Capítulo 51



– Si Florencia. – Sonríe – Estoy bien, ya nos veremos mañana. No seas tan impaciente.

– La extraño mucho, estos días me hizo tanta falta.

Isabella sonríe desde el otro lado del celular y Leandro está a su lado. La pareja permanece acostada completamente desnudos, solamente están cubiertos por la sabana.

– Yo también te extraño Florencia, pero mañana nos vamos a poder ver y charlar de todo.

– Me alegra escucharla tan bien – Tranquila – Se nota que le hicieron muy bien estos días.

– No te das una idea. – Sonriente – Estos días fueron maravillosos.

Hay intercambio de miradas en la pareja y Leandro besa su hombro desnudo mientras Isabella sigue hablando por teléfono.

– Esta bien Florencia, dales un beso enorme a todos. Mañana estaremos de regreso muy temprano, hasta mañana.

Isabella corta la llamada y Leandro acaricia su cabello al mismo tiempo que la observa.

– ¿Todo bien?

– De maravilla.

– Me siento un poco triste porque es nuestra última noche, me quería quedar más.

– Yo también, pero tenemos que regresar.

Leandro la mira con curiosidad y besa sus labios.

– ¿Cuándo piensas divorciarte de Juan?

Ella suspira y cierra los ojos antes de hablarle.

– Primero quiero saber si tengo las acciones conmigo, cuando regresemos voy a hablar con él.

– ¿Qué es lo que harás?

– No quiero vivir con el, mi amor. Con este viaje me di cuenta que no quiero separarme de ti... solamente pienso que mis hijos me van a odiar, solo espero que me entiendan.

El corazón de Leandro late con locura y la toma suavemente entre sus brazos, le da muchos besos en sus labios y sonríe lleno de emoción.

– Lo harán amor. Tus hijos entenderán que mereces ser feliz.

– Eso espero. – Traga saliva. – Si ellos me llegaran a odiar para siempre...

– Eso no pasara amor. – La interrumpe. – Te amo, cariño.

– Yo más te amo.

Mientras, Juan esta en su despacho cuando el teléfono de línea suena. Lo agarra enseguida y lo lleva a su oreja.

– ¿Hola?

– ¿Señor? Lo llamaba porque quiero hablar con usted, es urgente.

– ¿Dónde nos podemos encontrar? Yo estoy en mi trabajo, si quiere podemos encontrarnos ahora mismo.

Juan termina de hablar con el hombre y corta la llamada, no pierde más el tiempo y toma sus cosas antes de ir a su encuentro.

Al mismo tiempo, Leandro la mira con ansiedad y se sienta sobre la cama mientras tiene algo escondido.

– ¿Sabes mi amor.? Quería darte un obsequio.

– ¿Cuál? Espero que no sea el huevo. – Bromea.

– No, no. – Riéndose – Nada de eso, es otra cosa.

– Primero me gustaría que cierres los ojos.

Ella le hace caso, cierra los ojos y Leandro toma su mano con cuidado, saca una caja mediana y la coloca.

– Ahora ábrelos.

Isabella abre los ojos y encuentra una caja mediana de símil cuero, la abre y se encuentra con una cadena de oro con un dije en forma de corazón, este esta lleno de diamantes. Los ojos de la mujer brillan mientras una sonrisa resplandeciente aparece en su rostro.

– Mi amor. esto es carísimo.

– ¿Y?

– No tendrías que haber hecho este enorme gasto.

– Te regalaría lo que sea, amor mío. – Feliz. – ¿Ves ese dije?

Ella asiente mientras lo mira.

– Es mi corazón, te pertenece desde el momento en que te vi.

La emoción se hace cargo de ella y lo abraza con fuerza.

– Te amo tanto, mi amor.

– Yo más te amo– Emocionado. – No te imaginas cuanto te amo.

Leandro toma el collar y se lo coloca, una vez que termina de colocárselo, sus dedos acarician su piel sedosa y ella cierra los ojos al sentir las caricias en su cuello. El joven pasa su lengua en su piel y Isabella se muerde los labios, echando la cabeza hacia atrás.

