Capítulo 62



Al otro día, la primera en abrir los ojos fue Isabella y se levanto eufórica, va al baño para lavarse los dientes y darse una ducha. Leandro sigue durmiendo y no se despertó hasta que Isabella termino de arreglarse.

– Mi amor. – Lo sacude suavemente. – Amor, hay que levantarse.

– 5 minutos más. – Se queja.

– Nada de 5 minutos. – Se ríe. – No quiero llegar tarde a la ecografía.

Leandro abre los ojos al darse cuenta que hoy verán al bebé y se levanta rápidamente.

– Veremos al bebé. – Emocionado.

Isabella sonríe al verlo de esa manera y le da un abrazo, Leandro acaricia su espalda y besa sus labios apasionadamente.

– Dale, anda a prepararte que no quiero llegar tarde.

Ella palmea suavemente su trasero y se ríe mientras lo ve corriendo hacia el baño.

Prepararon sus cosas antes de ir a la cita médica, Leandro le abre la puerta de la camioneta y la ayuda a subir. Conduce enseguida hasta la clínica y al llegar, Leandro entrelaza su mano con la de Isabella y sonríe lleno de euforia.

Sera la primera vez que ve a su bebé y ellos están tan emocionados de poder ver al bebé, soñaron días y días con que llegara este día, y al fin llego. Ambos están sentados esperando a que la obstetra los llame y se pararon rápidamente. La mujer los hace pasar y le pide a Isabella que se acomode. La mujer le hace caso y se levanta la blusa.

Leandro está sentado cerca de su mujer y sostiene su mano, la besa suavemente y no pueden borrar las sonrisas de sus rostros. Llego el momento que estuvieron esperando por semanas.

– ¿Están listos? – Pregunta la doctora.

Ambos asienten al mismo tiempo y la doctora le coloca el gel en su vientre. Isabella gime al sentir el gel frio y la mujer pasa el transductor por alrededor de su vientre, la pareja está en silencio, mirando las imágenes distorsionadas hasta que la obstetra paraliza la imagen y les muestra el pequeño embrión. Isabella fue la primera en darse cuenta que su bebé está ahí y lo vio tan chiquito que su corazón se encoge de ternura.

– ¿Ven esa pequeña formita? – Señala en la pantalla y hace zoom para que lo puedan ver. – Se pueden ver sus ojitos y se puede escuchar el corazón.

El corazón de ambos empieza a saltar y sentir como se está por salir del pecho al escuchar eso.

– ¿Se puede? – Ansioso.

– Claro, desde la 5 semana se puede escuchar los latidos del bebé y por el tamaño, el embrión cuenta con 8 semanas.

Isabella se quedo en silencio sacando las cuentas y se dio cuenta el momento en que hicieron al bebé y sus mejillas se volvieron rosadas, Leandro la mira en silencio y sonríe al verla de esa manera.

Una vez que ambos escucharon los latidos del bebé, sus ojos empezaron a picar y no pudieron hablar, la emoción se hizo cargo del momento que están viviendo y Leandro no puede dejar de mirar a su mujer. Se siente tan orgulloso de ella y no puede dejar de enamorarse de ella como un loco. Besa sus labios con ternura y las lágrimas caen por sus mejillas mientras la mira.

– Te amo tanto, mi amor.

Ella sonríe y le devuelve el beso, sonríen al mismo tiempo y vuelven a mirar a la pantalla mientras los latidos del bebé llenan la habitación. Sus latidos son fuertes para el tamaño que tiene y Isabella lleva la mano hacia la boca. Hace tantos años que fue madre que casi se olvido de este momento maravilloso.

La obstetra grabo la ecografía y saco fotos al embrión para que los padres puedan tenerlas. Una vez que terminan, ella les da las fotos y Isabella las sostiene sobre su pecho.

– La grabación se las enviare por correo electrónico. Espero que les vaya muy bien.

La pareja le agradece y salen felices del hospital. Una vez que están solos, Leandro la alza y ella envuelve sus piernas alrededor de su cadera.

– Estoy tan orgulloso de ti, mi amor. Estás teniendo a nuestro bebé.

Llora lleno de felicidad y la besa apasionadamente, sus lenguas se mezclan mientras comparten el beso y luego apoyan sus frentes.

– Te amo, te amo. Los amo. – Eufórico.

Ella sonríe mientras lo observa y acaricia sus mejillas.

– Nuestro bebé es tan fuerte. – Contento. – ¿Escuchaste como latía su corazón? Por dios. Es tan fuerte como tú. Oh mi amor, me haces tan feliz día a día, no dejo de darle gracias a Dios por darme la suerte de estar contigo y ahora tengo las fuerzas de decirte lo que no deje de pensar desde hace días.

