Capítulo 46
Me saca el vibrador y respiro aliviada de terminar con esa tortura. Lo tira a un costado y mis manos van hacia su ropa. Leandro me ayuda a desnudarlo, desabrocho cada uno de sus botones y se lo saco, deslumbrándome con su bellísimo torso y me muevo para besar su pecho, sintiendo como tiembla por mis besos. Mis manos acarician sus fuertes brazos mientras mi boca va a sus pectorales. Tira mi cabeza hacia atrás suavemente y empieza a besar mi cuello, está vez no se contiene, chupa de mi piel y cierro los ojos al sentir las sensaciones embriagadoras de mi cuerpo.
Cuando al fin está desnudo, observa mi cuerpo como si fuera una obra de arte y se muerde el labio. Mi corazón se detiene al ver sus ojos oscuros por el deseo. Me da la vuelta para quedar de lado y de espaldas a él.
Hace que flexione mi pierna y siento como su pene se desliza en mi vagina. Oh Dios, tanto necesite tenerlo en mi interior. Gemí de pura satisfacción. Mi respiración se corto en ese momento y Leandro empezó a moverse, sus movimientos son fuertes y constantes, provocando que se escapen gemidos en mi boca.
– Oh Leandro. – Gimo. – Ay, ay, cuanto necesitaba esto.
Sigue moviéndose y arrugo las sabanas a medida que se mueve con fuerza. Mi vagina se moja aún más cuando siento su mano masturbándome y mi cuerpo empieza a moverse con intensidad. El placer que me está haciendo sentir es perfecto.
Nuestros gemidos llenan la habitación, siento sus gruñidos y su respiración cálida en mi nuca. Me está robando el alma con cada penetración y con las cosas que me dice.
– Ah, ah, ahhh. – Gime con fuerza. – Ah ¿Te gusta, mi amor? Oh, eres tan perfecta.
No le respondo y eso hace que se mueva con fuerza, no puedo hablar debido a los gemidos que salen de mi garganta. Cierro los ojos con fuerza y tiro de las sabanas. Sigue masturbándome y me lleva a la perdición. Mi cuerpo convulsiona cuando llego al orgasmo. Me lleva a la locura y grito su nombre.
– ¡Leandro! – Grito con fuerza.
El grito sale de mi garganta y siento sus labios en mi cuello. Mi cuerpo está empapado de sudor y doy la vuelta para besar sus labios. Me toma entre sus brazos y me besa apasionadamente, nuestros labios se mueven con intensidad.
Narra Leandro:
El placer que me hizo sentir Isabella fue el mejor de mi vida, cada vez que hacemos el amor me tomo cada segundo para poder disfrutar de su amor, del placer que solamente ella me puede dar.
Ella me mira con ternura, puedo ver como sus ojos brillan de amor mientras nos miramos. Acaricia mi pecho y cierra los ojos, recuperando su respiración normal.
Dejo que se recupere por unos minutos y mis labios hacen un camino de besos, empiezo besando su hermoso rostro, su cuello, recorriendo cada centímetro de su hermosa piel y masajeo sus senos. Ella deja escapar un jadeo y me toma suavemente del cabello. Tira de mi cabello lentamente y me acomodo para besar de nuevo sus labios. Esa boca es tan increíble, mi perdición es sentir sus labios junto a los míos y escuchar sus gemidos. Mi pene está más erecto que nunca y quiero hacerla perder la cabeza por el placer.
Me pongo en medio de sus piernas y tomo mi entrepierna para deslizarme dentro de su cálido lugar. Gemimos al unisonó cuando entro por completo y la tomo entre mis brazos. Ella me mira con excitación y envuelve sus piernas en mis caderas. Estamos tan unidos que puedo sentir los latidos rápidos de su corazón, ella me besa con desesperación al mismo tiempo que comienzo a moverme, entrando y sacando mi pene dentro de su vagina y ella despega sus labios de mi por los jadeos que escapan de su boca. Nos movemos con dureza y nuestros gemidos inundan la habitación. La miro con atención y es bellísima la escena que estoy viendo, Isabella con los ojos cerrados y esa boca abierta por los gemidos de placer.
– Ahhh, ah. – Grita. – Oh Dios Leandro. – Tiembla con fuerza.
Sigo moviéndome, encontrando el ritmo que la vuelve loca a Isabella y eso hace que clave sus uñas en mi espalda. Nos estamos ahogando por el placer que sentimos.
El tiempo pasa y ella se viene, puedo sentir sus jugos cálidos en mi pene y sonrió mientras la veo. Hasta con su maquillaje corrido es hermosa, me vuelve loco más y más, queriendo todo de ella. La amo tanto, maldita sea.
Ella respira con dificultad después de su corrida y hago que quede encima de mí, me siento con Isabella y la abrazo con fuerza para mantenerla en su lugar. Mis labios van a sus senos y chupo su pezón derecho, ella no deja de ronronear mientras chupo cada seno y sostengo mi pene para penetrarla. Isabella por la sorpresa grita con fuerza y tira de mi cabello. Apoya la cabeza en mi hombro y empieza a moverse. La habitación se llena de calor por nuestros cuerpos y el sudor se hace presente en nosotros. Sube y baja con una rapidez que me vuelve loco, jadeo constantemente y la observo mientras está delirando por el placer. Mis manos van a sus caderas y la tomo con fuerza, otra vez hace ese movimiento que me encanta y grito con fuerza.
– Oh Dios. Eres maravillosa, oh. – Grito.
Ella sonríe al ver lo loco que estoy por el placer que me está dando y trago saliva.
La tomo con fuerza para cambiar de posición y hago que se acueste boca abajo, me acuesto encima y mi boca va a su nuca, besándola con delicadeza y la escucho jadear cuando la penetro.
Isabella mueve la cabeza y veo una sonrisa en su rostro, beso suavemente su mejilla y decido moverme lentamente, ella suspira y me doy cuenta que no le gusta que sea así.
– Leandro, por favor. – Ansiosa. – Más rápido – Ruega.
– ¿Más rápido?
Ella asiente y me voy moviendo con fuerza mientras voy aumentando la velocidad, arruga las sabanas y escucho sus increíbles gemidos.
– ¿Así más rápido? – Sonrió mientras la miro desesperada por el placer.
– Si, si, si – Gime – ¡Ay no pares!
Estamos por venirnos y su cuerpo empieza a temblar por los espasmos. En pocos minutos nos venimos con fuerza y ella queda completamente derrotada sobre el colchón.
– Dios mio. – Cansada. – Eres increíble.
– Tú lo eres.
Le doy la vuelta y la abrazo con fuerza al mismo tiempo que nos miramos, mi sonrisa no puede borrarse de mi rostro. Ella me hace tan feliz y estos días los aprovechare como nunca.
– Te amo.
Estoy más enamorado que nunca, Isabella es el amor de mi vida y me llena de felicidad verla tan feliz como ahora.
– Yo también te amo – Sonríe.
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