Capítulo 57



Más tarde, Isabella abre los ojos y se encuentra sola sobre la cama. Se levanta de la cama al escuchar unas voces que provienen de abajo. Toma una camisa de Leandro y sale lentamente de la habitación. a medida que se va acercando, las voces se hacen más y más fuerte.

– ¿Cómo está?

Escucho la voz de Thiago y su corazón late lentamente, asustada por lo que podría pensar de ella. Se quedo escondida en el piso de arriba mientras escucha todo lo que hablan en el piso de abajo.

– Tu hermana la puso peor y ahora está durmiendo...

Leandro observa a Thiago inseguro y traga saliva.

– Se que no te caigo muy bien pero...

– No hace falta que me digas nada.– Lo interrumpe.– Me comporte muy mal contigo y más cuando lo único que hacías es protegerla. Gracias a ti Juan no la mato y me siento tan mal de haber sido tan ciego en todo este tiempo. – Triste. – Estoy muy arrepentido.

Isabella lo escucha con lágrimas en los ojos y baja lentamente las escaleras, los dos hombres se dan cuenta de la presencia de Isabella y ella abraza con fuerza a su hijo.

– Me alegra tanto que estés aquí. – Contenta.

Sonríe con lágrimas en los ojos mientras toma el rostro de su hijo entre sus manos.

– Perdóname mamá. – Triste. – Me siento tan culpable por todo, quiero pedirte perdón también a ti Leandro.

Ella hace que lo mire y lo hace seriamente.

– No hace falta que nos pidas perdón, cariño. – Tranquila. – Ahora lo importante es que estás conmigo.

– Estoy tan enojado con Juliana por lo que hizo. – Suspira. – Es inaudito que no te crea.

– Ella ama a su padre Thiago, es comprensible que esté así.

– No quieras defenderla mamá. Que lo quiera no quita que te falte el respeto y mucho menos que te haga daño.

– No pensemos en eso Thiago. – Traga saliva. – Lo importante es que estoy mejor ahora.

Vuelve a darle un abrazo y cierra los ojos, sintiendo el abrazo agradable de su hijo. Estaba tan asustada que su hijo la rechazara y ahora todo es distinto, lo ve completamente maduro y comprensivo.

Se separan un poco y se sientan sobre el sillón.

– Mejor los dejo solos, voy a comprar algo para cenar.

Madre e hijo asienten y Leandro besa la frente de Isabella antes de salir.

– Te traje un poco de ropa y dinero... el que te pertenece de tus acciones.

– Entonces de verdad que me pertenecen.

– Si... también de eso tenemos que hablar. – Serio.– Fui yo quien las compro mamá y me siento mal por eso.

– Ya no hablemos de eso, ¿sí? Ya paso, no tengo nada que perdonarte.

Sonríe suavemente y besa las mejillas de su hijo.

– Eres tan buena mamá. – Emocionado.

Leandro regresa en cuestión de minutos e invitan a cenar a Thiago. Cuando ponen el agua para hervir, Isabella cubre la boca con su mano al sentir ganas de vomitar. Lo primero que hace es correr al baño y se sienta cerca del inodoro. Leandro la sigue por detrás y está preocupado por la manera en que corrió, cuando abre la puerta del baño, la encuentra vomitando y se sienta con ella. Palmea suavemente su espalda mientras su mujer sigue vomitando y tira la cadena una vez que termina.

– ¿Estás bien, amor?

– Siento el estómago revuelto. – Suspira. – Sucedió tan de repente.

Respira hondo y ella apoya la cabeza en su pecho mientras están sentados en el baño. Estuvieron así por unos minutos hasta que escucharon los golpes de la puerta y la voz de Thiago.

– ¿Está todo bien?

Leandro la ayuda a levantar del suelo y salen del baño, abren la puerta y Thiago está del otro lado.

– Estoy bien Thiago, no hay nada de qué preocuparse.

– Aunque pienso que tendrías que descansar. – Dijo Leandro.

– Estuve acostada todo el día, quiero moverme un poco.

Su pareja suspira y asiente a pesar de no estar de acuerdo, envuelve su brazo derecho en su cintura y la lleva a la cocina.

Prepararon pasta y Leandro hizo la salsa, cuando están poniendo la mesa, el timbre suena y el joven camina hasta la puerta. Al abrirla, se encuentra con un policía.

– ¿Qué paso? ¿Alguna novedad?

– Necesito que usted y la señora Isabella Sarmiento nos acompañe a la jefatura, por favor.

En ese momento, Isabella está entrando a la sala con su hijo y escucharon todo.

Leandro tomo la mano de Isabella y salieron de la casa, Thiago los acompaño hasta la puerta del auto.

– Manténgame informado de todo.

La pareja asiente al mismo tiempo y Leandro la ayuda a entrar, Thiago cierra la puerta una vez que están adentro y ve como el auto se va a alejando.

