Capítulo 47



Isabella se quedó dormida rápidamente y la deje descansar, disfrute tanto este momento maravilloso. Está descansando encima de mi cuerpo y mis manos acarician suavemente sobre su espalda desnuda, sintiendo su piel suave y respiro hondo mientras siento su respiración en su cuello.

Cierro los ojos, dispuesto a dormir y me quedo dormido en cuestión de minutos.

Más tarde, siento un cosquilleo en mi pecho y abro un poco los ojos, encuentro a Isabella pasando sus dedos por los vellos de mi pecho y junto mis labios en los de ella para sorprenderla, Isabella gime suavemente por el impacto y al separarnos suelta una pequeña risita.

– ¿Qué hora es?

– Las 6, es temprano todavía y me gustaría que caminemos en la playa. – Animada.

– Me gusta la idea.

Paso mi mano por su mejilla y acaricio su piel.

– Me gusta pensar que estos días viviremos como una feliz pareja.

– Aunque vamos a tener que portarnos bien mañana en la reunión. – Se ríe.

– Es una lástima, con lo mal que me gustaría portarme.

Me giro para quedar encima y empiezo a hacerle cosquillas. Ella se rie con fuerza y trata de alejarme, nos reímos mientras jugamos y sus ojos me miran llena de felicidad.

– Dios santo, como te amo.

Mi corazón late con fuerza cada vez que la escucho decirme que me ama, con las veces que soñé con este momento nada se compara con estos momentos que vivo con Isabella.

– Y tu no tienes idea de cuanto te amo. – Tomo su mano.

Isabella sonríe llena de emoción y nos besamos apasionadamente.

El día es hermoso para disfrutar de la playa, sin embargo, Isabella no quiere ponerse un traje de baño debido a que no se siente cómoda.

– Mi amor... tu cuerpo es hermoso. Puedo entender que te sientas insegura, pero es una inseguridad absurda. – Sonríe – Dejarías loco a cualquier hombre que te mire y eso me pone más celoso todavía – Gruñe.

Mi amor empieza a reírse y arruga su rostro.

– Puede que tengas un poco de razón, pero no guarde ningún traje de baño en mis pertenencias.

– Tengo suerte de estar un paso adelante.

Me mira confundida mientras me pongo de pie y busco en mi maleta una bolsa color rosa, la encuentro y me acerco en la cama para entregársela. Ella arquea una ceja y saca una caja donde hay dos trajes de baño.

– Se que el que elijas te quedara increíble.

Sonríe suavemente y observa los trajes de baño. Uno es un bikini de color azul, las bragas tienen pequeños volados en los costados, el otro es una enteriza color rojo con la espalda descubierta. Ella toma la enteriza y se pone de pie, la espero en la habitación mientras me pongo el traje de baño.

Isabella se toma su tiempo y empiezo a prepararme.

Unos minutos después, ya estoy preparado y ella sale con la enteriza puesta. Mis ojos están encendidos mientras la observo y me muerdo los labios. Me acerco y la abrazo desde la cintura.

– Estás bellísima.

– ¿Te parece? – Insegura. – No lo sé... estuve mirándome y me veo ridícula.

– Para nada, es más, quisiera comerte ahora mismo.

Isabella sonríe dulcemente y apoya su cabeza en mi pecho por un momento.

– Termino de prepararme y vamos.

Me da un pequeño beso y se aleja para buscar un vestido. Observo con atención como ella se viste y me quedo embobado cuando ella termina. Guardo alguna de mis cosas para llevar en un bolso playero y tomo la mano de mi amor.

– ¿Vamos, mi amor? – Ansioso.

– Vamos. – Animada.

Salimos de su habitación y caminamos hacia el ascensor. Una vez que salimos del hotel, solamente nos basta cruzar de calle para estar en la plaza. Está llenísimo de gente y el día está muy caluroso, el sol es muy fuerte y por suerte tenemos protector solar. Me doy cuenta que algunas miradas de los hombres están en mi Isabella y eso me hace ponerme serio. Suavemente, hago que Isabella este más cerca de mi cuerpo.

Escucho una risita que proviene de Isabella y me mira con picardía.

– ¿Soy yo o alguien está celoso?

– Hmm.. – Suspiro. – Solamente quiero que sepan que a la mujer que están mirando tiene un hombre que la ama con locura.

Ella me da una sonrisa resplandeciente y se acerca para darme un beso. Unos momentos después, estamos sobre una manta y miramos las olas en silencio. Ella está sentada en medio de mis piernas y su espalda apoyada en mi torso. Beso la curva de su cuello mientras la tengo entre mis brazos y sonrió con suavidad.

– Es hermoso. – Tranquila. – Hace muchos años que no venia a Miami, siempre me la pase aburrida en mi casa.

Se mueve un poco hacia el costado para mirarme y paso mi mano por su mejilla, acariciando sus pómulos. Me quedo en silencio al mismo tiempo que la admiro y pienso en porque Juan nunca tuvo una muestra de cariño con ella. Si alguien está realmente enamorado haces lo imposible por hacerla feliz y darle todos los gustos. Me encanta verla tan feliz a mi mujer cuando estamos juntos y no entiendo como Juan perdió la oportunidad de hacerla feliz.

Hay muchas cosas que no entiendo de ese hombre, antes era un hombre tan respetable para mí. Pensé que era noble, honesto y justo, pero desde que supe lo que le hizo a Isabella de intentar sacar lo que le pertenece, ese velo desapareció de mis ojos.

Además, que me parece insólito que no hayan tenido relaciones sexuales desde hace mucho, que se le haya negado el placer a Isabella. Suspiro y su caricia suave me saca de mis pensamientos.

– ¿En que tanto piensas? – Intrigada.

– Estaba pensando que Juan no te merece. – Confieso.

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