La suelta y hace que sus pies pisen el suelo, Isabella lo observa sin entender y lleva las manos hacia su boca al ver como se arrodilla.

– Isabella, la mujer que hace que mi vida sea un sueño del que nunca quisiera despertar, ¿quieres casarte conmigo?

Isabella siente como el corazón está a punto de explotar, se lleva una mano hacia su pecho y empieza a llorar de la emoción. Leandro sigue arrodillado, sosteniendo la mano de su mujer y la mira con toda la ilusión del mundo. Mira el anillo que Leandro le compro para ella.

El joven es consciente que Isabella sigue casada con Juan, pero no le importa, lo único que desea es unir su vida con la mujer de su vida y está dispuesto a esperar lo que sea.

Una sonrisa se forma en el rostro de Isabella y asiente.

– Claro que acepto, mi amor. – Llorando. – Oh Leandro, lo único que quiero es ser tu esposa.

Leandro llora con ella y le coloca el anillo de compromiso, se pone de pie y la toma entre sus brazos.

– Vas a ser mi esposa. – Feliz.

– Es lo que más quiero. – Emocionada.

Van a tener una familia y ahora están comprometidos, ellos se sienten tan felices que nadie podrá arruinar su maravilloso momento.

Ella está envuelta por los brazos de Leandro y el joven sonríe mientras la observa.

– Cuando la obstetra te dijo las semanas del embarazo te pusiste colorada. – Acaricia su estómago. – ¿En qué pensaste?

Ella se ríe suavemente y acaricia su pecho.

– Es que si los cálculos no me fallan... lo creamos cuando me llevaste a ese hotel después de haber hecho el amor en la oficina, ¿te acuerdas?

– Oh si...– Sonríe. – Tuve tantos celos ese día...

Isabella apoya la cabeza en su pecho mientras no deja de sonreír y respira completamente tranquila.

Más tarde, Leandro conduce hasta la casa y con su mano libre acaricia el muslo de su mujer. Una vez que llegan a la casa, el joven la alza y entran a la casa como si fuera la luna de miel.

– Todavía no nos casamos. – Se ríe.

– Lo sé, pero estoy tan ansioso.

Se ríen al unisonó y la baja con cuidado, besa sus labios y envuelve su cintura con sus fuertes brazos, atrayéndola más hacia su cuerpo.

– Merecemos festejar. – Sonrie maliciosamente.

– ¿Qué sugieres?

La voz de Isabella es seductora y siente como Leandro aprieta su trasero. Isabella se muerde el labio y siente el bulto erecto de su hombre, el beso es necesitado y excitante.

– Te hare el amor en este mismo momento.

La sostiene mientras sube las escaleras y la lleva hacia la habitación.

Más tarde, Isabella quedo completamente dormida después de hacer el amor y Leandro se levanta suavemente sin llegar a despertarla, la cubrió con las sabanas. Termina de vestirse y baja las escaleras.

Revisa en la heladera que es lo que necesita para salir a comprar al almacén. Agarra las llaves y sale de la casa, unos minutos después. Isabella abre los ojos y se encuentra sola en la cama. Se pone de pie y cubre su desnudez con una bata.

Baja las escaleras estando descalza y busca a Leandro, se da cuenta que no está y se sienta en el sofá de la sala esperando a que el joven regrese.

Su corazón salta al escuchar un ruido que proviene de arriba y se pone de pie rápidamente, camina lentamente hacia el pie de la escalera y traga saliva, trata de tranquilizarse y pensar que no es nada pero su rostro está lleno de pánico al ver a Juan bajando las escaleras. Lo primero que hace es intentar retroceder, no obstante, el monstruo la apunta con el arma.

– Ni te atrevas a moverte. – Sonríe maquiavélicamente. – ¿Acaso pensaste que vivirías un cuento de hadas mientras yo tengo que estar escondido por tu culpa?

Se acerca a ella y tira de su cabello con fuerza. Ella chilla por el dolor y está a punto de gritar.

– Si gritas, te juro que vas a perder tu bebé en este mismo momento. – Apunta el arma en su vientre y su cuerpo tiembla por el pánico que siente. – Si mi amor, se que estás embarazada... no solo me pusiste los cuernos con ese estupido sino que también te dejo embarazada.

– No le hagas nada a mi bebé, por favor. – Le ruega.

– No podre prometerte eso mi amor porque vine a terminar lo que tendría que haber hecho antes... si yo no puedo tenerte, ese hijo de puta tampoco te tendrá.

Mueve el arma para apuntarle a la cabeza y el miedo se reflejo en los ojos de Isabella.

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