Capítulo 54



– A ella no la vas a tocar, hijo de puta.

Ambos empiezan a empujarse, Juan logra apartarlo y le da un golpe en la cara, Leandro se la devuelve y le da un puñetazo en el mentón.

Eso lo desestabiliza a Juan y Leandro lo revienta contra la pared.

– Vas a pagar por todo lo que le hiciste a Isabella, desgraciado.

– Le hacia tantas cosas. – Sonríe maquiavélicamente. – No te das una idea de las veces que me desquitaba golpeándola. – Lo provoca.

Isabella llora con fuerza al escucharlo y su estomago siente un dolor inmenso, quedando paralizada por completo. Cierra los ojos con fuerza mientras su cuerpo está lleno de dolor.

– Te voy a matar hijo de puta.

Leandro le da un puñetazo en la cara, pero Juan se la devuelve. Salen de la habitación mientras siguen golpeándose, Juan le devuelve los puñetazos y están tan cerca de la escalera que el hombre quiere tirarlo a Leandro. Intenta empujarlo, no obstante, él se mueve y el monstruo sigue de largo, rueda por las escaleras y queda inconsciente.

El hombre no reacciona y empieza a salir sangre de su cabeza, haciendo pensar que Juan está muerto. Leandro corre en busca de su amor y se acerca desesperado. Se siente tan desgarrado al verlo de esa manera y cuando quiere desatarla, ella empieza a luchar contra el pensando que es Juan.

– Soy yo amor. – Tratando de tranquilizarla.

La desata y le quita la cinta de la boca, ella lo abraza con fuerza y solloza entre sus brazos, Leandro llora con ella e Isabella observa su rostro, esté está lleno de heridas y un corte en el labio. Su boca tiembla y llora con fuerza.

– No llores mi amor, ya todo termino. – Besa su cabeza y ella niega enseguida.

– Mato a Florencia, Leandro. La mató y yo tengo la culpa de todo.

– No amor. – Tomándola entre sus brazos. – No tienes la culpa de nada, el único responsable es ese hijo de puta.

Ve que ella está presa del pánico y la levanta de la cama. Baja las escaleras y el cuerpo de Juan sigue estando sobre la escalera, Leandro la cubre para que no vea eso y la lleva fuera de la casa.

Leandro se inclina para quedar cerca de ella y toma suavemente su rostro.

– Todo estará bien, mi amor. – Besa sus labios.

Leandro cierra la puerta. Sube rápidamente a la camioneta y arranca el coche. Conduce a una gran velocidad mientras llama a la policía a hacer la denuncia. Ella no hablo en todo el camino y su amante la llevo a su casa. En cuanto llegan, la ayuda a bajar de la camioneta y la sostiene con fuerza mientras entran.

Le dolió tanto verla así, su corazón está destrozado por verla tan mal. Está desesperado por llevarla al hospital.

Sus ojos completamente rojos miran los ojos de Leandro y baja la cabeza.

Leandro la abraza con fuerza, protegiéndola de todos y se muerde los labios, aguantando las ganas de llorar.

– Yo no quería que lo supieras.. – Solloza. – Me moria si llegaba a hacerte algo y mira como te dejo.

Se aleja de el y cubre el rostro con sus manos, Leandro la detiene y toma con cuidado su rostro.

– Mi amor, no tienes la culpa de nada. Solamente fuiste victima de un hijo de puta como Juan.

– Pero mato a Florencia. – Desesperada. – Se atrevió a matarla y quiero morir.

Explota por el llanto y las lagrimas salen sin control de los ojos del joven.

– No tendría que haberte dejado sola.. – Aterrado. – Perdóname, mi amor.

Se abrazan con fuerza y ella entierra su rostro en su cuello.

Ella estuvo llorando por un buen rato, su corazón está destrozado por la muerte de su mejor amiga y por el pánico que paso por Juan. Leandro la llevo a descansar, unos minutos después, el timbre sonó y al abrir la puerta, se encuentra con dos policías.

– ¿Usted es Leandro Alvear?

– Así es... pasen.

Los hace pasar y el comisario empieza a hacerle preguntas.

– Usted me dijo que había un cuerpo en la casa.

– Así es.

El hombre suspira y mira con seriedad al joven.

– Mire señor, rastrillamos la casa y solamente encontramos el cuerpo de una mujer. La mataron con un arma blanca pero no hay otro cuerpo, solo encontramos manchas de sangre en la casa.

El joven quedo estático y duro unos minutos sin hablar.

– Está bromeando conmigo.

