Capítulo 60
Leandro empezó a moverse con agilidad y su amada empezó a clavar las uñas en su piel, su boca esta ligeramente abierta mientras sus gemidos se escapan de ella. Arquea su espalda al sentirlo profundamente dentro de su feminidad y gime con fuerza. El joven le hizo caso en todos sus pedidos, se mueve con más fuerza y agilidad, haciendo que los dos pierdan la cabeza gracias al maravilloso momento que están pasando.
Sus cuerpos unidos, cubiertos de sudor, sus lenguas mezclándose entre si por el beso embriagador que están compartiendo. Ambos sienten el fuego en su interior, dándose cuenta que están cerca de la liberación.
La primera en llegar al orgasmo fue Isabella, quien grito con fuerza y la siguió Leandro con un gruñido ronco. Quedo completamente cansado encima de ella y su amada está con una sonrisa encantadora mientras lo mira.
– Fue maravilloso– Feliz.
– ¿Estás bien? – Preocupado. – ¿No te lastime?
Ella niega sintiéndose tranquila y besa sus labios.
– Mejor que nunca. – Mordiéndose el labio.
El hombre respira tranquilo y pasa las manos por sus mejillas sonrojadas. Los mechones de su pelo están pegados en su frente debido al sudor y Leandro lleva esos mechones hacia atrás.
– Me tienes loco cada día...– Suspira. – No pude resistir teniéndote cerca.
– Sabia que ibas a caer. – Satisfecha.
– Eres tan mala. – Se rie– Y yo que quiero cuidarte.
– Pero si estoy bien amor. – Besa sus labios. – No me duele nada. – Sonrie.– Ahora se me antoja darme una ducha contigo.
– Ya veo todo lo que va a ser todo el embarazo.
Isabella pasa sus dedos sobre el pecho de Leandro y arquea una ceja.
– Serás mi juguete sexual en todo el embarazo...
– ¿Ah si?
Ella asiente lentamente y aprieta las piernas alrededor de sus caderas. Eso hace que la boca del hombre que la vuelve loca se seque y la mire con excitación.
Más tarde, ambos salieron de la ducha y Leandro le puso un camisón, esté le llega hasta por arriba de sus rodillas y no puede evitar acariciar la piel sedosa de sus muslos.
– Te queda tan bien.
Isabella se ríe y se sienta a horcajadas, comparten un beso y se miran con amor. Las manos de Leandro acarician su espalda mientras no deja de mirarla.
– Quien hubiera dicho que te tendría conmigo...– Feliz. – Ahora estamos juntos y con un bebé en camino.
Su mano izquierda acaricia su vientre y ella sonríe.
– Nunca pensé que seria madre de nuevo y más con la edad que tengo. – Suspira. – Y toda está felicidad que tengo es gracias a ti.
Apoya la cabeza en su pecho y Leandro la protege entre sus brazos.
– Cambiaste mi vida para mejor, mi amor.– Feliz.– Haces que sea un mejor hombre cada día y espero ser un buen padre para nuestro bebé.
– Y lo serás. – Susurra. – Mi bebé va a tener el mejor padre que una mujer podría desear.
Levanta la cabeza para mirarlo y ve que está emocionado.
– Gracias, gracias mi amor. Me haces tan feliz, te amo con locura.
Isabella sonríe y besa sus labios apasionadamente. Se separan un poco y ella se queda mirándolo por un momento.
– ¿Sabes? Muero por un chocolate con mani.
Los ojos de Leandro se iluminan y apoya las manos en su vientre. Ahora están empezando a aparecer los antojos de la mujer de su vida y no puede dejar de agradecer por este maravilloso momento.
– ¿Antojos? – Contento.
Ella asiente despacio y Leandro se queda embobado por unos minutos antes de reaccionar, se apura para terminar de vestirse, Isabella se ríe al verlo tan adorable y antes de que el joven saliera de la habitación, besa el vientre de su mujer y sus labios.
– No me tardo, te amo.
No dejo que ella contestara, salió rápidamente y la mujer está con una sonrisa.
– Yo también te amo. – Contesta sola.
Leandro fue en su camioneta a comprarle chocolate para su mujer, está con una sonrisa en sus labios que nadie puede borrársela. Piensa cumplirle todos los caprichos que tenga Isabella. La emoción hincha su pecho al pensar en estos meses maravillosos mientras va a ver como su bebé crece en el vientre de la mujer que ama.
Una vez que llega a la chocolatería, baja de la camioneta y compra una caja de bombones, la mayoría son con maní, sin embargo, pidió de todo un poco.
