Capítulo 52



La pareja hizo el amor hasta la madrugada y decidieron descansar un poco. Tienen el vuelo para la 10 de la mañana y se levantaron antes de las 7. Leandro está triste de volver a la realidad. Ambos desayunan en la cama y ella se da cuenta de su aspecto, acaricia su mejilla y hace que la mire.

– Ey.. – Preocupada. – ¿Qué pasa, amor?

– Es que... quiero quedarme aquí contigo. Estos días fueron tan maravillosos. – Suspira. – Fue como vivir en el paraíso, imaginarme este viaje como si fuera nuestra luna de miel.

Isabella sonríe mientras lo observa y apoya la frente en su hombro.

– Me siento de la misma manera. – Respira hondo. – Estos días fueron soñados, nunca me sentí tan amada en toda mi vida.

Leandro deja la taza de té en la bandeja y utiliza su brazo izquierdo para tomarla de la cintura, la atrae hacia su cuerpo y besa sus labios.

– Mereces mucho eso y más. – Enamorado. – Me haces el hombre más feliz que todo lo que te de queda chico con lo que me das.

Los dedos de Isabella rosan sus mejillas y su corazón late con fuerza.

– Ya me disté todo, mi amor. – Emocionada. – Mucho más de lo que pensé merecer.

Ella siente como sus ojos empiezan a picarle y apoya su rostro en el pecho del joven para que no se de cuenta de su emoción. El joven la abraza con fuerza y acaricia su espalda desnuda.

En esos instantes, Isabella sintió una molestia en su estomago y trago saliva, respira hondo para calmar las nauseas que empezaron a aparecer y fracaso en el intento. Salió de la cama con rapidez y fue al baño casi corriendo, se sento cerca del inodoro y empezó a vomitar. Enseguida, Leandro está agachado con ella y sostiene su cabello mientras ella vomita con fuerza, el joven palmea lentamente su espalda y Isabella al terminar, se sienta sobre el suelo frio y suspira.

– No se qué me paso... empecé a sentirme tan mal de repente.

La mujer respira con dificultad y Leandro la abraza con suavidad, no le gusta verla de esa manera y está completamente preocupado.

– Acuestate un poco mi amor.

– Pero tenemos que irnos.

– Solo un poco, no puedes irte así. – Asustado – Yo guardo todo lo que queda.

Ella suspira y no protesta, solamente cierra los ojos mientras se apoya en el pecho de Leandro.

El hombre la toma entre sus brazos y la alza, la lleva suavemente hacia la cama y la acuesta despacio. La tapa con la sabana y besa su frente mientras ella lo mira con una sonrisa, le encanta como la cuida con tanto amor.

Mientras, Florencia está ansiosa del regreso de Isabella y dejo todo en su lugar. Está acompañada de Santiago y observan a Juan bajando de las escaleras. Esté tiene un semblante serio, sus ojos están rodeados por las ojeras pronunciadas.

– ¿No dormiste bien? – Pregunta su hijo.

– Estoy ansioso por tu madre. – Sonríe un poco. – ¿Vas al trabajo?

– Quería esperar a mi mamá y a Leandro en el aeropuerto.

– No te preocupes, yo los esperare en el aeropuerto.

Florencia frunce el ceño, extrañada por el comportamiento del hombre.

– ¿En serio? No me molesta ir por ellos papá.

– A mi tampoco, vos anda al trabajo que yo te aviso cuando tu madre este en casa.

– Esta bien, pero mantenme informado.

Juan asiente en silencio y Florencia traga saliva, no le gusta para nada lo que ocurrió hace unos instantes, solamente rogo que haya sido solo su imaginación. Santiago se despide de la mujer y de su padre antes de salir de la mansión.

El hombre está tranquilo que tiene el camino libre y observa a Florencia.

La pareja está arriba del avión y están tomados de las manos, Leandro la observa con una sonrisa y besa su mano.

– ¿Te sientes mejor?

– Si amor, solamente fue una molestia.

Leandro la observa detenidamente y ladea la cabeza, mirándola con ternura.

– ¿Me parece a mí o estás más hermosa que nunca?

Isabella se ríe y revolea sus ojos antes de mirarlo.

– Necesitas anteojos.

– Es verdad.. – Sonríe. – Tu piel es más brillosa, tus ojos tienen un brillo bastante especial, te hace más hermosa.

– Es la felicidad de todos estos días contigo.

Besa sus labios y Leandro sonríe aún más. El joven es sincero con lo que le dijo, la ve tan cambiada, está rozagante y se la ve más joven. Leandro se detiene a mirarla con ternura y juega con su nariz.