Ella da media vuelta para quedar frente a frente y rodea el cuello de su amante con sus brazos. Sonríen llenos de amor y se besan con intensidad. Sus lenguas bailan sin cesar mientras el beso se hace cada vez más necesitado.

Isabella se excito tanto por los besos y caricias llenas de fogosidad de Leandro que se movió para quedar encima de él, se sienta a horcajadas y sus manos acarician su torso desnudo, los ojos de ambos están llenos de lujuria y amor. La mano derecha de Leandro se desliza desde su mejilla hasta la nuca de Isabella y se sienta antes de atraerla hacia sus labios. El beso está lleno de necesidad y bebe de sus labios.

Sus cuerpos se convierten en uno cuando Leandro la penetra, ella lo abraza con fuerza, sus pieles se chocan y su boca se abre gracias al placer que está sintiendo. El joven empieza a gruñir cuando Isabella empieza a cabalgarlo, subiendo y bajando encima de su entrepierna.

Los gemidos se escaparon de sus bocas, Isabella arquea la espalda mientras la lujuria está llenando su cuerpo, ella comanda los movimientos de las embestidas y Leandro está fascinado que su amor sea la que mande. Mueve las caderas y eso provoca que el joven grite de éxtasis. Ambos están locos por lo que sienten en este momento. El joven la toma con fuerza y ruedan sobre la cama, quedando encima de ella y vuelve a penetrarla. Ella clava las uñas en su espalda a medida que Leandro se mueve como un animal. Sus pieles se chocan con fuerza por la velocidad de las embestidas, provocando que hagan ruido. La cabecera golpea con dureza a la pared y los dos no paran de gritar.

– Oh Dios Leandro.

Isabella no lo puede creer, siente que en cualquier momento se desmayara por el placer desmedido que está sintiendo. Leandro no puede dejar de gemir mientras no deja de mirarla y sonríe al verla así.

Están un largo rato intercambiando posiciones hasta que ella está acostada boca abajo, el joven está penetrándola con agilidad, el sudor y los gemidos se hacen cargo de ellos y Leandro vuelve a darle la vuelta. Comparten un beso apasionado y el hombre sigue moviéndose.

– Quiero que me mires cuando estés por venirte. – Penetrándola – Oh Dios, te sientes tan bien.

Ella quiere cerrar los ojos debido a que el placer la está consumiendo.

– Mírame, mi amor. Mírame, quiero verte cuando lo hagas.

Isabella le hace caso y se encuentra con sus ojos azules.

El joven se mueve con fuerza y siente como las paredes de su vagina encierran su pene. Sigue moviéndose y siente como las uñas de su mujer se clavan en su carne, esa sensación lo vuelve loco y con una penetración más tiene lo que quería. Isabella se viene mientras se miran a los ojos y su cuerpo convulsiona.

– ¡Leandro! Ahhh, ahh.

Grita con fuerza y en unos cuantos segundos, Leandro se viene dentro, gruñendo una y otra vez el nombre de Isabella, los dos respiran con agitación y la abraza con fuerza mientras se detiene.

– Me vas a volver loco, mi amor. – Emocionado.

Corre los mechones en su rostro y besa sus labios, ella le corresponde al beso y se besan apasionadamente.

– Te amo, mi amor. – Complacida.

– Yo más te amo.

Vuelve a besarla y se quedan en la misma posición mientras recuperan sus fuerzas.

Juan siente como la cordura va dejando su cabeza a medida que observa las fotos que le entrego el hombre que había contratado. Cada imagen que veía incrementaba las ganas de destruir a Isabella.

– Dios santo. – Susurra. – Yo sabía que me estaba metiendo los cuernos, pero... no pensé que de está manera... mi hijo tenia razón y yo no le creí. No puedo creer que mi esposa se haya metido con un hombre que tiene la edad de mi hijo, ¿no le da vergüenza?

– Lo siento mucho señor.

La respiración del hombre es errática, aprieta los dientes por el ataque de cólera que está invadiendo su cuerpo. Muy pronto se vengaría de su esposa, sin importarle estar años y años en una cárcel.

– Gracias pero la que lo va a lamentar es mi esposa.

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