Capítulo 6
Narra Leandro:
Después del trabajo, estoy encerrado en mi cuarto de pintura y estoy sentado en mi taburete en frente del cuadro en el que estoy pintando. La música me está acompañando mientras mi inspiración está a flor de piel.
Otra vez estoy haciendo un retrato de Isabella, dónde vuelco en el lienzo toda la belleza que veo en ella, interior y exterior.
Isabella Caseros es una mujer extraordinaria, la mejor que conocí en mi vida y de la que estoy perdidamente enamorado.
Este amor que siento por ella y aunque no sea recíproco me hace tan bien porque amar no me hace daño, al contrario, me hace ser mejor persona y quiero verla feliz a pesar de todo.
La estoy pintando en medio del jardín de su casa, su cabello rubio está al viento mientras resaltó la belleza de sus ojos azules y mirándome con la pureza de su mirada. Esa sonrisa maravillosa que provoca que mi cuerpo tiemble por ella.
Mi corazón está que se derrite mientras la pintó, tomándome el tiempo de que la pintura saliera perfecta.
En medio del trabajo, mi celular empieza a sonar y cuando lo agarro, mi cerebro perdió la capacidad de razonar al ver qué es un mensaje de Isabella. Lo abro enseguida y lo leo.
"Siento molestarte Leandro pero quería preguntarte si puedes venir mañana a mi casa. Te espero temprano para que podamos hablar y desayunar con tranquilidad. Buenas noches".
Me quedo con la boca entreabierta al terminar de leer el mensaje y mi corazón parece un tambor por cómo está latiendo. Empiezo a escribir para contestar enseguida.
"No me molestas para nada Isabella y claro que mañana estaré para que podamos hablar. Buenas noches".
Una sonrisa se dibuja en mi rostro y me preguntó de qué querrá hablar, lo que hace que me ponga más ansioso porque llegue mañana.
Al otro día, me escapo del trabajo para ir a la casa de Isabella y Florencia me dice que me está esperando en la terraza.
– Antes de que vaya a verla, ¿que quiere tomar?
– Un café estaría bien, Flor. Muchas gracias.
La ansiedad se hace cargo de mi cuerpo y me apuro para atravesar el jardín hasta que llego a la escalera.
Al subir a la terraza, la encuentro sentada frente a la mesa y se pone de pie al verme. Me acerco rápidamente y tomo su mano para besar su piel radiante.
– Gracias por venir. – Agradecida. – Es que necesito hablarlo con alguien.
La noto un poco nerviosa, provocando que me sienta preocupado por ella.
– Toma asiento. – Me pide.
Le hago caso y se produce un silencio cuando Florencia sube a la terraza. Me sirve el desayuno y por último mi infusión.
– Su café.
– Gracias.
– Puedes dejarnos solos, Flor... – Traga saliva. – Gracias.
Florencia asiente y se aleja de nosotros antes de dirigirse a las escaleras.
Una vez que ya estamos solos, tomó sus manos y la miró con preocupación.
– ¿Pasa algo, Isabella?
Sus ojos azules me miran con temor y suspira.
– Por eso quiero hablar con vos, necesito que me ayudes.
Aprieto sus manos con suavidad para darle ánimos a que me diga lo que pasa.
– En lo que sea, te escucho.
Narra Regina:
Cuando entro a la oficina de mi amante, lo encuentro completamente ido. Entrecierro los ojos al verlo pensativo y después de unos minutos, al fin reacciona al mirarme y sonrió con picardía.
– ¿En que pensara esa cabecita?
– Nada, no tiene importancia. – Suspira. – Solo que estoy molesto con la estupida de mi esposa. – Odio que no haga lo que yo le pido y después llora cuando quiero corregirla. – Golpea la mesa. – Que se joda, ella se lo merece y no me arrepiento de lo que hice.
Esté hombre me da tanto asco, piensa que maltratando a su mujer lo hace macho. Me da tanta risa que sea una persona completamente narcisista cuando no vale nada como hombre. Solo lo estoy utilizando para que me de lo que quiero, dinero y todos los lujos que me puede dar un hombre con la condición social que tiene esté infeliz.
– No quiero hablar de eso. Solamente quería pasar un momento a solas y por eso te llame.
Sus brazos rodean mi cintura y arqueo una ceja mientras largó una risa.
– ¿Aquí? Pensé que no te gustaba que estemos juntos en tu oficina.
– Ahora cambie de parecer. – – Besa mis labios.
Narra Leandro:
Baja la cabeza y me coloco frente a ella, tomo su mentón con suavidad y subo despacio su cabeza para que me mire.
– Sabes que puedes confiar en mi, Isabella. – Acaricio su mejilla.
Mis palabras son sinceras, nada me haría más feliz que ayudarla en lo que me necesite.
Respira hondo como si estuviera juntando valor para hablar.
– Quiero divorciarme de Juan.
Quedó perplejo al escucharla y mis palabras no salen al sentir como mi corazón quiere escapar de mi pecho.
– ¿Por qué?
Ella baja la cabeza y cierra los ojos, no entiendo nada de lo que está pasando. Estoy tan confundido pero me olvido de mis dudas al sentir como sus manos tiemblan. Tendría que estar feliz al escuchar que se quiere divorciar pero no puedo estarlo cuando la veo de está manera.
– Isabella... mírame por favor.
Mis manos están apoyadas en sus mejillas y noto que sus ojos están llenos de lagrimas. Mi corazón se rompe al verla de esa manera y se me hace un hueco en el estomago.
– Dime algo Isabella. – – Me estoy volviendo loco. – – Se que algo te está pasando y puedes decirme lo que sea.
– No quiero que se lo digas a Santiago, no quiero que nadie lo sepa. – Traga saliva. – Prométeme que nadie lo va a saber.
– No se lo diré a nadie, puedes confiar en mí.
Narra Isabella:
Siento un cosquilleo al sentir sus manos sobre mis mejillas, acariciando mi piel con ternura y mis ojos lo miran atentamente.
Suspiro de alivio cuando escuchó su respuesta, se que no le dirá nada a mi hizo pero necesitaba oírlo. Me abraza enseguida y la paz inunda mi corazón cuando sus fuertes brazos me estrecharon Mi cabeza se apoya en su hombro, dejando ir cualquier preocupación y me inunda su fragancia varonil.
Siento como late su corazón y esté late con fuerza mientras nos mantenemos unidos.
Nos separamos después de unos minutos y puedo notar dudas en su mirada.
– ¿Por qué quieres divorciarte de Juan?
– Ya no lo amo. Hace mucho que me siento de esta manera.
Puedo ver como sus ojos negros se iluminan y tardo un tiempo en hablar.
– ¿Estás enamorada de otro hombre?
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