro:
Regreso al trabajo y cuando estaciono el coche, me apoyo en el volante mientras no puedo dejar de pensar en todo lo que paso con Isabella.
Cierro los ojos y el recuerdo de cuando tuve el impulso de abrazarla se hace carne en mi corazón. Quería protegerla con mis brazos, que ella se sintiera segura y que con mi ayuda ella sería una mujer divorciada.
Sin embargo, no puedo dejar de pensar en la expresión triste en la que la vi hace pocos días.
¿Esa era la razón por la que estaba tan mal?
Debe ser por eso porque entiendo el miedo que puede llegar a sentir al pensar en sus hijos pero ella ya es mayor y tiene que tomar sus propias decisiones.
No obstante, cuenta con mi ayuda y saldrá de esta situación que la aterra.
"– Ya no lo amo. Hace mucho que me siento de esta manera.
Cuando escuché eso, la emoción se hizo cargo de mi corazón y fui víctima de mi impulso al hacer una pregunta de la que después me arrepentí al instante.
– ¿Estás enamorada de otro hombre?".
Fui un estúpido pero no me pude contener, quería escucharla y a pesar que es algo que no puede ser, la esperanza inundó mi alma.
Salgo del coche y me apuro para ir a mi oficina. Cuando abro la puerta, mi expresión se vuelve seria cuando veo a Regina sentada en mi escritorio.
– ¿Que haces acá? – Serio.
– Nada. Solo quería hablar con usted pero no estaba.
Sonrie descaradamente y me molesta que se comporte de esa manera.
– Bajate de mi escritorio.
– Ay no seas tan malo... – Riéndose. – No entiendo porque te portas así conmigo.
– No me interesa darte explicaciones. – Determinante. – Ahora te vas antes de que te eche.
Ella se baja del escritorio y tiene intenciones de acercarse dónde estoy pero me voy a la puerta antes de abrirla.
– Es una lastima que no quieras divertirte conmigo.
– Ni ahora ni nunca.
Regina sale de mi oficina y doy un portazo.
Me molesta que está mujer no entienda lo que es un no y siga queriendo seducirme cuando eso nunca va a pasar.
Respiro hondo mientras intento tranquilizarme y me dirijo hacia mi escritorio.
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