Capítulo 4


Narra Isabella:

Me separo de Juan y abrazo a mi hijo, lo extrañe tanto y me hace tan bien verlo. Le doy un beso en la mejilla y lo miro con ilusión.

– Dime que te quedas a comer. – Ilusionada.

– A eso vine y a decirle a papá que mis hermanos están enterados del almuerzo de mañana.

– ¿Qué hay mañana? – Pregunta confundida.

– Mañana te vas a enterar. – Le contesta Juan.

A pesar de que tengo un porcentaje de las acciones de la empresa, no tengo ni idea de lo que se habla de las reuniones o la situación que está atravesando la empresa.

– Es una sorpresa pero sé que te pondrás feliz cuando te enteres.

Sonrió al escuchar a mi hijo y lo abrazó con fuerza. Gracias a Dios que está aquí conmigo pero sé que está felicidad no durará mucho tiempo.

Santiago se va de la casa cuando ya es muy tarde y me doy cuenta de la mirada asesina de Juan.

Lo observó con tanto odio y trató de respirar con tranquilidad. Odio ser tan sumisa, odio que Juan me logre desestabilizar por completo porque no quiero vivir así. Solo quiero ser una mujer libre y escapar de las garras de esté monstruo.

Narra Leandro:

Son cerca de las 11 de la noche y estoy terminando los últimos planos que me quedan, aunque no estoy muy conforme con el resultado y me exijo más. No me siento tan inspirado como me gustaría y eso me frustra.

Me llevó la mano derecha hacia mi nuca y dejó escapar todo el aire que contenía.

Apago la computadora y la dejó sobre el cajón de la mesa de luz, allí encontró un retrato que me hizo sonreír apenas la vi. La saco antes de cerrar el cajón y la miro de cerca, se trata de un retrato que pinte de mi hermosa Isabella. Contempló su sonrisa por un momento y no puedo evitar suspirar como un tonto enamorado.

– Eres tan hermosa Isabella. – Suspiro suavemente. – Creo que no pude haberme enamorado de una mujer tan maravillosa como tú. Sé que eres una mujer casada pero no puedo evitar sentir lo que siento, cada vez que estoy contigo siento que recupero el oxígeno que perdí en el tiempo que no te vi, siento que vuelvo a nacer cuando veo tus ojos. – Acarició el retrato. – Nunca dejaré de amarte.

Besa el retrato con cuidado y la vuelvo a guardar en el cajón, apagó el velador y me dispongo a dormir.

Al otro día, estoy en la oficina cuando dejó los planos ya terminados y Santiago los está viendo.

– Quedaron muy bien. – Animado. – Se que le gustara mucho a mi padre, se los mostrare más tarde, después del almuerzo con mi madre.

Asiento y los nervios me atrapan al saber que vere a Isabella de nuevo, mi corazón late con fuerza y mis mejillas se ruborizan.

– ¿Cómo crees que lo tomará tu hermano?

– Y... – Suspira. – Se que vamos a pelear, lo de siempre pero sé que él también tendrá la oportunidad, solo tiene que esperar.

Asiento en silencio, suspiro lentamente mientras intento calmarme pero no puedo y más de tan solo pensar en cómo estará Isabella.

¿Se sentirá mejor o estará de la misma manera en la que la vi ayer?

Eso es lo que me da miedo y me entristece, verla de aquella manera y se me rompe el corazón.

– Ey... – Mi amigo me llamó la atención. – ¿Estás bien?

– Si... – Trago saliva. – No me hagas caso.

Narra Isabella:

Disfruto de la mañana tranquila que me está dando el día soleado. Estoy frente a mi piano de cola, donde tocó para poder tranquilizarme o quiero expresar cualquier emoción que atraviesa mi cuerpo.

Mis dedos tocan suavemente las teclas mientras la música se hace escuchar en toda la habitación, me quedo allí durante un largo tiempo hasta que Florencia se hace presente.

– Ya preparé todo para el almuerzo de hoy.

Asiento y sonrió de tan solo pensar que mis hijos estarán almorzando conmigo. Me pregunto cual sera la sorpresa que me tiene Santiago.

Sin embargo, se muy bien que eso le molestara a Thiago y me quejo de tan solo pensarlo.

– Me pone mal que Thiago sea muy competitivo con su propio hermano. – Suspiro. – Ya veo que se van a pelear de nuevo y no quiero eso.

– Usted sabe que Thiago es celoso, se pelean pero después está todo bien.

Me pongo de pie y asiento, se que tiene razón pero me hacen hacer tanta mala sangre cuando pasa eso.

– No piense en eso. Tiene que estar contenta, va a vivir un momento agradable con sus hijos y se olvidará de cualquier pena que tiene en su corazón.

Sonrió un poco al escucharla, tranquilizandome enseguida.

– Será mejor que me prepare. Quiero estar linda.

Florencia sonríe y salgo enseguida de la sala, dirigiendome enseguida hacia la habitación.

Más tarde, Juan llegó a la casa junto a mis hijos y me sorprendió al ver a Leandro, me saluda con un beso gentil en mi mano y nos dirigimos hacia el comedor donde todos tomamos asiento y Florencia sirvió la comida.

Hubo un silencio que duró bastante tiempo, todos estaban esperando a que Juan abriera la boca. Mi esposo se limpia la boca con la servilleta y la deja sobre la mesa.

– Los invite al almuerzo porque tengo que decir algo muy importante.

Thiago suspira y apoya la espalda en el respaldo de la silla, cruzándose de brazos mientras su padre no deja de hablar. Lo noto tenso y ya se que esto es para problemas.

– Me costó mucho tomar está decisión y creo que, a pesar de todo, tomé la mejor decisión.

Suspiro e intercambio miradas con Santiago. Juan le está dando muchas vueltas al asunto y quiero que se acabe este martirio.

– El vicepresidente va a ser Santiago.

Hay un silencio en la mesa y Thiago está callado, observa con seriedad a su padre.

No obstante, muestra una sonrisa y casi me quedo con la boca abierta por la sorpresa.

– Felicidades Santi, sé que te lo mereces.

Mis ojos no se apartan de mi hijo, quien se pone de pie y se acerca a su hermano para darle un abrazo. Respiro de alivio al ver su reacción pero Santiago se muestra cauteloso.

– Gracias Thiago. – Responde Santiago.

Más tarde, estoy en el jardín de la casa y noto un sonido de pisada de alguien que se me está acercando, doy una media vuelta y me encuentro con Leandro, quien me mira con una sonrisa.

– Creo que todos nos sorprendimos cómo se lo tomó mi hijo.

Leandro mueve las cejas y lo miró con seriedad al ver su reacción.

– No me malentiendas Isabella pero Thiago es un poco inmaduro cuando se trata de su hermano.

– Capaz que se dio cuenta que se equivocó, no quiero que Thiago odie a su hermano. – Mortificada. – Los crie de la misma manera y no logro entender que sea tan malo con él. – Me calla y trago saliva. – Me hace pensar que soy una mala madre, que no los logre criar como es debido.

Leandro me calla rápidamente, mis ojos están cubiertos de lagrimas y él se da cuenta de ello cuando sus penetrantes ojos negros me miran con tristeza. 

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