Capítulo 5


Narra Leandro:

No soporto verla sufrir de está manera, me duele el corazón ver que está por llorar y no quiero eso. Mis manos se apoyan inconscientemente en sus mejillas y la miró con ternura.

– Eres una estupenda madre, Isabella. – Sonríe. – Eres una mujer tan maravillosa.

La abrazó con fuerza y ella me devuelve el abrazo, mi corazón late como un loco y siento que el pecho me va a explotar. Su cabeza descansa en mi hombro y nos quedamos allí por mucho tiempo.

Como quisiera que esté tiempo durará para siempre pero lamentablemente no se puede. Ella se separa lentamente y veo que sus ojos brillan al final.

– Gracias Leandro.

Mis palabras son sinceras, ella es una excelente madre que no merece que sus hijos se peleen por algo que no tiene sentido.

– No es nada. – Tomo sus manos de nuevo, acariciando su piel suave. – Sabes muy bien que puedes contar conmigo.

Ella me dedican una hermosa sonrisa que me deja contra las cuerdas, es tan bella por el amor de Dios. Me siento tan bien estando con ella y anhelo poder decirle que la amo. Respira aliviada y asiente lentamente.

– Eres tan buen amigo.

Mis ojos brillan con intensidad, soy incapaz de dejar de mirarla y tengo miedo de quedar en evidencia. Beso sus manos y nos quedamos mirando en silencio.

– Buenas noches Isabella, cuídate mucho.

– Vos también.

Me despido de Isabella y me voy alejando del jardín, salgo de la casa y me acerco rápidamente hacia mi auto, entró y enciendo el motor del auto. Antes de colocarme el cinturón de seguridad, respiro hondo y chasqueo la lengua al recordar lo que Isabella me dijo.

"– Eres tan buen amigo".

Ojalá fuera algo más Isabella... Ojalá pudiera tener la oportunidad de estar con vos, hacerte la mujer tan feliz de la tierra pero no puedo. Me tengo que conformar con ser tu amigo y verte estando con alguien más.

Utilizó la palanca de cambio y aceleró, alejándome del lugar.

Narra Isabella:

Estoy sola en el patio y Florencia se me acerca después de despedir a mis hijos.

– ¿Y el señor Leandro?

– Recién se fue. – Tranquila. – Estuvimos hablando por un largo tiempo.

– De verdad que el señor la tranquiliza demasiado, se la ve muy bien.

– Es un buen amigo, sé que puedo contar con su apoyo.

Florencia me observa con atención, hay una sonrisa en su rostro y arqueo una ceja. No entiendo su expresión y decido no prestarle mucha atención.

– Mejor que me vaya a acostar.

– Está bien señora, que tenga buenas noches.

Ambas entramos a la casa, subo las escaleras y cuando entro a la habitación, me encuentro con Juan tomando una copa de vino.

– Pensé que ya te fuiste a la empresa.

– No, te estaba esperando. – Me mira con seriedad. – ¿Dónde estabas?

– Afuera.

– ¿Con quién?

Escucho el tono de su voz y noto que está borracho, mis ojos azules lo miran con seriedad al ver que me está pidiendo explicaciones.

– Estaba sola Juan, además puedo hacer lo que quiera. – Molesta.

Juan aprieta su copa de vino y doy un salto cuando lanza la copa de vino hacia la pared, avanza hacia donde estoy y me toma instantáneamente del cuello, lo aprieta con fuerza y apenas puedo respirar.

– A mi me vas a hablar bien Isabella. – Enojado. – No me importo pegarte y no me va a importar hacerlo de nuevo.

El pánico se apodera de mí y me duele el cuello por la fuerza que está ejerciendo sobre mí.

– Suéltame.

El oxígeno está escapando de mis pulmones y no se que hacer para sacarlo de encima. Me avienta contra la cama y las lagrimas salen de mis mejillas por el dolor que estoy sintiendo.

– Espero que estés satisfecha. Que sea la ultima vez que me hablas de esa manera porque va a ser la unica vez que veras la luz del sol. – Furioso.

Sin previo aviso, me toma del cabello y hace que lo mire.

– ¿Me entendiste?

No tengo otra opción que asentir y me suelta.

Sale de la habitación dando un portazo y rompo en llanto, no puedo evitar llorar con histeria y me cubro el rostro con mis manos.

Estoy harta de mantener esa imagen de mujer intachable, de mujer fiel cuando ese hijo de puta hace que mi vida sea un infierno. No puedo hacer nada porque me mantiene a su lado por medio de amenazas.

Tengo que hacer algo antes de que ese monstruo le haga algo a mis hijos.

Estoy llena de odio y miedo, mi mente está resignada pero no mi corazón, quiere cambiar el curso de su vida. Sin embargo, el temor que me hace sentir me detiene, soy consciente de lo que es capaz de hacer si intento abandonarlo pero tengo que hacer algo. Debe de haber alguna manera de poder escapar de sus garras.

Mis ojos están hinchados por el llanto.

Esto ya no puede seguir así, tengo que encontrar alguna opción que me ayude a salir de esté infierno cuanto antes.

Florencia entra enseguida a la habitación y mira el vino desparramado en el piso junto a los vidrios rotos.

– ¿Le hizo algo? – Preocupada.

– No... sólo aventó la copa contra la pared. – Me seco las lágrimas. – Pero ya no puedo más... – Mi labio tiembla por los nervios que estoy sintiendo. – Necesito ayuda, Flor.

Florencia me abraza con fuerza y lloró de nuevo al no poder controlar mis emociones.

– Mejor le haré un té y le daré un calmante para que pueda descansar. Más tarde hablaremos con tranquilidad. ¿Si?

Asiento lentamente y sale enseguida para hacer lo que dijo.

Tiempo más tarde, abro los ojos y me encuentro con la oscuridad de mi habitación. No tengo animos de hacer nada y quiero quedarme acostada en la cama.

Mientras estoy en silencio, los recuerdos golpean mi cabeza y me topo con la imagen tierna de Leandro en el momento que sus manos me tomaron con suavidad.

"Sabes muy bien que puedes contar conmigo".

En ese momento me sentí tan segura con él, ese abrazo que me dio me hizo sentir tanta paz. Sus brazos fuertes me reconfortaron y no quería que me soltara.

Sé que es amigo de mi hijo pero estoy segura que es la persona en la que le puedo pedir ayuda y se que lo hará desinteresadamente. 

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