Capítulo 53
Juan la mira con tanto odio y desprecio, lo único que tiene en mente es vengarse de Isabella y Leandro por haberle visto la cara de imbécil. Nadie se burla de Juan y Isabella sabrá de lo que es capaz.
Se agacha y la levanta del cabello, ella grita por el dolor y las lagrimas se desparraman a borbotones. Una vez que la levanta, Isabella quiere alejarse de Juan, pero este la sostiene con fuerza, lastimando sus brazos.
– ¿Te gusto burlarte de mí? ¿Te gusto acostarte con ese estúpido?
– Suéltame. – Aterrada.
– Yo te tendría que matar. – Loco. – Vas a pagar por todo lo que me hiciste, pedazo de puta.
La tira hacia la pared, haciendo que su espalda se estrelle contra la pared y vuelve a gritar por el dolor que siente. Quiere apartarlo, no obstante, la deja encerrada entre su cuerpo y la pared.
– Asique te gusto que el te haga el amor y ni siquiera querías que te tocara.
Ella lo empuja con fuerza y logra quitarlo de encima.
– ¡Porque me das asco! ¡Te odio con todas mis fuerzas, maldito hijo de puta! ¡Me humillaste en todos estos años y descubrí a un ser maravilloso mucho mejor que tú! – Le grita.
La furia brota de los poros del hombre y le da un fuerte puñetazo en su estómago, eso provoca que Isabella se quede sin aire por un momento y vuelve a estrellarla contra la pared.
– Los voy a matar, voy a matar a ese hijo de puta delante de ti.
El corazón de Isabella se detuvo y niega perdiendo la razón.
– No. – Llorando. – Por favor te lo ruego. – Aterrada. – No le hagas nada.
– Vas a aprender a respetarme, hija de puta.
La zamarrea mientras la pega más contra la pared y sus ojos la miran con intensidad.
– Ahora vas a ser mía, estúpida.
La besa a la fuerza y ella arruga el rostro por el asco que siente al sentir sus labios, quiere empujarlo, pero Juan es mas fuerte que ella.
Llora con fuerza mientras su esposo besa su cuello y está llena de terror, tiene tanto miedo por Leandro, si le pasa algo a él, es capaz de morirse.
El hombre sigue besándola a la fuerza y Isabella reacciona.
– ¡Suéltame!– Grita con fuerza.
El hombre completamente fuera de si, le da un puñetazo a la cara, dejandola inconsciente sobre el suelo.
Juan miro el cuerpo desvanecido de Isabella y no lo piensa dos veces. Se agacha para tomarla en brazos y la saca de la habitación. Tiene todo calculado y agradeció que su hijo no lo haya llamado. Sube las escaleras y la lleva hacia su habitación, toma sus manos y la ata contra la cabecera, hace un doble nudo y tapa su boca con una cinta.
Mientras, Leandro está en su casa llamando a Santiago, este lo atiende enseguida.
– Hola Leandro, ¿Cómo va todo?
– Bien, hace un tiempo que llegamos y me extraño que no nos hayas esperado en el aeropuerto.
– Es que mi padre me dijo que se ocupara de ustedes. Espera... ¿hace cuanto estás en tu casa?
– Hace una hora.
– Que extraño... le dije a mi padre que me avise cuando estén en la casa y no me llamo. Voy a llamar a la casa a ver qué es lo que pasa.
Leandro no pudo evitar preocuparse en ese momento, sabia que había algo raro en Juan. Está loco por llamar a Isabella y quitarse el miedo que atraviesa en su cuerpo.
– Está bien, por favor mantenme informado.
Corta la llamada enseguida y no pierde el tiempo, llama a Isabella pero no obtiene ninguna respuesta, se lleva la mano hacia la cabeza e intenta volver a llamarla.
Los intentos por comunicarse fracasaron, su respiración es errática mientras piensa en una excusa para que el pánico no se apodere de su cuerpo.
– Quizás la llevo a almorzar. – Intenta calmarse. – Por favor que no le pase nada malo.
Thiago entra a la oficina de su hermano y ve que está con el teléfono en la mano.
– ¿Sabes algo de mamá?
– No... Leandro me dijo que está en la casa y que se fue con papá, pero estoy llamando a la casa y no me atiende nadie, ni siquiera Florencia.
– Vuelve a llamar.
Santiago le hace caso y vuelve a llamar a la casa, llama y llama no obstante no hay ninguna respuesta. Corta la llamada sintiéndose impotente.
