Capítulo 48
Tomo su mano para entrelazar sus dedos y la beso. Ella me da una media sonrisa y allí está de nuevo esa mirada triste e incomoda. Cada vez que hablo de él siempre me mira así. Hay tantos secretos que me perturban y quiero saber que es lo que la llevo a Isabella dejar de lado el divorcio.
– Mejor no pensemos en él. – Seria. – El día está tan maravilloso que no queremos que se nuble.
Sonrió suavemente y observo como se levanta.
– ¿Vamos al agua?
Muerdo mi labio en el momento que se levanta el vestido y lo deja sobre la manta, asiento lentamente al mismo tiempo que estoy embobado, maravillado por su cuerpo.
Me pongo de pie y me saco la playera antes de acompañarla al agua. Nuestras manos están entrelazadas mientras corremos hacia el agua. Una vez que nos empapamos, la tomo entre mis brazos y la sostengo con fuerza, ella envuelve mi cuello con sus brazos y sonreímos mientras disfrutamos del agua. Ver su sonrisa hace que mi corazón lata a mil por hora y me llena de alegría, me tiene maravillado está mujer. Cada vez la necesito más y más en mi vida.
Estuvimos un largo rato en el agua y puedo ver como su cuerpo se va asoleando por el sol.
Son las 8 de la noche y decidimos juntar nuestras cosas, Isabella tiene tanta hambre y en mi mente está fantaseando en una rica cena en un restaurante frente a la playa. Poder tener un momento como si fuésemos una pareja. Mientras estamos caminando para salir de la arena, puedo ver como ella parpadea y su cuerpo se balancea un poco como si se estuviera por desmayar. La sostengo entre mis brazos y me lleno de miedo al verla así.
– ¿Qué pasa, mi amor? ¿Te sientes bien?
Ella respira hondo y niega lentamente.
– ¿No quieres acostarte?
– No mi amor. – Sonrie y se recompone. – Estoy bien, solo fue un ligero mareo y nada más.
– ¿Estás segura?
No estoy muy seguro si me está diciendo la verdad o no, ella apoya una mano en mi mejilla y su sonrisa se amplía.
– En serio cariño, estoy bien. Vamos a apurarnos que me muero de hambre.
Al rato, entramos a su habitación y nos damos una ducha. En ese momento, la encierro entre el vidrio y mi cuerpo, besando su piel con intensidad, mis caricias se vuelven más provocativas y me enciendo al escucharla gemir.
Después, nos vestimos y observo como ella se mira en el espejo para ponerse un poco de maquillaje. Me acerco y la abrazo por detrás.
– Me gustaría que vayamos a cenar a un lindo restaurante frente a la playa. – Animado.
La observo desde el espejo y sonríe encantada.
– Estaba fantaseando con esa misma idea.
La abrazo con fuerza y beso una y otra vez su mejilla.
– Entonces no se diga más – Feliz.
Una vez que terminamos de prepararnos, salimos del hotel y nos subimos a un taxi. Nos llevo a uno de los mejores restaurantes e Isabella se quedo encantada por el lugar, sin hablar de la vista.
Todo era perfecto, mi amor no sabia que plato pedir y eso me daba gracia, opto por pedir pasta pero muy pronto su rostro cambio, primero no entendí porque se puso de esa manera y me desespere.
– ¿Qué pasa, mi amor?– Preocupado. – ¿Te sientes bien?
– Nada, estoy bien. – Suspira.
Escucho su voz entrecortada y se me estruja el corazón al verla así. Miro a mi alrededor y me doy cuenta que es lo que pasa, debido a las miradas prejuiciosas de las mujeres, ella está incomoda y la veo tragar en seco. Su mirada está perdida y me apresuro a tomar su mano. No tiene porque sentirse así, me importa muy poco lo que piense la gente, solamente me importa Isabella y su felicidad, lo otro se puede ir al demonio.
– Mi amor...
Su mirada se choca con la mía y puedo ver que se siente mal por la situación, se muy bien que se siente insegura y no quiero que este así, me duele verla triste.
– No me importa lo que piensen, tu eres la mujer de mi vida y eso es lo que importa.
– No es fácil para mi que me estén mirando, se muy bien que es lo que piensan.
– Me importa un bledo lo que piensan. – Sonrió mientras corro la silla para estar a su lado. – Lo único que importa es que nos amamos y que sientan envidia de nosotros.
Ella sonríe un poco y besos sus labios para sacarla de todo miedo. La pego a mi cuerpo y el beso se hace más intenso.
– Te amo Isabella.
– Yo también te amo... pensé que nunca me iba a enamorar tanto como te amo a ti.
Me mira llena de emoción y es ella la que me besa apasionadamente. Las personas que la miraban prejuiciosamente dejaron de mirarla y acaricio su mejilla.
– Eres tan preciosa, hermosa. – Suspiro de amor. – Tengo tanta suerte que estés conmigo.
Toma mi rostro con sus manos y pasa los dedos por mi piel. Isabella me mira con atención y apoya su frente con la mía.
– La que tiene suerte de tenerte soy yo. – Sonríe. – Si alguien me hubiera dicho que me enamoraría de está manera me hubiera reído en su cara y en este último mes cambio todo...
– Hace más de un mes que estamos juntos y me hiciste el hombre más feliz.
Acaricio su mentón y cierra los ojos con suavidad al sentir mis caricias.
Unos minutos más tarde, la camarera se acerca para acercarnos lo que pedimos y nos sirve un poco de vino. Nos deja a solas y tomo mi copa para hacer un brindis.
– Por nuestro primer mes y por mucho tiempo más – Sonrió– Si fuera por mi seria para siempre..
Ella se ríe suavemente, toma la copa y brindamos, ella toma un sorbo y deja la copa en la mesa. Comenzamos a comer y mi mano acaricia suavemente su muslo. El tiempo paso demasiado rápido para mi gusto e Isabella queda exhausta después del postre.
– Ya no puedo más – Suspira.
Sonrió y me inclino para besar tiernamente sus labios.
Una vez que pagamos la cuenta, salimos a caminar por la playa, ella sostiene sus zapatos mientras camina descalza en la arena. La luz de la luna ilumina su hermoso rostro y estoy embobado, mis ojos no se despegan de ella e Isabella apoya su cabeza en mi hombro. Seguimos caminando y beso su cabeza con ternura. La paz y el amor que siento en estos momentos me llenan el corazón, la manera en que me hace sentir Isabella hace que cada día sea uno mejor que el otro.
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