Capítulo 44
Narra Isabella:
Al otro día, estoy delante del espejo del baño mientras una bata cubre mi desnudez, me muerdo el labio al pensar que esto es una locura.
Leandro me está esperando en la sala para pintarme y no se como reaccionar por lo que va a pasar unos minutos después.
Apoyo las manos sobre el lavado y cierro los ojos antes de respirar hondo. Me llevo de coraje y abro los ojos, mirando mis ojos azules y salgo del baño.
Camino unos cuantos metros y llego al living, Leandro me está esperando y cuando me ve. Se pone de pie y sus ojos están como una llama viva.
Tomo aire de nuevo y me voy quitando la bata, mostrando mi desnudez. El rubor de mis mejillas se hace más rojo y se me acerca lentamente, lleva sus manos hacia mis mejillas y las acaricia con suavidad.
– Estás hermosa, mi amor.
Me coloca suavemente hacia el gran sofá y me acomoda para quedar recostada. Arregla mi cabello rubio y su mirada se ilumina, puedo ver el amor en sus ojos y poco a poco mi autoestima va creciendo.
Me da un cálido beso en los labios antes de tomar asiento y empieza a dibujar.
Narrador Omnipresente:
Un par de días más tarde, es de noche e Isabella está cepillándose los dientes y al entrar a su habitación, se desviste y se pone su camisón. Se acuesta en la cama y se acuesta de lado antes de cerrar los ojos, cuando estuvo por dormirse, su celular sonó y lo agarra enseguida. En la pantalla está el nombre de Leandro y sus ojos se tranquilizan.
– Hola. – Animada. – Te extrañe.
– Yo también mi amor.
– ¿Cómo estás?
– Bien, pensando en ti.
Ella cierra los ojos y respira hondo.
– Te extrañe como un loco toda la tarde, no sentir tu cuerpo hace que me ponga enfermo.
– Si quieres mañana te doy la medicina que necesitas.
– Muero por recibirla. – Gruñe.
Ambos se ríen e Isabella se siente mejor al escucharlo.
– Me iré a dormir, mi amor. Estoy muerta.
– Buenas noches, mi amor. Sueña conmigo.
– Buenas noches. – Sonríe.
Corta la llamada y deja el celular en la mesa de luz. Cierra los ojos con una inmensa sonrisa en su rostro.
Las semanas fueron pasando demasiado rápido que solamente faltaba un día para irse a Miami, ya tienen las reservas en un hotel 5 estrellas para los pocos días que dure el viaje por trabajo. Los dos se sienten tan ansiosos que ya quieren partir hacia Miami y aprovechar el poco tiempo que tendrán a solas.
Leandro piensa sacar provecho de esos días que no puede dejar de pensar en las cosas que hará con ella, la primera sorpresa ya la tiene planeada y se la dará antes del vuelo. Una sonrisa aparece en su rostro mientras piensa en lo maravilloso que será ese momento.
Es la ultima noche antes del vuelo y termino de empacar la ropa que llevara, guarda la sorpresa en su equipaje de mano y deja todo ordenado. Va al baño para darse una ducha y luego ir a la cama, se acuesta y cierra los ojos quedándose dormido rápidamente.
Al otro día, Isabella baja sus pertenencias, acompañada de Santiago y Florencia. Juan se fue de la casa sin despedirla y ella estaba tranquila de que haya sido así. Su hijo le da un abrazo.
– Espero que todo vaya bien, madre y aunque sea un viaje por trabajo, no te olvides de disfrutar.
– Por supuesto que si. – Sonríe y le da un beso en la mejilla. – Y cuídate mucho, te quiero.
– Yo también te quiero mamá.
En ese momento, Leandro entra y sonríe al verlos.
– Muy buenos días.
Madre e hijo sonríen al ver a Leandro y Santiago le da un abrazo, al alejarse, el joven toma la mano de Isabella y la besa.
– Bueno, ya me voy yendo. Te encargo a mi madre, cuídala mucho.
– Más que a mi propia vida. – Sonríe.
Santiago se despide de ellos y Florencia les da una mirada cómplice.
– Yo los dejo solos, me avisan cuando se estén por ir para despedirlos.
Leandro aprieta suavemente su mano y la lleva hacia la sala.
– Tengo una sorpresa para ti.
– ¿Para mi?
Leandro saca una pequeña caja y ella le da una mirada curiosa antes de agarrar la caja.
¿Y eso que es?
– Agárralo y veras.
Ella lo toma cuidadosamente y la abre, sus ojos están llenos de confusión al ver el objeto extraño.
– ¿Qué clase de sorpresa es está?
Isabella agarra la tira y ve un huevo color rosado. Leandro está impresionado por la inocencia de su mujer. Ella espera una respuesta por parte de su amante.
– Es para que lo uses ahora mismo, mi amor.
– ¿Pero para que sirve? No entiendo que es.
– Eso va en tu vagina... es un vibrador.
Ella se quedo quieta al ver el objeto y reacciono unos segundos después.
– No me pondré está cosa dentro de mi.
– Mi amor.. – La toma suavemente de su mentón. – Es para que pruebes algo nuevo y ahora me di cuenta que eres bastante inocente con algunas cosas. Además, lo hago para que te sientas bien. – Tranquilizándola. – Póntelo y si no te gusta, te lo sacas en el avión.
Ella suspira y se siente bastante inquieta, nunca había hecho algo así y no sabe como reaccionara su cuerpo.
– Está bien. – Se rinde.
– Te espero en la entrada, mi amor. – Besa sus labios. – No tardes.
Ella se queda petrificada en el momento que Leandro sale de la sala y respira hondo.
– ¿Cómo me pongo está cosa?
Se sienta en el sillón y trata de tranquilizarse mientras trata de ponérselo. Levanta su falda y se baja las bragas e introduce lentamente el huevo en su vagina, la sensación es bastante extraña y deja escapar el aire que contuvo en esos momentos. Se pone de pie para ver si le molesta o si se cae. Se acomoda la ropa y termina de ponerse las bragas, no siente una gran molestia, es soportable para ella, pero sigue sin entender porque Leandro le dio algo así.
– Ay Leandro cada idea tienes. – Suspira.
Sale de la sala y su amante la mira con una gran sonrisa, la encontró tan hermosa que se muere por besarla ahí mismo, pero están a la vista del chofer. Ambos se despiden de Florencia y suben al coche. El chofer los lleva hacia el aeropuerto e Isabella no sintió nada extraño en ese momento, solamente podía sentir la mirada seductora de su amante.
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