Capítulo 50



Sus ojos claros permanecieron estáticos, mirando con miedo a Leandro quien la tiene protegida entre sus brazos. Se ordena a si misma estar tranquila para no levantar sospechas.

– Mi amor. – Acaricia su pecho. – Juan nunca me levanto la mano – Seria. – Solamente me molesta que quiera saber lo que estoy haciendo cuando sabe que nuestro matrimonio es solo una farsa.

Leandro pasa los dedos sobre sus pómulos y sigue estando preocupado por ella. Es consciente que Isabella todavía oculta cosas y eso lo aterra cada vez más.

– ¿Me estás diciendo la verdad?

Isabella no quiere mentirle, pero sabe que es por su propio bien, conoce a Juan y sabe que es capaz de hacer cualquier cosa si Leandro se atreve a enfrentarse a el. Nunca se perdonaría que a Leandro le pase algo.

– Tranquilo amor. – Besa sus labios para calmarlo y lo mira tranquila. – Esta todo bien.

El joven traga saliva y suspira, la atrae más hacia su cuerpo y cierra los ojos al mismo tiempo que trata de calmarse. Ella levanta la cabeza para mirarlo y aprieta ligeramente su nariz.

– Cambia esa cara. – Sonríe. – Lo importante es que ahora estamos juntos y yo estoy feliz de estar contigo. ¿No es eso lo más importante?

Isabella le saco una sonrisa y el joven asiente mientras la besa. Ella tiene una facilidad de tranquilizarlo y hacerle reír. La mira con ternura y la admira en silencio.

– Estaba pensando en que a la noche podríamos ir a ver una obra de teatro. – Tranquila. – ¿Qué te parece?

– Me encanta la idea.

Sus dedos se entrelazan y se miran con amor mientras caminan por la avenida principal.

La preocupación desapareció de su cuerpo gracias a su Isabella y disfruto de la caminata, tomándola de la mano y sintiendo de su calidez. Aprovecharon el tiempo para comprar las entradas para hoy a la noche y luego tomaron un taxi para volver al hotel.

Una vez que entran, Leandro toma el bolso de su mujer y lo deja sobre el mueble. Su atención está en ella mientras va levantándole la blusa.

Ella levanta la ceja mientras lo observa con una sonrisa.

– Te necesito tanto. – Excitado.

Su brazo derecho rodea su cintura y la atrae hacia su cuerpo, Isabella siente su entrepierna hinchada a través de sus pantalones y respira hondo. Sus bragas se mojan debido a su excitación y sus labios se unen, sus lenguas bailan entre si, explorando sus bocas con intensidad y ella gime por el beso. La toma del trasero y la levanta, está loco por hacerle el amor y hacer que se pierda en el placer. Sigue besándola y sus labios bajan hasta su cuello.

Ella ronronea al sentir sus labios húmedos en su cuello y su respiración se detiene al sentir sus dedos acariciando su clítoris a través de sus bragas húmedas.

– Estás tan mojada. – Excitado.

Está con ansias de comerla lentamente y enloquecerla. La lleva a la cama y la deposita suavemente sobre el colchón, se queda maravillado al ver como sus pechos suben y bajan lentamente por la excitación, acaricia sus muslos suavemente, sintiendo cada rincón de su piel maravillosa. Puede ver como su piel brilla más que nunca, le va sacando la falda y la tira al suelo, dejándola solamente en ropa interior y su sonrisa se hace aún más extensa. Baja despacio hacia su pequeña protuberancia, el clítoris de su mujer está hinchado por la excitación y se lame los labios, impaciente de probar su exquisito sabor.

Su cabeza está entre sus piernas, ella lo mira con ansiedad y lleva la cabeza hacia atrás cuando siente el primer lengüetazo en su punto de nervios, ese movimiento errático la hizo gemir despacio y abrió los ojos al sentir dos dedos en su interior. Mueve la cabeza por el placer inmenso que la está haciendo sentir, Leandro la está comiendo lentamente, su lengua profesional la lame una y otra vez, sintiendo la tensión en todo su cuerpo. Arruga las sabanas cuando el placer crece de manera asombrosa y los gemidos se hacen más grandes a medida que los dedos de Leandro van entrando y saliendo con velocidad.

– Oh Leandro. – Gime en voz alta. – Ay así, así.

