Capítulo 61



A Leandro casi se le baja la presión al ver a Isabella bajando las escaleras, ella viste con su camisón y se la ve tranquila, aunque algo intrigada por lo que escucho. Santiago se acerca a su madre y la abraza.

– Mamá. – La abraza suavemente. – ¿Cómo estás?

– Muy bien Santi y al ver lo lindo que estás me doy cuenta que estás muy bien. ¿De que hablaban?

– Mi vida. – Nervioso. – Pensé que seguías dormida.

– No... escuche la voz de mi hijo y quería estar con él. – Seria. – Y no me quieras cambiar de tema, se muy bien que me están ocultando algo, ¿de qué se trata?

Leandro suspira y se lleva la mano hacia su nuca.

– Es que en estos días fue un torbellino de complicaciones y no quería que estés enterada. – Aterrado. – No quería que esto te ponga más mal de lo que estabas.

– ¿Puedes dejar de dar vueltas, mi amor?– Ansiosa.

Leandro se acerca para tomar sus manos y se sientan sobre el sofa, el joven suspira al saber que tendrá que decirle todo lo que está pasando.

– Juan difundió fotos de nosotros en Miami a la prensa con la ayuda de Regina. Absolutamente todo México sabe de lo nuestro y hay una campaña en difamarte.

– Esos hijos de puta.

– Eso no es todo, mi amor... Regina es amante de Juan.

Ella arquea la ceja y mira a Leandro. Este la toma con suavidad pensando que la noticia la afecto.

– No te preocupes mi amor, pronto lo atraparan y no podrá hacernos daño.

– Es que lo que hizo fue una estupidez. – Enojada. – Ni siquiera me interesa lo que diga la gente, que se vayan a la mierda y menos me importa esa mujer. Lo único que me importa eres tú y mi familia.

Leandro la queda mirando impresionado, su boca está ligeramente abierta y ella lo mira con una sonrisa.

– Parece que te comieron la lengua los ratones. – Bromea.

– Es que no lo puedo creer. – Se ríe.

– Es que ya no me importa la edad, no me importa lo que diga la gente. – Lo abraza con fuerza. – Eso si, no me gusta para nada que esa mujer te haya buscado. – Celosa.

Leandro se ríe y la abraza con fuerza.

– Tu eres la única mujer que quiero y deseo. La única mujer que me hace feliz todos los días de mi vida.

– Tú me haces feliz, mi amor, hiciste que la ilusión vuelva a mi vida.– Emocionada.– Y ahora me diste la oportunidad de volver a ser mamá.

– Y tu me vas a hacer padre. – Toma su rostro con delicadeza. – Te amo tanto Isabella, nunca me voy a cansar de demostrarte todo el amor que te tengo.

Sus ojos le empiezan a picar y la mira lleno de emoción, sus manos descansan en el vientre de su mujer.

– Y aquí está la mejor muestra de amor que nos tenemos. – La besa apasionadamente.

– Oh por dios Isabella, te amo tanto.

– Yo también te amo Leandro. – Feliz.

Apoya la frente en la suya y se dan otro beso, aunque la voz de Santiago rompe el bello momento.

– ¿Por qué no se van a un motel?

Leandro pone los ojos como platos y observa a su madre.

– No seas amargado, ya te vas a enamorar.

La pareja se ríe y quedan abrazados.

Más tarde, Santiago se va de la casa, dejando a la pareja a solas y Leandro la mira con una sonrisa.

– ¿Cómo te sientes?

– Es la quinta vez que me lo preguntas en la noche. – Se ríe.– Estoy bien amor, no estoy enferma, ya veo que vas a estar así todo el embarazo.– Animada.

Le está por dar un beso y el timbre los interrumpe, ellos quedan extrañados y Leandro se pone de pie.

– No creo que sea mi hijo. – Susurra.

Camina desconfiado hasta la entrada y abre la puerta, se sorprende al ver a Juliana y suspira.

– Espero que no hayas venido para faltarle el respeto a tu madre.

Juliana lo mira con pena y tristeza, se limita a negar con la cabeza.

– ¿Me dejas pasar?

– Si.

Se hace a un lado para dejarla pasar y Juliana ve a su madre entrando a la sala. Ambas se miran con tristeza y la muchacha no puede soportarlo más, la abraza con fuerza y llora entre sus brazos. Isabella cierra los ojos con fuerza y acaricia el cabello de su hija.

– Perdóname mamá... perdóname por todo lo que te dije, estuve tan mal. Perdoname por no haber confiado en ti.

Su hija llora desconsoladamente y las lagrimas cayeron de los ojos de su madre, Isabella acaricia sus mejillas y limpia las lágrimas de su hija.

– No te preocupes mi amor, lo importante es que estás aquí conmigo. – Sonríe. – No tengo nada de que perdonarte, mi niña.

Vuelve a tomarla entre sus brazos y Juliana apoya la cabeza en su hombro sin dejar de llorar. Isabella está tan feliz de tener a su hija con ella.