– No puedo esperar a que estemos juntos para siempre. – Feliz.

– Te prometí que hablaría con Juan y lo hare, no puedo soportar ni un minuto más lejos de ti. – Suspira. – Voy a hablar con Florencia para que junte sus pertenencias y se vaya conmigo.

– Quiero que vivan en mi casa.

– ¿En tu casa? – Sorprendida.

– Por favor amor, dime que aceptas vivir conmigo, nada me haría más feliz que eso.

Ella respira hondo mientras lo mira con una sonrisa.

– Está bien. – Animada.

Más tarde, el avión aterriza y Leandro la ayuda con sus pertenencias. Caminan por el aeropuerto y el semblante tranquilo de ambos se borra por completo al ver a Juan esperándolos.

Todo se detiene para ella, se queda quieta mientras ve como Juan camina lentamente hacia ellos. Su vista se nubla y cierra los ojos para estabilizar su vista.

Isabella traga saliva y siente como su estomago se contrae. Las nauseas se hace cargo de su organismo, no le gusta para nada el semblante de Juan. El hombre los mira con una sonrisa y se acerca a su esposa.

– Deja que te ayude, mi amor.

Agarra su maleta y besa sus labios, haciendo que Leandro este serio. Voltea su mirada para no mirarlos y Isabella se aleja enseguida, no entiende su comportamiento.

– Pensé que Santiago nos esperaría.

– Le dije que me ocuparía yo, ¿acaso te molesta?

Ella lo mira a los ojos y nota su mirada desorbitada. Siente que hay algo mal y su corazón late con fuerza.

– No.. – Se ordena a tranquilizarse. – Solo que me extraña un poco.

– Te dije que cambiaria para ti y eso estoy haciendo.

Leandro hace una mueca, sintiéndose celoso y suspira.

Juan los acompaña hacia la calle y suben a su auto, Leandro quiso abrirle la puerta del coche, pero el hombre se adelantó. El joven respira hondo para mantenerse tranquilo y se sienta en el asiento trasero. Juan arranca el coche y el ambiente es incómodo, nadie se atreve a hablar. Los celos de Leandro se elevaron cuando vio la mano de Juan en el mismo de Isabella. Ella se siente enferma al sentir su toque, se mueve para estar alejada de el y traga saliva. No entiende nada de lo que está pasando con él.

Juan conduce hasta la casa de Leandro y detiene el coche.

– Gracias. – Es lo único que dice. – Nos vemos Isabella.

– Adios.

Isabella se siente extremadamente nerviosa, observa desde el espejo como su amante baja del auto y baja sus maletas del baúl. Cierra los ojos después de verlo entrar a la casa y su esposo vuelve a poner en marcha el coche.

– ¿Cómo estuvo su viaje? – Pregunta.

– Bien... tuvimos varias reuniones para impresionarlos y por suerte aceptaron nuestra propuesta.

– Lo sé, Santiago me conto de todo.

Isabella mira desde la ventanilla, buscando tranquilizarse.

Llegan a la casa y la mujer busca a Florencia. Juan se quedo en la sala mientras ella la busca y no la encuentra por ningún lado.

Regresa a la sala y observa a su marido.

– ¿Dónde está Florencia?

– No lo sé. – Sonríe. – Quizás está en tu despacho.

– ¿En mi despacho? – Confundida.

Ella ve la oscuridad en los ojos de Juan y su corazón se paraliza, no lo piensa más y sus pasos son rápidos mientras camina hacia su despacho. Abre la puerta y sus ojos se abren por el pánico al ver lo que se convirtió en su refugio. Su piano está completamente destruido y las paredes están empapeladas por las fotografías de ella con Leandro y lo peor que sus ojos pudieron ver es el cuerpo muerto de Florencia.

Grito con todas sus fuerzas y se cubre el rostro. Las lágrimas se desparraman sin control por sus mejillas, no puede ni hablar y siente como su corazón se está rompiendo. Juan fue capaz de matar a su mejor amiga.

Casi no puede ni hablar, la desesperación la está colapsando por completo. Su corazón late a toda velocidad. Llora sin control y está llena de pánico por la situación.

Da media vuelta por el golpe de la puerta y ve a Juan. Ella retrocede, su cuerpo tiembla por el pánico que está sintiendo gracias al monstruo.

– ¿Te gusta como decore tu cuarto, mi amor? – Loco. – Lo decore pensando en ti.

– ¿Qué...

Intenta hablar y lo único que recibe es una fuerte cachetada de el, fue tan fuerte que hizo que cayera al suelo y su mano se apoya en su mejilla herida.

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