Capítulo 49
Caminamos hasta que empezamos a cansarnos y decidimos que ya es hora de regresar al hotel. Entramos a la habitación sosteniéndola entre mis brazos, comportándonos como si estuviéramos en luna de miel. Su risa llena la habitación y nos besamos con pasión.
– Te hare el amor toda la noche.
– Me encanta escuchar eso. – Susurra.
Muerde mis labios suavemente y bebo su néctar al mismo tiempo que nos besamos con intensidad, su lengua serpentea en mi boca y la deposito sobre la cama.
A la mañana siguiente, la pareja se preparo desde temprano para llegar a tiempo. Desayunaron en la habitación y Leandro fue el primero en terminar de prepararse e Isabella lo hizo unos 10 minutos después.
– ¿Cómo me veo? – Sonríe.
– Hermosa como siempre.
Usa su brazo izquierdo para atraerla hacia su cuerpo y la abraza con suavidad, con su mano libre acaricia su mejilla y la besa apasionadamente. Duran un largo rato entre besos y caricias hasta que Isabella se separa lentamente.
– Me encantaría quedarme, pero tenemos cosas que hacer.
Ella se rie al ver que Leandro pone cara de niño regañado y aprieta suavemente sus cachetes.
– Eres tan lindo. – Sonríe.
– Tu lo eres más.
Le da un beso rápido antes de salir de la habitación. Una vez que salen del hotel, un taxi los espera y Leandro le abre la puerta a Isabella, ella se sube con tranquilidad, el joven se sienta a su lado. El conductor pone en marcha el auto y conduce hasta la inmobiliaria que contrato a Leandro. Al llegar a la Inmobiliaria Mendez, bajan del auto e Isabella se detiene al sentirse un poco nerviosa.
Leandro nota que Isabella está nerviosa y la toma de los hombros.
– ¿Qué pasa, mi vida?– Habla en voz baja.
Ella lo mira y respira hondo antes de hablar.
– Es que nunca entre a una sala de juntas y mucho menos para presentar algo.
El joven sonríe suavemente y toma su mano.
– Es normal que te sientas nerviosa, pero todo va a salir bien. Eres muy inteligente Isabella y me ayudaste muchísimo con el hotel.
Ella sonríe y siente como sus ojos le empiezan a picar por escuchar sus palabras sinceras.
– Ahora vamos a entrar y presentar lo que hicimos los dos.
Entran en el edificio y se presentan ante la recepcionista, ella les sonríe y los acompaña hasta el séptimo piso, una vez que las puertas del ascensor se abren, dos hombres maduros los saludan con tranquilidad y toman asiento.
Isabella deja escapar todo el aire que contuvo y observa a Leandro presentando los planos e imágenes de todas las ideas que tuvieron para el hotel.
– Pensamos que el hotel tenga un spa, varios restaurantes en el predio con comida internacional, una cancha de tenis, de futbol, una sala de recreos para los más chicos, un cine, dos piscinas, una climatizada y la otra normal.
– La climatizada va a estar dentro del hotel y la otra en el jardín. Pensamos en que también puedan permitir mascotas. – Explica Isabella.
Leandro explico todo lo que pensaron y los hombres escucharon atentamente. Estuvieron toda la mañana así, explicando la decoración de cada zona del hotel y todos los detalles.
Al terminar, Isabella traga saliva y mira dudosa a Leandro.
– Me gusta mucho la idea. – Rompe el hielo uno de los hombres e Isabella suspira de alivio, sonríe con felicidad. – Tenemos el presupuesto suficiente para que empiece a construirse el mes próximo.
– Pensé que lo iban a pensar.
– Nos gusta el proyecto, es muy bueno que el hotel tenga un clima más familiar.
La pareja está contenta y los hombres se ponen de pie para estrechar las manos de ellos.
La mujer sigue sorprendida mientras salen del edificio y se abrazan con fuerza.
– No lo puedo creer.
– Te lo dije mi amor, te dije que nos iría muy bien. Fuiste maravillosa con tus ideas, no hubiera pasado nada de esto sin ti.
Acaricia su mejilla y besa suavemente su frente.
– Hay que festejar nuestro triunfo.
Entrelaza sus dedos con los de Isabella y tira de ella suavemente para caminar. La lleva a un restaurante para almorzar y ambos pidieron tacos al pastor. Leandro la vio con diversión, las veces que comieron juntos siempre la vio como una mujer que come poco y ahora estaba comiendo muchísimo más que él. Isabella se da cuenta que Leandro la está mirando con una sonrisa y entrecierra los ojos.
– ¿Qué pasa? – Confundida.
– Nada... es que me parece un poco extraño.
– ¿El que?
– Es que nunca te vi comiendo tanto. – Animado.
– Me puede dar hambre algunas veces...
