Capítulo 59
A pesar que Isabella se siente mejor, Leandro quiere que se acueste para poder guardar reposo. Le da una mirada severa para que le haga caso pero eso la hace poner más cabeza dura.
– Estoy bien amor, en serio. – Tranquila.
– Es que no quiero que les pase nada, por favor mi vida. – La sujeta con suavidad entre sus brazos y besa sus labios. – Hazme caso, ¿si? Anda a recostarte y te hago un rico desayuno, el que quieras.
Isabella sonríe mientras lo mira, ya se ve el instinto protector de Leandro y su corazón se derrite. El joven ya no sabe que hacer para que su mujer le haga caso, le aterra pensar que le pase algo y más en su estado. Lo único que le interesa es la seguridad de ella y del bebé.
Isabella pone los ojos en blanco y asiente.
– Está bien, te hare caso, pero eso no quiere decir que ganaste.
La mujer le da un tierno beso en los labios y camina lentamente hacia las escaleras. Leandro la observa y le tira un beso antes de que desaparezca. Entra a la cocina y empieza a preparar el desayuno.
Isabella se pone un camisón y se acuesta sobre la cama, apoya la cabeza en la almohada y se siente aburrida de estar sola en la habitación. Extraña horrorosamente tocar su piano, hasta extraña pintar y su corazón se hunde al recordar como Juan había destrozado sus pinturas. Cierra los ojos mientras se obliga a no pensar en cosas malas, lo único que le importa es la salud del bebé y quiere liberar su mente. Se pone de pie y busca las cosas que tiene Leandro en la habitación. Encuentra tres libros en el cajón de la mesita de luz y arquea una ceja cuando ve un libro en específico.
– Trópico de cáncer. – Lee el título de la tapa. – Con que lees está clase de libros.
Larga una risita y agarra los otros libros. Eran libros que ya había leído, sin embargo, era tan grande el aburrimiento que opto por volver a leer Trópico de cáncer. Estuvo entretenida por mucho tiempo hasta que Leandro entro a la habitación con una bandeja, ella deja el libro de lado y se sienta con cuidado sobre la cama.
– Me tome el atrevimiento de buscar algo para entretenerme.
– No te preocupes, mi amor. Ahora es tu casa. – Sonríe suavemente.
– No pensaba que leías está clase de libros. – Animada. – Me sorprende bastante.
Leandro se sonroja y sonríe mientras la observa embobado.
– Ahora entiendo algunas cosas. – Cambia de tema
– ¿Qué cosa?– Confundida.
– Es que cuando nos fuimos de viaje, te veía tan rozagante, tan hermosa. – Toma su rostro entre sus manos. – Tu piel brillaba y me tenías tan loco.
– ¿Entonces antes no te parecía así?– Arquea una ceja.
– No, no. No empieces. Siempre me pareciste hermosa, la mujer más perfecta que vi sobre la tierra. – Besa su nariz. – Pero en este último tiempo tienes una belleza tan maravillosa que me enamora más y más de ti. Ahora estoy tan embobado, me la pasaría toda la vida mirándote.
– Vas a pensar así hasta que mi vientre empiece a crecer. – Arruga el rostro.
– Nada de eso, seguirás siendo la misma mujer extremadamente sensual que me vuelve loco en la cama. – Gruñe.
– Creo que empezó a hacer calor aquí. – Excitada.
– Me encantaría poder apagar el fuego que hay entre mis pantalones pero es mejor que no lo hagamos amor, estuviste bajo tanto stress que no quiero empeorar las cosas.
– Al contrario. – Envuelve su cuello con sus brazos.– Eso va a aliviar el stress.
– Mejor esperemos un poco, ¿si? Asustado, te juro que te lo recompensare.
Ella suspira seriamente y toma el vaso con jugo de naranja.
Le da ternura la manera en que se está comportando Leandro pero siente que ahora está exagerando bastante. Toma un sorbo de su jugo y el joven la mira asustado, sabiendo muy bien el mal humor que se formo en ella.
– Amor... no te pongas así, lo hago para cuidarte. Al menos hay que esperar un tiempo, ¿si?
Corre los cabellos que quedaron en su rostro y la mira asustado, el mal humor no desaparece de su mente. Ella está cruzada de brazos como si fuera una niña caprichosa.