Isabella está preguntándose que es lo que está pasando, las caras de los policías no le transmiten confianza y sabe que algo pasa, esta completamente segura.

Una vez que llegan a la jefatura, la pareja sale del auto y son escoltados por los policías. Una vez que entran en un cuarto oscuro, ellos se sientan y ella juega con sus manos, sintiéndose ansiosa y desconfiada. Leandro se pega a ella al ver que está nerviosa y toma su mano con fuerza. Ellos se miran y el joven le da una sonrisa para tranquilizarla.

El comisario entra unos minutos después y se sienta al frente de ellos.

– Se muy bien que no está pasando por un buen momento señora, pero necesitaba hablar con usted y me narre todo lo sucedido.

Ella suspira y se toma unos segundos antes de hablar, narro absolutamente todo lo que paso y Leandro cierra los ojos con fuerza, sintiendo un odio absoluto contra Juan, la sangre le hierve y lo único que quiere es matarlo.

Isabella termino llorando y el joven la abraza con fuerza.

– Lo siento mucho señora, pero lo que está diciendo no es verdad.

Ella lo observa atónita y confundida. Leandro la observa con un miedo absoluto, sus brazos la sostienen con fuerza al saber lo que está a punto de ocurrir.

– ¿De que está hablando oficial?

– Es que su esposo no está muerto, se fugo y por eso los llame. Analizamos las pruebas y el arma homicida corresponde a la sangre de su esposo.

Isabella quedo en shock y Leandro traga saliva, no quería que ella se preocupara más de lo que está y todo se salió de control. La mujer mira a su pareja y Leandro puede ver el miedo en sus ojos.

– ¿Entonces lo van a buscar?

– Ahora que tenemos su declaración, si. Por eso era urgente que declare.

Ella suspira y baja la cabeza, pensó que toda la pesadilla con Juan había terminado y ahora es completamente distinto. Siente tanto miedo por el peligro que representa ese monstruo y levanta la cabeza para mirar a Leandro, sintiendo el miedo a través de sus venas.

Juan mato a Florencia para hacerle daño y ahora de tan solo pensar que intente matar a Leandro la paraliza completamente.

Una vez que terminaron con la declaración, salieron del salón y en cuento están por salir de la jefatura, Isabella no aguanto más y perdió la consciencia. El joven la toma antes de que caiga al suelo y la mira en estado de pánico.

– Amor... Bella.

Intenta hacerla reaccionar, pero ya es tarde, la deposita con cuidado en el suelo y grita completamente desesperado por ella.

Escoltado de dos policías la llevan al hospital y la acuestan sobre la camilla, Leandro quiere acompañarla, no obstante Hernán lo detiene.

– Quédate aquí, ya te avisare como está.

Asiente lentamente, las lagrimas amenazan de salir a la superficie y se apoya de la pared cuando Hernán sigue a los enfermeros. Leandro explota en llanto y ruega por la salud de Isabella.

La espera se hizo larga, está inquieto en la sala de espera caminando de un lado para el otro hasta que ve a Hernán y corre hacia el.

– ¿Está bien? Decime que si, por favor.

– Ella está bien, pudimos estabilizarla y le hicimos unas muestras de sangre. Va a tener que permanecer en el hospital hasta que se sepa lo que tiene.

– ¿Puedo verla?

– Claro, acompáñame.

Leandro le hace caso y lo sigue, el doctor abre la puerta de la habitación y su amante va como un loco hacia Isabella.

– ¿Cómo estás, amor?

Besa sus labios después de verla asentir y la abraza con fuerza. Hernán los observa mientras ellos se comportan como si el exterior no existiera.

– Senti tanto miedo cuando te desvaneciste entre mis brazos. – Traga saliva.– Si algo te llegara a pasar...

– Estoy bien, amor. Estoy bien gracias a ti.

Besa sus labios y respira hondo.

– Siento interrumpirlos.

Hernán hablo y la pareja lo mira con atención.

– En cuanto tenga los resultados vendré lo más rápido que pueda.

– Gracias Hernan. – Tranquila.

Hernán sonríe suavemente y los deja a solas. Leandro vuelve a mirar a su mujer y sonríe al verla tan tranquila.

– Se que Juan está libre, intente ocultártelo para que no estés mal pero no te preocupes, no se te va a acercar.

Ella asiente en silencio, apoya la frente con la de Leandro y cierra suavemente sus ojos.

– Si quieres puedes acostarte conmigo. – Sonrio.

– La cama es pequeña y no quiero aplastarte. – Se rie.

– No lo haras, anda.

Ella se hace a un lado para hacerle espacio y el joven se saca el calzado antes de acostarse. Se acuesta y envuelve el cuello con sus brazos y permanecen unidos. 

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