Capítulo 56
Si bien Isabella recupero la calma, todo eso se vino abajo cuando Juliana entro a la casa de Leandro hecha una furia. Sus ojos dispararon en Leandro y lo mira con odio.
– ¿Dónde está?
Leandro estuvo por contestar cuando escucho la voz de Isabella, voltea la cabeza y la ve en las escaleras.
– Estoy aquí.
Los ojos de Isabella están llenos de miedo, la ve tragar saliva y no puede detener a Juliana que avanza con todo hacia su madre.
– ¿Piensas que me voy a creer todo lo que Santiago me conto? – Furiosa. – ¿Piensas que soy estúpida como Santiago y Thiago?
– Juliana...
– Juliana nada, ahora me vas a escuchar. Yo no creo nada que papá te hacia eso, me niego a creerlo. ¿Cómo podría hacer eso con todo lo que te quería?
– Se que quieres mucho a tu padre, pero no quita todo el daño que me hizo.
– Eres una mentirosa. – Se rie.– Dijiste toda está mentira para quedarte con alguien más joven que tu, ¿o me equivoco?
– Te estás equivocando Juliana. – Intercede Leandro. – Todo lo que dijo tu mamá es verdad.
– Puedes engañar a todos, pero a mi no. Vas a pagar por las mentiras que dijiste en contra de papá.
Las lagrimas de Isabella empiezan a caer por sus mejillas, su lastimado corazón se está rompiendo cada vez más. El odio de su hija es tan palpable y la lastima que su hija no crea en ella.
– Desde hoy te olvidas que tienes una hija.
– No bebé... por favor Juliana.
Intenta agarrar sus manos pero su hija la empuja, esto hace que Leandro le ponga un freno.
– No te atrevas a tocarla. – Serio. – Si vas a seguir lastimando a tu madre ya sabes dónde está la salida.
Leandro está harto de los maltratos de Juliana en contra de su mujer, aunque sea su hija, no va a dejar que nadie más la lastime.
– Si que tienes a tu perro faldero muy bien amaestrado.
Isabella no dice nada, solamente está llorando, ocultando su rostro con sus manos.
– Me voy a ir pero no me vas a ver en tu maldita vida. Desde hoy mi madre está muerta.
Leandro se abalanza hacia Isabella al ver que se derrumba de rodillas y ella rompe en llanto. Juliana se aleja de ellos sin mirar atrás y sale de la casa dando un portazo.
El joven la abraza con fuerza, ambos permanecen arrodillados en el piso y ella no puede calmarse.
– Me odia... yo sabia que esto iba a pasar. – Desesperada.
– Va a entrar en razón, mi amor. – Consolándola. – Sabes cómo es, no sabe las cosas que dice y después entra en razón.
– Y todo esto es por mi culpa... Florencia murió por mi culpa, te hizo daño y ahora para mi hija estoy muerta.
Todo se le salió de las manos y no sabe como calmarla, toma su rostro con ambas manos y llora con ella. Se siente tan mal al verla así y un dolor desgarrador en su estomago hace que el cuerpo de Isabella se paralice.
– ¿Qué pasa? ¿Estás bien? – Desesperado.
– Me duele el estómago.
La respiración de Isabella empieza a fallarle y la alza, la lleva hacia la habitación y la acuesta.
– Llamare a Hernán. – Besa su cabeza.– Toda está situación te está haciendo daño.
Limpia sus lagrimas antes de tomar su celular, llama a Hernán y le cuenta el malestar de Isabella.
– Ya voy para su casa.
– En realidad, está en la mía.
Le pasa la dirección de la casa.
– Por favor Hernan, ven lo más rápido que puedas.
– Lo hare.
Leandro corta la llamada y se acuesta al lado de su mujer.
– Ya viene, mi amor. – La abraza con suavidad. – Todo estará bien, ¿sí?
Acaricia su cabello y ella lo mira en silencio, su cabeza le va a estallar por todo lo que pasa en su mente. Respira hondo y hunde la cabeza en su hombro, el dolor en su estomago había cesado pero siente como la cabeza le da vueltas.