– Estoy perfectamente bien, señor Alanís y se mis limitaciones. No estoy enferma, estoy embarazada, que es muy distinto.
Leandro suspira y toma su mano con delicadeza.
– Lo se amor, trata de comprenderme. Tengo miedo de hacerles daño.
Ella apoya la espalda en la cabecera de la cama y lo mira en silencio. Luego, le despeja la mirada y agarra una tostada con mermelada, Leandro la ve demasiado callada y respira hondo. Deja que desayune en silencio y en cuanto termina de tomar su jugo la rodea con sus fuertes brazos.
– No estés molesta conmigo, mi amor.
– No estoy molesta.
Quiere alejarse del joven, pero la sostiene con fuerza.
– No trates de mentirme. – Toma su mentón con suavidad y hace que lo mire.
– Es que me choca que no quieras tener sexo conmigo. – Molesta.
El interior de Isabella está dividido entre la excitación del momento y la furia. Sus ojos oscuros miran de manera intensa al joven mientras Leandro quiere disimular la erección entre sus pantalones. Ella se acuesta de lado mientras pasa su mano debajo de las sabanas, pasando sus manos por su entrepierna a traves de la ropa. Leandro se muerde los labios y su mirada se oscurece mientras la mira con locura. Es consciente que su Isabella quiere seducirlo y con todo su pesar intenta resistir.
– Yo sé que tú quieres, mi amor. – Sonríe. – No trates de resistir porque vas a perder.
Enseguida se sienta a horcajadas encima de Leandro y traga saliva, siente tanto deseo por su mujer que solamente desea tomarla y hacerle el amor. Ella acaricia su pecho y cuando se inclina para besarlo, la detiene y la besa apasionadamente. Ese beso hace que Isabella pierda la cabeza y quiera aún más. El joven la abraza con fuerza y se aleja un poco.
– Tu no hagas nada, deja que lo haga todo yo.
Isabella sonríe llena de triunfo, se besan de nuevo y Leandro la mueve con cuidado. Leandro se acuesta encima de ella, con cuidado de no aplastarla.
– No le harás nada al bebé, amor. Mi vientre es plano todavía. – Calmándolo.– Quiero sentir tu piel mientras me haces tuya.
El joven no estaba tan seguro de ello, todavía su instinto sobreprotector está queriendo hacerse cargo de su cabeza.
– Si te lastimo por favor decímelo.
Ella asiente con una sonrisa y envuelve el cuello de Leandro con sus brazos. Su beso es romántico y necesitado, sus lenguas se mezclan con un ritmo calmado. Las manos de Leandro aprietan suavemente sus senos y van deslizándose hasta sus glúteos, la necesidad de Isabella es tan grande que solamente le baja los pantalones y sus dedos tocan su pene hinchado, lo toma con suavidad y empieza a masajearlo.
Leandro empieza a gruñir y muerde sus labios al sentir como la mujer que lo vuelve loco lo masturba, al principio es lento pero el agarre es firme. Sigue dejando escapar gruñidos al sentir como baja y sube su mano en su entrepierna, aumentando la velocidad.
No puede aguantarlo más, hace que aparte su mano de su pene y le saca sus bragas, se posiciona en medio de sus piernas y se miran con amor antes de poner fin a su tortura. Introdujo su pene en ella y Isabella lo abraza con fuerza, envolviendo sus piernas alrededor de sus caderas y cierra los ojos con suavidad. Era lo que tanto necesitaba, sentir su piel varonil pegada a la de ella y tenerlo dentro.
Leandro empezó a moverse mientras la mira con una sonrisa, sintiéndose tan bien de estar sintiendo su calidez envolviendo su pene. El brillo aparece en los ojos de su amada y la ve tan bella, tan perfecta. Se mueve con suavidad y Isabella suelta gemidos bajos, lo suficientes para hacer excitar aún más.
– Más rápido, mi amor. – Ruega.– No me vas a lastimar.
Su voz chillona por el placer lo vuelve loco y cierra los ojos con fuerza, aguantando las ganas de hacerle el amor de manera animal.
– Por favor, mi amor. – Gime.
Ella se mueve para acompañar las embestidas y el joven la detiene.
– Deja que lo haga todo yo.
– Entonces muévete. – Loca. – Hazlo, hazlo. – Gimiendo.
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