– No merezco tenerte como madre.– Triste.

– No digas eso, mi vida.– Tranquilizándola.– Todos nos podemos equivocar y lo mejor es que estás aquí conmigo, eso es lo único que importa.

Su hija sonríe entre lagrimas y toma suavemente las manos de su madre.

– Te quiero tanto mamá,– Tranquila.

– Yo también te quiero mi vida, te amo.

Respira llena de felicidad y le sonríe a Leandro, quien está mirando con alegría la escena. Todo está empezando a ordenarse y ahora solo espera que la policía atrape a Juan.

Los tres se quedaron a cenar y pasada la medianoche, Juliana se despidió de ellos. Ahora Isabella tiene una paz dentro de su corazón y está enormemente feliz. Está acostada sobre la cama mientras acaricia su vientre, Leandro la contempla desde el marco de la puerta del baño y sonríe embobado. Ella está tan compenetrada en sus pensamientos que no lo siente acostarse al lado.

– Ey.

Envuelve sus fuertes brazos alrededor de ella y Isabella cae a la realidad, le sonríe y cierra los ojos mientras se acuesta a su lado. Apoya la cabeza en su pecho y escucha los latidos de su corazón. Ella sonríe al escucharlo latir con fuerza y levanta un poco la cabeza para mirarlo.

– Ahora si me siento completa. – Feliz. – Ya no puedo pedir nada más, tengo una familia maravillosa, tengo al hombre más bello y bondadoso del mundo que me va a dar un hijo.

Leandro la mira con brillos en los ojos y acaricia su vientre, también se siente de la misma manera, se siente tan realizado desde el primer día que la beso. Está tan lleno de felicidad que no puede pedir más nada, lo más importante para el está a su lado.

– ¿Qué te gustaría que sea?– Le pregunta.– ¿Sientes algo?

– No lo sé... es muy chiquito. ¿A ti?

– Me gustaría que sea una niña, una niñita idéntica a ti a quien malcriar y apartar de los chicos.

Isabella larga una risa contagiosa y Leandro la sigue.

– A mi me gustaría que sea igual a ti... tendríamos que pensar los nombres.

– Tenemos mucho tiempo. – Tranquilo.

– No estoy tan segura, siempre hay problemas con el nombre del bebé. – Sonríe. – Bueno si es un niño me gustaría que sea Leandro Agustín.

– ¿Leandro? ¿Le quieres poner mi nombre?

– ¿Por qué no? Es lindo y si es niña me gustaría que fuera Camila.

– No me gusta ese nombre.

– ¿Lo ves? – Animada. – Va a costar encontrar un nombre que nos guste a ambos.

Leandro sonríe al estar de acuerdo y besa su cabeza, ella apoya la mejilla en el pecho de su hombre y cierran los ojos dispuestos a dormir.

Las semanas fueron pasando hasta que paso el mes, Isabella alcanzo las 7 semanas de gestación y la pareja está emocionada de que podrá escuchar los latidos de su bebé. Ella siguió todas las indicaciones de Hernán.

A pesar de los temores de Leandro, la ginecóloga le hizo ver al joven que las relaciones sexuales no le harán daño al bebé, haciendo que puedan entregarse todas las noches y ni hablar de los constantes deseos sexuales de Isabella debido al embarazo. Leandro nunca la vio de esa manera y le encanta verla tan sexual, se vuelve loco cada vez que ella lo seduce para tener relaciones.

Leandro se siente tan feliz de tenerla a su lado después de todo lo que lucho por ella y ahora viven la felicidad plena por la que tanto soñó pasar con Isabella.

Sin embargo, hay una idea que paso por su cabeza y no la puede sacar de su mente. Por ello le pidió ayuda a Santiago hace unos días atrás y este entretuvo a su madre para que Leandro pueda preparar su sorpresa.

La noche anterior a la ecografía, ellos yacen sobre la cama y Leandro está cerca del vientre de Isabella. Su mano acaricia su vientre plano y la mujer lo mira con una tierna sonrisa. Leandro está sumergido en sus pensamientos e Isabella queda encantada de ver al joven de está manera, su corazón está que se sale del pecho, lo ve tan tierno.

– Serás un padre maravilloso, mi amor.

El joven la mira a los ojos y se mueve para besar sus labios.

– Espero poder serlo. – Sonríe. – No puedo dejar de pensar en ti y en nuestro bebé. Tengo miedo de no poder hacerlos felices, de no ser un buen amante, un buen padre.

Isabella sonríe suavemente y toma su rostro para que la mire a los ojos.

– Escúchame muy bien, mi amor. – Tranquila. – Tú me hiciste feliz desde que empezamos a estar juntos. – Acaricia su rostro. – Haces que me sienta feliz y amada todos los días, y serás un maravilloso padre, mi amor.

Ella lo abraza con fuerza y besan sus labios.

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