Al rato, Hernán llega a la casa de Leandro y esté lo hace pasar. Suben las escaleras y el doctor se impresiono al ver a Isabella de esa manera. Ve su ojo morado y da media vuelta para observar a Leandro, está completamente impresionado al ver tal escena.
– ¿Qué paso? Está golpeada.
El joven suspira y se lleva la mano a su mentón, se toma un momento antes de hablar.
– Fue Juan. La estuvo golpeando en todo este tiempo y nadie lo sabía. – Traga saliva. – Te llame porque se siente mal y me asusta.
Su voz se quiebra a medida que le narra lo sucedido y deja escapar el aire que contuvo una vez que termino de hablar, observando al médico.
Hernán estaba sorprendido por todo lo que le conto Leandro. ¿Cómo es posible que una persona puede hacerle tanto mal a una persona? Y más a su esposa. Suspira y disipa sus pensamientos.
– Ella sufrió tanto por ese hijo de puta y tengo miedo que le haya hecho algo.
– Tranquilo, ya mismo la voy a revisar.
Leandro se acuesta al lado de Isabella, tomándole suavemente su mano. Hernán quería hacer miles de preguntas pero al ver lo preocupado que está el joven por ella se dio cuenta que entre ellos hay algo más.
Lo primero que hace es tomarle la presión, Hernán quiso hablarle a Isabella, sin embargo, la mirada de ella está perdida y hasta se siente vacía. Es como estuviera en un trance, pero la cabeza de Isabella estaba perdida en un torbellino de pensamientos. Pensando en todas las personas que hirió por su culpa, sus ojos están tan llenos de tristeza.
A Leandro le da terror verla así, las cosas que le dijo Juliana la desbordaron por completo y no sabe que hacer para que ella esté mejor.
– Tiene la presión baja. Lo mejor va a ser que se tranquilice y descanse. Si mañana está bien, quiero que se haga estudios para despejar cualquier duda.
– ¿Qué puede ser?– Preocupado.
– Puede ser que esté anémica, pero eso lo sabremos cuando tengamos los resultados.
Leandro asiente y Hernán vuelve a mirar a Isabella.
– No hace falta que me acompañes a la salida, lo mejor va a ser que te quedes con ella y avísame si hay una emergencia.
– Está bien Hernán, muchas gracias por todo.
El doctor se limita a asentir y sale de la habitación. Leandro le da toda la atención a Isabella y ella lo mira. Observa sus ojos azules preocupados y cierra los ojos con fuerza, le duele verlo así por su culpa.
– ¿Te sigue doliendo?
– No. – Susurra.
– Mañana te llevo al hospital así te haces todos los análisis, mi amor. – Acaricia su mejilla. – Quiero que estés lejos de todo peligro.
Isabella traga saliva mientras lo mira y tuvo la urgencia de hablar.
– Sabes que sería incapaz de mentirte. Lo sabes, ¿verdad?
– Lo sé muy bien, amor. Se que estás mal por todo lo que dijo Juliana, pero por favor tienes que estar bien, mira lo que te paso. Me muero si te pasa algo.
Besa con suavidad sus labios y ella lo abraza con fuerza, se siente tan insegura y frágil que la volvería loca que Leandro desconfié de ella.
– Duerme, mi amor. – Acaricia su cabello. – Voy a estar protegiéndote de cualquier mal. Te amo.
Ella sonríe un poco y se siente bendecida de tener el amor del amor de su vida a pesar de todo. Sus fuertes brazos la mantienen cálida y lejos de todo lo malo. Lo ama demasiado y su corazón late con fuerza al saber que su amor es correspondido.
Isabella se queda dormida después de unos minutos y Leandro la mira en silencio, besa con suavidad su frente mientras acaricia su espalda.
Estos dos últimos días fueron los más difíciles para la pareja y más para Isabella, sin embargo, ella tiene el apoyo infinito del amor de su vida.
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