Una vez que sale, sus ojos miraron con asco al ver a Regina quien estaba apoyada en su camioneta.
– ¿Acaso me estás siguiendo? – Furioso.
– Puede ser... ¿Cómo está la vieja?
– No le digas así. – Se acerca a ella, su mirada está oscura debido a todo el odio que siente por Regina.– A mi mujer la respetas.
Ella se le rie en la cara y se cruza de brazos.
– No creo que por mucho tiempo mi amor... todavía estás a tiempo. – Sonríe.– Si te separas de ella, Juan no los matara.
Leandro la mira con desesperación.
– Estás confabulada con el. ¿Acaso fuiste tu quien mando esas fotos a los medios?
Su sonrisa es amplia y Leandro aguanta las ganas de ahorcarla.
– No solo estoy confabulada con el, sino que también fui su amante. Le di todo lo que no fue capaz de darle esa estúpida y lo mismo va a pasar contigo.
Leandro se le ríe en la cara y Regina aprieta los dientes. Se puede ver la furia en los ojos de la mujer. Odia ver como se está riendo en su cara.
– Isabella no puede compararse contigo, ella si que es una mujer. Ella es hermosa por dentro y por fuera. Tu eres solamente basura Regina, no vales nada. – Escupe todo su odio en ella.
Ella quiere golpearlo, pero Leandro la agarra del brazo antes que pueda hacerlo.
– Esa vieja va a pasar por todo, eso te lo juro. Juan se va a encargar de ella.
– Estás enferma pero no lo van a lograr, siempre voy a estar para ella.
La empuja para sacarla del medio y sube a su camioneta. Se siente con tanta furia que no sabe cómo hará para que Isabella no sospeche. Siente tanto asco por Regina que le tomo un largo rato en sacar el mal humor que siente.
Una vez que llega a la casa, Leandro sube las escaleras y entra a la habitación. Encuentra a Isabella leyendo y ella sonríe al ver que tiene una caja de bombones. Leandro se acuesta a su lado y besa sus labios antes de entregarle la caja.
– Para mis bebés.
Ella sonríe y abre la caja, se lame los labios y toma uno de los chocolates. Leandro recupero el humor al ver lo adorable que se ve su mujer, su sonrisa es radiante al verla tan feliz comiendo sus chocolates.
Leandro besa su vientre con ternura y apoya la cabeza con cuidado. Isabella deja la caja a un costado mientras observa a los amores de su vida y sonríe con emoción.
– Hola mi cielo, soy tu papá. – Hablando con ternura. – Pórtate muy bien con mamá, ganaste la mejor madre que uno podría desear.– Sonríe.– Tu mamá es una maravillosa mujer y la amo con tanta locura, los amo con toda mi alma y te estamos esperando con tantas ansias.
El corazón de Isabella late con fuerza al ver a Leandro de esa manera, acaricia el cabello de el mientras sus ojos se llenan de lágrimas.
– Nosotros también te amamos, mi amor.
Ellos se miran con una sonrisa y se acerca suavemente para besarla.
– Te amo tanto mi amor. – Feliz. – Me haces el hombre más feliz del mundo.– Vuelve a besarla.
– Yo también te amo mi amor.– Besandolo apasionadamente.
A la noche, Leandro está hablando con Santiago y él lo observa con preocupación.
– ¿Cómo harán para ocultarle lo que está pasando? Algún día se dará cuenta.
– Se lo contare, pero cuando pase todo el revuelo con la prensa. – Suspira.– No quiero que ella y el bebé corran peligro por culpa de ese desgraciado.
– Entonces fue el.
– Está aliado con esa maldita mujer, encima son amantes. – Furioso. Ellos le hicieron tanto daño a Isabella y cuanto deseo matarlo, los odio tanto.
– Tranquilízate Leandro.
– ¿Es que como quieres que me tranquilice? Esa maldita me amenazo y tengo miedo por Isabella y mi bebé. Si ese maldito le hace algo, me muero.
Se lleva las manos a la nuca y respira hondo.
– Lo mato si se atreve a tocarla. Soy capaz de matarlo con total de que deje a Isabella tranquila.
– Isabella está bien, Lean. Aquí contigo está completamente segura, nadie se va a atrever a hacerle daño.
Mira a su amigo y respira hondo. Leandro trata de tranquilizarse pero los miedos lo están matando por completo y su amigo no sabe como calmarlo. Leandro se acerca a Santiago, sintiéndose completamente aterrado.
– Por favor, si hablas con Isabella no le digas nada de lo que está pasando. – Aterrado. – Ella no tiene que enterarse de lo que está pasando.
– ¿De que no me tengo que enterar? – Frunce el ceño.
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