– Bueno mi amor, era solamente una observación. – Se ríe. – Puedes comer todo lo que quieras.
La besa suavemente y al separarse, la sonrisa desaparece del rostro de Isabella.
– Entonces ya tendríamos que volver. – Seria.
– ¿Por qué?
– Porque ya nos aceptaron el proyecto y además pueden sospechar.
– ¿Y? – Sonríe. – Tu familia no lo sabrá, aparte tenemos la fecha de regreso para dentro de 3 días.
En ese momento, a Leandro se le enciende el foquito y sonríe con picardía.
– Les vamos a decir que se van a tomar unos días para pensar y podremos quedarnos más tiempo.
Ella abre los ojos como platos y en su rostro aparece una sonrisa.
– ¿Entonces nuestro viaje es de placer? – Sonriente.
– Digamos que es una luna de miel.
Isabella se ríe y se cubre la boca.
– ¿De que te ríes?– Arquea una ceja.
– ¿A poco piensas casarte?
– ¿Acaso no quieres? Sueño de poder casarme contigo.
Ella parpadea suavemente mientras lo escucha decir eso y su corazón golpea su pecho a toda velocidad. Está segura del amor que tiene Leandro por ella, pero ¿casarse? Eso no lo espero.
– Me fascina pensar que algún día serás la señora de Alvear.
Isabella se pone roja como un tomate y sus ojos lo miran con amor. Los ojos de Leandro la miran con la misma intensidad y se inclina hacia ella mientras cierra los ojos, pegando su frente con el de Isabella. Ella fantasea con la idea de unir su vida con la de Leandro, no obstante, teniendo al lado a un hombre como Juan, es consciente que no los dejara tranquilos, menos su familia.
Mientras, Juan está en su oficina preguntándose si llamar o no a su esposa. No sabe nada de ella, solamente sabe de lo que le informan sus hijos. Ellos son los únicos que mantienen contacto con ella y eso le molesta. Quiere tener el control que tenia sobre Isabella, en estas ultimas semanas ella cambio demasiado y eso lo hace sospechar.
Sabe muy bien que alguien la está ayudando a ser más fuerte y eso es un problema, solamente espera que toda está situación se arregle pronto. Se lleva las manos hacia la cabeza y espera con ansiedad que ese llamado llegue para poder hacerle pagar cada una de las cosas que su esposa le hizo.
Santiago entra a la oficina de su padre y Juan cambia su aspecto, se hace ver más animado.
– ¿Sabes algo de tu madre?
– Me dijo que ya hablaron con la inmobiliaria, pero no obtuvieron una respuesta concisa, van a tener que esperar.
Suspira y no puede disimular su disgusto,
– Pensé que seria un viaje rápido, que cambiarían los pasajes de vuelta y volvería pronto.
– Papá, conoces muy bien como se manejan. Era de esperarse.
Respira con dureza y asiente lentamente.
– Ya se... voy a llamar a tu madre.
Agarra el teléfono de línea y marca su celular.
En ese momento, Isabella está a punto de salir del restaurante con Leandro y sus ojos están llenos de pánico al ver el nombre de Juan en la pantalla.
– ¿Pasa algo, amor?
– Es mi marido...
Leandro la vio tensa y aun más cuando llevo el celular a su oreja.
– Hola Juan.
Escucha su voz dura y la observa con atención.
– Hola mi amor, llame para saber como estás.
Isabella estuvo a punto de reír cuando lo escucha a Juan.
– Estoy bien, gracias por preguntar.
– Ayer no me llamaste, estuve esperando tu llamado.
– Estaba cansada y además, llame a nuestros hijos, ellos seguramente te habrán avisado.
El joven la vio a la defensiva y entrecierra los ojos. No puede escuchar lo que dice Juan, pero con las actitudes de Isabella, sabe que algo está pasando.
Isabella corta la llamada enseguida y cierra los ojos con fuerza.
– Amor.. – La sostiene entre sus brazos. – ¿Qué pasa?
– Nada. – Suspira. – Me pregunto cómo estaba y quiso reprocharme porque no lo llame, nada importante.
Leandro acaricia su espalda y la mira con intriga. Le duele que Isabella tenga algunos secretos y no confía en él.
– Isabella, ¿Qué pasa entre ustedes? Te vi tan a la defensiva, tus ojos estaban aterrados.
La mujer le da una mirada nerviosa y empezó a sudar al darse cuenta de la curiosidad de su amante. Leandro no sabe como preguntar lo que paso por su cabeza porque si tiene una confirmación, es capaz de matarlo si se atrevió a tocarle un pelo.
– ¿Juan te hizo algo? – Preocupado.
Ella quedó sin expresión, quedando en el limbo de sus pensamientos. Ni siquiera se atreve a mirarlo.
– Amor, te estoy hablando. – La toma de los hombros para que ella lo mire. – ¿Te toco?
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