– No hay nadie en la casa. – Preocupado.
– Cálmate, capaz que papá la llevo a otro lugar. Llámalo al celular.
Santiago suspira y marca el número de su padre, espera a que lo atienda y respira aliviado cuando escucha su voz.
– Papá, ¿Dónde están?
– La lleve a almorzar, no te preocupes estamos muy bien.
– Es que llame a la casa y Florencia no me contesto.
– Capaz que fue a comprar cosas para la casa, seguramente no tarda.
– ¿Mamá está bien?
– Está muy bien y contenta, está ansiosa por verlos.
– ¿Ya van para la casa?
– Todavía no... vamos a tardar un buen rato. Adiós Santiago.
Santiago se queda con la palabra en la boca, su padre le corto la llamada y queda extrañado.
– ¿Y?
– Están almorzando.
– ¿Ves? Te dije que no hay nada de qué preocuparse.
– Es que a papá se lo escucha muy raro.
– Deja de preocuparte tanto, mamá está bien y eso es lo importante.
Santiago asiente lentamente, no está muy seguro con las palabras de su hermano.
Leandro está esperando a las noticias de Santiago y no puede dejar de sentirse ansioso por Isabella. Siente algo en su corazón que lo preocupa demasiado. Quiere mantenerse tranquilo, pero no saber nada de ella lo enloquece.
Su celular empezó a sonar y ve que es un mensaje de Isabella.
"Amor estoy bien, pero quiero verte."
Leandro lee el mensaje y se tranquilizo por completo, respira hondo y empieza a escribir.
"¿Dónde estás?"
"Estoy en casa, Juan se fue. Por favor Leandro, te necesito".
"Ya voy para allá"
Leandro toma las llaves de su auto y sale rápidamente de la casa. Juan tira el celular de Isabella y observa su cuerpo maniatado. Hay una sonrisa maquiavélica en su rostro.
– Muy pronto me voy a vengar de ustedes, les juro que lo van a lamentar.
Leandro conduce hacia la mansión de Isabella y estaciona la camioneta. Baja y entra apurado, las luces están apagadas y le extraño que no esté Florencia. Cada vez que entra, siempre está para saludarlo.
– ¿Amor?– La llama.
No hay respuesta alguna, Isabella recupera la consciencia y se da cuenta que está maniatada. Intenta tirar de la soga y sus muñecas se lastiman por el tirón. Escucha la voz de Leandro llamándola y debido a la cinta no puede gritar. Está desesperada, pensando en lo que le puede hacer Juan y se siente culpable. Lucha por desatarse y las lagrimas se desparraman por sus mejillas. Intenta gritar, pero no puede.
Cuando está por entrar a la habitación de Isabella, enciende la luz y el pánico del joven se apodera de su cuerpo. Su corazón se rompió en mil pedazos al verla maniatada y con un moretón violeta en su ojo izquierdo.
– Mi vida.
Quiso acercarse a su mujer, pero Juan salió desde las sombras, lo golpea con fuerza a la nuca y se desvanece. Isabella llora con fuerza y cierra los ojos, el hombre completamente loco la mira con bronca.
– Si te hubieras comportado como una mujer decente esto no hubiera pasado.
Se sube a la cama y se pone encima de ella, sus manos van a sus senos, la aprieta tanto que la lastima y la hace gemir de dolor.
– ¿Te gusta que te hagan esto?– Escupe con bronca. – ¿O solamente te gusta que ese infeliz te haga esas cosas?
Isabella llora a mares mientras intenta sacarlo, no quiere que la toque y está presa por el espanto.
– A el si te entregabas, pero a mi no me tocabas ni un pelo. Ahora vas a aprender a respetarme.
Tira con fuerza de su camisa y la rompe, los botones saltan disparados y la mujer está presa de la locura. Sigue tirando de la soga e intenta utilizar sus piernas para sacarlo a Juan de encima. Lo patea y el hombre le da una bofetada, ella queda aturdida por el golpe y pestañea unas cuantas veces.
– Quédate quieta o el estúpido lo va a lamentar. Si te mueves lo voy a matar. – La amenaza.
Llora aún más mientras siente los besos asquerosos en su cuello y en ese momento Leandro abre los ojos, aprieta los puños al ver lo que Juan le está haciendo. La furia lo ciega y aprovecha la distracción del hombre, lo toma del cuello y lo aleja de Isabella.
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