– Por supuesto que no, solamente encontramos un cuerpo y estamos esperando para saber quién fue el que mato a la señora.

– Es del hombre. – Desesperado. – Por favor comisario, tienen que atraparlo casi le hace daño a mi mujer.

– Primero hay que comprobar si lo que usted dice es verdad. ¿Dónde está la victima?

– Arriba, está descansando en mi cuarto. – Traga saliva. – ¿Es importante que lo haga ahora? Ella está muy mal y no quiero que se siga atormentando. Lo que estoy diciendo es verdad oficial, va a ver que los restos que quedo en el piso corresponden a las huellas del arma homicida. Si yo no hubiera llegado ella también estaría muerta.

De tan solo pensar en eso hizo que perdiera la cabeza, hubiese muerto con ella si algo le hubiera pasado. Por suerte llego a tiempo y pudo salvarla.

– Cálmese señor, nosotros vamos a hacer nuestro trabajo y este atento a nuestro llamado.

Una vez que despidió a los oficiales, se tomo la cabeza con ambas manos. No puede creer que Juan está vivo, es un hombre tan peligroso que es capaz de hacerle daño a Isabella y tiene miedo por ella. Sube las escaleras para saber como está y al entrar la encuentra dormida. Ella tiene puesta una camisa de Leandro ya que Juan había destrozado la suya.

Sonríe con tristeza al verla, se sienta con cuidado para no despertarla. Pasa sus dedos sobre su mejilla herida y su labio inferior tiembla al ver sus marcas.

– El infierno que habrás vivido por ese hijo de puta. – Susurra. – Quería matarlo con mis propias manos por todo lo que te hizo. – Enojado. – Dios santo. – Llorando. – ¿Por qué no lo supe desde el principio? Te hubiera ahorrado tanto dolor.

Leandro se siente tan culpable, le había prometido protegerla de todo y siente que había fracasado en ello. Se acuesta a su lado y suavemente la toma entre sus brazos.

A toda costa la protegerá de Juan y no le importa pasar sobre quien sea para que no esté en peligro.

El timbre de la casa despierta a ambos y el joven le da un tierno beso en los labios.

– Ya regreso, amor.

Ella asiente lentamente y Leandro se pone de pie, baja las escaleras y abre la puerta enseguida. Al abrirla, ve a un Santiago completamente destrozado y este entra rápidamente.

– ¿Mi madre está acá?

– Si... seguramente ya te habrás enterado de todo.

– No entiendo nada... los policías me dijeron que mi papá mato a Florencia e intento matar a mi mamá. – Preocupado – ¿Por qué haría eso?

Leandro traga saliva y se lleva las manos a la cabeza.

– Santiago quiero que te sientes.

El hombre no sabe como le contara las cosas, pero lo hizo, le conto todo. La historia entre el y su madre, Santiago se quedo en shock observando a su amigo sin poder creer lo que está contando.

– Se me hace muy difícil decirte esto Santiago, pero no tienes idea de como se me desgarro el corazón al enterarme de la verdad... tu padre golpeaba a Isabella y cuando lo supe, lo único que quería era matarlo. Acabar con el por todas las cosas que le hizo a ella. – Llorando. – Se atrevió a tocarla y tiene varios moretones en su rostro.

Santiago no puede creer lo que está escuchando. ¿Su padre es un golpeador? Primero se negó a que su padre sea un asesino y ahora la sola idea de que le haya hecho daño a su madre eso lo destroza por completo.

– ¿Dónde está mi mamá?

– Arriba, en mi habitación.

Se pone de pie rápidamente y sube las escaleras a toda prisa. Lo único que quiere es abrazar con fuerza a su madre. Al abrir la puerta, solloza más fuerte al ver las marcas en su rostro.

– Mamá.

Se acerca a ella y la abraza con fuerza, ella entierra el rostro en su hombro y llora con su hijo. Leandro prefirió dejarlos a solas y cerro la puerta. Santiago acaricia la espalda de su madre para calmarla y se separa un poco para mirarla.

– ¿Por qué nunca nos contaste? – Triste.

Ella cierra los ojos con fuerza y baja la cabeza.

– Porque tenia miedo... pensé que no me iban a creer e iban a creer la palabra de su padre.

La respiración de Isabella es errática y ve como Santiago niega.

– Eso nunca, yo te creo mamá. Papá no te volverá a hacer mas daño, te lo prometo.

La abraza con fuerza y ella respira hondo, sin embargo no puede calmarse ya que piensa en sus hijos.

– ¿Thiago y Juliana lo saben?

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