Gimotea al sentir un mordisqueo en su clítoris y su cuerpo tiembla debido a que el orgasmo se está haciendo presente.

– ¡Leandro! – Grita.

Su cuerpo convulsiona por el placer y su amante prueba sus jugos, extasiado por su sabor y la come como un loco. La observa con excitación, mirando como ella está recuperando la respiración. Su entrepierna le está doliendo demasiado y no aguanta las ansias de hacerla suya. Se levanta rápidamente y la mueve para ponerla en cuatro.

Sus manos acarician suavemente su espalda, se agacha para besar su piel y las caricias del joven la están por hacer perder la razón, no aguanta más, lo necesita con todas sus fuerzas.

La tortura termino, Leandro desliza su pene lentamente en su interior y ella gime despacio. El pene entra por completo y disfrutan de la sensación enloquecedora. Leandro gruñe mientras empieza a moverse, no lo quiere hacer lentamente. Sus movimientos son bruscos y eso la está haciendo gemir cada vez más alto.

A Isabella le importa un bledo si es escuchada, sus gemidos invaden toda la habitación y escucha los jadeos del joven. Ella aprieta las sabanas cuando el placer la parte a la mitad, cada vez que hacen el amor de manera salvaje su interior se incendia. Cierra los ojos con fuerza y hunde el rostro en el colchón mientras las penetraciones son más salvajes, los gruñidos de Leandro se hacen más evidentes y gime al sentir las paredes de su amada apretando su pene. Sabe que está a punto de venirse y la toma con fuerza de la cintura, moviéndola más fuerte.

– Oh Dios – Grita. – Así, así, no pares por favor. – Lloriquea.

Le da la última estocada e Isabella pierde la cabeza, el orgasmo hizo que ella gritara con fuerza y se viene rápidamente. Queda completamente inútil sobre la cama y su respiración es rápida. El cuerpo está cubierto de sudor y se acuesta boca arriba.

– Dios santo. – Le cuesta respirar. – Me vas a volver loca.

Leandro sonríe mientras se coloca en medio de sus piernas y besa sus labios sensualmente.

– Tu cuerpo es mi vicio, mi amor. – Suspira. – No puedo dejar de acariciarte, tocarte. Explorar tu increíble cuerpo. Me tienes tan loco.

La mira lleno de amor y excitación, ella sonríe emocionada y se besan con dulzura. Agarra su entrepierna para penetrarla y está vez lo hace tranquilo. Ellos gimen cuando sus cuerpos se convierten en uno solo. Ella cierra los ojos mientras está llena de sensaciones de placer y envuelve su cadera con las piernas. Leandro la besa antes de moverse suavemente mientras se pierden en su amor.

Tiempo más tarde, llegan al orgasmo y el joven se viene dentro de ella. Isabella está completamente derrotada y apoya la cabeza en su pecho. Los dos están cubiertos por el sudor y Leandro tiene una sonrisa radiante. La mira lleno de emoción y alegría, sus dedos acarician su espalda suavemente antes de besar su frente.

– Fue increíble. – Cansada.

– Tu eres increíble. – Suspira lleno de amor, toma su mano y la besa antes de volver a mirarla.

Ellos se miraron con tanto amor que no necesitaron hablar, ella cierra los ojos mientras se deja llevar por las sensaciones que dejo Leandro en su cuerpo. El momento fue tan mágico y está tan cansada que apenas tiene fuerzas.

El joven se da cuenta que Isabella quedo completamente dormida y sonríe mientras la contempla en silencio, su corazón late a toda velocidad al quedar completamente encantado con ella.

– Parece un angelito. – Susurra.

Acaricia su cabello y la abraza con suavidad, protegiéndola a toda costa, recordando la preocupación que tuvo al pensar que Juan haya sido capaz de hacerle daño, se siente enfermo de tan solo pensar que haya un ser humano que quiera lastimar algo tan puro como Isabella. Es capaz de matar a cualquier persona que haga sufrir a la mujer que ama, no le importaría morir con tal de protegerla de cualquier mal.

Trata de calmarse y es capaz de hacerlo al tener a su amor entre sus brazos, cierra los ojos con suavidad y sus ojos se calman al ver la paz de su Isabella. Ella lo hace mejor, lo hace mejorar como hombre cada día que pasan juntos.

– Te amo tanto, mi amor. – Emocionado. – Me haces el hombre más feliz.

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